LOS ERRORES MÁS HABITUALES DEL PUEBLO
ISRAELÍ

Gilad Atzmon
*
Traducido
para Rebelión por Manuel Talens
He aquí
los errores más habituales que cometen los israelíes:
1.
Son incapaces de comprender que no existe diferencia esencial
alguna entre Tel Aviv y un asentamiento en Cisjordania.
2.
Creen que la creación del estado de Israel fue un resultado
del Holocausto.
3.
Se consideran inocentes y, por ello mismo, víctimas del
conflicto israelopalestino.
4.
Creen que viven en una democracia y, por lo tanto, que sus
atrocidades son legítimas.
5.
Están convencidos de que viven en una sociedad abierta que
goza de diversidad política e ideológica.
6.
Creen que el gueto es algo del pasado.
7.
Están convencidos de que el concepto de ‘estado judío’ es algo
legítimo.
8.
Piensan que Israel es un refugio para todo el pueblo judío y
la mejor respuesta al antisemitismo.
9.
Se consideran humanistas.
10.
Están seguros de que Israel es inmortal.
A través de la historia
relativamente corta del nacionalismo judío, muchos judíos han
logrado encontrar defectos en la filosofía sionista. Muchos se
han separado del sionismo. A partir de la creación del estado
de Israel, numerosos israelíes ha abandonado el país y otros
muchos del mundo entero han unido sus fuerzas con el
movimiento palestino de liberación. Por otra parte, son los
israelíes quienes todavía no logran comprender que las diez
creencias enumeradas aquí arriba son errores graves, en verdad
nefastos.
Sería posible preguntar si
son únicamente los sionistas quienes cometen estos errores
esenciales o si son todos los israelíes. Como respuesta, yo
argumentaría que el pueblo israelí es sionista, incluso si
sabe muy poco lo que es el sionismo. La mayor parte de los
israelíes nacieron en una realidad colonial y racista. Son
educados para mantener el sionismo, no para ponerlo en
entredicho. Esta aceptación ciega de una de las visiones del
mundo más radicalmente chovinistas convierte a los israelíes
en candidatos imposibles de cualquier forma de negociación
pacífica.
Los errores explicados en detalle
1.
Son incapaces de comprender que no existe diferencia
esencial alguna entre Tel Aviv y un asentamiento en
Cisjordania.
La
mayor parte de los israelíes consideran que los colonos y los
establecimientos judíos en los ‘territorios ocupados’ son un
obstáculo en el camino hacia la paz. Desde el interior de su
egocéntrico universo, los israelíes en general y la denominada
‘izquierda’ sionista en particular están convencidos de que
una retirada de las fuerzas armadas israelíes a las líneas
fronterizas anteriores a 1967 les garantizaría la paz. La
única explicación inteligible de esta falsa idea común
consiste en que fue sólo después de 1967 cuando los israelíes
se encontraron cara a cara con los palestinos que habían
‘limpiado’ étnicamente en 1948 (de repente, ‘aparecieron’ en
los nuevos territorios ocupados). A los israelíes les gusta
creer que lo que no ven no existe. Todavía se niegan a
reconocer que la ‘causa palestina’ se basa en la justificada
exigencia de regresar a su patria.
