El escritorio de Manuel Talens

ÚLTIMA HORA

                                                                                                                                        

Cruce de metralla entre Manuel Talens y Rafael Blasco

El lector tiene a continuación el intercambio de columnas en El País entre Manuel Talens y Rafael Blasco, consejero de Territorio y Vivienda de la Generalidad Valenciana, sobre el controvertido Plan Hidrológico Nacional.


 

Manuel Talens (fotografía de González Molero, peródico IDEAL, Granada)

¡Ebro va!
MANUEL TALENS

Rafael Blasco, el consejero de Territorio y Vivienda de la Comunidad Valenciana, afirmó a principios de mes que el trasvase del Ebro es la única garantía para la conservación de 94 espacios naturales y más de 600.000 hectáreas de suelo protegido, ya que el trazado tendrá un efecto negativo sobre éste de sólo el 0,004%, y ello a pesar de que el 55% del agua se destinará a la mejora del medio ambiente.

Luego, insistió en que el Partido Popular ha incrementado a lo largo de su mandato los espacios protegidos de esta comunidad, desde el 5% al 26% del territorio.

Definió el Plan Hidrológico Nacional como el más avanzado y sostenible de Europa en los últimos años. Habló asimismo de mantenimiento de ecosistemas, de cohesión territorial y de abastecimiento humano. Aseguró que con el trasvase queda garantizada la salud ambiental de las personas y añadió que, mediante un ejemplo de solidaridad interterritorial e intergeneracional, y por medio de una transferencia de recursos de cuencas excedentarias a deficitarias, se dará satisfacción a una demanda histórica de los valencianos.

Estupendo. He aquí un ejemplo paradigmático de lo que los franceses llaman langue de bois (lengua de madera), es decir, pura engañifa. Con total impunidad, y ante la indiferencia de un gran segmento cada vez más amorfo y adormecido de la ciudadanía, que considera inevitable todo lo que venga desde las instancias del poder, los políticos que nos gobiernan se lanzan alegremente a la propaganda con discursos triunfalistas, plagados de cifras dudosas que nadie comprueba, de sofismas y de expresiones burocráticas que no significan nada, pero impresionan con su efecto mágico a los pocos incautos que todavía escuchan.

De entrada, los porcentajes de Blasco apestan a ingeniería contable: en el haber del trasvase, el 55%; en el debe, el 0,004%. ¡Asombrosa precisión de milésimas porcentuales, que oculta los efectos devastadores sobre el ecosistema! Además, el hecho de expandir los espacios protegidos del territorio en un 21% –y jactarse de ello– para después apelar al PHN como única garantía de conservarlos equivale al cuento de la lechera.

¿Y qué decir de los tecnicismos verbales que utilizó? Cohesión territorial: ¿Acaso estamos ahora disgregados? Abastecimiento humano: ¿Cuánto?, pues desde los 5 litros diarios por persona de un saharauí hasta los 1.000 de un occidental rico hay mucho margen. Garantía de salud ambiental de las personas: ¿A cuáles se refiere, a las que ganarán agua o a las que se quedarán sin ella?

Como zorro viejo, curtido en mil batallas, Blasco sabe que es más rentable camuflar su arenga de solidaridad o ecología, mientras silencia la sobreexplotación histórica de los ríos Alto Vinalopó, Júcar y Segura y, sobre todo, el pacto cambalachero entre Zaplana y Bono para cederle a Castilla-La Mancha los últimos recursos del Júcar, a cambio del apoyo manchego al desatino del PHN. Y como buen neoliberal, Blasco utiliza su papel en el aparato del Estado para servir de correa de transmisión a los grandes negocios hidráulicos y eléctricos que se avecinan y se limita a repetir el eslogan promocional de que la cuenca del Ebro es excedentaria. ¿Excedentaria? En los últimos cuarenta años ha perdido casi el 50% de su caudal. Así se escribe la historia.

