Muere la inteligencia
Eduardo Haro Tecglen

En algunos libros de historia hay
listas nominales de los grandes talentos que convivían y
trabajaban en la España de 1936; en este periódico estaba ayer
el estudio de cómo nuestros colegiales son los más ignorantes de
Europa; y de más allá. Hay diferencias en las dos épocas. La de
que entonces no hubiera Ministerio de Cultura es interesante: es
un ministerio que destroza la libertad de pensar, y la quiere
dirigir. Y la Institución Libre de Enseñanza insistía en su
calificativo de libre; y la palabra libertad sonaba con
insistencia. El Ministerio de Educación se llamaba de
Instrucción Pública: el cambio coincidió con la depuración a
muerte de enseñantes y el éxodo de los grandes talentos de aquel
censo; y la elevación del clero y afines -laicos beatones- a los
puestos decisivos de la enseñanza y la cultura, la instauración
de la censura y el tabú sobre cualquier forma de libertad que no
se considerase anticomunista tuvieron su importancia.
Cuarenta años de estupidez dictada
pueden mucho; y los ocho de Aznar parecieron un recuerdo de lo
que puede pasar; más bien, un sistema de engrandecimiento y
premio de lo más absurdo de las letras y las ciencias, metidas
otra vez en la noción de pecado. La idea de pecado destruye la
inteligencia de un país.
Ha reaparecido el deseo de libertad,
nunca independiente del conocimiento, cuando el mundo en que
estamos hace un esfuerzo descomunal para sustituir la
inteligencia por el dinero, y hasta por el puritanismo -que está
en el fondo de esa ideología americana y ya europea- de que el
bienestar es una señal de los elegidos de Dios. Los puritanos
supieron lo que hacían, y el rezo diario de Bush es
significativo. La seguridad de que en Estados Unidos y en Europa
las protestas contra la guerra vinieran de la inteligencia, y
que la guerra haya resultado ser una canallada de la ignorancia
militar y política ilustra esta cuestión.
Aun así, el mal resultado escolar y
profesoral y de planes, directores generales, ministros y
parlamentarios en la cuestión de la educación es peor aquí que
en el resto del mundo capitalista. Son muchos siglos de percutir
sobre el pensamiento libre y encender hogueras para libros; se
puede decir que nuestros enemigos de la inteligencia han tenido
éxito. No sé si alguien hará un estudio de cuántos años o siglos
puede tardar un país en recuperar el talento asesinado.