Introducción
Hugo Chávez, el
presidente democráticamente electo de Venezuela, se halla ahora
ante la amenaza más peligrosa que le ha tocado vivir desde el
golpe militar del 11 de abril de 2002.
Las violentas
protestas callejeras de privilegiados estudiantes universitarios
de clases media y alta se han saldado con peleas callejeras muy
importantes en el centro y en los alrededores de Caracas. Pero
lo más grave es que el general Raúl Isaías Baduel, el ex
Ministro de Defensa a cuyo cargo renunció el pasado mes de
julio, acaba de hacer llamados explícitos a un golpe militar
durante la conferencia de prensa que convocó el 5 de noviembre
en exclusiva para los medios y partidos políticos de la derecha
y la extrema derecha, mientras que adoptaba la posición de
disidente “individual”.
Los medios privados
nacionales e internacionales se han hecho eco de los discursos
de Baduel, de las conferencias de prensa y de falsas
descripciones de los alborotos provocados por estudiantes de la
oposición, que han presentado como tranquilas protestas en
defensa de los derechos democráticos y contra el referéndum del
gobierno, cuya celebración está prevista el próximo 2 de
diciembre de 2007.
Tanto el New York
Times, como el Wall Street Journal, BBC News y
el Washington Post han venido preparando durante años a
sus lectores con falacias del “autoritarismo” del presidente
Chávez. Confrontados con las reformas constitucionales que
refuerzan las perspectivas de una democratización política y
social de largo alcance, los medios de comunicación
estadounidenses, europeos y latinoamericanos se dedican ahora a
presentar a ex oficiales militares favorables a un golpe de
Estado como si fuesen “disidentes democráticos”, antiguos
partidarios de Chávez desilusionados por la búsqueda de poderes
“dictatoriales” de éste durante el período previo al referéndum
del 2 de diciembre sobre la reforma constitucional y después de
éste. Ningún periódico importante ha mencionado el carácter
democrático de las reformas propuestas, la entrega del control
sobre el gasto público y del poder de decisión a vecindarios
locales y concejos comunitarios. De nuevo, al igual que sucedió
en Chile en 1973, los medios estadounidenses son cómplices en el
intento de destruir una democracia latinoamericana.
Incluso algunos
sectores de la prensa y los partidos de centro izquierda en
América Latina han reproducido la propaganda derechista. El 9 de
noviembre, el supuestamente izquierdista diario mexicano La
Jornada publicó el siguiente titular: “Directivos y alumnos
de la UCV acusan a Chávez de promover la violencia”. El artículo
repetía las patrañas derechistas sobre encuestas electorales que
vaticinaban la derrota de las enmiendas constitucionales.
El gobierno de USA
-tanto la Casa Blanca republicana como el Congreso controlado
por los demócratas- está apoyando el nuevo intento de derrocar
al popular y nacionalista presidente Chávez, y ello con el fin
de frustrar las abiertamente progresistas enmiendas
constitucionales.
El
referéndum: delimitación y profundización de las
transformaciones sociales
El eje de la
confrontación es el próximo referéndum sobre las reformas
constitucionales iniciadas por el presidente Chávez, debatidas,
corregidas y sometidas a votación democrática en el Congreso
venezolano durante los últimos seis meses. Ha habido un debate
amplio y abierto y críticas de secciones específicas de la
Constitución. Los medios privados, mayoritaria y visceralmente
opuestos a Chávez y favorables a la Casa Blanca, condenaron por
unanimidad todas y cada una de las enmiendas constitucionales.
Un sector de la dirigencia de uno de los componentes de la
coalición PODEMOS, favorable a Chávez, se ha unido a la
jerarquía de la Iglesia católica, a la asociación de empresarios
y ganaderos, banqueros y sectores de la universidad y la elite
de estudiantes para atacar las reformas constitucionales
propuestas. Haciendo uso a fondo de todas las libertades
democráticas de Venezuela (de palabra, de asamblea y de prensa),
la oposición ha denigrado el referéndum como “autoritario”,
incluso cuando la mayoría de los sectores de la coalición
opositora intentaron incitar a los militares para que
interviniesen.
