Adoro los mapas y crecí rodeada de ellos. Tuve la suerte de que mi padre
tenía un trabajo extra de portero en una fábrica de Rand McNally
y solía traernos a casa como regalo especial las muestras de
mapas anticuados o con errores de imprenta, que nosotros
esperábamos con fruición. A sabiendas de que los mapas son sólo
una representación simbólica y abstracta de algo imposible -la
naturaleza de la superficie terrestre, una entidad que está en
continua evolución-, lo que se espera de nosotros es que
aportemos nuestra propia sensibilidad en la interpretación de su
significado.
Los mapas
esconden tanto como revelan, porque son obra de personas
investidas con la tarea de que se parezcan lo más posible a la
realidad del objeto, mientras que al mismo tiempo deben darle un
nombre gráfico a lo representado para que proporcionen
información. La mayor parte de esa información es ideológica.
¿Quién entre los estadounidenses ha olvidado los habituales
mapas académicos de nuestra niñez, con Norteamérica situada en
pleno centro de la tierra plana y Asia extrañamente dividida en
dos por la única razón de darle protagonismo al nuevo
continente? Hay muchísima información que se deja fuera de un
mapa para volverlo legible. ¿Acaso necesitamos ver los caminos y
las calles traseras, que existen únicamente para dar acceso a
garajes y recogedores de basura? En general no los encontraremos
en un mapa urbano, pero seguramente ocupan casi un tercio de
todas las vías pavimentadas de una ciudad como Chicago y hay
mucha vida que ocurre allí.
También hay
muchas clases de mapas. Los dos más comunes son los
«geopolíticos», que muestran los elementos naturales y
artificiales que definen el estado del área representada y hacen
gran hincapié en las fronteras políticas y administrativas, y
los «topográficos» o «en relieve», que aspiran a una imagen más
tridimensional de las características físicas de la tierra. A
veces, los mapas topográficos revelan la arbitrariedad de
algunas fronteras que un mapa geopolítico oculta bastante bien.
En ambos casos, existe una gran selectividad en lo que se
representa y en lo que se deja fuera.
A
diferencia de un «mapa de carreteras», que básicamente existe
para mostrar las posibles rutas que conectan un lugar con otro
-en realidad son mapas centrados únicamente en el transporte, en
cómo ir allí, no en estar allí o, mucho menos, en qué hay
«allí»- estos mapas tienen la finalidad de ser concisos y
bastante objetivos, así como de ayudar a la comprensión del área
examinada.
Se ha dicho
que los mapas no mienten. Sin embargo, tampoco dicen
necesariamente la verdad… O, más bien, parafraseando a
Tierno Bokar,
el notable dirigente espiritual sufí de Malí, «hay tres
verdades: mi verdad, tu verdad y la verdad».
Por eso, es
natural que nos preocupe la imagen representada de Israel y
Palestina, ya que ésa es la realidad por la que se enfrentan
israelíes y palestinos. En fechas recientes, Salman Abu Sitta ha
compilado el monumental Atlas de Palestina. En una entrevista
que concedió a
Al Ahram Weekly
dejó claro que tiene muy presente el carácter ideológico de la
cartografía:
«El Atlas
entrelaza ingeniosamente el pasado (un prolijo mapa de Palestina
en 1948), el presente (las carreteras existentes hoy en día) y
el futuro (el punto de vista de Abu Sitta sobre cómo cinco
millones de refugiados palestinos esparcidos en todo el mundo
pueden regresar a su hogar).
Abu Sitta,
quizá mucho más que nadie, reconoce la importancia política,
legal, histórica, social y emocional del Atlas para los
palestinos desposeídos.
«El mapa
tiene una función muy importante, es la identificación, la
partida de nacimiento del lugar», dice.
Sin
embargo, aparte de este mapa, que es básicamente una fiel
reconstrucción del territorio de Palestina a través de su
historia, obtenida de todas las fuentes históricas disponibles,
cualquiera diría que casi todo el mundo tiene una idea de lo que
son Palestina e Israel. ¡Ambos están en los noticieros a diario,
por favor! ¡Por supuesto, podríamos incluso dibujar el mapa!
¿¿No?? De hecho, se supone que los dos Estados surgirán de las
cenizas de lo que tenemos ante nuestros propios ojos.
Pero la
cosa se complica cuando uno trata de visualizar cómo es el
Estado de Israel y cómo imaginar el futuro Estado Palestino. No
es tarea fácil. Dudo que incluso dos cartógrafos profesionales
dibujasen el mismo mapa. Básicamente, es mucho más fácil y más
habitual visualizar la Palestina Histórica. Puede que sea porque
es la imagen iconográfica que tenemos impresa en la conciencia.