 


 

El País 

SI DESEA LEER ¡EBRO VA! EN EL SITIO WEB DE EL PAÍS, PULSE SOBRE LA IMAGEN

 

EL PAÍS-Comunidad Valenciana, martes 18 de noviembre de 2003

Rafael Blasco

Engañifa
RAFAEL BLASCO

Las palabras en la aparente desnudez aséptica de los diccionarios esconden con frecuencia más significados de los que a primera vista muestran. Éste es el caso de "engañifa". De engañifa en engañifa hasta la victoria final, parece deducirse de las palabras de Manuel Talens en su enésima lección magistral (¡Ebro va!) desde el púlpito de su columnata. La engañifa como nos advierte María Moliner exige "que alguien compre algo bueno o conveniente como tal engañado por su apariencia o por la propaganda hecha de ella". Estupendo. Alguien "compra" consciente de ser engañado y no tiene otra salida que esperar a un tercero que le abra los ojos para tomar conciencia de ello. ¿Es eso lo que se quiso decir? Pues permítame que discrepe abiertamente. Las cifras son las que son, señor Talens. Y si democrático es el debate, la demagogia no es otra cosa que elevarse a los púlpitos para sermonear a los fieles. Porque analicemos tan solo dos cuestiones. ¿Es un hecho real que en la Comunidad Valenciana se ha pasado de una protección de espacios naturales del 3% (no del 5%, en aras de la precisión) a más del 27% (27,3% para ser precisos)? ¿Se ha pasado de 11 parques naturales a 15 en ocho años? Pero entremos en el fondo de la "engañifa". Una sociedad madura para salir a la calle manifestándose por la tarde difícilmente pasa a ser "amorfa y adormecida" al día siguiente cuando se lanza a la misma calle para pedir agua del Ebro. Esa complejidad es la que cuesta de compartir al orador de la verdad incorruptible. Considerar amorfo y adormecido a quien no comparte el sermón de la verdad única pero que pasa a ser despierto y vivaz por arte de birlibirloque cuando la abraza camino de Damasco, cual Saulo del siglo XXI, es un argumento de suprema argumentación maniquea. Frente a la complejidad, maniqueísmo. Frente a la argumentación matizada, la fortaleza del insulto. Y de las interioridades del sermón y del púlpito, poco puedo enseñar. Quien comparte las características de ser zorro viejo y, efectivamente, está curtido en mil batallas, por su experiencia, sabe a ciencia cierta que en democracia los argumentos van acompañados de actuaciones concretas y tales acciones, con la aportación de todos, son las que al final se imponen. Es, por tanto, asombroso pelear contra la existencia de más espacio protegido hoy que hace ocho años y de la necesidad de aportaciones hídricas con que sostenerlos. Como asombroso es echar un manto de silencio sobre la declaración de cinco parques naturales (L'Albufera, el Montgó, la Font Roja, Les Columbretes y el Peñón d'Ifach) y 116 parajes naturales, o sobre la ley de parajes naturales, la ley de impacto ambiental e incluso sobre la aún vigente ley de ordenación del territorio, entre otras actuaciones, que he tenido el orgullo de impulsar en primera persona. ¿Asombroso? ¿Engañifa? Dejen de elevarse sobre los púlpitos para aleccionar a los convencidos y denles argumentaciones sólidas desde las que debatir, mejorar y abrazar la nueva realidad, pues los tiempos en los que el muro -y no precisamente el de Pink Floyd- marcaba sendas a seguir, hace años que fueron derruidos por quienes, se decía, estaban adormecidos y amorfos. Es cierto, y por una vez coincidamos, así se escribe la historia. Silencios incluidos.