La coalición
opositora de ricos y privilegiados teme las reformas
constitucionales porque con éstas deberá otorgar un porcentaje
mayor de sus beneficios a la clase obrera, perderá su monopolio
de las transacciones del mercado -que pasarán a manos de
compañías públicas- y el poder político del que ahora goza se
desplazará hacia concejos comunitarios locales y hacia el poder
ejecutivo. Mientras que los medios derechistas y liberales de
Venezuela, Europa y USA han inventado acusaciones chocantes
contra las reformas “autoritarias”, lo cierto es que las
enmiendas proponen una democracia social más amplia y profunda.
Un breve repaso de
las principales enmiendas constitucionales, ampliamente
debatidas y aprobadas por una mayoría de los miembros libremente
elegidos del Congreso venezolano, permite refutar las
acusaciones de “autoritarismo” que lanzan sus críticos. Las
enmiendas pueden agruparse de acuerdo con los cambios políticos,
económicos y sociales que proponen.
El cambio político
más importante es la creación de nuevas formas democráticas
locales de representación política, en las que las instituciones
comunitarias y comunales elegidas dispondrán de financiación
estatal en sustitución de los gobiernos municipales y estatales,
plagados de corrupción y de tráfico de influencias. Este cambio
hacia la descentralización impulsará una mayor práctica de la
democracia directa, en contraste con las arraigadas tendencias
oligárquicas del centralizado sistema representativo actual.
En segundo lugar,
contrariamente a los infundios propagados por el ex general
Baduel, las enmiendas no “destruyen la constitución existente”,
ya que únicamente modifican en mayor o menor grado el 20% de los
artículos de la constitución (69 de un total de 350).
Las enmiendas que
establecen la posibilidad de que cualquier candidato se presente
a un número ilimitado de elecciones son acordes con la práctica
habitual de muchos sistemas parlamentarios, como lo demuestran,
entre otros casos, las cinco reelecciones del primer ministro
australiano Howard, el medio siglo de poder ejecutivo del
Partido Liberal Democrático en Japón, las cuatro legislaturas
del presidente Franklin Roosevelt en USA o las múltiples
reelecciones de Margaret Thatcher y Tony Blair en el Reino
Unido. Nadie en ningún momento ha puesto nunca en entredicho las
credenciales democráticas de estos políticos por haber detentado
el poder tras múltiples elecciones consecutivas y es inaceptable
que se etiquete selectivamente a Chávez de “autoritario” por
hacer lo mismo.
El cambio político
que alargará el mandato presidencial de 6 a 7 años no aumentará
ni reducirá los poderes presidenciales, como dice la oposición,
puesto que la separación de los poderes legislativo, judicial y
ejecutivo permanecerá intacta y las elecciones libres someterán
al presidente a un control periódico por parte de la ciudadanía.
El punto clave de las
elecciones indefinidas es que son elecciones libres,
sujetas a la preferencia de los votantes, en las que -en el caso
de Venezuela- la mayor parte de los medios, la jerarquía
católica, las ONG financiadas por USA y las asociaciones de
grandes empresas seguirán aportando enormes recursos económicos
para costear la actividad de la oposición, lo cual es un
contexto difícilmente calificable de “autoritario”.
La enmienda que
permite que el ejecutivo declare un estado de excepción e
intervenga en los medios en caso de actividad violenta que
busque suspender la constitución es esencial para la salvaguarda
de las instituciones democráticas. Si se tienen en consideración
las intentonas violentas y autoritarias por parte de la
oposición actual para hacerse con el poder en fechas recientes,
la enmienda permite disentir pero también permite que la
democracia se defienda contra los enemigos de la libertad. En el
contexto que condujo al golpe militar del 11 de abril de 2002,
apoyado por USA, y al cierre patronal de la industria del
petróleo por parte de sus altos ejecutivos, que devastó la
economía (con una caída del 30% en el PIB en 2002/2003), si el
gobierno hubiera ostentado y utilizado poderes de excepción,
tanto el Congreso como la judicatura, el proceso electoral y las
condiciones de vida del pueblo venezolano habrían estado mejor
protegidos. Lo más probable es que el gobierno habría podido
intervenir contra los medios que cooperaron en el derrocamiento
violento del proceso democrático, de la misma manera que suele
hacer cualquier otro gobierno democrático. Debe quedar claro que
la enmienda que permite “poderes de excepción” se basa en un
contexto específico y refleja experiencias concretas: los
actuales partidos de la oposición, las federaciones de
empresarios y las jerarquías de la iglesia cuentan con un
historial violento y antidemocrático. La campaña de
desestabilización en contra del próximo referéndum y los
llamamientos a una intervención militar, tan explícitamente
formulados por el general retirado Baduel (defendido por su
notorio consejero y apologista, el universitario aventurero
Heinz Dieterich) constituyen una señal cristalina de que los
poderes de excepción son absolutamente necesarios para que no
quede la menor duda de que la violencia reaccionaria se topará
con todo el peso de la ley.