La semana pasada, Nabil
Sha'ath, uno de los ministros de la Autoridad Palestina, hizo
la siguiente declaración acerca del ‘derecho al retorno’:
La hoja de
ruta patrocinada por EE.UU. para la paz en Oriente Próximo
garantiza el derecho de los refugiados palestinos a regresar a
sus casas en Israel o a las tierras conquistadas en la Guerra
de los seis días en 1967. (www.haaretz.com, 16 de agosto de
2003)
Veamos
ahora algunos comentarios de las principales figuras políticas
israelíes:
[A los
refugiados] nunca se les permitirá regresar a Israel. (Avi
Pazner, portavoz del gobierno israelí, www.haaretz.com, 17 de
agosto de 2003)
Cualquier avance en la hoja de ruta dependerá de si los
palestinos abandonan el derecho al retorno a las tierras en el
interior de Israel. (Dan Naveh, ministro israelí de Sanidad,
www.haaretz.com, 17 de agosto de 2003)
[Los palestinos] siguen exigiendo algo que nunca lograrán. (Shimon
Peres, presidente del Partido Laborista, www.haaretz.com, 17
de agosto de 2003)
Todos los
partidos políticos de Israel están unidos contra el derecho al
retorno de los palestinos a Israel. (Matan Vilnai, diputado
laborista, www.haaretz.com, 17 de agosto de 2003)
Israel y la Autoridad Palestina tienen un interés común en
encontrar soluciones para el problema de los refugiados dentro
de las fronteras de un estado palestino, no en Israel. (Ran
Cohen, diputado del Meretz, www.haaretz.com, 17 de agosto de
2003)
Como se
ve, los políticos israelíes todavía no saben en qué consiste
la causa palestina. Siguen a la espera de que los palestinos
abandonen unos derechos totalmente legítimos. En la práctica,
esperan que los palestinos se olviden de que son palestinos,
lo cual no es más que un deseo optimista, diría yo, pues nunca
abandonarán su derecho al retorno. Nunca abandonarán la
resistencia contra el colonialismo sionista. Y menos ahora,
cuando cada vez cuentan con más apoyo en todo el mundo. Cada
palestino sabe que el sionismo busca convertir toda Palestina
en tierra judía. En ese sentido, la ciudad de Tel Aviv,
situada parcialmente en tierras palestinas confiscadas (Yafo,
Abu Kabir, Sheik Munis, etc.), y Elon More, un asentamiento en
Cisjordania, son la misma cosa: se trata de colonias judías en
tierra palestina.
2.
Creen que la creación del estado de Israel fue un resultado
del Holocausto.
En primer lugar, he aquí
algunas citas elocuentes:
Un judío
criado entre alemanes puede asumir costumbres alemanas,
palabras alemanas. Puede impregnarse por completo de ese
fluido alemán, pero el núcleo de su estructura espiritual será
siempre judío, porque su sangre, su cuerpo, su tipo físico
racial es judío. (Vladimir Jabotinsky,
A
Letter on Autonomy,
1904. Jabotinsky es el mentor ideológico de la derecha
israelí.)
Yo también,
como Hitler, creo en el poder de la idea de la sangre. (Chaim
Nachman Bialik, The Present Hour, 1934. Bialik es el
poeta nacional oficial israelí.)
Si yo
hubiera sido judío, habría sido un sionista fanático (Adolf
Eichmann, 1955, publicado en la revista Life en 1960.
Eichmann, un oficial SS responsable del ‘problema judío’, hizo
esta observación en referencia a su visita a Palestina en
1937.
A lo
largo de los años, el pueblo israelí ha adoptado una extraña
opinión con respecto a su propio discurso histórico sionista.
De alguna manera, ha decidido que su empresa colonial
militante y nacionalista es, en realidad, un ‘movimiento
pacifista’ posterior al Holocausto. En los tempranos días de
Israel se vio que esta noción manipuladora resultaba muy
eficaz para obtener apoyo occidental, probablemente a causa de
los sentimientos de culpa que existían en Occidente. Desde la
guerra del Líbano en 1982, la opinión occidental ha cambiado.
Cada vez hay más gente que reconoce que las auténticas
‘víctimas finales de Hitler’ son los palestinos. Mientras que
el mundo occidental despierta despacio, pero sin pausa, a los
continuos e inhumanos crímenes israelíes, éstos creen todavía
en la imagen que fabricaron de sí mismos. Los israelíes están
convencidos de que el estado judío fue creado después del
Holocausto con el fin de asegurar un refugio seguro para los
judíos en caso de desastres repetidos. Esta falsa idea es la
consecuencia directa de la lectura incorrecta de
acontecimientos históricos cruciales. Israel es fruto del
sionismo y la ideología sionista ya existía antes de que
Hitler naciera.
Además, hay buenas razones para creer que
Hitler desarrolló algunos de sus argumentos antisemitas tras
la lectura de textos sionistas iniciales. De Ber Borochov
habría podido aprender lo socialmente anormales que eran los
judíos (‘la estructura socioeconómica del pueblo judío se
diferencia radicalmente de la de otras naciones. La nuestra es
una estructura anómala, anormal’.
Ber Borochov, 1897, publicado en Cohen Moshe (ed.).,
Nationalism and the Class Struggle: A Marxian Approach to the
Jewish Problem,
1937).
