Traducido
para Rebelión por Manuel Talens
Los socialistas
consideran la canción Imagine de John Lennon como un himno de
esperanza universal. Pocas otras canciones, y quizá ninguna tan
famosa, han descrito la visión socialista con tanta exactitud y
emotividad. Aparecida originalmente en el álbum Imagine de
1971, llegó en tres ocasiones a los primeros puestos de las listas de
éxitos de Inglaterra (primero entre los discos sencillos en 1975;
luego en 1981 a los pocos meses de la muerte de Lennon (ocupó el
número 1 durante varias semanas) y, por fin, durante las Navidades de
1999, tras haber sido votada como letra favorita nacional y elegida
segunda canción preferida de todos los tiempos en una gran encuesta
sobre la mejor música del milenio.
Imagine
es una canción humanista por excelencia, que niega a los humanos el
lugar que a menudo se adjudican a sí mismos en el universo espiritual
y que, en cambio, los relega a su material y exquisitamente hermoso
hogar terrenal. Lennon hace esto para impulsar a sus prójimos a unirse
en la creación de un mundo que valga la pena, sin países, guerras,
religión ni propiedad privada. Su deseo de compartir este mundo juntos
como una auténtica «hermandad de los seres humanos» ha hecho que más
de un miembro del Movimiento Socialista Mundial se haya preguntado si
acaso Lennon no escribiría esta canción después de haber leído el
Socialist Standard, lo cual no es una idea descabellada, puesto
que después de la separación de los Beatles empezó a frecuentar con
avidez la prensa radical, pero no se sabe con certeza si llegó a leer
el Standard, un periódico que desde 1904 también aboga por una
sociedad de propiedad compartida, sin naciones, sin clases y sin
dinero.
Junto con Paul
MacCartney, Lennon fundó y dio nombre a los Beatles, pero a menudo se
sintió incómodo de la fama y del significado que el grupo llegó a
alcanzar. De hecho, fue también Lennon quien fusionó el grupo poco
antes de que saliera a la venta su single en solitario Instant
Karma, cuando les comunicó a los otros miembros que pensaba
marcharse.
La trayectoria
personal de John Lennon está mucho más cerca del espíritu de lo que
más tarde se llamaría punk rock que del pop tradicional. En primer
lugar, la manera en que él y miles de otros jóvenes abrazaron el
skiffle [2] en Inglaterra recuerda el camino que las
bandas punk siguieron en los años setenta, a menudo de un modo
similar, sin ni siquiera saber tocar sus instrumentos. En segundo
lugar, las famosas payasadas de John Lennon cuando los Beatles
actuaron en Alemania incluían la burla del saludo nazi y su aparición
en escena con una tapa de retrete en el cuello a modo de collar.
Intentos como éstos de escandalizar a menudo se asocian con la
posterior era del punk. De hecho, una de las travesuras de John Lennon
en su juventud había consistido en orinar desde el tejado de una
iglesia de Liverpool sobre las monjas que pasaban por abajo. En tercer
lugar, los chaquetones de cuero y el aspecto desaliñado de los Beatles
iniciales estaban también mucho más cerca los punk rebeldes y
radicales de los años setenta que la limpia imagen posterior, con
trajes de ejecutivo, que exhibía el grupo.
Desde luego,
John Lennon expresaba su cólera y su sentido del absurdo en las
mordaces letras de sus canciones. Resulta interesante constatar que,
si se dejan de lado sus breves nueve años como beatle famoso, el
carácter político de sus últimos años es una extensión lógica de su
época anterior a los Beatles y de la de los Beatles iniciales. Lo
cierto es que a menudo se encuentran rastros de su rebeldía en las
entrevistas que concedió como beatle, y su declaración de que eran más
famosos que Jesucristo fue un raro aunque involuntario uso de la fama
para poner patas arriba el statu quo, probablemente sin
parangón alguno hasta que los Sex Pistols empezaron a blasfemar en la
televisión británica doce años después. Por eso resulta posible argüir
que, incluso si la escritura de John Lennon contribuyó enormemente a
la melodía y al márquetin de la música pop en el siglo XX, fue una
especie de «capitulación» y un alejamiento de su potencial como
creador y, en particular, de su auténtica naturaleza política y
crítica. Quién sabe si los admiradores de los Beatles se ofenderán al
leer esto que digo, pero tratemos de imaginar lo que pensarían si, por
ejemplo, una banda contemporánea de grunge como Nirvana hubiese
cambiado en los años noventa su aspecto agresivo y el estilo de su
música por trajes bien cortados, pelo corto y relamidas canciones de
amor que les garantizaran un público internacional y la cercanía de la
familia real, es decir, si hubieran adoptado un aspecto de «ricos»
como hicieron los Beatles en 1962.
