James
Petras explica por qué Estados Unidos trató de derrocar a
Hugo Chávez
La Casa Blanca dirigió el golpe
Entrevista a James Petras

Traducido por Manuel Talens y Verónica Saladrigas;
revisado por Germán Leyens
Cada vez son más numerosos los indicios que implican a la
Administración Bush en el intento de golpe de estado contra el
presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Dos antiguos funcionarios de
la Agencia de la Seguridad Nacional aportaron el último de ellos al
confesar a la prensa que el Pentágono disponía de fuerzas en
estado de alerta para proporcionar "apoyo logístico" a
los golpistas. La operación casi funcionó. Tras una huelga en la
industria del petróleo, organizada por la patronal, y una gran
manifestación contra el gobierno en Caracas, que terminó de manera
violenta, Chávez fue detenido y Pedro Carmona, el presidente de la
principal patronal venezolana, tomó el poder. Pero Carmona mostró
de inmediato sus verdaderas intenciones al disolver la Asamblea
Nacional, justo cuando los pobres empezaban a movilizarse. Al cabo
de dos días, las protestas masivas invirtieron la corriente y Chávez
regresó a su puesto. JAMES PETRAS es un experto en América Latina,
autor de numerosos libros. En esta conversación con ALAN MAASS, del
Socialist Worker, habló del papel de Estados Unidos en la intentona
y de por qué fracasó el golpe.
¿Cuales fueron los antecedentes políticos del intento de golpe de
estado a Chávez?
Para comprender lo que ha sucedido en Venezuela, necesitamos
observar la política de Estados Unidos, que ha consistido en
imponer su control sobre el mundo a través de esa burda campaña
antiterrorista y, en particular, en aumentar la nómina de
subordinados que apoyen sus planes en Oriente Próximo, en Colombia
y en otros lugares. Ése es el contexto y Estados Unidos ha sido
capaz de ganar para su causa gobiernos como los de Uruguay, Costa
Rica y Argentina, que dicen amén a todo con tal de obtener un mayor
acceso a los mercados y, quizá, algunos préstamos. Sin embargo,
esta estrategia de Estados Unidos se enfrentó con una negativa por
parte del presidente Chávez, que siguió una política exterior
ajena a las cuestiones que más preocupan a Estados Unidos. Reforzó
la OPEC, se saltó el bloqueo estadounidense de Iraq e Irán, ha
establecido lazos comerciales y de otra índole con Libia, ha
rechazado el Plan Colombia -ese intento de militarizar la guerra
civil en dicho país-, ha prohibido los vuelos estadounidenses sobre
el espacio aéreo venezolano y ha criticado el ALCA (Área de Libre
Comercio de las Américas) por considerar que va demasiado lejos y
es precoz. No se trata de una ruptura completa, pues como explicaré
más adelante, Chávez es un liberal social en política interior.
