1. ¿Suprimirá Francia el
apartheid? Estamos asistiendo a un curioso fenómeno: todos los
dirigentes políticos franceses se precipitan a la televisión con
palabras benevolentes: «¡Os comprendemos, vamos a hacer algo por
vosotros!» Todos conocen las causas del problema y todos saben lo
que se debe hacer.
Pero entonces, si lo sabían
¿por qué han estado haciendo lo contrario desde hace treinta años y,
más aún, estos últimos tiempos? ¿Por qué en dos últimos años el
gobierno francés eliminó su apoyo a las iniciativas locales? ¿Quién
suprimió el 15% de los créditos destinados a la lucha contra la
vivienda insalubre en el presupuesto de 2006? ¿Quién reemplazó a la
policía de barrio por la policía antidisturbios, con sus humillaciones
sistemáticas y sus detenciones arbitrarias, cuyo carácter violento y
racista fue incluso denunciado por Amnistía Internacional en un
informe reciente?
2. ¿Qué esconden
ustedes? Una de dos: o bien ustedes, los políticos, sabían que la
causa de los problemas es la injusticia social, la ausencia de futuro,
y no hicieron nada (¿por qué entonces deberíamos tenerles confianza a
partir de ahora?) o bien carecen de solución, porque la injusticia
social es el núcleo de su sistema y no desean eliminar los privilegios
de los poderosos (de nuevo ¿por qué entonces deberíamos tenerles
confianza a partir de ahora?).
3. ¿«La violencia no
resuelve nada»? De una vez por todas, señores burgueses,
¿serían tan amables de indicarles a los pobres cuál es el método de
lucha que les sugieren, ya que ninguno de los que han ido utilizando
sirvió de nada y su situación no ha cesado de agravarse?
Y, sobre todo, sean un poco
menos hipócritas. ¿Cuál fue el método con el que la burguesía francesa
empezó a amasar sus inmensas fortunas, sino la trata de negros y
después el pillaje de las riquezas de África? ¿Acaso el ejército
francés les regalaba ramos de flores a los argelinos, a los marroquíes
y a los demás pueblos ocupados y masacrados? E incluso hoy en algunas
neocolonias ¿a cambio de qué hacen fortuna las multinacionales como
Total y Bouygues, sino de la miseria de las poblaciones locales?
4. ¿En qué bando se
ejerce la mayor violencia? ¿Cómo calificar a un sistema que, por
un lado, acumula fortunas colosales destruyendo cada más empleos y,
por el otro, amontona a millones de personas en guetos, viviendas
insalubres, edificios degradados, escuelas-aparcamientos, cursillos
inservibles, trabajitos sin porvenir, hostigamientos policiales
basados en el color de la piel?
Cada año hay más gente que
se ve obligada a sobrevivir con salarios exiguos, mientras que todos
los gobiernos no cesan de bajar los impuestos sobre las grandes
fortunas. Cada año, centenares de seres humanos mueren en las aceras
de París. ¿Cómo calificar un sistema que no le deja salida alguna a un
joven: «¡No me importa ir a la cárcel, mi vida ya está jodida!»
¿No será este sistema el que es violento?
5. «Desde luego, aquí no
estamos como en los Estados Unidos», decían nuestros medios de
comunicación cuando el escándalo Katrina-Bush. Pero ¿acaso no vamos
hacia eso a toda velocidad? Con la Constitución europea y Bolkestein y
todas las demás medidas aplicadas por doquier en Europa desde los
acuerdos de Lisboa (2000) ¿acaso no estamos asistiendo a una ofensiva
general que rebaja los salarios, las pensiones, las prestaciones
sociales? ¿Acaso no estamos alcanzando a Bush y a sus cuarenta
millones de ciudadanos que viven bajo el umbral de la pobreza?
Esta obsesión actual de
hacer trabajar a los viejos durante más tiempo ¿no es acaso la mejor
manera de producir una masa suplementaria de jóvenes parados y sin
esperanza? ¿Es normal que los trabajadores de Shell-Hollande se vean
obligados a ponerse en huelga para preservar su derecho a la pensión,
mientras que los beneficios de esta multinacional se han ido a las
nubes (dieciocho mil millones de dólares en 2004 y un 68% más este
año)? ¿No habría que hacer lo contrario, reducir radicalmente el
tiempo de trabajo, con el fin de compartir? ¿Acaso el único obstáculo
no es el carácter intocable de los superbeneficios de las grandes
sociedades, púdicamente revestidos con el hermoso nombre de
«competitividad»?
6. ¿Seres humanos al
cubo de la basura? Cuando los jóvenes queman coches, molestan y
nos ocupamos de ellos. Cuando eran sus vidas desesperadas las que se
perdían como el humo ¿qué medios de comunicación hablaban de ellos?
