El doble rasero con que Estados Unidos y los medios tratan a
Israel y al resto del mundo hace que la política criminal del
Estado judío contra el pueblo palestino permanezca impune.
Los
diligentes verdugos israelíes
Edward S. Herman

Dado
que Israel es un país justo -víctima pero no victimizador-, además
de cliente y amigo de Estados Unidos, el título de este artículo
suena a oxímoron, pues el inaceptable binomio de verdugos
diligentes parece tan ajeno a ese país como las palabras terrorismo
o limpieza étnica.
Dichas
premisas, aceptadas sin reserva alguna, forman la base de la
estructura mental común a buena parte de los políticos, periodistas,
editores e intelectuales. El terrorismo es lo que los palestinos
practican siguiendo órdenes de Arafat; al expulsar de sus tierras a
los palestinos para permitir las implantaciones judías, el ejército
y los colonos israelíes únicamente impiden las respuestas
terroristas a dicha implantación.
¿Acaso
no se trata de algo razonable, puesto que según la Biblia estos
territorios pertenecen al pueblo elegido y , de acuerdo con la palabra
de Dios, los madianitas, los cananeos y ahora los palestinos pueden
ser expulsados?
Por
ello si estos pueblos, que a veces mueren durante la expulsión, se
oponen con vigor e incluso empiezan a inmolarse a sí mismos con
bombas suicidas -provocando así el terror para impedir que los
expulsen-, parece lógico tratarlos de la misma manera que el pueblo
elegido trató a los amorreos, a los hititas y a otros de la misma
calaña: «Del todo los destruirás, no harás con ellos alianza ni
tendrás piedad» (Deuteronomio 7: 2).
Éstas
fueron las órdenes de Dios y la actual campaña antiterrorista, al
destruir sin mostrar piedad alguna, no hace sino continuar la tradición.
En la actualidad está planeada para eliminar los focos de
terroristas y para dar una lección a quienes los acogen y se
oponen a ser desplazados sin contemplaciones por los colonos del
pueblo elegido.
Por
ello, si las Naciones Unidas se atreven a proponer el envío de
observadores a los pueblos depurados de Cisjordania -observadores que
actuarán con parcialidad y que, a causa de su formación humanitaria,
se ocuparán de lo ocurrido en los focos de terroristas-, parece
razonable que el gobierno democrático del pueblo elegido les diga:
«No,
no podéis venir, sobre todo si lo hacéis con un grupo incapaz de
comprender el terrorismo y la necesidad de erradicarlo».
La amenaza de que estos observadores pudiesen meter la nariz en
asuntos que no son de su incumbencia ha servido para unir al pueblo
elegido en torno a Ariel Sharon, su valeroso líder.
«Por
otra parte, está claro que tales críticas a Sharon y a los ataques
de Israel contra los focos de terroristas forman parte de la creciente
ola de antisemitismo global y no significan en modo alguno que la
actuación de este país sea injusta o digna de reproche, dado que el
mundo -o al menos la administración Bush-, los medios de comunicación
estadounidenses y Tony Blair están de acuerdo en que sólo
respondemos al terror, pero nunca con terror, a pesar de que a veces
cometemos errores, como cualquiera.
»Puede
que algunos soldados hayan cometido actos vandálicos en Jenín,
Nablus y Belén y puede que algunas bombas explotaran en objetivos
equivocados, pero se trató de actos individuales lamentables y
aislados, ya que el ejército israelí es compasivo y cree en la
igualdad de los hombres mientras protege al pueblo elegido. Todos
sabemos hasta qué punto el mundo ha sido parcial contra Israel y
favorable a Arafat y a los palestinos durante estos años.»
Sin
embargo, a la luz de la destrucción de gran parte de Cisjordania por
parte de Israel y de la matanza de cientos de civiles palestinos, -y
dado que Israel es un Estado democrático, al menos para sus
ciudadanos judíos-, se podría deducir que el amplio e informado
apoyo que las masas del pueblo de Israel muestran por Sharon las
convierte en verdugos diligentes.
Tal
como ha dicho Daniel Jonah Goldhagen, «un
pueblo que comete tales actos, en abierto desafío de las leyes
internacionales y con la condena de prácticamente toda la comunidad
internacional, está compuesto por individuos con las facultades
morales alteradas, inmersos en un abismo moral del que es improbable
que salgan en un futuro próximo sin ayuda exterior» (“A New
Serbia”, New Republic, 10 de mayo de 1999).