 


 

El País 

SI DESEA LEER ENGAÑIFA EN EL SITIO WEB DE EL PAÍS, PULSE SOBRE LA IMAGEN

 

EL PAÍS-Comunidad Valenciana, viernes 21 de noviembre de 2003

Manuel Talens (fotografía de González Molero, peródico IDEAL, Granada)

Contra Blasco
MANUEL TALENS

En Engañifa, su simulacro de respuesta a mi deconstrucción del Plan Hidrológico Nacional, el consejero Rafael Blasco elude sin rubor el fondo del asunto y, con inmenso desparpajo, me exige nuevas argumentaciones para debatir. Mi mamá me enseñó a ser educado y, por eso, ahí van:

Con respecto a la hecatombe ecológica que supondrá el PHN, me remito a mi columna Muerte de un río. Además, el lector con acceso a internet puede husmear, por ejemplo, en www.xarxadelaiguaclara.org, donde hallará rigurosos datos científicos contrarios al plan que Blasco vende como panacea.

Ahora, desde este púlpito que tanto le irrita, platicaré sobre la economía del PHN, megaproyecto que, vestido de solidaridad, el PP piensa financiar con dinero público en beneficio de bolsillos privados. Para ello, utilizaré un texto de Carlos de Prada, Premio Nacional de Medio Ambiente y Premio Global 500 (ONU), localizable en http://yesano.com/opinion/deprada_archipielago2003.htm, que resumo así:

La Ley de Incompatibilidades de altos cargos prohíbe que alguien ligado a una empresa participe en proyectos estatales que puedan favorecerla. En 1996 y de la mano del Partido Popular, Benigno Blanco, director de los servicios jurídicos de la hidroeléctrica Iberdrola –dueña de faraónicos intereses en el agua de España–, pasó a ser Secretario de Estado de Aguas. Desde ese puesto gestó el PHN, confeccionó un Libro Blanco del Agua y fue el padre de las Sociedades Estatales de Aguas, tres maniobras providenciales para la industria hidroeléctrica. Además, impulsó el Convenio del Júcar entre el Ministerio de Medio Ambiente y la Comunidad Valenciana, presidida entonces por un valedor del PHN, Eduardo Zaplana, y puso en marcha el trasvase Júcar-Vinalopó, que recibirá las aguas del Ebro y multiplicará por mil los beneficios de Iberdrola. Entretanto, dado que las infraestructuras necesitan cemento, un hombre ligado a la construcción, Antonio Aragón, pasó a la Confederación Hidrográfica del Ebro y promocionó el Pacto del Agua que, con el ardid de la agricultura, sembró el Pirineo de unos embalses que son el mayor reservorio destinado... al trasvase del Ebro. ¡Bingo!

Si a esto añadimos que tanto Benigno Blanco como otros personajes del entorno electricoladrillero han sido acusados ante la justicia de prevaricación, falsedad documental, riesgo catastrófico y otras minucias relacionadas con el PHN, lo menos que se deduce es que la coartada "verde" de Blasco es una nueva versión del timo de la estampita.

Dicho lo cual, ruego a su señoría que, si se digna debatir conmigo, suprima el blablablá, no confunda manifestaciones populares con subvenciones paelleras a cargo del erario y evite el autobombo. Al grano, por favor:

1) Sírvase impugnar el texto completo de Carlos de Prada –no mi breve resumen– y sus alegaciones de colusión entre el Partido Popular y el capital privado; 2) Puesto que presume de quijote medioambiental, justifique el modelo económico desarrollista y antiecológico en que se basa el trasvase de un Ebro ya malherido, cuyo cauce es hoy un 50% menor que hace cuarenta años y 3) Razone sus respuestas.

Como veis, don Rafael, este espadachín acepta el reto y, ¡voto a bríos!, espera de pie firme las muy neoliberales verdades de vuesa merced.

 


 

El País 

SI DESEA LEER CONTRA BLASCO EN EL SITIO WEB DE EL PAÍS, PULSE SOBRE LA IMAGEN

 

EL PAÍS-Comunidad Valenciana, martes 2 de diciembre de 2003

Rafael Blasco

¡Voto a bríos!
RAFAEL BLASCO

¡Voto a bríos! No desenfundaré mi espada para responder a quien por boca de ganso lanza sus invectivas (Contra Blasco, Manuel Talens 02.12.2003). Aunque tampoco silenciaré mi voz ante sus alabardas. ¿Contra Blasco? ¿Contra nada? No hablaré de educación, ni siquiera a favor, cuando ésta se supone. Ni me ruborizo por exponer cuanto pienso y defiendo, aunque sin el desparpajo de responder con un simulacro a la deconstrucción, llamémosla heiddegeriana -¿o debería denominarla talensniana?