Es curioso que
la primera canción de Lennon en un álbum de los Beatles –Please
Please Me (1963)– fuese Misery, que empezaba con las
palabras «el mundo me trata mal». La verdad es que Lennon lanzaba a
menudo estas pequeñas bombas líricas de su auténtico yo en canciones
que, por otra parte, eran perfectas gemas de la música pop que se
hacían eco de las sensibilidades musicales del pop estadounidense (Beach
Boys, Buddy Holly, Motown). Dado que tenía el mundo rendido a su
alrededor, es posible que Lennon disfrutara utilizando sus canciones
como una oportunidad para ponerle el pie encima o, tal como sugiere el
título de un libro que escribiría años más tarde, para «joderlo todo»
(juego de palabras que terminó por convertirse en A Spaniard In The
Works) [3].
Aquellas ácidas
contribuciones contrastaban bruscamente con las edulcoradas de
MacCartney, cuyas canciones de amor (como la mayoría de las que
cantaban los Beatles) se ocupaban de las banalidades del corazón. A
pesar de que casi todas las canciones de los Beatles iban firmadas por
el tándem Lennon-MacCartney, la autoría de uno y otro quedó clara
cuando tras la ruptura del grupo las canciones de Lennon empezaron de
inmediato (ya en 1970) a explorar temas profundamente políticos,
psicológicos y existenciales, mientras que el trabajo en solitario de
MacCartney siguió investigando la nostalgia y el romanticismo y, en
general resulta mucho menos interesante de analizar y demasiado
aburrido, con las posibles excepciones de algunas declaraciones
políticas como
Give Ireland
Back To The Irish.
En el LP
Please Please Me, Misery contrastaba con Love Me Do
y P.S. I Love You, que aparecían en el mismo álbum. Incluso en
una canción de amor de lo más tradicional como Ask Me Why,
Lennon canta: «Si lloro no es porque esté triste, sino porque tú eres
el único amor que he tenido. No puedo creer que me haya pasado esto,
no puedo imaginarme un sufrimiento igual.» Así, incluso en una canción
en la que el objeto de su amor está conquistado, Lennon canta desde su
lado oscuro, como el pobre hombre que se asombra de haber encontrado
el amor, o de que lo amen, mientras deja planear una nube incierta de
duda y dolor sobre su amante. La idea general de que Lennon cantaba
las canciones más cortantes queda confirmada cuando éstas se analizan,
y como al parecer es verdad que MacCartney y Lennon tenían tendencia a
cantar las canciones que habían escrito en solitario, no queda más
remedio que deducir que fue el espíritu rebelde de Lennon quien imbuyó
aquella lucha y aquel malestar en sus propias creaciones y, por
extensión, en el repertorio de los Beatles.
Las canciones
que escribió Lennon para el álbum With The Beatles (1963) eran
todas de amor y así fue generalmente en todos los LP iniciales. En el
álbum de 1964 A Hard Day’s Night, (el primer «clásico» de los
Beatles) Lennon declara en la canción del mismo título que ha estado
«trabajando como un perro», lo cual es toda una brevísima referencia a
nuestras vidas laborales, incluso si a continuación el amor de la
mujer hace que «se sienta bien». En la canción Help! del álbum
homónimo de 1965, John parece describir su propio dolor en el seno de
los Beatles, con la pérdida de su independencia, el aumento de su
inseguridad y su necesidad de alguien que lo calme y le indique una
nueva dirección (resulta interesante señalar que Yoko Ono tuvo al
parecer ese efecto positivo que él buscaba en una relación).
Nowhere Man,
del álbum Rubber Soul (1965), trata asimismo de la alienación,
incluso si no está situada en el mundo del trabajo o del poder, pero
amonesta por su pasividad a quienes se permiten ser invisibles para
pasar inadvertidos y los urge (a ellos y a todos nosotros, «¿acaso él
no es como tú o yo?») a que tomen el control del mundo que los rodea.