En su libro
Don’t Think of an Elephant [No Piensen en un elefante],
el profesor de Lingüística en Berkeley
George Lakoff
menciona el poder que posee la imagen mental original que
tenemos de algo, sobre todo de un concepto. Cualquier imagen que
hayamos desarrollado en nuestra primera infancia es la que
permanecerá y las que compitan con ella deberán reemplazarla por
la fuerza. Lo más habitual es que muchos palestinos vean la
imagen de Palestina entera (la de antes de 1948) como el
territorio palestino, ya que históricamente ha sido así. (Si la
reclamación del territorio por parte de los judíos se remonta a
hace 2000 años ¿por qué varias décadas deberían ser
problemáticas cuando hablamos de los derechos que toda persona
tiene a su patria? Ése es un argumento lógico). Muchos judíos, y
no sólo en Israel, ven la totalidad de Israel, junto con
Cisjordania, como un Estado judío único. Pretenden que su
reclamación se inspira en la divinidad y se remonta a hace más
de 2000 años. En ambos casos, lo percibido como Palestina o como
Israel no es una imagen de dos Estados, sino más bien el mismo
territorio, que puede ser Palestina o Israel. La gran diferencia
estaría en que Israel es un Estado exclusivista reservado, en lo
que respecta a los derechos, sólo a los judíos. El Israel actual
ha adoptado este modelo y la perspectiva de Eretz Yisrael es
igual de poderosa entre judíos seculares y religiosos. Palestina
nunca ha reclamado ser un Estado para un grupo exclusivo étnico
o religioso y en su historia administrativa ha sido capaz de
permitir la coexistencia de múltiples grupos étnicos, pero
también prevé una Palestina localizada en el territorio habitado
durante generaciones por el pueblo palestino, lo que significa
la totalidad de la Palestina Histórica.
¿Es posible
concebir una solución con dos Estados? Si observamos los mapas
actuales apreciaremos pruebas muy interesantes que demuestran la
probabilidad de que al final del conflicto, si es que éste
llega, la única solución posible es un solo Estado. Y ello
básicamente porque no tendría que vencer el salto mental que
para Lakoff es necesario a la hora de formular el pensamiento
sobre algo. La mayoría de la gente tiene la imagen de un
territorio completo. Un territorio que tiene la forma de la
Palestina Histórica. Lo único necesario sería reconocer que
dicha tierra no se puede dividir. No es un cuadro mental que
cualquiera de nosotros podamos aceptar.
Por ello,
veamos lo que nos depara una simple investigación en un motor de
búsqueda. Una tarea como ésta se convierte en un auténtico
desafío cuando uno lo hace armado con un ordenador. Mientras que
en la mayor parte de los mapas de sitios palestinos uno
encontrará el reconocimiento de Israel, la búsqueda de la
palabra Palestina en un sitio israelí es casi una tarea
imposible.
¿Por qué no
empezar por el sitio principal? El mapa del
Israeli Ministry of Foreign
Affairs es muy simple, aunque no exactamente
actualizado tras la retirada de la franja de Gaza. Pero lo
importante es que uno se topa con un título muy enigmático,
«Dentro de fronteras y líneas de alto el fuego» [Within
boundaries and cease-fire lines] y, sobre todo, no verá las
palabras Cisjordania [West Bank] o Territorios (ocupados)
palestinos, sino más bien Samaria y Judea. Be’er Sheva parece
casi tan importante como Jerusalén y los altos del Golán tienen
el mismo color que los territorios palestinos.
Un hermoso
mapa que puede verse es
The Science.Co map of Israel.
Se trata de una asociación de un mapa geopolítico y topográfico,
pero no hay absolutamente ninguna línea de demarcación de
cualquier territorio que pudiera ser otro Estado. Todo es
Israel, incluso los altos del Golán, si bien muestran la piel de
leopardo de las zonas controladas por la administración
palestina. Jerusalén tan sólo está indicada como ciudad de densa
población, pero, de nuevo, a Nablus se la llama Shechem y se
utilizan nombres como Galilea, Samaria y Judea.
Más
sionista que los propios sionistas, el mapa del grupo cristiano
Constructores del Templo
divide el territorio como si hubiesen utilizado una regla sobre
una hoja de papel. Sin embargo, para compensar este extraño
mapa, imposible de comprender, proporcionan un
mapa de carreteras
del que se sentiría orgulloso Netanyahu. Para los cristianos
Constructores del Templo, Jenin o Beth Haggan son la misma cosa.
Gemas en Israel,
un sitio web oficial de turismo, ofrece un mapa sonoro muy útil
que da la pronunciación hebrea de las principales ciudades. No
se molesta en utilizar la palabra Palestina en ninguna de las
áreas de su mapa de Israel, pero, de nuevo, tampoco muestra las
ciudades. Tal vez no pudieron decidir si realmente pronuncian
mal Ramala.
Info Please
muestra los territorios palestinos claramente separados con
color. El nombre de ISRAEL está impreso por encima de esas áreas
en provocativas mayúsculas.
El mapa de
la
CIA es la imagen
más real de un Israel separado que puede hallarse. Se refiere a
Cisjordania y a la franja de Gaza como a territorios ocupados
por los israelíes. El único problema es que llaman a Israel a la
página entera.