Pero está más interesado en los tratados regionales
latinoamericanos que en un acuerdo comercial controlado por Estados
Unidos. Más aún, expulsó a los consejeros militares
estadounidenses del ministerio de defensa y se rodeó de personal de
inteligencia muy cercano a la comunidad cubana. A esto hay que
sumarle los estrechos lazos políticos de Chávez con Castro y el
abastecimiento del petróleo que le proporciona a cambio de
servicios médicos. Digo "estrechos lazos" no porque Chávez
haya llevado a cabo ninguna transformación social radical, sino
desde el punto de vista de las personalidades y de los encuentros
simbólicos. Si juntamos todo -sus políticas regional e
internacional y su identificación con los pobres- Chávez ha
polarizado Venezuela como ningún político anterior, convirtiéndose
en un polo de atracción para todos los desheredados. En este
sentido, casi de manera independiente de su política interior, el
país está dividido entre la burguesía favorable a Estados Unidos,
las clases medias altas y la corrupta dirigencia sindical por un
lado y, por el otro, los desempleados o infraempleados, que suponen
algo así como el 60% o 70% de la fuerza laboral. Este contexto, me
parece, estableció los requisitos para la explosión que tuvo lugar
en octubre de 2001. Yo me reuní con Chávez justo después de aquel
evento, que precipitó la ofensiva total de Estados Unidos. Refiriéndose
a la matanza de Estados Unidos en Afganistán, Chávez dijo que no
es posible combatir el terror con el terror, lo cual era una
referencia directa a la guerra de Bush. Estados Unidos retiró de
inmediato su embajador, es decir, lo repatrió con la excusa
habitual, las denominadas consultas. Envió luego una delegación de
alto rango a Venezuela para que se encontrara con Chávez y le
advirtiera que el precio de su oposición sería tan elevado que lo
pagarían incluso las futuras generaciones de venezolanos. Esto me
lo contó uno de los consejeros principales de Chávez, que asistió
a la reunión. Chávez escuchó, contestó que deseaba unas
relaciones amistosas con Estados Unidos, que no estaba de acuerdo
con esta o aquella política, que deseaba las inversiones
estadounidenses, etc. No le hicieron ni caso.
De inmediato empezó a agruparse la clientela de Estados Unidos, es
decir, la patronal -que tiene la mayor parte de su capital en bonos
del gobierno de Estados Unidos y en bienes raíces- y la burocracia
sindical, que en 50 años nunca ha organizado ninguna oposición
eficaz contra los recortes salariales y el desempleo. Estos líderes
sindicales se parecen a los del sindicato estadounidense AFL-CIO en
que, como ellos, ganan cientos de miles de dólares en salarios y en
beneficios. Hicieron una piña, junto con la jerarquía católica y,
por supuesto, los medios de comunicación, que organizaron una
viciosa campaña favorable a un golpe de estado, inventándose las
patrañas más vergonzosas. Los medios acusaron a Chávez de ser un
dictador. He aquí una persona que ha ganado seis elecciones en
menos de cuatro años -presidenciales, constituyentes, legislativas,
municipales, etc.- y, sin embargo, dicen que es un dictador... Chávez
no roba elecciones como hizo la Administración Bush en Florida,
sino que gana con toda limpieza y por márgenes enormes. Entre
tanto, la prensa tenía licencia absoluta para publicar y
retransmitir llamadas abiertas al derrocamiento del gobierno por
medio de la violencia. El Secretario de Estado, Colin Powell, dijo
que Estados Unidos apoyaría un gobierno "de transición".
James Wolfensohn, del Banco Mundial, dijo lo mismo. ¿Un gobierno
"de transición", para sustituir a un presidente electo?
Eso sólo significa un golpe de estado.
Y Estados Unidos hizo todo esto, incluso si Chávez es cualquier
cosa menos un radical.
La clave está en recordar el historial de Chávez en política
interior. Ha aumentado el gasto estatal para la vivienda, las
escuelas y la salud. Ha aumentado la renta per cápita en un pequeño
margen de 3% o 4%. Ha incrementado los impuestos de manera limitada,
para que las clases altas paguen algo en vez de nada. Pero para
lograrlo, también ha desregulado el sistema financiero. Los bancos
españoles están muy implicados en el sistema desregulador.