De Jabotinsky
habría podido aprender lo importante que era la pureza de
sangre. Estas citas sugieren que el sionismo y el nazismo son
de un espíritu muy similar (ambos son movimientos
nacionalistas inspirados en conceptos de pureza racial). Una
cosa, sin embargo, está clara: el sionismo es anterior al
nazismo.
Por
otra parte, si decidimos aceptar el autoengaño israelí que
considera Israel como resultado del Holocausto, deberíamos
aclarar por qué los sionistas siempre han sido tan entusiastas
con respecto al antisemitismo. A los ojos sionistas, es el
antisemitismo lo que empujará a los judíos a ir a su ‘patria’.
En consecuencia, los sionistas comprendieron desde el
principio que la Alemania nazi era una gran oportunidad para
el sionismo. Mientras que antes de la guerra las
organizaciones sionistas colaboraron con los nazis en la
transferencia de la riqueza judía alemana a Palestina, durante
la guerra, una vez que la escala del desastre fue de dominio
público, los sionistas hicieron muy poco en el mundo entero
para ayudar a sus hermanos y hermanas de Europa. Vale la pena
mencionar aquí un incidente particular: hacia el final de la
Segunda Guerra Mundial, Adolf Eichmann (en nombre
de Heinrich Himmler) le ofreció a
Rezso Kasztner, un líder sionista húngaro, la libertad de
hasta un millón de judíos a cambio de 10.000 camiones. Resulta
sorprendente que las organizaciones sionistas ignorasen tal
oferta, pero en aquel entonces habían comprendido que la
aniquilación del pueblo judío europeo ayudaría a generar
bastante apoyo entre las naciones para el futuro
establecimiento del estado judío. Al parecer, la oferta nazi
se redujo a un único tren y solamente 600 devotos judíos
sionistas húngaros. Está claro que a los sionistas no les
interesaba salvar ni a los judíos asimilados ni a los
ortodoxos.
Por triste que parezca, hay
que admitir que, al menos tácticamente, los sionistas tenían
razón: la liquidación del pueblo judío europeo dio lugar a un
gran apoyo de la causa sionista, que eventualmente condujo al
establecimiento del estado judío. Sin embargo, si realmente
adoptamos esta línea de pensamiento, deberemos considerar a
los líderes sionistas como responsables en parte de la
aniquilación del pueblo judío europeo.
3.
Se consideran inocentes y, por ello mismo, víctimas del
conflicto israelopalestino.
Resulta
difícil de creer, pero los israelíes se consideran realmente
como seres inocentes. Incluso aquellos israelíes que han
aterrorizado y limpiado étnicamente a los palestinos durante
décadas (como Peres y Sharon) tienen la cara dura de
considerarse como víctimas. Ni siquiera el hecho evidente de
que durante más de cincuenta años el pueblo israelí ha estado
votando a favor de negar a los palestinos los derechos humanos
más básicos nunca ha hecho nacer la sombra de una duda en las
mentes sionistas. Hasta la fecha, ni uno solo de los partidos
políticos judíos del parlamento israelí reconoce el derecho al
retorno de los palestinos.
Si se
considera el hecho de que el judaísmo mundial conducido por el
gobierno israelí es bastante eficaz en sus exigencias sobre
los intereses judíos anteriores a la Segunda Guerra Mundial
(en lo tocante a cuentas bancarias o propiedades en Europa),
es bastante extraño que los israelíes hagan caso omiso de
derechos palestinos muy similares. ¿Cómo es posible que los
judíos, que se preocupan tanto de las injusticias bancarias
suizas, sean sordos y ciegos ante su propio y continuado robo
de la tierra, los bienes y la dignidad palestinas? Se me
ocurren dos respuestas posibles:
a. A los israelíes y a los
sionistas no les preocupan las injusticias hechas contra su
pueblo en el pasado; simplemente los motiva la avaricia, el
entusiasmo político o ambas cosas.
b. Los israelíes y los
sionistas son criaturas muy insólitas que no siguen ningún
modelo humano de empatía; por lo tanto, no se debe esperar que
sientan compasión o culpa en lo que respecta a sus propios
crímenes contra gentiles en general y palestinos en
particular.