La
B.B.C. utiliza básicamente el mismo mapa que la CIA, pero
ofrece una explicación sobre la causa del conflicto: «El núcleo
del conflicto israelopalestino es una disputa territorial y de
fronteras». También se titula Israel y Territorios Palestinos.
Si al
lector le gusta la tecnología,
Eye on Israel le
ofrece un mapa a su medida. Es enormemente detallado, pero en él
no existen entidades como Palestina o los Territorios. Forman
parte integral de Israel.
El
Atlas del Mundo
muestra el Golán como ocupado, pero no Palestina. Indica
ciudades árabes palestinas en Cisjordania, pero las ciudades
«importantes» y «significativas» son todas judías. Por alguna
razón nos enteramos de que el Negev es un «páramo».
El de
Infotour, the Official
Israeli Tourism Site es un mapa casi inútil. Su
Israel es enorme, no señala Cisjordania, la franja de Gaza no es
más que una ciudad y el Golán forma parte de Israel. Es el mapa
ambicioso por definición.
Los
Relative size maps
de la Biblioteca Virtual Judía comparan Israel con muchas partes
del mundo, incluso con Nueva Jersey, para quien quiera saberlo.
Israel, de paso, es Eretz Yisrael.
El mapa
Israel desde el espacio
es muy bonito. De hecho,
Science.co ofrece
muchos mapas del área, pero ninguno de ellos menciona la palabra
Palestina. Aunque uno encuentre escrito «NOTA: Israel es una
diminuta partícula en el enorme territorio de Oriente Próximo»,
se maravilla de lo pequeña que debe ser la mota de territorio
que tienen los palestinos.
Cuando uno
pincha en este
mapa, que Google
denomina Mapa de Palestina y sus vecinos, su título cambia a
Mapa de Israel y sus vecinos, y uno no ve Israel en absoluto,
sino sólo las poblaciones que habitaron el Oriente Próximo en
tiempos pasados.
El mapa
Planeta solitario es
interesante. Todo es Israel, incluso un trozo grande de Siria.
Este mapa aparece de manera prominente en
Araboo, una
especie de motor de búsqueda de cosas árabes.
Geographic tiene
un mapa que es bastante idealista. Es sólo un mapa de fronteras,
sin muchos detalles. Le da a Israel una frontera, no menciona
los Territorios Ocupados y, por otra parte, el sitio web no
ofrece un mapa de Palestina, únicamente uno de la
Franja de Gaza y
de
Cisjordania.
¿Cómo
representan el territorio los partidarios de causas palestinas?
En realidad, resulta interesante señalar que con mayor
frecuencia parecen ser menos idealistas y más realistas, pues
muestran el territorio dividido.
PASSIA, que
ofrece muchos mapas, muestra básicamente un mapa de Cisjordania
y de la franja de Gaza y sólo nombra las ciudades de Tel Aviv y
Jerusalén fuera de dicha área. El
Logotipo del
sitio web es otro ejercicio en el arte de lo posible. Tiene en
cuenta a Palestina como Palestina Histórica y como la
proposición Bantustán.
Global Security
ofrece un curioso mapa de Palestina. Jerusalén incluso no
aparece, Tel Aviv es la capital de Israel y el Estado Israel
está representado, pero ningún otro. Lo que este mapa pueda
representar es un misterio para mí, digno de meditación.
Miftah ofrece una
lista de 85 mapas, pero ni uno solo etiquetado como Palestina.
Ésta parece ser una tendencia en casi todos los investigadores
serios palestinos.
The Applied Research
Institute of Jerusalem representa Palestina en dos
pedazos. Se trata de un grupo interesante de mapas, al menos a
juzgar por el índice. Pertenece a un grupo que se ocupa del
medioambiente, de la gestión del territorio y de cuestiones de
recursos.
El
Palestine Center
ofrece un mapa geopolítico… con la imagen que parece más exacta
de lo que será la Palestina propuesta. No muestra territorios
contiguos.
The Palestine Land Society
muestra el mapa probablemente más importante de todos. Ofrece la
vital información de los resultados de la Nakba [N. del T.:
literalmente, la catástrofe. Se refiere a la deportación
masiva de casi un millón de palestinos fuera de sus territorios
en 1948, con masacres de civiles y destrucción de cientos de sus
pueblos].
Palestine History
muestra Israel, pero explica que está situado sobre territorios
palestinos ocupados e ilustra los dos Estados propuestos.
Un mapa
absolutamente asombroso, firmado y, por lo tanto, utilizado por
Moshe Dayan, puede encontrarse
aquí. Es el mapa
de Palestina antes de la Nakba.
Pero si
todo esto empieza a parecer muy, pero que muy confuso… todavía
hay un
mapa que es
posiblemente el más verdadero de los verdaderos: está a la
espera de un paciente ensamblaje para su formación.