Por
supuesto, Goldhagen se refería a Serbia. Pero en ese ejemplo, e
incluso más claramente en otro al que se refirió con anterioridad
-el de la Alemania nazi-, las gentes eran mucho menos libres y estaban
menos informadas, de manera que su disposición a apoyar los
actos mortíferos de su gobierno estaba mucho menos clara que en el
caso de Israel.
Los
israelíes saben lo que se está haciendo con los palestinos en
Cisjordania, hace tiempo que pueden informarse en sus periódicos
sobre la institucionalización de la tortura de palestinos y están al
tanto del carácter y de la finalidad de las recientes devastaciones y
asesinatos. Pero a pesar de una disidencia nada despreciable, aprueban
abiertamente dicha política, eligen gobiernos brutales y luego los
mantienen en el poder. La popularidad de Sharon ha aumentado tras esta
guerra contra los campos de refugiados y las ciudades
palestinas. A primera vista, los israelíes parecen ser más
claramente verdugos diligentes que los alemanes o los serbios.
Por
supuesto, nosotros sabemos que todo esto es una inmoralidad. Pero a
causa de un prejuicio favorable profundamente arraigado hacia Israel,
incluso si este país importara un día las cámaras de gas utilizadas
en Alemania y gaseara a los terroristas, para Goldhagen los
israelíes nunca serían verdugos diligentes y la clase dirigente de
Estados Unidos consideraría dichas acciones como actos de legítima
defensa. No obstante, la comparación entre Serbia e Israel puede
arrojar luz sobre este asunto.
¿QUIÉNES
SON LOS LLORONES?
Los
israelíes se quejan de antisemitismo y de un prejuicio
desfavorable hacia Israel, dado que la mayor parte del mundo, fuera de
dicho país y de Estados Unidos, encuentra que las operaciones del ejército
israelí son vergonzosas y criminales. Los medios convencionales de
comunicación estadounidenses informan con objetividad a propósito de
tales sentimientos de Israel.
Por
el contrario, a pesar de que desde principios de los años noventa
Serbia estuvo sometida a severas sanciones, sufrió las furias del
Tribunal organizado por los mandos de la OTAN y fue más tarde atacada
y bombardeada durante 78 días, cuando los serbios se quejaron de que
los trataban de manera injusta, los medios estadounidenses los
calificaron de llorones.
Existía
el consenso en los medios de que los serbios eran niños llorones,
incapaces de enfrentarse al hecho de que habían hecho cosas malas y
merecían sufrir. Roger Cohen afirmó en el New York Times que
Milosevic «sólo
tiene un tema en su repertorio: la victimización serbia y la
autojustificación»
(1 de julio de 2001), tema que, para decir la verdad, es preeminente
en los medios estadounidenses.
El
New Humanitarian Michael Ignatieff, profesor de derechos
humanos en Harvard y personaje favorito de los medios, lo expresó así:
«El
mito de Kosovo Polje inició la historia de la autocompasión serbia,
y la autocompasión ha justificado siempre el crimen a través de los
siglos»
(“Only in Truth Can Serbs Find Peace”, Calgary Herald, 26
de julio de 1999).
Los
medios de comunicación no aplican tales reflexiones a los israelíes,
a pesar de que éstos lloran incluso si el Padrino los sigue
protegiendo, de que nadie los somete a sanción alguna ni se burla
cuando el cuarto ejército más importante del mundo califica el
ataque contra campos de refugiados con el pomposo nombre de Operación
Escudo Defensivo.
La
mera crítica de su fea conducta, que es la culminación de una
limpieza étnica REAL y de largo alcance, hace que los israelíes
lloren y se quejen de antisemitismo. Pero como se trata de un cliente
de Estados Unidos, los medios de comunicación no solamente no se
enteran, sino que ni siquiera hacen referencia a la autocompasión
y consideran que los lloriqueos y las chácharas israelíes de legítima
defensa son razonamientos legítimos e incluso válidos.
¿QUIÉN
PRACTICA EL TERROR Y QUIÉN REPLICA AL TERROR?
Los
israelíes han sufrido graves pérdidas a causa de los atacantes
suicidas, pero las pérdidas palestinas debidas a los asesinatos y las
incursiones israelíes han sido en fechas recientes tres veces mayores
(y en los años iniciales todavía más elevadas).