Se sabe
que miles de jóvenes israelíes viajan cada año a Polonia para
visitar distintas atracciones turísticas sobre el
Holocausto. El gobierno israelí y muchas otras organizaciones
judías patrocinan tales viajes. Cualquiera pensaría que,
cuando esos jóvenes alegres ingresan en el ejército israelí,
deberían aplicar la lección moral y sentir genuina compasión
por sus vecinos palestinos. Sin embargo, aunque está claro que
han aprendido una lección, lamentablemente ésta es incorrecta:
una vez en los territorios ocupados, se comportan como la
vermacht. Está claro por qué los israelíes invierten tanto
dinero en esos ‘viajes educativos’.
4.
Creen que viven en una democracia y, por lo tanto, que sus
atrocidades son legítimas.
A pesar
de que más de la mitad de la población que vive dentro de las
fronteras israelíes carece del derecho al voto, los israelíes
se consideran un pueblo democrático. Además, el pueblo israelí
(de manera similar al estadounidense) cree que su ‘libertad’
de opción política le da un mandato para decidir el destino de
otros pueblos. Los israelíes están seguros de que sus actos
crueles son totalmente legítimos sólo porque son la ‘única
democracia en Oriente Próximo’. Esto se puede explicar a
través de la interpretación israelí del concepto judío de ser
el ‘pueblo elegido’. Mientras que judíos ortodoxos consideran
el hecho de haber sido elegidos como un fardo ético y
espiritual, los israelíes consideran su ‘elección’ como una
forma de regalo cósmico: una condición en la que uno nace y
que lo convierte en sobrehumano. En un tiempo asombrosamente
corto, los israelíes han desarrollado un sistema de
‘democracia de los elegidos’ que les permite a ellos, el
pueblo elegido, dictar su visión del mundo a los que son
demasiado débiles (por el momento) para oponerse. Es
importante mencionar que Israel no se encuentra solo en eso de
gozar de una ‘democracia de elegidos’. La democracia
estadounidense sigue la misma línea de pensamiento. Desde la
Segunda Guerra Mundial, el pueblo estadounidense ha decidido
de qué manera el resto del mundo debería apoyar la riqueza
estadounidense. No es nada extraño que las dos ‘democracias de
elegidos’ sean tan entusiastas la una de la otra.
5.
Están convencidos de que viven en una sociedad abierta que
goza de diversidad política e ideológica.
El problema
de la izquierda [israelí] es que piensa que estar a favor de
la paz es como cantar una canción. Y yo le digo: quien quiera
cantar una canción, que se haga cantante. (Shimon Peres,
The Independent, 4 de agosto de 2003)
El
pueblo israelí tiende a creer que disfruta de una sociedad
políticamente diversa con un auténtico debate entre izquierda
y derecha. Tradicionalmente, el pensamiento de izquierda se
identifica con la lucha por la igualdad social y legal,
mientras que la política de la derecha representa los
esfuerzos de los poderosos. De manera bastante extraña, cuando
esto se aplica a Israel la distinción deja de funcionar. El
sionismo es el arte de ser poderoso y judío. Los palestinos (y
la mano de obra barata extranjera) están de algún modo fuera
del juego. La izquierda israelí no busca convertirlos en
jugadores iguales y los sionistas de la derecha ni siquiera
les permite jugar. En la práctica, tanto la izquierda como la
derecha israelí han adoptado la jabotinskiana filosofía
derechista del ‘muro de hierro’, que busca construir un poder
que la ‘población nativa’ no pueda fracturar (Vladimir
Jabotinsky, The Iron Wall, 1923).
Yo
supongo que la razón por la que los israelíes no logran ver
que su sociedad carece de cualquier auténtico debate entre
derecha e izquierda es porque no logran distinguir entre lo
que es un debate ideológico y un debate político. Mientras que
en la práctica no existe diferencia ideológica alguna entre el
Partido Likud y el Partido Laborista israelíes, el pueblo
israelí sigue considerando sus enfrentamientos políticos como
un debate ideológico. En el Reino Unido, por el contrario, la
mayoría de la gente ahora entiende que Tony Blair es un líder
conservador disfrazado de laborista. El pueblo británico está
mucho más avanzado que el israelí en la comprensión del
contexto ideológico de su propio juego político. En Israel,
pocas personas comprenden que las diferencias entre Peres y
Sharon son sólo marginales. Por si esto no bastara, incluso
las organizaciones izquierdistas israelíes como Paz Ahora,
Mujeres de Negro y Gush Shalom, que luchan valerosamente por
los derechos palestinos, apoyan la inaceptable ‘solución de
los dos estados’. El análisis de estos movimientos de la
‘izquierda israelí’ en términos categóricos revela el hecho
devastador de que su orden del día político no está
ideológicamente nada lejos de Sharon. Por muy triste que sea,
la ‘izquierda israelí’ no existe.
