El daño que hace el tabaco
Eduardo Haro Tecglen

Soy un fumador que no fuma -un bebedor
que no bebe, un jugador que no juega- y no me atañe la barbarie
de las multas que se anuncian. Sólo en cuanto humano que ve
presionados a aquellos a quienes el tabaco les ha llegado desde
sus padres y sus abuelos, desde las películas a la vida real,
desde los anuncios hasta la prueba. Son incapaces de redimirse.
Comprendo que es un bien para la población, y me inquieta que un
Estado emprenda así un bien. Una dictadura, una tiranía
justificada son peores que las otras, porque no hay razón para
atacarlas y derribarlas. Ya se sabe por qué quieren salvarnos:
nadie salva a nadie si no es para sacarle algo, y estos
Gobiernos quieren, en realidad, quitarnos de la enfermedad que
debe pagar el "Estado de bienestar". Las enfermedades de
bronquio y pulmón son caras, terminan requiriendo operaciones,
son muchas ausencias de trabajo... Pero estas multas, estas
coacciones son salvajes. El culpable es el individuo, no el
lugar donde fuma; pero si es menor han de pagar los padres, que
son sus responsables civiles. Éstas son las maneras legales de
castigar al inocente y de hacerle agente del terror.
"Es por tu bien", me decían a mí de
niño cuando me sometían a alguna salvajada de escuela. "Más me
duele a mí", decía el maestro de la palmeta: y uno comprendía ya
que el poder estaba envuelto en la mentira. No digo que a él le
causara un placer íntimo, pero podría ser. Y fue por mi bien
finalmente: me hizo rebelde, y eso forma a un hombre y a una
mujer. Don Manuel, sacerdote enorme, paseaba entre las mesas
mientras preguntaba y espiaba; daba golpes en la cabeza con la
regla. "Si me da, le tiro el tintero", pensaban mis nueve años.
Me dio y lo tiré. Fui al cuarto oscuro lleno de orgullo; acudió
mi padre, comparecí, y el sacerdote maestro comenzó su relato:
"Le di con la regla y...". "¿Le pegó usted?", interrumpió mi
padre. "Claro, la disciplina...". "Ni una palabra más. Él ha
hecho lo que debía. Me lo llevo de este colegio...". Bueno, así
era la República o, por lo menos, los republicanos. No se pega.
No se multa ferozmente a un fumador ni a un bebedor. Tenemos que
ser nosotros los que prefiramos mantener la salud, la vida, la
decisión. Pero eso ya no volverá nunca.