Los púlpitos y tarimas exigen siempre una sobreelevación desde la que platicar. Y probablemente de ahí mi irritación, que no es tal cuando de ellos surgen argumentos en voz propia.

Tras estas consideraciones previas me remito de nuevo a mis argumentaciones que son compartidas por la mayoría de nuestros conciudadanos en cuanto a la necesidad del trasvase del Ebro hacia la cuenca mediterránea meridional: 1. Esta Comunidad necesita agua. 2. Todos los gobiernos democráticos han sido conscientes del déficit hídrico. 3. El agua es necesaria en tres ámbitos, a saber: recuperación de zonas húmedas en el norte y el sur de la Comunidad; mantenimiento del desarrollo socioeconómico de la Comunidad, y refuerzo de los estándares de sostenibilidad establecidos por la Unión Europea. 4. El equilibrio entre la España seca y la España húmeda es un bien común inaplazable en su concreción. 5. El ahorro de agua debe acompañar el proyecto de compartir recursos hídricos.

Estás son las necesidades. La respuesta un Plan Hidrológico aprobado por el Parlamento español y puesto en marcha por un gobierno, el del Partido Popular, que además de ser consciente del problema ha propuesto una solución adecuada y ajustada a la realidad como puede apreciarse, si alguien toma el riesgo de leer -incluso también en xarxadelaiguaclara.org- el "Análisis de los informes realizados por 'expertos internacionales' sobre el plan hidrológico nacional, presentados por la Diputación General de Aragón", o si además se documenta con las mejoras presentadas por la propia Generalitat Valenciana al trazado existente o, a mayor abundamiento, aunque sea a la contra, si lee el Informe del Consejo Nacional del Agua.

Considero que una lectura atenta de tales documentos ofrece las respuestas que exige a este quijote medioambiental. Vale la pena el esfuerzo, aunque para su lectura tenga que descender algunos peldaños.

Pero además, y aunque no sea mi general actuar, le rogaría que actuase como ciudadano responsable y si considera que ha habido un incumplimiento de la ley de incompatibilidades traspase el umbral de la columna y acuda a la esfera correspondiente. O sería lícito responder que por el hecho de ser vox populi que muchos premios literarios están amañados y por el hecho de usted ser escritor, está bajo sospecha. Seamos serios.

Buscar coartadas, sean estas "verdes" o "neoliberales", me recuerda las palabras de J. Ramoneda en su ensayo Después de la pasión política, cuando afirma, "La cultura política es una cultura del prejuicio. Los buenos y los malos están previamente establecidos".

 


 

El País 

SI DESEA LEER ¡VOTO A BRÍOS! EN EL SITIO WEB DE EL PAÍS, PULSE SOBRE LA IMAGEN

 

EL PAÍS-Comunidad Valenciana, sábado 6 de diciembre de 2003

Manuel Talens (fotografía de González Molero, peródico IDEAL, Granada)

En los tiempos del cólera
MANUEL TALENS

Era inevitable: las respuestas de aquel político valenciano le recordaban siempre el destino de las verdades contrariadas. En una columna anterior, el escritor había aceptado el reto de batirse en duelo con él sobre la falsa ecología y el verdadero trasfondo económico del trasvase del Ebro, pero el escurridizo Blasco persistía en responder a sus preguntas mediante eslóganes publicitarios y sofismas, diseñados por expertos en comunicación con el único objetivo de convencer a los consumidores de que aquel gran negocio era una causa solidaria.

