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El traductor activista

Un año después de la Conferencia de Durban Contra el Racismo

África: esclavitud, colonialismo y muerte


Augusto C. Buonicore*

Augusto C. Buonicore

 

Hace un año tuvo lugar la Conferencia de la ONU Contra el Racismo en Durban. En aquel cónclave internacional pudimos constatar que, a pesar de que han transcurrido casi ciento cincuenta años desde el final del tráfico de negros y veinticinco desde el final del colonialismo europeo en África, esos teman siguen incomodando a las clases dominantes de las grandes potencias imperialistas.

Tratando de reparar una injusticia histórica, las naciones africanas presentaron en Durban la polémica propuesta de que los países que habían practicado o que se habían beneficiado del tráfico de esclavos y del colonialismo pagasen indemnizaciones y pidieran formalmente perdón  por dichos actos. Además, exigieron que tanto el tráfico como el colonialismo fuesen considerados ‘crímenes contra la humanidad’.

Los países europeos reaccionaron a dicho texto amenazando con retirarse de la Conferencia. El representante británico llegó incluso a afirmar que ‘las exigencias de los africanos eran insoportables’. Los EE.UU., en solidaridad con el gobierno racista de Israel, no participaron. En la declaración final, el tráfico de esclavos acabó siendo considerado un ‘crimen contra la humanidad’, pero se aprobó ninguna petición explícita de disculpas.

Los europeos insistieron hasta el final para que fuese considerado crimen en los tiempos actuales, no en el pasado. El colonialismo, en cambio, no fue considerado ‘crimen contra la humanidad’. La tesis de la reparación tampoco fue aprobada. Apenas si se aprobó una indicación para que los países desarrollados tomasen iniciativas en el sentido de reparar las consecuencias de la esclavitud y del colonialismo, sin mencionar cuáles serían esas supuestas iniciativas.

Los intelectuales al servicio de la causa colonial siempre han procurado negar la responsabilidad occidental por la esclavitud de los pueblos de África.  Alegan que fueron los propios líderes de las tribus locales quienes capturaban y vendían a los africanos y, que, por ello, la responsabilidad sería también de los africanos, lo cual es una clara tentativa de criminalización de la propia víctima.


El tráfico de negros y los orígenes del subdesarrollo africano

Sin embargo, las reclamaciones de las naciones africanas son absolutamente justas. La esclavitud y el colonialismo han sido las causas fundamentales del subdesarrollo de ese continente. El tráfico de esclavos constituyó una gran sangría para la población africana. Entre 1510 y 1860, más de diez millones de seres humanos fueron transportados como esclavos hacia América. Más de dos millones murieron a bordo de los navíos negreros. Se calcula, además, que más de ocho millones de personas murieron entre el lugar del interior en que habían sido hechas prisioneras y el mercado de esclavos en las costas africanas. Es decir, el tráfico de negros convirtió en víctimas directamente a más de veinte millones de seres humanos.

La mayor parte de esos muertos y deportados eran jóvenes en su mejor edad productiva. El tráfico fue responsable de la despoblación de regiones enteras. Entre 1800 1850, durante el período de expansión de la cultura algodonera en EE.UU., el número de deportados llegó a ser de 120.000 por año. Así, el desarrollo del capitalismo estadounidense estuvo íntimamente ligado con el tráfico de carne humana. Inglaterra, a su vez, fue responsable del transporte del 50% de los africanos esclavizados. El tráfico de negros en el siglo XVIII llegó a representar la mitad de los beneficios de las exportaciones de los países europeos.

El tráfico desorganizó la vida social africana. En África existía una esclavitud, pero era residual y, en general, de carácter familiar. La expansión del capitalismo transformó la esclavitud en un comercio altamente rentable y aumentó la proporción del proceso de esclavitud. Algunas tribus africanas abandonaron la producción artesanal y el comercio interregional para dedicarse al nuevo y lucrativo negocio creado por los hombres blancos.

Se estableció un ‘estado de guerra’ permanente en el territorio africano. La agricultura, la artesanía y el comercio se vieron afectados duramente por las deportaciones masivas y por las matanzas causadas por los esclavistas. En 1800, por culpa del tráfico, el continente africano habría retrocedido varios siglos.

Por ello, la tentativa de hacer responsables a los africanos de la esclavitud, sólo porque algunos caudillos tribales se implicaron en la caza humana para el ‘comercio’ intercontinental de esclavos, es insostenible. Dichos caudillos eran apenas cómplices de los traficantes. Sin la creación de un amplio mercado para la mano de obra esclava en América y sin los recursos originarios del occidente capitalista no habría sido posible que surgieran esos cazadores de esclavos en el continente africano. Sin el capitalismo no hubiera habido una esclavitud moderna en gran escala. Las bases del subdesarrollo africano no se encuentran en el interior de las sociedades africanas y sí en las relaciones impuestas por las potencias capitalistas desde el principio de su nacimiento.


El colonialismo: opresión y miseria de los pueblos africanos

A la plaga del tráfico siguió la del colonialismo. En la década de los años ochenta del siglo XIX, las grandes potencias de Europa decidieron repartirse y ocupar África. El argumento fue de orden humanitario: la ocupación buscaba acabar con la esclavitud y con los déspotas locales, argumento todavía utilizado hoy en las guerras que el imperialismo promueve contra los países subdesarrollados.