En I’m Only
Sleeping, de Revolver (1966), Lennon habla otra vez
de nuestras vidas precipitadas y exhibe sin reparos su pereza (los
socialistas promueven «el derecho a la pereza», en contraposición con
el «derecho al trabajo» de los capitalistas).
En los álbumes
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y Magical Mystery Tour
(ambos de 1967), las letras de John Lennon empezaron a volverse
cada vez más surrealistas (I Am The Walrus) bajo la influencia
de las drogas, la cultura oriental y una obvia liberación personal,
reflejada en esta declaración artística. Revolution, del
White Album (1968) fue la primera canción abiertamente política de
Lennon, a menudo mal entendida como apolítica o conservadora, pero que
es más bien una crítica sobre todo de los maoístas y otros grupos de
la izquierda radical de su tiempo, defensores de una revolución que
sólo «habla de la destrucción». Al fin y al cabo, una revolución
triunfante no sólo trata de la destrucción de un viejo orden, sino
también de la construcción de un orden nuevo.
Para entonces, la influencia de Yoko Ono ya se
hacía sentir en su música y en sus acciones. A pesar de que ella a
menudo ha sido retratada como una influencia negativa en su vida, un
estudio de aquel periodo sugiere lo contrario, es decir, que de verdad
le proporcionó la influencia intelectual, política y estética y el
permiso que necesitaba para llegar a la plenitud de su potencial
creativo. A partir del momento en que la encontró, sus canciones
empezaron realmente a examinar el mundo interior de los dolorosos
sentimientos que experimentó de niño al perder a su madre y a
mostrarlo como un genio quizá obstaculizado por los Beatles y el mundo
exterior que todos debemos soportar. De hecho, incluso cuando los
Beatles todavía estaban juntos, él ya publicó tres álbumes
experimentales con Yoko Ono (los dos Unfinished Music y el
Wedding Album, en 1968 y 1969).
Tan pronto como
los Beatles fueron historia, John Lennon empezó a hacer historia con
sus canciones dolorosamente honradas y políticas. En 1970, el álbum
John Lennon/Plastic Ono Band fue un ejemplo. Además del par de
canciones que tratan de la pérdida de su madre y de Love, una
de las dos melodías más hermosas que se puedan escuchar en cualquier
álbum, sea o no sea de los Beatles (la otra es Oh My Love en
Imagine), empezó a explorar a lo grande temas humanistas y
políticos. La convicción lennoniana de que vivía en un universo ateo
se revela en diferentes lugares. Por ejemplo, en I Found Out,
declara: «No hay ningún Jesús venido del cielo» y en God va un
poco más lejos, pues la afirmación de que «Dios es un concepto con el
que medimos nuestro dolor» hunde sus raíces en la psicología humana y
en el materialismo de Feuerbach [4] y Marx. La canción
Working Class Hero es un clásico ejemplo de la humillación de los
obreros en entornos tales como el hogar, la escuela y el trabajo.
Incluso si él era multimillonario, en ella se identificó con la
situación de las masas trabajadoras y tomó plenamente conciencia de
clase al cantar «Te dicen que puedes llegar a la cima / pero antes has
de aprender a matar sonriendo / si deseas triunfar como los de allá
arriba».
La canción
Imagine, seleccionada como himno oficial por Citizens of the
World, pertenece al álbum Imagine (1971). Otras canciones
políticas a señalar son I Don’t Want To Be A Soldier («no
quiero morir») y Give Me Some Truth («ya estoy harto de leer
chorradas de políticos neuróticos, psicóticos y estúpidos, lo que
quiero es la verdad, ahora»).
El LP más abiertamente político de John Lennon
fue la cara A de Some Time in New York City (1972). La cara B
incluía extractos de un concierto con Frank Zappa). En este álbum se
encuentra su famosa declaración feminista «la mujer es el negro del
mundo» («hacemos que tenga y eduque a nuestros hijos y luego la
dejamos porque se ha convertido en una clueca gorda y vieja. Le
decimos que su lugar está en la casa y luego nos quejamos de que es
demasiado ignorante para ser nuestra amiga.»). Lennon nos pide que
«pensemos en eso y hagamos algo». La siguiente canción, Sisters, O
Sisters, de Yoko Ono, es otra canción feminista que llama a sus
hermanas de sexo a construir un mundo nuevo porque «perdimos nuestra
verde tierra, perdimos nuestro aire limpio». La tercera canción,
Attica State, contra el sistema carcelario y en favor de la
libertad, nos incita a «liberar a los presos, encarcelar a los jueces,
liberar a todos los presos de todas partes, [pues] lo único que
quieren es verdad y justicia, lo único que necesitan es amor y
cuidados». Sunday Bloody Sunday y The Luck Of The Irish
ridiculiza al gobierno británico («deberías tener la suerte del
irlandés y entonces desearías ser inglés»).
