A un año
del inicio de la guerra contra Irak, ésta continúa. No terminó ni
concluirá en los términos que impuso Estados Unidos, desoyendo el
clamor de los pueblos del mundo. A un año el saldo es más violencia,
destrucción y muertes, que alcanzan hasta el momento más de 10 mil
iraquíes, en su gran mayoría población civil, y el aumento de decesos
y heridos de las tropas invasoras cada día.
Reina la incertidumbre, los atentados terroristas se suceden, como el
perpetrado contra el pueblo español en Madrid, provocando una tragedia
sin nombre. Tal vez muchas de las víctimas en Madrid marcharon en
contra de la guerra en febrero del año pasado. El gobierno de José
María Aznar no quiso escuchar sus voces y prefirió seguir la voz del
odio y las mentiras de George W. Bush, dando la espalda al derecho
internacional, a la Organización de Naciones Unidas y a los reclamos
de otros gobiernos europeos.
Se basaron en la mentira a sus pueblos y al mundo; optaron por generar
más violencia y muertes, sin importarles las consecuencias.
Especularon con los réditos y ganancias de la guerra, y pensaron que
podían dominar al pueblo iraquí y al mundo. Pero se encontraron con
una tenaz resistencia que reclama la salida de los invasores. El
reclamo creciente en el mundo también dice: ¡ basta a la barbarie!
Los pueblos del planeta repudiaron los atentados terroristas del 11 de
septiembre en Nueva York y del 11 de marzo en Madrid, los ataques en
Argentina contra la embajada de Israel y la AMIA. También rechazan el
terrorismo de Estado, las guerras preventivas y los mecanismos de
opresión impuestos por Estados Unidos a aquellos que se le oponen.
Es necesario buscar salidas éticas y políticas, con responsabilidad,
para volver a restablecer el equilibrio, hoy amenazado por la
violencia de grupos terroristas fundamentalistas y gobiernos
irresponsables que actúan a espaldas de sus pueblos.
Sin embargo, recientemente el pueblo español tuvo la conciencia y
responsabilidad de castigar en las urnas al gobierno que preside Aznar,
por su conducta y complicidad en la guerra contra Irak.
George W. Bush es responsable de crímenes de lesa humanidad, ha
perdido la autoridad moral y la responsabilidad para gobernar. Le ha
mentido a su pueblo y al mundo, ha manipulado la información para
llevar adelante sus objetivos de invadir Afganistán e Irak, para
apropiarse de los recursos petroleros y sentar bases militares
estratégicas en la región.
Es responsable de violar sistemáticamente los derechos humanos y de
ejercer trato cruel, inhumano y degradante contra los prisioneros en
Guantánamo, base militar que Estados Unidos tiene en Cuba. Sus
cómplices en la "aventura" -Blair, Aznar y Berlusconi- deben renunciar
a sus cargos, porque han dañado profundamente a sus pueblos y al
mundo.
Por otra parte, la debilidad manifiesta de la ONU le impide tener el
coraje de condenar a Estados Unidos y a sus aliados, y guarda silencio
cómplice. Es necesario restablecer la confianza en Naciones Unidas,
hoy totalmente bastardeada e inutilizada por los intereses
estadunidenses. Es una instancia de las naciones que debe ser
democratizada y potenciar su rol para preservar la paz en el mundo y
las relaciones internacionales. Hoy es una organización sujeta a
manipulaciones de las potencias dominantes, donde la democracia está
ausente.
Los pueblos del mundo se han puesto de pie y reclaman su derecho a
vivir en paz y libertad, y no sujetos a los intereses de las grandes
potencias. Reclaman el derecho a construir otro mundo posible, basado
en el respeto y la dignidad de las personas y los pueblos.
Los señores precursores de la muerte deben saber que los pueblos están
de pie para luchar por su vida y dignidad. A un año de la guerra, los
pueblos salen a hacer oír su voz y a decirles no a la guerra, sí a la
paz.
Adolfo
Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz 1980 y director del
Servicio de Paz y Justicia en Argentina.