6.
Creen que el gueto es algo del pasado.
Las
aspiraciones nacionalistas judías empezaron a surgir a finales
del siglo XIX, tras la emancipación de los judíos europeos.
Los ideólogos sionistas siguieron la creciente ola del
nacionalismo europeo. Los sionistas iniciales consideraron la
posibilidad de la asimilación judía como una grave amenaza
para la existencia de los judíos. Muchos de aquellos
pensadores también estaban convencidos de que el pueblo judío
sufría de una grave disfunción social y se referían a las
tradicionales actividades judías como improductivas. La
asunción sionista en aquellos tiempos era que esta forma de
malsana condición social era el resultado de la vida en un
gueto en una tierra extranjera durante demasiado tiempo. El
sionismo fue considerado como un remedio para las diferentes
‘enfermedades tradicionales judías’. Su objetivo era crear un
judío nuevo: un hombre laico, civilizado y productivo, que
vive y cultiva su propia tierra y se comunica en su propia
lengua (el hebreo), completamente opuesto al carácter del
gueto de la Europa del Este. Este experimento fue muy efímero.
En la práctica, el ‘judío nuevo’ no ha sido creado. El
sionismo nunca ha sido un movimiento laico. Mientras que la
laicidad es una filosofía alternativa a la religión, cuando se
trata del sionismo y de la laicidad judía, el sionismo rechaza
algunos rituales judíos sólo para adoptar otros nuevos. Desde
el principio, el sionismo adoptó muchos símbolos bíblicos y
místicos heroicos judíos, la mayor parte de ellos suicidas
(las historias de Massada, un cuento de kamikazes colectivos,
y de Sansón, el primer hombre-bomba suicida judío, son
ejemplos típicos). Además, la decisión de resucitar el estado
judío en Palestina estaba relacionada directamente con la
promesa bíblica. Aunque al principio pareciese como si se
estuviese haciendo un auténtico esfuerzo para establecer una
civilización hebraica, cualquiera que visite el Israel de hoy
en día puede comprobar que la mayor parte de los aspectos
culturales hebraicos están desapareciendo de la cada vez más
desmoronada cultura israelí. Incluso el hebreo se está
perdiendo. De más está decir que poco después de su llegada,
los sionistas se dieron cuenta de que era mucho fácil usar
mano de obra palestina en vez de achicharrarse ellos mismos en
los calurosos campos mediterráneos. En retrospectiva, sería
difícil señalar cualquier renacimiento cultural hebraico de
importancia, excepto algunos hábitos bárbaros que naturalmente
se desarrollaron durante muchas décadas de sádica opresión. Un
estudio de la amplia e impresionante contribución del pueblo
judío a la cultura mundial revelará que muy poco de ella
proviene del estado judío. Esto no es sorprendente. Como
sabemos, el gueto judío contribuyó muy poco a la cultura. Si
pensamos en grandes pensadores y artistas judíos,
encontraremos que todos ellos son judíos emancipados que
prefirieron la asimilación al sionismo o a la ortodoxia. El
impresionante ‘muro de la defensa’ de Sharon está ahí para
explicar por qué Israel nunca ha sido culturalmente
productivo. En la práctica, los sionistas nunca han abandonado
el gueto; solamente lo trasladaron de Europa a Palestina. El
concepto de segregación es probablemente inseparable del
sionismo.
7.
Están convencidos de que el concepto de ‘estado judío’ es
algo legítimo.
Este
error es el resultado de la lectura incorrecta del cambio
cultural del siglo XX. Cuando el sionismo nació era más que
una legítima filosofía ideológica. Formaba parte del
movimiento nacionalista europeo del siglo XIX y se desarrolló
en un tiempo en que el odio del Otro era más que frecuente
dentro del discurso intelectual y político europeo.