¿Podemos todavía creer en el mito del supuesto «ascenso social» tras
escuchar a uno de los más importantes economistas occidentales
declarando fríamente: «Hay seis mil millones de seres humanos sobre
tierra, de los cuales cinco mil millones no podrán jamás ser
utilizados»? ¿Acaso no vivimos en un sistema inhumano en el que a
unos se los explota hasta el tuétano y a otros de los echa
literalmente al cubo de la basura? ¿Habrá que basar la sociedad del
mañana en los beneficios de las multinacionales o en las necesidades
de la humanidad?
7. ¿Una estrategia para dividir? Por
supuesto, incendiar el coche de su vecino de barrio es caer en la
trampa del Poder, porque ese vecino que lo utiliza para ir al tajo (y
para dejarse explotar al máximo), también es víctima de una política
europea impuesta por las multinacionales. Igual que el pequeño
pensionista sumido en la inseguridad económica porque el Poder recorta
sus medios de subsistencia. ¿Acaso el Poder no teme, precisamente, que
se puedan unir las resistencias a esta explotación? ¿Acaso no se
alimenta el racismo de forma deliberada al publicar estadísticas
hinchadas y falsas sobre la pequeña delincuencia, mientras que se
protege la delincuencia de las elites? Presentar a los musulmanes como
peligrosos cuando hay extremistas por todas partes; criminalizar el
uso del velo ¿no es acaso ocultar voluntariamente la cuestión social
tras un falso problema religioso con el fin de enfrentar unas contra
otras a las víctimas de la explotación?
Encerrar a los más pobres en guetos y levantar a
su alrededor un muro de policías ha sido la estrategia más genial para
vencer la resistencia. Mientras que los pequeños blancos se ocupen de
los pequeños negros y de los pequeños hijos de emigrantes árabes, los
grandes ricachones (para quienes el dinero no tiene color) podrán
dormir a pierna suelta.
El problema fundamental es que la demagogia de
Sarkozy funciona de maravilla. Mientras que este burguesazo prepara
una política antisocial a lo Bush, su discurso se recibe bien entre
una mayoría de los trabajadores, no sólo de Francia, sino de Bélgica
también. ¡Tenemos mucho tajo por delante!
8. ¿Qué es lo que intenta Fachozy
Mucho antes de las revueltas, Fachozy había
preparado leyes liberticidas que nos afectan a todos y que van a poner
en vigor en toda la Unión Europea: escuchas, espionaje en Internet,
extradiciones por delitos políticos, expulsiones arbitrarias...
Después de haber creado la tensión de forma deliberada, Fachozy va a
aprovecharla para que se aprueben esas leyes antidemocráticas, que
utilizará también contra los movimientos sociales y sindicales y
contra nuestra libertad de expresión (no olvidemos que ha hecho
encarcelar a un joven inmigrante por haberlo «insultado».
9. ¿Qué soluciones proponen? Quienes han
«comprendido bien la inquietud de los jóvenes» afirman que van a
devolver algunos céntimos más a los suburbios y restituir a los
policías de barrio y a los asistentes sociales que acababan de
suprimir. El problema es que los policías y los asistentes sociales
calmarán, quizá, la situación durante algún tiempo, pero no crearán
empleos. Para integrarse es preciso un verdadero trabajo, un salario
real.
Mientras el sistema se base en el interés y en
el máximo lucro de algunos ¿cómo se van a crear los empleos necesarios
y satisfacer las necesidades de la población? Si queremos que se deje
de echar a la basura a los seres humanos ¿no habrá llegado el momento
de reemplazar la ley de la jungla por otra forma superior de
relaciones humanas? Hoy es posible acabar por completo con el hambre
en el mundo: sólo costaría menos de una cuarta parte del presupuesto
anual del ejército de Estados Unidos. ¿Entonces?
10. ¿Dejarlos en su gueto? Es muy fácil
reprocharles a los jóvenes de los suburbios que carecen de programa y
se equivocan de objetivo. Al principio de su existencia como clase
obrera, los trabajadores sobrexplotados comenzaron por destruir las
máquinas, lo cual era también completamente suicida. La verdadera
cuestión es: ¿De dónde les podían llegar unas reivindicaciones claras,
un análisis de las causas de su malestar? ¿Qué ha hecho el movimiento
obrero; qué han hecho los intelectuales progresistas para superar las
divisiones existentes entre los jóvenes y las otras clases populares?
Para superar esa división, será absolutamente necesario tender puentes
y comunicar la experiencia de las luchas del pasado. Pero antes de
profesor habrá que ser alumno. Hay que estar al loro. Porque el «odio»
que sienten esos jóvenes no es un sentimiento negativo, sino la
indignación frente a la injusticia. Y este sentimiento siempre ha
sido, en todas las épocas, el punto de partida para la resistencia y
para cambiar el mundo.