En El hombre
duplicado, su novela más reciente, aborda la búsqueda de la identidad
José Saramago, siempre fiel comunista y eterno crítico
de las desigualdades
DPA- La Jornada
Durante años José Saramago fue uno
de los más nombrados candidatos al Nobel de Literatura. ''Va a llegar el día
en que tenga que disculparme con mis amigos si no lo recibo", bromeaba.
Pero no hizo falta. El autor, quien mañana cumple 80 años, se convirtió
en 1998 en el primer escritor portugués en ser distinguido con el máximo
galardón de las letras.
Saramago es desde entonces más
famoso. El autor, siempre fiel a sus ideales comunistas, sigue siendo el
eterno pesimista y crítico de una sociedad cuyas desigualdades no se cansa
de denunciar.
''No pensar, no reaccionar, no
criticar. Eso parece ser la máxima de nuestros días, en los que domina la
pereza intelectual", se lamenta. A ello, Saramago contrapone novelas
como su obra más reciente, que acaba de presentar en Lisboa, O homem
duplicado (El hombre duplicado) y trata sobre la búsqueda de la
identidad.
En el libro, que podría formar una
trilogía -pero de orden alterado- con Ensayo sobre la ceguera (1995)
y Todos los nombres (1997), Saramago narra la historia de Tertuliano
Máximo Alfonso, profesor de historia que un día por casualidad descubre en
un video a un hombre idéntico a él y se lanza a la búsqueda de ese doble.
La balsa de piedra a la
pantalla grande
En vísperas de su cumpleaños,
Saramago además pudo asistir al estreno de la primera adaptación
cinematográfica de su obra La balsa de piedra (1986), llevada a la
gran pantalla por el realizador holandés George Sluizer, y protagonizada
por un elenco hispano-luso-argentino: Icíar Bollaín, Gabino Diego, Diego
Infante, Ana Padrio y Federico Luppi.
El filme recoge la inquietante visión
de la novela, en la que una inesperada falla en los Pirineos provoca que la
península Ibérica se desprenda del continente europeo e inicie un viaje a
la deriva en el océano que provoca el pánico de españoles y portugueses.
El compromiso político y social de
Saramago, convertido en una bandera del movimiento antiglobalización
neoliberal, no sólo le ha traído amigos. También provocó una cascada de
durísimas críticas cuando en marzo pasado, de visita en Ramallah, comparó
la política de Israel en los territorios ocupados con los campos de
exterminio nazis de Auschwitz y Buchenwald. Y no se retractó.
Con la misma consecuencia ha criticado
la llegada al poder de la centro-derecha en su país, tras la debacle de los
socialistas. Desde que asumió el gobierno del conservador José Manuel
Durlo Barroso en marzo pasado, Saramago, como lo había anunciado, no ha
vuelto a representar a Portugal en actos oficiales. Por eso no asistió a la
pasada feria Liber, de Barcelona.
Saramago no ha perdonado que, en 1992,
el entonces gobierno conservador vetara la cadidatura de su séptima novela,
El evangelio según Jesucristo, al prestigioso Premio de Literatura
Europeo por considerarla blasfema. El autor, ateísta, describe en su libro
a Cristo como una persona común que llega a dudar de su fe.
''Si esto hubiese ocurrido durante la
dictadura de Salazar, lo habría entendido. Pero así, en tiempos de
democracia, lo consideré humillante", dijo entonces. Decepcionado y
triste, el escritor decidió abandonar su país. Desde 1993 reside con su
esposa, Pilar del Río, en la isla canaria de Lanzarote. Allí sigue en
espera de una disculpa pública de gobierno portugués.
''Pese a todo creo haber sido capaz de
construir una obra digna", dice este escritor descendiente de abuelos
labradores y padre policía que nunca tuvo recursos para terminar el
bachillerato o comenzar una carrera universitaria.