Privatizó la electricidad de Caracas. Las compañías petroleras
estadounidenses no han sido molestadas, únicamente pagan impuestos
un poco más elevados sobre el petróleo. En otras palabras, no ha
habido ninguna redistribución radical o incluso moderada de la
renta per cápita. No ha habido expropiación alguna de propiedades,
excepto la de las tierras de labranza no utilizadas, que pagó con
dinero líquido. Ésta es la reforma agraria más conservadora que
se ha visto en América Latina, es decir, la compra de la tierra a
precios de mercado, y con dinero líquido. Entonces, ¿por qué esa
gente hace tanto ruido? Tienen acceso a los medios de comunicación,
podrían oponerse a través de las elecciones. ¿Por qué no lo
hacen? Pues porque todo este ruido no tiene nada que ver con los
asuntos internos. El problema está en que Estados Unidos quiere
deshacerse de Chávez para que Venezuela haga lo mismo que sus otros
clientes de América Latina; quiere derrocar al único gobierno que
ofrece una política exterior alternativa en toda la región. No
quiere la alternativa actual. Por eso planeó el golpe, dirigido y
financiado por la Administración Bush. No fue sólo la CIA. El
Secretario de Estado asistente a los asuntos del hemisferio
occidental estaba implicado. Estoy hablando del terrorista exilado
cubano Otto Reich. Estoy hablando de gente como Elliot Abrahams, que
perteneció a la Administración Reagan y justificó entonces los
asesinatos en América Central, es decir, unos 300.000 muertos.
Estoy hablando de John Negroponte, el embajador estadounidense ante
las Naciones Unidas, que estuvo implicado con los escuadrones de la
muerte en Honduras. Podría darle una lista más larga, pero ésta
le indica que la política latinoamericana de Estados Unidos está
dirigida por criminales capaces no sólo de derrocar un gobierno,
sino de iniciar cualquier represión violenta como la que tuvo lugar
durante las 24 horas del golpe.
¿Por qué fracasó el golpe?
El golpe fracasó por razones muy elementales. El servicio de
inteligencia de Estados Unidos en esta situación dependía en gran
medida de los clientes militares, de la dirigencia sindical, de los
magnates de la prensa y de la patronal. Esa gente, que está a
sueldo de Estados Unidos, les dijo lo que querían escuchar, que los
sondeos de opinión mostraban que el apoyo popular de Chávez estaba
cayendo en picado. Los generales que apoyaron el golpe afirmaron que
el ejército estaba detrás de quienes lo planearon. La segunda
parte de la historia es que Washington se ha emborrachado de poder
después de Afganistán y está atropellando al resto del mundo. Eso
fue lo que sucedió después de la invasión de la República
Dominicana en 1965: estaban borrachos de poder y creyeron que
Vietnam sería un paseo. Se equivocaron entonces y se han equivocado
al pensar que su actuación en Venezuela eliminaría todos los obstáculos.
Subestimaron totalmente la voluntad de los venezolanos pobres que
habitan en medio urbano, que son en torno al 50% de la población de
Caracas y que descendieron desde las montañas. La CIA creyó que
las manifestaciones contrarias a Chávez, provenientes de las
barriadas de clase media alta, representaban la totalidad del país.
También subestimaron el factor racial. No se dieron cuenta de que
parte de la oposición a Chávez se debe a que es negro, el primer
presidente negro de la historia moderna de Venezuela. Todas las
lumbreras dirigentes de la burguesía lo detestan a causa de su
origen social y de su raza. Hay un cuarto factor, y es la idea de
que Chávez era un payaso, incapaz de desafiar la autoridad de
Estados Unidos. Creyeron que podrían atraparlo, llevarlo a una isla
y utilizar la presión psicológica o cualquier otra forma de
interrogatorio para hacerlo dimitir, tras lo cual podrían tomar el
poder. Pero se les fue la mano desde el principio. Disolvieron el
parlamento, los tribunales y todas las instituciones
representativas. Lo primero que hicieron fue derogar el acuerdo
comercial y las relaciones diplomáticas con Cuba. Lo segundo fue
decir que no respetarían los acuerdos con la OPEC. Ninguna de estas
decisiones había provocado oposición interior, se trata en
realidad de prioridades importantes para Estados Unidos, de manera
que algunos de los militares sediciosos se sintieron desairados por
el total servilismo de la junta a Estados Unidos y se pusieron de
nuevo de lado de Chávez.
El tono de Chávez desde su regreso al poder ha sido moderado y
conciliador. ¿Seguirán las condiciones sociales siendo las mismas,
lo cual daría a los complotadores la posibilidad de reagruparse e
intentarlo de nuevo?