Este diálogo de sordos sucedió en los tiempos del cólera ideológico, a principios del tercer milenio, cuando buena parte de los ciudadanos españoles sufrían ya de diarrea mental tras la victoria de las grandes multinacionales en su batalla contra el Estado. En efecto, después de una larga campaña de creación de reflejos según el método de Pavlov, con la cual los ciudadanos dejaron de serlo para convertirse en clientes, las ideas de aquel pueblo antaño orgulloso habían sido sustituidas por blandas cagarrutas y, así, el debate nacional trataba ahora sobre fútbol, cotilleos e historias del corazón; los telediarios eran pleitesía gubernamental, las manifestaciones a favor del trasvase meros banquetes donde se zampaba paella gratis y se ahorraba el escaso dinero de fin de mes; los debates parlamentarios se volvieron una comedia costumbrista y, desde el palco principal del teatro de España, los banqueros, los altos directivos de las empresas y el nuncio de Su Santidad George Bush II se partían de risa al ver lo bien que aquellos actores secundarios, Aznar, Cascos, Rita, Blasco y tantos otros, repetían órdenes como ventrílocuos y representaban su equívoco papel de protagonistas.

El escritor lo intentó de nuevo, desenvainó las palabras y le buscó las cosquillas al político, trató de hacerle desembuchar con una estocada de argumentos, pero éste hizo una finta y volvió a escabullirse. Era listo: años y años viviendo del erario y calentando bancos con sus posaderas en la Generalidad Valenciana imprimen carácter. Se negó a hablar de la muerte del Ebro, del modelo desarrollista a ultranza en que se basaba aquel expolio, de los móviles ocultos tras la retórica del discurso, de la futura contaminación del río Júcar por el mejillón cebra y otras especies exóticas ajenas a Valencia, de la futura degradación de los humedales con un agua de bajísima calidad, del trasvase de faunas acuáticas catalanas a la Albufera (Visca Catalunya!)... En cambio, repitió la consabida cantinela sobre democracia y hermandad. El arte de perorar sin decir nada no tenía secretos para él.

El escritor, harto del contraataque diarreico, desesperado ante la imposibilidad de llegar a un auténtico cuerpo a cuerpo en el ámbito de las ideas y de contribuir con él a la erradicación de aquellos tiempos malolientes del cólera neoliberal, le preguntó por fin:

-¿Y hasta cuándo, don Rafael, cree vuesa merced que podemos seguir en este ir y venir del carajo?

El consejero Blasco tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches, es decir, desde que aprendió a fingir.

-Toda la vida -dijo.

 


  SI DESEA LEER EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA EN EL SITIO WEB DE EL PAÍS, PULSE SOBRE LA IMAGEN

El País 

 

...con todos mis respetos, don Gabriel

Gabriel García Márquez

 

EL PAÍS-Comunidad Valenciana, martes 16 de diciembre de 2003

COROLARIO

 

Pedro Prieto Manuel Talens (fotografía de González Molero, peródico IDEAL, Granada)

Las chaquetas del consejero Rafael Blasco
PEDRO PRIETO Y MANUEL TALENS

Rafael Blasco Castany es un personaje bien conocido en todos los ámbitos ideológicos del espectro político de la Comunidad Valenciana. En su juventud, durante el tardofranquismo, militó en la extrema izquierda del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico, de inspiración marxista-leninista). Más tarde, tras el fin de la dictadura, diluyó sus objetivos y se trasladó a la socialdemocracia del PSOE una vez que Felipe González la expurgó de cualquier rastro marxista. Allí empezó a destacar, pues durante seis años, entre 1983 y 1989, ocupó cargos importantes en la administración socialista del gobierno autonómico de la Generalidad Valenciana: consejero de Presidencia, secretario y portavoz del Consell y consejero de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes, hasta que las querellas intestinas con el entonces presidente Joan Lerma le hicieron abandonar el barco. No se amilanó: prosiguió su andadura hacia la derecha y, desde 1995, ya instalado en el neoliberalismo triunfante y con el Partido Popular en el poder, ha venido ocupando puestos de primera fila, primero a las órdenes del presidente Eduardo Zaplana (coordinador del Programa de Administraciones Públicas y asesor ejecutivo del Presidente, director del Gabinete de Planificación, Estudios y Evaluación de la Consejería de Presidencia, subsecretario de Planificación y Relaciones Externas de la Consejería, consejero de Empleo y consejero de Bienestar Social) y, en la actualidad, con el nuevo presidente autonómico Francisco Camps, también del Partido Popular, es consejero de Territorio y Vivienda, lo cual equivale, para entendernos, a ministro regional de Medio Ambiente.