La reducción de la
edad de voto desde los 18 a los 16 años ampliará el electorado,
incrementará el número de participantes en el proceso electoral
y dará más voz a los jóvenes en la política nacional a través de
las instituciones. Dado que muchos trabajadores se integran muy
jóvenes en el mercado laboral y en algunos casos crean familias
más precozmente, esta enmienda permite que los trabajadores
jóvenes puedan presentar sus demandas específicas sobre
convenios colectivos y contingentes de empleo.
La oposición,
liderada por FEDECÁMARAS (Federación de Cámaras y Asociaciones
de Comercio y Producción de Venezuela), rechaza con vehemencia
la enmienda que reduce la jornada laboral a 6 horas, enmienda
que los sindicatos y los trabajadores de todos los sectores
apoyan de forma abrumadora. Permitirá que se destine más tiempo
a la familia, los deportes, la educación, la formación
profesional, la educación política y la participación social,
así como a la participación en los recién constituidos concejos
comunitarios. La legislación relacionada con el trabajo y los
cambios en los derechos de propiedad, que prestan una mayor
trascendencia a la propiedad colectiva, reforzarán el poder de
negociación del mundo del trabajo frente al capital, extendiendo
la democracia hasta el lugar de trabajo.
Por último, la
enmienda que eliminará la denominada “autonomía del Banco
Central” prevé que funcionarios electos y responsables ante el
electorado reemplacen a los banqueros centrales (quienes
frecuentemente son receptivos a los banqueros privados, a
inversionistas extranjeros y a funcionarios financieros
internacionales) en las decisiones sobre el gasto público y la
política monetaria. Una de las principales consecuencias será la
reducción del exceso de reservas en fondos denominados en
dólares devaluados y un aumento en la financiación de la
actividad social y productiva, la diversificación de las
divisas, la reducción de los préstamos extranjeros irracionales
y el endeudamiento. La realidad es que el actual Banco Central
no es “autónomo”, sino que depende de las exigencias de los
mercados financieros sin que lo afecten las prioridades de los
funcionarios electos, quienes sí han de responder a las
necesidades populares.
Cuando el
gobierno de Chávez avanza hacia el socialismo democrático los
centristas desertan y buscan soluciones militares
Conforme Venezuela
cambia desde la transformación política a la social, desde un
estado del bienestar capitalista hacia el socialismo
democrático, las deserciones y las incorporaciones predecibles
van teniendo lugar. Tal como ya sucedió en la mayoría de las
demás experiencias históricas de transformación social, algunos
sectores de la coalición original del gobierno implicada en
cambios políticos institucionales formales desertan cuando el
proceso político avanza hacia un mayor igualitarismo en la
propiedad y hacia una transmisión del poder al pueblo. Los
ideólogos del “centro” lamentan la “violación” del consenso
establecido entre oligarcas y pueblo y etiquetan los nuevos
alineamientos sociales de “autoritarios”, incluso cuando el
“centro” se vincula con la extrema derecha antidemocrática y
apela a la intervención militar.
Conforme el
referéndum salta a primera plana con sus claros matices de
clase, un proceso similar de deserciones de elite y un
mayor apoyo de las masas están teniendo lugar en Venezuela. El
“centro”, carente de confianza en su habilidad para frustrar las
enmiendas constitucionales a través del voto, temeroso de la
mayoría democrática, resentido del inmenso atractivo popular del
democráticamente electo presidente Chávez, se ha unido con la
derecha en un postrero esfuerzo por unificar las fuerzas
extraparlamentarias y derrotar la voluntad del electorado.