En
Kosovo, el ejército, la policía y la población civil de Serbia
también sufrieron graves pérdidas durante la guerra civil que
precedió a los bombardeos de la OTAN, cuando el Ejército de Liberación
de Kosovo (KLA) los provocaba buscando la intervención de la OTAN. El
ejército y la policía serbios replicaron y mataron o convirtieron en
refugiados a muchos albaneses kosovares. Su respuesta a tales acciones
dio lugar a la escalada de las intervenciones de la OTAN, tal como
deseaba el KLA.
Los
asesinatos de atacantes suicidas han servido para justificar la guerra
de Sharon contra los campos de refugiados y los pueblos de Cisjordania
y un cierto número de analistas israelíes están convencidos de que
algunos de estos asesinatos selectivos estaban DESTINADOS a
inducir la respuesta de los palestinos, con vistas a asegurar la
continuidad de la conflagración y a permitir que el primer ministro
cumpla con su objetivo: la destrucción de la autoridad y la sociedad
palestinas para proteger y posiblemente expandir la ocupación de los
territorios palestinos.
Sharon
podría terminar saliéndose con la suya, puesto que su campaña de
terror contra la población civil, en contraste con las acciones
serbias en Kosovo, NUNCA dará lugar a una respuesta de la OTAN o de
otras potencias internacionales. Goza de libertad para devastar y
matar, incluso con la sociedad civil global en contra.
Por
supuesto, las respuestas a ambos casos por parte de los New
Humanitarians y de los medios han seguido y racionalizado punto
por punto la política estadounidense de proteger la limpieza étnica
del Estado de Israel, permitiendo que éste responda al terrorismo,
pero impidiendo que los serbios hicieran lo mismo.
Los
serbios sembraron el terror entre la población. Los israelíes, en
cambio, persiguen terroristas. Este doble rasero puramente político
aparece claramente establecido en unas declaraciones de Michael
Ignatieff. Comentando el caso de seis adolescentes serbios que habían
sido asesinados por el KLA en Kosovo, afirmó:
«Sin
duda se trata de una provocación del KLA, que busca suscitar una
reacción excesiva de los serbios para desencadenar la intervención
internacional. Los serbios respondieron asesinando a 45 civiles en
Racak a mediados de enero. La comunidad internacional intervino
puntualmente. Vale la pena preguntarse por qué los estrategas del KLA
estaban tan absolutamente convencidos de que los serbios reaccionarían
así. La razón es sencilla... únicamente en Serbia el menosprecio
racial forma parte de la ideología oficial.»
(ibid.)
En
primer lugar, cabe señalar que, para Ignatieff, los asesinatos del
KLA fueron solamente una provocación, no actos absolutamente
condenables. ¿Es posible imaginar que Ignatieff pudiera referirse a
los atacantes suicidas palestinos solamente como una provocación
destinada a provocar una reacción excesiva israelí, más que
como la tragedia intrínseca que el acto representa? También es de señalar
que, a pesar de que existen pruebas fehacientes de que el episodio de
Racak fue camuflado como masacre después de una furiosa
batalla y, por lo tanto, su autenticidad es cuestionable, Ignatieff no
pone en duda su validez.
Con
respecto a la certeza de la reacción que el KLA esperaba de los
serbios, no se debe olvidar que las provocaciones de este tipo suelen
producir respuestas similares en los conflictos civiles de cualquier
parte del mundo, por lo que las alegaciones de Ignatieff, atribuyéndolas
al racismo serbio, carecen de sentido.
Pero
también se difuminan ante la tolerancia que los serbios mostraron
hacia los albaneses en Belgrado y ante las conclusiones de Roma -que
contrastan con la intolerancia de los dos bandos en el Kosovo ocupado
por la OTAN- y del Ministerio alemán de Asuntos Exteriores, los
cuales encontraron que las acciones de las fuerzas serbias de
seguridad en Kosovo «no
estaban dirigidas contra los albaneses kosovares en tanto que grupo étnico,
sino contra un enemigo militar y contra sus aliados reales o supuestos».
¿Puede
el lector imaginar a Ignatieff sugiriendo con sorna en los medios
convencionales que la respuesta de Sharon a la provocación de los
atacantes suicidas
era totalmente predecible porque DESEABA una provocación? ¿O incluso
que la buscó para llevar a cabo el asalto planificado contra la
sociedad civil palestina? ¿Y que su predisposición a responder con
violencia se basaba en un prejuicio racial? No es algo imaginable,
incluso si existen pruebas de la existencia de un prejuicio racial
establecido como “política oficial”, y dicha suposición no
parece descabellada.