Durante las últimas semanas, a título de supuesto paladín ecológico y en calidad de defensor a ultranza del controvertido Plan Hidrológico Nacional –en particular en su aspecto más discutible, el trasvase del río Ebro hacia tierras valencianas–, Blasco ha mantenido con uno de nosotros un cruce de metralla verbal a través de las páginas de El País. El lector avisado que desee conocer mejor los pormenores de esta polémica puede consultarlos en el siguiente URL: www.manueltalens.com/ultima_hora/50polemica.htm .

El presente trabajo, que desborda la limitada capacidad de una columna periodística de opinión, busca neutralizar con mayor calado los sofismas de este aguerrido embaucador y desmontar la vaciedad de sus argumentos.

En sus dos simulacros de respuesta a los ataques que recibía a propósito del Plan Hidrológico Nacional (Engañifa, 21.11.2003 y ¡Voto a bríos!, 6.12.2003, ambos en El País-Comunidad Valenciana), Blasco ha dejado bien claro que el mayor peligro de algunos políticos neoliberales no es su vana dialéctica, sino su querencia por los medios de comunicación. Quizá a causa de un añejo fondo católico que sólo concibe la ética o el civismo en la soledad del confesonario, el consejero suele despotricar contra púlpitos y tarimas cuando se le ataca en público, sin darse cuenta de que el lugar desde donde contesta en El País se titula «Tribuna», plataforma ¿de predicación? que él utiliza cada dos por tres como arma de propaganda. Esta vez, empero, las flechas que se le lanzaron hicieron diana, porque se ha erizado como un gato ante perro rabioso.

Se escuda el consejero Blasco en que sus argumentaciones a favor de trasvasar el agua del Ebro a la Comunidad Valenciana «son compartidas por la mayoría de nuestros conciudadanos» y recuerda que en marzo de 2003 hubo en Valencia una manifestación multitudinaria a favor de dicho trasvase. Interesante. Por supuesto, olvida señalar que el Partido Popular organizó aquel evento con dinero público desde el poder y que, muy en el estilo de los plebiscitos franquistas en la madrileña Plaza de Oriente, no dudó en fletar centenares de autobuses para transportar «voluntarios» desde las comarcas, tras lo cual organizó una gran paella en el antiguo cauce del Turia, todo ello adobado con un gran despliegue propagandístico televisivo. Además, también olvida señalar que la cifra oficial de 800.000 manifestantes fue un enorme bulo desmentido por los ecologistas, que tras situar cámaras de vídeo en las entradas de la ciudad de Valencia, filmaron todos los autobuses, multiplicaron éstos por el número de pasajeros y llegaron a una cifra de 80.000 personas, diez veces menor. Sin embargo, tales detalles no son más que una pura anécdota a beneficio de inventario sobre las fullerías de la manipulación informativa, pues en realidad lo que nos interesa rebatir aquí es el fondo de la coartada argumentativa de Blasco, a saber, que nuestros conciudadanos comparten una opinión favorable al trasvase del Ebro. Si hiciésemos una encuesta entre los saharauis para saber si les vendría bien trasvasar a sus campamentos el agua del Nilo, y si encima les ofreciésemos una comilona gratis para que dijesen que sí, seguramente lo harían, sin que eso justificara en absoluto un cataclismo ecológico de tal calibre, ya que las cosas de la ciencia no se deciden por aclamación popular (de no ser el gran manipulador que en realidad es, Blasco debería reconocer este principio), sino de acuerdo con lo que opinen los científicos, que son quienes entienden de estos asuntos. Los científicos que no comen en el pesebre del Partido Popular han dicho que nanay al Plan Hidrológico Nacional.