Una figura
emblemática de la nueva derecha y de las deserciones
“centristas” es Raúl Baduel, el ex ministro de Defensa, cuyo
virulento ataque contra el presidente, el Congreso, los
procedimientos electorales y el referéndum lo señalan como
aspirante a liderar una toma del poder por parte de la extrema
derecha apoyada por USA.
Tras el golpe militar
de abril de 2002, los medios liberales y de derecha y los
inescrupulosos propagandistas “centristas” retrataron falsamente
a Raúl Baduel como el “salvador” de Chávez. La verdad es que
Baduel intervino solamente después de que cientos de miles de
venezolanos pobres bajaran en tropel desde los “ranchitos”,
rodearan el palacio presidencial y provocaran la división en las
fuerzas armadas. Baduel rechazó a la minoría de oficiales
derechistas que estaban dispuestos a un baño de sangre y se
alineó con otros que se opusieron a medidas extremistas contra
el pueblo y a la destrucción del orden político establecido.
Este último grupo incluía a oficiales que respaldaron las
políticas nacionalistas y populistas de Chávez y a otros, como
Baduel, que se opusieron a los golpistas porque el putsch
polarizaba la sociedad y podría terminar en una guerra civil de
clases sociales con incierto resultado. Baduel era favorable a
la restauración de un Chávez “escarmentado” que mantendría el
statu quo económico existente.
Dentro del gobierno
de Chávez, Baduel representó a la tendencia anticomunista que
presionaba al presidente para que se “reconciliara” con la
derecha “democrática moderada” y el mundo de los negocios. En la
política interior Baduel se opuso a la ampliación de las
nacionalizaciones y en la exterior favoreció la colaboración con
el ultraderechista Ministerio de Defensa colombiano.
La etapa de Baduel
como Ministro de Defensa reflejó sus predisposiciones
conservadoras y su falta de competencia en asuntos de seguridad,
sobre todo en la seguridad interna. No protegió las fronteras de
Venezuela de las incursiones del ejército colombiano. Peor aún,
no se opuso a la infracción flagrante de las normas
internacionales por parte de Colombia con respecto a los
exiliados políticos. Mientras que Baduel fue Ministro de
Defensa, grupos armados paramilitares de propietarios
venezolanos asesinaron a más de 150 campesinos activistas en pro
de la reforma agraria, mientras que la Guardia Nacional miraba
para otra parte. Bajo la vigilancia de Baduel más de 120
paramilitares colombianos se infiltraron en el país. El ejército
de Colombia cruzó con frecuencia la frontera venezolana para
atacar a refugiados colombianos. Con Baduel oficiales
venezolanos colaboraron en el rapto de Rodrigo Granda (un
emisario de asuntos exteriores de las FARC) en pleno día en el
centro de Caracas. Baduel no hizo esfuerzo alguno por investigar
o protestar ante esta enorme infracción de la soberanía
venezolana, hasta que el presidente Chávez fue informado e
intervino. Durante toda su etapa como Ministro de Defensa,
Baduel desarrolló fuertes vínculos con el servicio de
inteligencia militar de Colombia (estrechamente supervisado por
la Agencia de Inteligencia de la Defensa de USA y la CIA) y
extraditó a varios guerrilleros del ELN y de las FARC, que
cayeron en manos de sanguinarios torturadores colombianos.
Llegada la hora de su
retiro como Ministro de Defensa, Baduel pronunció un discurso de
despedida en julio de 2007 cuyas flechas iban claramente
dirigidas contra las corrientes izquierdistas y marxistas del
sindicato UNT y el PSUV (Partido Socialista Unificado de
Venezuela), entonces recién anunciado por Chávez. Su discurso,
en nombre del “socialismo cristiano”, fue en realidad una
malhumorada diatriba anticomunista, que resultó del agrado del
papa Benedicto (Ratzinger).