Por último, John y Yoko contribuyeron con
canciones sobre los presos John Sinclair (condenado a 10 años por
vender marihuana a un topo de la policía) y Angela Davis, activista
negra. No fue un LP musicalmente meritorio para ser de un hombre que
en otro tiempo había sido capaz de escribir Strawberry Fields
Forever, pero hizo posible que Lennon le dedicase un álbum a las
noticias de actualidad.
Abundan las
conjeturas sobre el porqué del asesinato de John Lennon. En febrero de
2002, Klint Finlay afirmó en el sitio web www.technocult.net que Sean,
el hijo de Lennon, había declarado que «quien se crea que Mark Chapman
era sólo un loco que mató a mi padre debido a sus problemas personales
es un idiota. O un ingenuo. O no se ha parado a pensar. A Estados
Unidos le interesaba sobremanera que asesinasen a mi padre. Sin la
menor duda.»
Existen diversas
teorías, que van desde la conspiración al loco solitario. Las de la
conspiración señalan la hipótesis de que John Lennon había sido
considerado varias veces como una amenaza para la seguridad nacional,
primero con Nixon y más tarde con el nuevo presidente Reagan. Varios
casos documentados de vigilancia por parte del FBI y de arrestos bajo
acusaciones falsas en los años setenta sirven para sostener dicha
teoría. Desde luego, es verdad que John Lennon fue una figura nacional
de importancia que en diferentes momentos de su vida se implicó
públicamente en diversas causas políticas radicales, incluido su apoyo
al IRA, un grupo trotskista, y en la defensa de varios presos.
Otros muchos
también apoyan la teoría del loco solitario, pues desde niño Mark
Chapman había estado recibiendo tratamiento para su esquizofrenia
paranoide y sufría asimismo de numerosas ideas delirantes sobre John
Lennon y Todd Rundgren. Cabe preguntarse lo siguiente: ¿Y si en
realidad Mark Chapman no hubiera sido un «candidato manchurio» para un
grupo secreto de funcionarios gubernamentales? [5]
La explicación
más probable es otra: Lennon y los Beatles aparecieron en el momento
en que acababa de interrumpirse la ceremonia de la posguerra y de la
guerra fría dirigida por Kennedy de Camelot, en la cual los
estadounidenses se habían unido como una piña tras un presidente
mística y míticamente considerado como uno de los suyos, a la espera
del futuro glorioso lleno de programas sociales que les había
prometido. Y, justo cuando la nación estaba de luto por la pérdida no
sólo de un hombre, sino también de sus sueños, los Beatles sirvieron
de bálsamo para calmar el dolor de aquella sociedad y ayudarla a
olvidar, como sólo puede hacerlo el poder del espectáculo.