Sigamos. A continuación de la falacia anterior, Blasco se explaya en las razones que, según él, hacen necesario el trasvase del Ebro:

1. La Comunidad Valenciana necesita agua. Mil millones de personas en el mundo la necesitan más que dicha Comunidad, sin que por ello se saquen de la manga negocios faraónicos. Se trata de una simpleza que no sirve para fundamentar ecuación alguna, pues enseguida surge la pregunta: ¿Por qué, señoría?

2. Todos los gobiernos democráticos han sido conscientes del déficit hídrico. En vez de indagar el porqué de dicha clarividencia gubernamental, Blasco apela al carácter «democrático» de los gobiernos y se queda tan fresco. La palabra democracia (y sus derivados) es un comodín que da para mucho en los mentirosos tiempos que corren. Ojo, los gobiernos dictatoriales también fueron conscientes de lo mismo. ¿Acaso a Franco no le decían Paco Rana porque se dedicaba a construir pantanos? ¿Qué diablos legitima el que cualquier gobierno haya sido consciente de un déficit hídrico, si todos ellos tuvieron y tienen sus pezuñas embarradas en el desarrollismo a ultranza, genitor de dicho déficit? ¡Menudo argumento!

3. El agua es necesaria en tres ámbitos, a saber: recuperación de zonas húmedas en el norte y el sur de la Comunidad Valenciana; mantenimiento del desarrollo socioeconómico de la Comunidad Valenciana, y refuerzo de los estándares de sostenibilidad establecidos por la Unión Europea. Veamos: a) ¿Por qué Blasco sólo se plantea la huida hacia adelante y no reflexiona sobre las razones de que esos humedales, tras miles de años de suficiencia, «ahora» necesiten agua? ¿Por qué no centra más bien el debate en averiguar cuántos lustros pasarán antes de que los humedales vuelvan a necesitarla, puesto que seguiremos con el mismo modelo desarrollista, consumidor insaciable de recursos y culpable en primer grado de esta sed repentina?; b) Si, cuando habla de «mantenimiento del desarrollo socioeconómico», Blasco pensase apenas un segundo en lo que dice, se daría cuenta de que equivale a afirmar que es necesario mantener el «grado de aceleración» de un vehículo, no su velocidad, mayor o menor y c) A pesar de que en columnas anteriores se le rogó a Blasco que suprimiese el blablablá, la cabra tira al monte y cayó de nuevo en conceptos ambiguos y oficinescos, refuerzo, estándares, sostenibilidad... Desde luego, dicha jerga no resiste el rigor de un análisis, pero como buen político profesional, nuestro adalid pretende con ella hacerse pasar por lo que no es ante el auditorio: un hombre juicioso y sensato, europeo, ecologista, defensor del medio ambiente y cumplidor de estándares de naciones avanzadas. ¡Casi ná!

4. El equilibrio entre la España seca y la España húmeda es un bien común inaplazable en su concreción. Este enunciado es un sofisma perfecto para enseñar en las escuelas, pues de una premisa verdadera (dos Españas climáticamente distintas) salta a una conclusión ilógica (la obligatoriedad de su equilibrio). Claro que hay una España seca y otra húmeda, pero de eso no se puede deducir que debamos enmendarle la plana a la Madre Naturaleza. A nadie se le ocurre «equilibrar» el Sahara con los lagos noruegos. Antes de llegar a tan sorprendente inferencia, se impone investigar el coste de ese nuevo equilibrio contra natura que se pretende instaurar. Nos referimos al coste ecológico y al energético, no al dinerario, que al fin y al cabo pagaremos los contribuyentes españoles y europeos, y ello a pesar de que muchos opinamos que el Plan Hidrológico Nacional terminará por tragarse asimismo la España húmeda.