Sin embargo, el
discurso de Baduel del 5 de noviembre constituye su adhesión
pública a la oposición de línea dura, a su retórica, a sus
maquinaciones y a sus posiciones de una revocación autoritaria
del programa de socialismo democrático de Chávez. En primer
lugar, en la estela de la Casa Blanca y de la “derecha dura”
venezolana, denunció como “un golpe de Estado” la totalidad del
debate en el Congreso sobre las enmiendas constitucionales y la
campaña electoral que ha de llevar al referéndum. Todos los
expertos y los observadores exteriores disintieron, incluso
aquellos que están en contra del referéndum. Sin embargo, el
propósito de Baduel fue cuestionar la legitimidad del
procedimiento político al completo con vistas a justificar su
llamamiento a la intervención militar. Su retórica, que tacha de
“fraude” y de “procedimientos fraudulentos” el debate del
Congreso y el voto, pone de manifiesto el esfuerzo de Baduel por
denigrar las instituciones representativas existentes para
justificar un golpe militar, que las desmantelaría.
Resulta ridículo que
Baduel niegue cualquier pretensión política personal, puesto que
sólo invitó a medios de la oposición y a políticos a su
“conferencia de prensa” y apareció acompañado de algunos
oficiales. Baduel se parece al dictador que acusa a la víctima
de los crímenes que está a punto de cometer. Al tachar de “golpe
de Estado” el referéndum sobre la reforma constitucional incita
al ejército a dar un golpe de Estado. En un llamamiento abierto
para la acción militar ordena a los militares que “reflexionen
sobre el contexto de la reforma constitucional”. Pide una y otra
vez a los oficiales que “evalúen cuidadosamente” los cambios que
el gobierno electo propone “de manera apresurada y mediante
procedimientos fraudulentos”. Al mismo tiempo que denigra las
instituciones democráticamente electas, Baduel recurre a halagos
vulgares y a falsa modestia para inducir la rebelión militar.
Mientras que niega presuntuosamente estar actuando como portavoz
del ejército, advirtió a los reporteros derechistas presentes y
a la potencial cohorte militar que “no se puede menospreciar la
capacidad de análisis y de razonamiento de la Fuerza Armada”.
Las declaraciones de
Baduel están llenas de doblez, hipocresía y falsa pose de
desinterés. Sus pretensiones de que es un crítico “apolítico” se
contradicen por su intención de iniciar una gira de discursos en
el ámbito nacional para atacar las reformas constitucionales, en
reuniones organizadas por la oposición de derecha. No existe la
menor duda de que no se dirigirá únicamente a un público civil,
sino que hará los esfuerzos necesarios para reunirse con
oficiales del ejército en activo, a quienes podría convencer
para que “reflexionen”... y tramen el derrocamiento del gobierno
con el fin de invertir los resultados del referéndum. El
presidente Chávez tiene toda la razón del mundo cuando dice que
Baduel es un traidor, si bien dada la hostilidad de larga data
de éste a la transformación social igualitaria puede que sea más
pertinente decir que ahora está revelando su verdadera cara.
El peligro para la
democracia venezolana no está en Baduel como individuo, pues ya
no forma parte del gobierno ni es un militar en activo. El
verdadero peligro es el esfuerzo que está haciendo por arengar a
los oficiales con tropa bajo su mando para que respondan a su
llamado a la acción o cuando pide ingeniosamente “que los
militares reflexionen sobre el contexto de las reformas
constitucionales”. Los análisis y el programa de acción de
Baduel sitúan al ejército en el centro de la política,
por encima de 16 millones de votantes.
Su defensa vehemente
de la “propiedad privada”, acorde con su llamado a la acción
militar, es una táctica ingeniosa para unir a generales,
banqueros y clase media en la estela infame de Augusto Pinochet,
el criminal tirano chileno.
La polarización de
las clases en el período previo al referéndum ha alcanzado su
punto álgido: los restos de la coalición multiclasista que
incluía a una minoría de la clase media y a la gran mayoría de
la fuerza de trabajo se están desintegrando. Millones de
trabajadores jóvenes antes apáticos o apolíticos, pobres
desempleados y mujeres de bajo salario (trabajadoras domésticas,
lavanderas, madres solteras) se están uniendo a las inmensas
manifestaciones populares que desbordan las calles principales y
las plazas a favor de las enmiendas constitucionales. Al mismo
tiempo, las deserciones políticas han aumentado entre la minoría
centrista-liberal de la coalición de Chávez. Catorce diputados
de la asamblea nacional, menos del 10%, la mayoría de PODEMOS,
se han pasado a la oposición. Fuentes fiables en el interior de
Venezuela (véase
http://axisoflogic.com/artman/publish/article_25479.shtml)
informan de que el fiscal general Isaías Rodríguez, un defensor
de la ley particularmente inepto, y el contralor general
Clodosbaldo Russian van a dimitir para pasarse a la oposición.