Hay algo de verdad en eso. Chávez es un nacionalista en política
exterior y un liberal social en política interior. Desde su primer
año en el poder ha estado a favor de la colaboración entre las
clases. No obstante, la oposición no está interesada en colaboración
alguna entre las clases, lo quiere todo. La historia personal de Chávez
-en términos prácticos, no retóricos- es la de la búsqueda de un
equilibrio entre las clases. Su política consiste en equilibrar el
presupuesto. No se ha internado en ningún tipo de financiación del
déficit, en ese aspecto es muy ortodoxo. Ha pagado religiosamente
la deuda, mejor que la mayor parte de los países de Iberoamérica.
Trata de equilibrar su política exterior nacionalista y su política
económica liberal. El problema es que eso es inaceptable para
Washington, debido a lo cual, los mismos oficiales del ejército que
inicialmente apoyaron el golpe y luego se pusieron de nuevo junto a
Chávez están de nuevo en sus posiciones de mando. Va a haber una
investigación de unos 30 militares claramente identificados con el
golpe y es probable que pasen a la situación de retiro, alejados
del mando de las tropas. Los golpistas burgueses -que en cualquier
país normal estarían en la cárcel, acusados de alta traición-
están de nuevo en sus despachos, con la excepción de Carmona y
unos pocos de sus compinches que entraron en el gobierno. El
presidente de la patronal, que preparó las bases del golpe, está
de nuevo en su puesto; Ortega, el jefazo sindical, también y ahora
se dedica a exigir un referéndum contra Chávez. Al día siguiente
del fracaso del golpe ya estaba otra vez organizando huelgas, esas
huelgas tan peculiares en las que los patrones pagan los salarios más
una prima a los trabajadores para que dejen de trabajar. Es verdad,
su intento de ser conciliador, que tiene antecedentes en su programa
social y económico, ha dejado en su lugar a la gente que organizó
el golpe y que estará pensando en intentarlo de nuevo. Se trata de
un peligro real. Condoleezza Rice ya lo ha dicho durante un discurso
absolutamente cínico y despreciable: "Espero que Chávez haya
aprendido la lección". Lo cual significa: haz lo que queremos
o habrá un segundo golpe.
Entre tanto, se trata de un país en el que la mitad de la población
vive en la pobreza. ¿Podría ser que las bases populares que
apoyaron a Chávez se desilusionen por la ausencia de progreso económico
y social y lo abandonen?
Es posible. Por otro lado, mientras la extrema derecha siga
golpeando a los pobres, creo que permanecerán junto a Chávez y
contra la derecha. Creo que la cuestión principal para llegar a las
masas con un programa de izquierda es, en primer lugar, mantener la
política exterior progresista de Chávez y, luego, desarrollar una
política social y económica alternativa. Creo que quienes rechazan
por principio a Chávez están totalmente aislados, porque las masas
los consideran aliados encubiertos de la derecha. La absoluta
polarización en Venezuela hace que cualquier política de
izquierda, para tener sentido, tenga que ser desplegada en el
contexto de este marco nacionalista. Lo cual quiere decir que
cualquier programa socialista o marxista ha de encontrar la manera
de acoplarse al fenómeno Chávez. Y no estoy hablando de bajar la
guardia ni de plegarse a él sin ningún tipo de crítica, en
especial con respecto a su política interior, que para mí es
perfectamente criticable desde la izquierda, ya se trate de la
reforma agraria o de sus posiciones con respecto a los mercados
financieros, a las inversiones extranjeras o a la privatización. Se
trata de una agenda completa, abierta a un enfoque alternativo.
9 de mayo de 2002
Título original: The coup was directed by the White House
Autor: James Petras
Origen: Socialist Worker Online
Traducido por Manuel Talens y Verónica Saladrigas; revisado por Germán
Leyens



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