Luego, pone la guinda sobre el pastel y añade triunfador: «Éstas son las necesidades». ¿En serio? Hay tantas necesidades como colores. El niño rico que pide juguetes caros a los Reyes Magos tiene una necesidad. Los parados pobres que exigen un trabajo digno tienen otra. Las necesidades a que alude Blasco sólo existen si se parte de la premisa de que el silogismo inicial es dogma de fe. Pero no lo es, se trata de una falsedad retórica.

Sin embargo, la mejor boutade viene después. Con razón Blasco nos advirtió de entrada en ¡Voto a bríos! que no se «ruborizaría por exponer lo que piensa y defiende». Es verdad, no se ruboriza al repetir por enésima vez el mismo eslogan publicitario, vacío de contenido: «La respuesta [al desequilibrio entre la España seca y la España húmeda es] un Plan Hidrológico aprobado por el Parlamento español y puesto en marcha por un gobierno, el del Partido Popular, que además de ser consciente del problema ha propuesto una solución adecuada y ajustada a la realidad». Acto seguido, hace una finta, elude añadir sustancia a dicho eslogan y se acoge a sagrado en textos escritos por individuos de su cuerda ideológica: «Considero que una lectura atenta de tales documentos ofrece las respuestas que [usted] exige a este quijote medioambiental». Sin saberlo, de manera incomprensible en un político de tan larga experiencia, Blasco ha caído en la ingenua trampa que se le tendió y se ha tomado en serio la ironía de creerse quijote, una chaqueta más de las muchas que tiene en su extenso guardarropa, la que luce cuando arremete con su lanza neoliberal –provocadora de entuertos ecológicos y esbirra fiel del capitalismo más depredador– contra los molinos de viento de la izquierda, sus antiguos compañeros de viaje.

La apoteosis: «Pero además, y aunque no sea mi general actuar, le rogaría que actuase como ciudadano responsable y si considera que ha habido un incumplimiento de la ley de incompatibilidades traspase el umbral de la columna y acuda a la esfera correspondiente».

Qué curioso, todo se contagia. Blasco cierra la regañina con el tic crispado de su jefazo Aznar y, antes de despedirse, se saca de la manga admoniciones y amenazas veladas. Traducimos: actúe usted como ciudadano responsable (pues al poner en duda lo que digo es usted un irresponsable) y, si ve que hemos hecho algo ilícito al nombrar Secretario de Estado de Aguas e impulsor del Plan Hidrológico Nacional al director de los servicios jurídicos de la compañía hidroeléctrica Iberdrola –la gran beneficiaria del trasvase del Ebro–, reclame al maestro armero y aparezca por el juzgado de guardia, que allí lo esperamos con nuestros imparcialísimos fiscales Fungairiño y Cardenal, los mismos que se opusieron al enjuiciamiento del general Pinochet.

He aquí un ejemplo paradigmático del estilo de la pepería, que bajo la apariencia de un debate entre caballeros, termina por dejar las cosas claras cuando el viejo talante derechoso se desborda y sale a la luz.

Por último, hombre docto entre sus pares, a nuestro tribuno le encanta buscar apoyos ajenos para echar balones fuera. Cita, pues, unas palabras de Josep Ramoneda: «La cultura política es una cultura del prejuicio. Los buenos y los malos están previamente establecidos.»

Puestos a citar también, ya que es algo muy vistoso como traca final, nosotros preferimos a don Francisco de Quevedo: «No he de callar por más que con el dedo / ya tocando la boca ya la frente / silencio avises o amenaces miedo».

 

Pedro Prieto es colaborador habitual de «El Inconformista Digital» en temas de energía y coeditor del sitio web «Crisis Energética» (www.crisisenergetica.org).

Manuel Talens es escritor

 


  SI DESEA LEER LAS CHAQUETAS DEL CONSEJERO RAFAEL BLASCO EN EL SITIO WEB DE EL INCONFORMISTA DIGITAL, PULSE SOBRE LA IMAGEN

El Inconformista Digital 

 

EL INCONFORMISTA DIGITAL, sábado 20 de diciembre de 2003

Pulse para volver a la página anterior

 

Signo del copyleft

Manuel Talens 2003