Durante los años
que siguieron al asesinato de Kennedy, el oponente más visible y
escuchado en aquella tierra hasta entonces unida fue John Lennon. Él
había sido el arcángel de la nueva sociedad y ahora se había
convertido en el archienemigo, cuyos discos ardían en la hoguera de
los cristianos en castigo por sus declaraciones sobre Jesucristo y que
más tarde apoyó a las diversas fuerzas de oposición y de aparente
destrucción. Para un joven esquizofrénico que ya sufría de ideas
delirantes paranoides, John Lennon pudo haber representado el símbolo
obvio de la ruptura histórica dentro de su mundo y, desde luego, es
posible que todas las ideas delirantes paranoides no sean más que la
proyección contra los demás «malvados» del rencor que quien las padece
experimenta contra sí mismo ante la vulnerabilidad de su propia
ruptura mental. La proyección hacia el exterior de dicho rencor
evitaría así asumir responsabilidades personales. Todas las ideas
delirantes paranoides se basan en algo de verdad. Por ejemplo, John
Lennon era, de hecho, tanto el principal creador de la música pop como
su mayor crítico. Él la elevó a dimensiones que incluso
empequeñecieron a Elvis y luego ayudó a destruirla. Él se convirtió en
una figura pública con quien se identificaban millones de seres, pero
también enajenó a otros muchos millones. Él convirtió a la estrella
del rock en una figura que expresaba las palabras y los sentimientos
de toda una generación y llegó a ser su rostro y su objetivo, su
liberador y su maldición. Una vez que entró en los hogares de cien
millones de jóvenes como el símbolo del espectáculo de los nuevos
medios de comunicación, también introdujo en el recinto de los padres
–hasta entonces sacrosanto– la ruptura generacional, el movimiento
pacifista y la amenaza comunista. Encarnó más que nadie la dialéctica
de los años sesenta –por un lado la tensión entre el liberalismo y la
libertad para explotar y por el otro el anticapitalismo y la libertad
frente a la explotación, entre el principio del placer de Estados
Unidos (ejemplificado en los Beatles) y su principio de la realidad
(el mundo de la desinformación, de la riqueza imposible y del todavía
más imposible poder), entre la música como entretenimiento y la música
como el coro para la revolución.
Seguramente no
es ninguna coincidencia que con el advenimiento de la era de Reagan,
que quizá más que cualquier otra sirvió para ocultar las matanzas en
el exterior y los excesos estéticos y políticos en el interior, las
libertades fuesen amputadas al mismo tiempo que la mano que había
ayudado a derribar el castillo de naipes. A menudo hacen falta locos
para ver con extrema agudeza la locura que los rodea. Sí, Mark Chapman
estaba probablemente loco, pero el asesinato de John Lennon expresó de
manera inconsciente el deseo social de asesinar a otros como él (en el
mundo real o sólo en la fantasía). Por eso, en la actualidad es tan
fácil caer en la (a menudo falsa) teoría de la conspiración, pues la
clase dirigente conspira a diario para proteger sus dominios y la
clase obrera todavía no conspira para subvertirlos con más de unos
pocos miles de activistas por aquí y otros pocos miles por allá. Por
muchas razones, John Lennon era el objetivo perfecto, incluso si su
asesinato no fue un esfuerzo concertado por el poder para quitárselo
de en medio.
Lo que dejó tras
de sí fue la imaginación utópica que todos compartimos, que todavía
existe en un millón de cerebros y que se niega a que nadie la
silencie. La canción Imagine fue incuestionablemente el momento
más elevado de Lennon. Su claridad lírica y conceptual arrojó luz
sobre nuestro mundo oscuro y violento. Nos impulsó a imaginar un mundo
sin propiedad, sin religión, sin naciones, que viva en paz. Postuló un
orden económico en el que tanto la avaricia como el hambre serían algo
imposible.
Los socialistas
también comparten dicha visión. Apoyan todas las causas que acercan a
la humanidad hacia el objetivo de un orden económico sin clases en
donde el trabajo asalariado, el dinero y la compraventa sean
substituidos por personas libres que trabajan juntas para subvenir a
sus necesidades, sin las coacciones impuestas por el sistema de
mercado, en pocos palabras, un mundo de paz, de igualdad, de
abundancia y de ecología sostenible: «Podrás pensar que somos unos
soñadores, pero no somos los únicos. Ojalá un día te unas a nosotros.
Y el mundo será de todos.»
Notas del
traductor
[1]
A Tribute to John Lennon, Working Class Hero (http://irelandsown.net/lennon.html).
El autor,
John Tomson, es miembro de http://www.worldsocialism.org
[2] Skiffle,
amalgama del folk estadounidense, el jazz y el rock.
[3] En el
original inglés, a spanner in the works, juego de palabras
intraducible. Es de señalar que la expresión popular británica to
throw a spanner in the Works, literalmente «tirar una llave
inglesa en el curro» –o «en el laburo», para que me entiendan en
América Latina–, significa en realidad «joderlo todo». Lennon utilizó
las similitudes fonéticas entre spanner y Spaniard para
alterar la expresión en el título de este libro que publicó en 1965.
[4]
Ludwig
Feuerbach (1804-1872), filósofo alemán situado entre
Hegel y Marx. Teórico del ateísmo y crítico de la religión.
