UN CUENTO DE
TERRORISMO ENERGÉTICO
Pedro Prieto


El sueño de la
razón produce monstruos (Goya)
Las cada vez más frecuentes hazañas bélicas
de los EE.UU. contra el llamado terrorismo y su férrea obsesión
por arbitrar en exclusiva y ser parte interesada al mismo tiempo,
en el mal llamado proceso de paz de Oriente Medio, llevan bastante
tiempo suscitando debates sobre si se trata de nuevos intentos de
distraer a la opinión pública norteamericana de algún problema
doméstico de faldas, más o menos manchadas, en el caso de Clinton,
o si se trata de beneficiar los negocios de papá y sus amigotes
del cartel multinacional petrolero, en el caso de Bush.
O como otras veces se dice, por desviar la
atención de temas domésticos o electorales, ésta última opinión
apoyada por quienes creen que todo en la vida política se reduce a
elecciones municipales o incluso nacionales, o aspectos de la
economía nacional, que tan estrechamente vigilan los que ejercen
el control directo de la misma.
El empeño enfermizo por entrar ahora en
Irak, se trata de vincular, a cualquier costa, con el terrorismo,
buscando los tres pies de Bin Laden al gato de Sadam Husein, o
tratando de ver la paja de las armas de destrucción masiva en el
ojo de Irak, mientras se ocultan las vigas nucleares, químicas,
bacteriológicas, génicas, transgénicas y sobre todo mediáticas en
el ojo propio o en el del amigo israelí, por no extenderse a
muchos otros igualmente culpables de su posesión.
Este cuento apunta en otra dirección: el
gobierno de los EE.UU., en circunstancial connivencia o al menos
con una evidente subordinación de los de Europa, con el silencio
oneroso de Japón y el ambiguo y calculado juego de Rusia, están
actuando con una muy calculada y nada errática política, tendente
al control absoluto del sistema energético mundial.
Su oculta estrategia es que, cualquier
persona, grupo o país que se oponga, cuestione dicho dominio
energético universal o trate de manejar los recursos de su propio
subsuelo, sea tachado inmediatamente de “terrorista”, “radical”,
“fanático”, “integrista” o “fundamentalista”, y puesto en listas
negras de terrorista más buscado, grupo a exterminar o país
canalla.
Cualquiera que no se someta en lo absoluto,
recibirá un certificado de indeseabilidad, o será considerado
amenaza al “proceso” de paz o a la paz mundial, acusado de buscar
la desestabilización de las democracias occidentales y de fomentar
y financiar el terror o de poner en peligro los tan sagrados como
imprecisos “intereses nacionales”.
Recibirá bloqueos y
exclusiones terribles de la domesticada ONU y debe preparase para
una más que posible invasión militar a sangre y fuego, sea ésta
auspiciada por las propias Naciones Unidas o incluso de forma
unilateral, por los
EE.UU., dispuestos a ningunear o incluso a anular a cualquier
organismo que se oponga a sus designios.
Todos los medios de difusión disponibles
ayudan, con fervorosa insistencia, a generalizar la imagen y crear
el estereotipo, y hasta la industria de Hollywood ya ha
reemplazado el viejo cliché obsesivo de Vietnam y está desplegando
una intensa actividad de bombardeo psicológico de las poblaciones
del mundo, con centenares de películas y series que fijan el
concepto maniqueo del binomio CIA-Mossad, lleno de buenos que
salvan al mundo, siempre in extremis, de terroristas,
radicales, fanáticos, integristas y fundamentalistas, modelo Bin
Laden o Sadam Husein, siempre muy malos.
Los atentados del 11 de septiembre han
servido de disparador les han dotado de carta blanca para
avasallar el derecho internacional, tan trabajosamente acordado
entre las naciones y para contrarrestar estos ataques con una
violencia de similar género y tan indiscriminado propósito como el
de las Torres Gemelas
La cada vez más sorprendente superposición
de la nueva geografía del terror, con la de los países con mayores
reservas de crudo, así lo demuestra.
En primer
lugar, los hechos, empezando por la Tabla 1.
Tabla 1.