Los sionistas
revisionistas, conducidos por Vladimir Jabotinsky, elogiaron
abiertamente el fascismo italiano y consideraron a Mussolini
como su mentor ideológico. Más aún, Jabotinsky adoptó la idea
de la pureza racial muchos años antes de que Hitler ni
siquiera la mencionara. En aquel tiempo, el sionismo no era la
única filosofía que insistía en un estado nacionalista basado
en la pureza racial. Sin embargo, después de la Segunda Guerra
Mundial y de la caída del nazismo, las cosas cambiaron. La
idea de un estado basado en la pureza racial dejó de ser
legítima. Incluso la nueva forma estadounidense de fascismo es
multirracial. En realidad Israel es el único ejemplo que queda
de un estado nacionalista basado en la pureza racial. El
estado judío ha dejado de ser un concepto legítimo.
8.
Piensan que Israel es un refugio para todo el pueblo judío
y la mejor respuesta al antisemitismo.
Tzipi
Livni, la ministra israelí de Inmigración, reveló
recientemente que la inmigración judía a Israel ha cesado por
completo. En otras palabras, admitió que Israel ha dejado de
ser el lugar más atractivo donde puede vivir el pueblo judío.
Hace poco asistí a un discurso de un portavoz palestino en el
Reino Unido. Dejando de lado los complicados aspectos morales
de esta repetida pregunta, el portavoz se limitó a los
aspectos pragmáticos de las diferentes formas de lucha
palestina. Su argumento fue muy simple: ‘Si Israel es el
estado del pueblo judío, el terror palestino debería convertir
dicho estado en un lugar muy poco atractivo para la vida de
los judíos que viven en él’. No cabe duda de que los ataques
suicidas son muy eficaces para alcanzar tal objetivo. Las
palabras de Tzipi Livni confirmaron que el terror palestino
está derrotando a la empresa sionista. Pero el fracaso del
sionismo es mucho más dramático. No sólo Israel no ha logrado
vencer el antisemitismo, sino que los devastadores e inhumanos
crímenes que Israel comete a diario ‘en nombre del pueblo
judío’ convierten el antisemitismo en una filosofía legítima.
Sin duda el próximo desastre judío será una reacción contra el
sionismo.
(Es importante señalar de
nuevo que el sionismo es deliberadamente entusiasta del
antisemitismo. Nos enfrentamos aquí a un círculo vicioso
iniciado por los sionistas: Israel comete adrede crímenes
inhumanos para dar lugar a actos antisemitas que,
supuestamente, conducirán a los judíos a darse cuenta de que
el sionismo es la única solución para el ‘problema judío’.)
9.
Se consideran humanistas.
No, no
es una broma. A pesar del dolor que infligen a sus vecinos,
los israelíes todavía se consideran humanistas. Además, parece
como si la imagen humanista fuese muy importante para el
pueblo israelí. Hay equipos de rescate y equipos médicos de
emergencia israelíes en cada lugar del planeta donde suceda un
desastre. Sin embargo, por alguna razón, nunca se encuentra
uno con esos caballeros humanistas israelíes en Gaza o en
Jenin.
Yo diría que el disfraz
humanista israelí tiene algo que ver con la herencia universal
marxista parcialmente adoptada por los sionistas iniciales de
‘izquierda’. Dicho lo cual, es preciso recordar que no hay
nada en la filosofía sionista que se haga eco de cualquier
código moral universal de comportamiento. El sionismo sólo se
ocupa de los judíos. Fue inventado por judíos y sólo se puede
aplicar a los judíos. La llamada a la unificación del
proletariado del mundo que apareció durante años en algunos
periódicos sionistas de izquierda era algo pretencioso con muy
poca sustancia. Además, los partidos de izquierda que exigían
un cosmopolitismo internacional se afanaban en la práctica en
robar a los palestinos. La mayoría de los kibbuts israelíes
están situados en tierras palestinas confiscadas. El robo de
las tierras palestinas constituye el núcleo fundamental de
toda la filosofía sionista. Estoy convencido de que la
negación de los derechos humanos más básicos que practica el
pueblo israelí se puede explicar por su autopercepción como
una raza elegida. ¿Por qué Palestina debería pertenecer a los
judíos, que se alejaron de ella hace dos milenios, y no a los
palestinos, que han estado viviendo allí desde el principio de
los tiempos? Probablemente porque los judíos han sido elegidos
y su texto bíblico es superior a cualquier otro texto
(incluidos los documentos legales). ¿Cómo se puede ser elegido
y humanista al mismo tiempo? Ésta es la principal pregunta que
se les debería hacer a los israelíes. Parece como si en el
nuevo mundo dominado por Judeoamérica uno pudiera considerarse
humanista siempre que posea bastantes armas nucleares a su
disposición como para apoyar tal imagen.
