El sonido
de las explosiones, el silbido de los proyectiles y la luz de los
incendios se han apoderado de Faluya. Es el "asalto final" de los
marines a lo que llaman "santuario del terrorismo", pero que en la
ciudad, con sus habitantes -los que no han podido huir-, llaman
resistentes, patriotas, guerrilleros, independientes y hasta santos
mártires. No sé si esta ciudad pasará a los anales de las mártires,
como Dresde o Hiroshima: depende de qué idioma se hable, qué libro se
lea, qué censor borre los recuerdos o qué general ensalce los suyos.
Tuve de niño el desgraciado destino de habitar una ciudad mártir,
resistente y viva, y luego vi cómo se borraba el heroísmo, se negaba
todo y se nos declaraba ciudad de asesinos. Después de cuarenta años,
aún se publican libros contando la criminalidad de Madrid al
defenderse de quienes se sublevaron: ¡qué cosas hicieron los rojos con
los valientes militares y con los heroicos falangistas que se alzaron
en el Cuartel de la Montaña! Sé lo que es estar en la cola del pan y
tirarse al suelo para no ser cazado por un paco, y lo que es verles
disparar ocultos desde la iglesia de los Dolores. Conozco por su voz
el calibre de los cañones, supe cuál tenía las pistolas; conocía de
quién eran los aviones y su marca por el zumbido de sus motores:
Capronis o Junkers. No me sirve más que para una cosa: pensar que
Faluya está peor, y que habrá chicos como yo en la cola del pan
tirados en las aceras. Hermanos.
Antes de Faluya, los muertos civiles de Irak causados por
Estados Unidos y sus aliados se calculaban en unos cien mil, con
cifras de Washington. Hay que añadir los que han causado el
terrorismo, resistencia, clandestinidad, guerrillas, defensores
o soldados, a los que el periodismo práctico llama "de Sadam"
para quitarles un principio de nacionalidad y demostrar que son
una banda de asesinos al servicio de un loco.
No es ese
tema de la guerra de mentiras el que importa ahora: es el de las
ciudades mártires, y los ciudadanos amputados, famélicos y finalmente
muertos. No irá Bush al tribunal de La Haya, donde juzgan a los
criminales de guerra. Es otra cosa, y su pueblo le ha votado:
legalizado. Vi las imágenes de archivo donde está con Aznar, que fue
el martes a felicitarle, y los dos se reían a carcajadas: el latino
Aznar se retorcía de risa, literalmente. He aquí dos, pensé, que
tienen la conciencia tranquila.