El
doble rasero de que hace gala Ignatieff (y la mayor parte de los
sabihondos convencionales) hace que sea posible acusar a los serbios
sobre la base de falsas representaciones y de razonamientos sin
sentido. Pero cualquier argumento análogo, basado en pruebas reales,
está descartado con respecto a Israel, de la misma manera que la idea
de que los israelíes sean verdugos diligentes es algo
inimaginable para una mente políticamente correcta.
¿QUIÉN
DEBE SER CONTROLADO?
A
finales de 1998, los serbios tuvieron que permitir la presencia en
Kosovo de 2.000 monitores de la OSCE (Organización
para la Seguridad y la Cooperación en Europa),
bajo la amenaza de bombardeos por parte de Estados Unidos. La misión
de la OSCE estuvo dirigida por William Walker, antiguo embajador de
Estados Unidos en El Salvador durante la presidencia de Reagan. Este
personaje fue condenado en publicaciones jesuitas como apólogo del
asesinato en dicho país de seis sacerdotes de esa orden en 1989, y
dio pruebas de una incuestionable parcialidad en tanto que observador
supuestamente neutral de violaciones de derechos humanos. Pero
Milosevic aceptó esta misión y protestó cuando fue retirada, justo
antes de que la OTAN decidiera iniciar sus bombardeos.
Kofi
Annan y la mayor parte del mundo pensaron que los territorios ocupados
necesitaban una presencia armada internacional para proteger a los
palestinos y, posiblemente, también para impedir las acciones de los
atacantes suicidas (siguiendo la lógica de que la introducción de
dicha fuerza, señal evidente de que la comunidad internacional se
preocupa por los palestinos, reforzaría el poder de la Autoridad
Palestina, pero sobre todo para ofrecer a los desesperados palestinos
alguna esperanza de alivio y mejora).
Pero
tanto Israel como Estados Unidos se negaron, debido a lo cual no fue
posible enviar personal armado. Tampoco ha sido posible investigar lo
sucedido en los territorios ocupados.
Las
reglas son simples. Si alguien acosa poblaciones civiles que Estados
Unidos desea proteger o dice estar protegiendo, se ve obligado a
aceptar observadores, por muy parciales que sean o por mucho que se
dediquen a hacer los preparativos para un futuro ataque militar. Y
puede que incluso esto no sea suficiente si Estados Unidos decide que
un país necesita que les tiremos unas cuantas bombas (tal como
dijo un portavoz del Departamento de Estado con respecto a
Yugoslavia).
Pero
cuando un país es cliente favorecido de Estados Unidos puede matar
con libertad y hacer limpieza étnica incluso en territorios
ocupados desde el punto de vista legal -en los cuales las
poblaciones exterminadas son personas protegidas bajo la Cuarta
Convención de Ginebra-, todo ello sin verse sometido a investigación
alguna ni sufrir la presencia de extranjeros armados o de observadores
y, por supuesto, sin ser bombardeado... Y, además, cuanta más
limpieza étnica lleve a cabo, más ayuda económica le brindará el
Padrino.
He
aquí el método del Nuevo Orden Mundial para arreglar disputas y
hacer que prevalezca la justicia entre los pueblos del mundo.
9
de mayo de 2002
Edward S. Herman es profesor
emérito de Economía Financiera en la Wharton School de la
Universidad de Pennsylvania, economista y analista especializado en
corporaciones y regulación y en la economía política de los medios
de comunicación. Ha escrito entre otros, The Real Terror Network
(1982), Triumph of the Market (1995); con R. W. McChesney, Los Medios
Globales: los Nuevos Misioneros del Capitalismo Corporativo (Madrid:
Cátedra, 1999, traducción de Manuel Talens) y, con Noam Chomsky,
Baños de Sangre (1976) y Los Guardianes de la Libertad: Propaganda,
Desinformación y Consenso en los Medios de Comunicación de Masas
(Barcelona: Crítica, 1990). Su obra más reciente es The Myth of The
Liberal Media: an Edward Herman Reader (1999).
Título
original: Israel's Willing Executioners
Autor:
Edward S. Herman
Origen:
ZNet
Traducido
por Manuel Talens y revisado por Germán Leyens
Origen:
ZNet

SI DESEA LEER EL TEXTO EN EL SITIO
WEB DE ZNETSPA, PULSE SOBRE LA IMAGEN
|