África se transformó de nuevo en un campo de batalla. Los pueblos africanos trataron de resistir la ocupación de sus territorios, pero fueron vencidos. La historia de la colonización de África es una historia de matanzas, generalmente olvidadas por la historia occidental. Un militar francés describe así la toma de Malí en 1898: ¡Después del cerco, el ataque [...] Todos son hechos prisioneros o rematados. Todos los cautivos, cerca de 4000, están amontonados como un rebaño. El coronel inicia la distribución […] El reparto (de los prisioneros) discurrió entre disputas y golpes […] En el regreso hicimos etapas de 40 kilómetros con estos cautivos. Los niños y todos los que se cansaban fueron matados a culatazos y a golpes de bayoneta’.

Otro ejemplo de los métodos civilizados, utilizados por las potencias capitalistas, nos lo da la ‘Misión Voulet-Chanoine’. En enero de 1899, esta expedición militar atacó una aldea africana y un oficial describió las escenas que siguieron: ‘Algunos tiradores (franceses) habían sido heridos. Para ‘dar ejemplo’, el capitán Voulet mandó tomar 20 madres con hijos pequeños en edad de amamantar y ordenó que los mataron a todos a lanzazos’.

Al final del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, la esclavitud conoció un nuevo florecimiento. El comercio de esclavos en las colonias francesas sólo fue prohibido en 1905 y la esclavitud tardó todavía algunos años en extinguirse. La esclavitud abierta fue sustituida entonces por la esclavitud disfrazada, a través del trabajo obligatorio.

La división internacional del trabajo, implantada por el sistema colonial, condenó al continente africano a ser un simple productor de materias primas para las industrias europeas y estadounidenses. Las industrias artesanales existentes fueron destruidas, lo cual lanzó a millares de personas a la miseria. En Europa, el mismo proceso que destruyó los empleos en la artesanía creó nuevos empleos en la gran industria y representó un incremento del desarrollo de las fuerzas productivas. En África, la destrucción de la artesanía representó un verdadero retroceso de la civilización. El artesano del hierro, del cuero, del algodón, se transformó en trabajador obligado (semiesclavo) en las grandes plantaciones y en las minas de los colonizadores blancos.

Rápidamente se constituyó una economía basada en el monocultivo de la exportación. Los cultivos alimentarios tradicionales, que garantizaban la subsistencia de las poblaciones locales, fueron abruptamente sustituidos. El resultado inmediato fue la expansión, en una escala nunca vista con anterioridad, de las epidemias de hambruna. En Gambia, por ejemplo, se cultivaba el arroz, pero el colonialismo transformó este país en un gran productor de almendras. Gambia tuvo entonces que empezar a importar arroz para minimizar el hambre de su pueblo.

La propaganda de los colonizadores siempre intentó hacer creer que las epidemias de hambre y la desnutrición crónica de los pueblos africanos eran cosas naturales, presentes desde siempre en la historia de África. El hambre sería, así, el estado natural del hombre africano. El respetado científico brasileño Josué de Castro demostró la falsedad de dicha tesis. Según él, el régimen alimentario africano en el período precolonial era bastante variado y se basaba en una agricultura diversificada, situación que el colonialismo alteró radicalmente.

Y, por fin, hemos de desenmascarar el mito de que la colonización, por lo menos, construyó carreteras, escuelas, hospitales, es decir, trajo la modernización. Es totalmente falso. En las colonias portuguesas, después de siglos de dominación colonial, el 95% de la población todavía era analfabeta. En Mozambique, por ejemplo, Portugal no formó ni un solo médico africano. Por ello, el colonialismo no aportó nada bueno a los pueblos africanos.

A partir de 1945, el proceso de descolonización adquirió un ritmo frenético. Todas las colonias de Asia y de África adquirieron su independencia. Los últimos reductos del colonialismo cayeron a mitad de los años setenta, a través de importantes movimientos nacionales revolucionarios. Mención aparte merece la liberación de Angola y Mozambique. Pero la ruptura con el colonialismo no significó la pacificación de África. Los gobiernos que no se sometieron a los dictámenes del imperialismo fueron víctimas de todo tipo de agresiones.

Después de la liberación, el gobierno popular de Angola tuvo que enfrentarse a grupos contrarrevolucionarios como la Unita, apoyados por África del Sur y Zaire (tras los cuales se ocultaba Estados Unidos). La guerra civil en Angola significó la muerte de más de un millón de personas y la destrucción de gran parte de la infraestructura del país. Las mismas escenas se repitieron en Mozambique. El imperialismo no dio un momento de descanso a estos pueblos, financió atentados, golpes de estado, embargos, etc.

En la actualidad, uno de los grandes problemas que asola el África negra es la deuda externa. De los cuarenta países fuertemente endeudados, treinta y tres pertenecen a este subcontinente. En total, la deuda sobrepasa los 250.000 millones de dólares y la mayoría de los especialistas la consideran imposible de restituir. En realidad, sirve como instrumento para mantener la dominación política de las grandes potencias imperialistas en la región. Cada día está más claro que el hecho de desviar los recursos vitales de países que viven en la miseria para llenar los cofres de los grandes banqueros internacionales es acto criminal.

Por ello, la reivindicación de varias organizaciones africanas para que sea decretada una amnistía general de las deudas de los países más pobres es más que justa. Sería una forma de compensación, incluso limitada, por los siglos de esclavitud y de dominación colonial que condenaron a África a una situación de miseria y de subdesarrollo.

Augusto César Buonicore es historiador, doctorado en Ciencias Sociales de la Unicamp, miembro del comité estatal de São Paulo, del Comité Central del PCdoB y del consejo de redacción de la revista Debate Sindical.

Título original: África:  Escravidão, colonialismo e morte

Origen: Diario Vermelho (Brasil), 12/09/2002

Traducido por Manuel Talens; revisado por Germán Leyens


Vermelho, órgano oficial del PCdoB

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