10.
Están seguros de que Israel es inmortal.
En
realidad, Israel es ya una entidad más que agonizante. Está
pasando por un rápido proceso de desintegración en sectores
aislados que no comparten ningún objetivo colectivo común. Más
pronto o más tarde, los sectores israelíes actualmente
relegados entenderán que tienen mucho más en común con el
pueblo palestino que con los fanáticos sionistas. Los
supuestos sionistas de ‘izquierda’ comprenderán que tienen más
en común con Nabil Sha’ath y Saib Arikat que con cualquier
miembro del Partido Likud. Los judíos ortodoxos comprenderán
que tienen mucho más en común con el fundamentalismo islámico
que con el supuesto frente laico liberal israelí. Los nuevos
inmigrantes rusos ni siquiera han intentado integrarse en la
sociedad hebraica, que consideran inferior. Los judíos
etíopes, a los que ni siquiera se les permite donar sangre, y
la numerosa y oprimida mano de obra barata extranjera pronto
comprenderá que la supremacía sionista es su mayor enemigo.
Los días de los sionistas están contados. No hay ninguna
necesidad de una guerra. Dejemos que se destruyan así mismos
en ‘paz’. Dentro de las nuevas y autoimpuestas paredes del
gueto con el que se están rodeando a sí mismos no les queda
otra opción.
¿A dónde conduce todo esto?
Parece como si cualquier
forma de comunicación con los israelíes sea imposible a no ser
que uno decida compartir el autoengaño israelí. Como está
claro que los israelíes son excelentes en la autodestrucción,
sólo tenemos que ayudarlos sirviéndoles de catalizador. Un
plan gradual de prohibiciones y boicoteos cumpliría dicho
objetivo. Debemos comenzar con boicoteos culturales y de
mercado. Debemos asegurarnos de que los criminales de guerra
sionistas e israelíes sean detenidos en cuanto aterricen en el
suelo del mundo libre (suponiendo, desde luego, que eso
exista, lo cual es mucho suponer). Si esto no da resultado,
debemos dar un paso más y prohibir que los israelíes viajen a
Europa a no ser que declaren su rechazo absoluto del
sionismo. Los muchos estados cultos que son lo bastante
valientes como para prohibir el antisemitismo, la propaganda
neonazi y cualquier otra forma de actividad racista deberían
pensar inmediatamente en agregar la actividad sionista a su
lista de actividades prohibidas.
No tomará demasiado tiempo. Llegado el momento de la verdad,
muchos israelíes se sentirán felices de olvidar el sionismo y
regresarán a la familia humana.

Jazzman, escritor y activista de
izquierda, el polifacético Gilad Atzmon es una estrella
ascendente de la escena cultural británica. Nacido en Israel y
criado dentro del judaísmo, se exiló a Londres en los años
noventa. Apoya sin matices la liberación del pueblo palestino,
se opone de manera rotunda al principio racial del estado de
Israel y milita a favor de la creación de un único estado
democrático, que acogería en su seno tanto a palestinos como a
israelíes. Su último CD, grabado con el multicultural The
Orient House Ensemble, se titula Exile –ya a la venta
en España– y acaba de ser galardonado por la BBC con el Premio
al mejor disco de jazz del año (BBC Jazz Award). Gilad
Atzmon ha publicado una novela, Guide to the Perplexed,
aparecida en castellano con el título de Guía de perplejos
(Ediciones del Bronce, Grupo Editorial Planeta, Barcelona
2003). El lector puede visitar su sitio web en el siguiente
URL:
www.gilad.co.uk