Estos mismos informes señalan algo todavía más grave: que la IV
División de Maracay es leal al “golpista” Raúl Baduel. Hay quien
sospecha que Baduel está utilizando sus lazos personales de
larga data con Gustavo Rangel Briceño, el actual Ministro de
Defensa, para convencerlo de que deserte y participe en los
preparativos del golpe de Estado. Grandes sumas de dinero yanqui
están entrando a raudales para financiar en efectivo a
funcionarios estatales y locales con promesas de compartir el
botín petrolero si Chávez es destituido. El soborno político más
reciente de USA ha sido el de Luis Felipe Acosta Carles,
gobernador del estado de Carabobo. Los medios han publicitado
repetidamente, de hora en hora en sus “informes periodísticos”,
a estos nuevos desertores hacia las filas de la derecha,
destacando su ruptura con el “golpe de Estado” de Chávez.
El referéndum se está
convirtiendo en un caso inusitadamente violento de “guerra de
clases contra clases”, en la que el futuro de toda la izquierda
latinoamericana está tan en juego como el control de Washington
sobre su principal proveedor de petróleo.
Conclusión
La democracia
venezolana, la presidencia de Hugo Chávez y la mayoría de las
clases populares del país se enfrentan a una amenaza mortal. USA
asiste impaciente a repetidas derrotas electorales, pero es
incapaz de iniciar una intervención externa a gran escala debido
a la excesiva implicación de sus unidades militares en Oriente
Próximo; de nuevo busca el derrocamiento violento de Chávez. Por
medio de las reformas constitucionales, Venezuela ampliará y
hará más profundo el control democrático popular sobre la
política socioeconómica. Nuevos sectores económicos serán
nacionalizados. Programas sociales e inversiones públicas de
mayor envergadura serán implementados. Venezuela se está
dirigiendo inexorablemente hacia una diversificación de sus
mercados petroleros, de sus reservas de divisas y de sus
alianzas políticas. El tiempo se le acaba a la Casa Blanca: las
palancas de influencia política de Washington se están
debilitando. Baduel está considerado como la mejor esperanza
para provocar un ataque militar que devuelva a los oligarcas al
poder y diezme los movimientos populares de masas.
El presidente Chávez
está “valorando correctamente al alto mando” y dice que “tiene
plena confianza en las fuerzas armadas nacionales y en su
miembros”. Pero la mejor garantía es atacar con dureza y
celeridad, precisamente contra los seguidores y asociados de
Baduel. Hacer una redada a unas cuantas docenas o a varios
centenares de conspiradores militares es un precio muy barato si
con ello se salvan las vidas de miles de trabajadores y
activistas que serían masacrados en caso de un asalto sangriento
al poder.
La historia ha
enseñado repetidamente que cuando un líder pone la democracia
social, el igualitarismo y el poder popular en la cima del
programa político, tal como ha hecho Chávez, y cuando la mayoría
del pueblo responde con entusiasmo, la derecha, los militares
reaccionarios, los desertores y los ideólogos del “centro”
político, la Casa Blanca, las clases medias histéricas y los
cardenales de la Iglesia sacrifican todas y cada una de las
libertades democráticas para defender su propiedad, sus
privilegios y el poder con cualquier medio y al coste que sea
necesario. En la actual confrontación, que todo lo invade, entre
las clases populares de Venezuela y sus enemigos oligarcas y
militares, únicamente si se arma al pueblo moral, política y
organizativamente podrá garantizarse la continuidad del proceso
democrático de transformación social.
Habrá cambio, pero la
cuestión es saber si será por medio de los votos o de las botas.
Esta
traducción puede asimismo consultarse en
http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4121&lg=es
Los últimos
libros del profesor James Petras incluyen The Power of Israel
in the United States (Clarity Press 2006) y Rulers and
Rules (Clarity Press 2007).
El escritor y traductor
español Manuel Talens es miembro de
Cubadebate,
Rebelión y
Tlaxcala.
Su novela más reciente es La cinta de Moebius (Alcalá
Grupo Editorial).