[5] Se refiere a
la película The
Manchurian Candidate (1962), de John Frankenheimer, con Frank
Sinatra y Lawrence Harvey, rodada en plena guerra fría y basada en la
novela homónima de Richard Condon, que estuvo retenida y sin estrenar
durante casi veinticinco años tras el asesinato del presidente Kennedy.
_________________________________
Addendum
del traductor
Sobre personajes
y discursos
Cuando inicié la
traducción de este artículo, cuya lectura me había parecido de interés
por el sesgo poco habitual con que estudia al personaje, estuve
tentado por el deseo de cambiarle el título en castellano, y ello para
no herir la susceptibilidad de algunos lectores de Rebelión,
pues no cabe duda de que vestir la imagen pública de John Lennon con
el traje de héroe de la clase obrera puede parecer no sólo excesivo,
sino incluso una provocación. Al final, se impuso el respeto por el
autor y traduje literalmente el título original
A Tribute to
John Lennon, Working Class Hero,
pero deseo añadir ahora un breve comentario.
Durante los días
que siguieron al asesinato de John Lennon (acaecido el 8 de diciembre
de 1980, hoy hace veinticuatro años), la prensa aireó los aspectos más
diversos de la vida privada del músico, entre ellos la aparente
contradicción de que un activista como él, que había puesto su carrera
al servicio de causas consideradas radicales en EEUU, hubiese elegido
domicilio en el Dakota, uno de los edificios más caros y emblemáticos
de Nueva York, junto al Central Park. Se supo también que no sólo
poseía allí un apartamento, sino dos, y que el segundo estaba
refrigerado y servía para guardar los abrigos de pieles del
matrimonio. En cuanto a la fortuna personal de los Lennon, fue
estimada en unos trescientos millones de dólares.
Con tales datos
en la mano, es verdad que resulta embarazoso calificar de héroe de la
clase obrera a un artista que, desde su acceso al estrellato a
principios de los años sesenta, no padeció nunca las vicisitudes de
dicha clase social, pues no es lo mismo ser pobre que rico, y Lennon
era muy, muy rico. Sin embargo, dicho razonamiento, de tufo ético,
moral, humanista o religioso, poco o nada tiene que ver con el
análisis materialista que a mi entender busca el autor en su texto. El
mundo en que vivimos nos ha acostumbrado subliminalmente a meter en un
mismo saco la vida y la obra de los personajes públicos
–una prueba de ello es el equívoco título de este artículo–, como si
ambas coincidiesen siempre, tuvieran igual importancia ante la
historia y se pudiesen juzgar según idéntico rasero, lo cual es un
rasgo típico del pensamiento burgués. El materialismo histórico está
en las antípodas de dicha tendencia, pues se interesa única y
exclusivamente por las consecuencias sociales de cada acto humano y
deja a un lado las consideraciones personales, que sólo incumben al
individuo… y a nadie más. Por eso, a ningún marxista debería
importarle si Marx dejó embarazada a su sirvienta, si Althusser
asesinó a su mujer, si Picasso era un hombre insufrible o si los hijos
del Che sufrieron psicológicamente a causa de la ausencia de un padre
que los abandonó por la revolución, pues todo eso pertenece a la
esfera de la vida privada, que cada cual gestiona como quiere… o como
puede.
El caso de John
Lennon no escapa a dicha lógica. Por eso, me atrevo a pedir a los
lectores que se hayan sentido incómodos ante el título que por un
momento olviden al personaje y se centren en Working Class Hero,
esa maravillosa canción de aire dylaniano cuya letra es a mi entender
mucho más valiosa desde el punto de vista político que el utópico
canto a la bondad de Imagine, musicalmente hermosísima pero de
un angelismo ineficaz. En Working Class Hero, muy al contrario,
el cantante de Liverpool plasmó a la perfección los males del
mundo y ofreció el único remedio que parece posible, la lucha. Por
eso, aunque él no fuese de ningún modo un héroe de la clase obrera –a
lo sumo se lo podría etiquetar de rebelde útil, en el estilo de
Michael Moore–, el «discurso» de su canción sí que es, sin duda
alguna, una pequeña obra maestra de arte revolucionario y, como tal,
perdurará junto a otros himnos destinados a unir a las masas contra la
opresión, a la misma altura que La internacional, Bella ciao,
Le temps des cerises o Nicaragüita.