PANORAMA ENERGÉTICO MUNDIAL ACTUAL
|
TABLA 1 |
PETRÓLEO
|
GAS
NATURAL |
CARBÓN
|
NUCLEAR |
HIDRO-
ELÉCTRICA |
|
|
Millones de barriles |
Millones de Mw x hora |
Miles de millones de m3 |
Millones de Mw x hora |
Millones de barriles equiv. |
Millones de Mw x hora |
Millones de Mw x hora |
Millones de Mw x hora |
|
Producción anual
mundial |
25.780 |
41.068 |
2.422 |
24.215 |
15.667 |
24.958 |
7.807 |
2.691 |
|
Reservas Probadas |
1.046.450 |
1.667.014 |
150.190 |
1.501.589 |
3.649.612 |
5.813.898 |
520.000 |
Renovable. Ver nota 4 |
|
Duración est. en años |
|
41 |
|
61 |
|
232 |
67 |
|
|
Consumo de energía actual (en %) |
|
40,7 % |
|
24,1 % |
|
24,8 % |
7,7 % |
2,7 % |
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1.
Los
datos están extraídos básicamente del Informe estadístico sobre
energía de British Petroleum del año 2001 y vienen a coincidir,
en lo sustancial y sobre todo en producciones y consumos, aunque
no tanto en reservas probadas, con los de la Agencia Mundial de
la Energía, y muchos expertos mundiales en el tema (Richard C.
Duncan, Colin J. Campbell, Jean Laherrère, Youngquist, etc.) y
los muchos que publican diversas fuentes del sector. Estos datos
excluyen los consumos de madera y biomasa, siempre más difícil
de homologar.
2.
Las
reservas que se consideran probadas, contando con los métodos
actuales de exploración y sondeo.
3.
Las
conversiones a Megavatios por hora (Mwh), se han hecho para
homogeneizar, sobre los siguientes cálculos: 1 barril de
petróleo = 1,593 Mwh ; 1 metro cúbico de gas natural = 0,01 Mw. ;
El resto de los datos los aporta de energía nuclear e
hidroeléctrica los aporta British Petroleum en millones de
barriles o millones de toneladas (1 Tonelada = 7,33 barriles)
equivalentes de petróleo y se reconvierten en Mwh para
homogeneizar, aún a riesgo de sobrevalorar la aportación
energética de la energía nuclear, que está más cerca del 6% que
del
4.
Las
reservas hidroeléctricas, estimadas en el grado actual de
ocupación de cuencas mundiales del 25%; esto es, suponiendo que
la ocupación total (agresiones ecológicas aparte, como la presa
china de las Tres gargantas) puede multiplicar la producción
actual 4 veces.
Si bien estos
datos son totalmente públicos, sorprende el enorme desconocimiento
de las graves carencias que anuncian a medio plazo para toda la
Humanidad y, sobre todo, la ausencia total de tratamiento de este
tema en los medios de difusión. De la Tabla 1 salen las siguientes
conclusiones inmediatas:
1.
LA
LUZ ROJA SE ENCIENDE EN LOS DEPÓSITOS MUNDIALES
Al ritmo de
consumo de 2001, queda en el planeta petróleo para unos 40 años;
gas natural para unos 60; uranio para unos 67 años y carbón para
unos 232 años. Todo ello, suponiendo que ninguno de estos
combustibles tenga que sustituir a los que primero se vayan
agotando, siendo el petróleo el que antes se va a agotar y el que
mayor peso soporta en el consumo humano actual: el 40% de toda la
energía fósil y nuclear que el planeta consume.
El gasto actual de combustibles fósiles es de tal magnitud que
conviene ponerlo en perspectiva, para que nos demos cuenta de lo
que estamos haciendo al planeta:
El petróleo consumido y que se quema en el planeta Tierra,
equivale al del chorro que saldría por una tubería de dos metros
(si la viscosidad del petróleo lo permitiese) a cerca de 150 Km/h,
las 24 horas del día y los 365 días del año.
El gas natural quemado anualmente, equivale a un cubo de 14 Km.
de lado, si estuviese a presión ambiental.
El carbón que se quema cada año son unos mil doscientos
millones de camiones de cinco toneladas cada uno. Esto es,
aproximadamente una tonelada por persona sobre la Tierra y año.
La madera consumida anualmente, si se pusiese en volumen
ocuparía una altura como la de la torre Eiffel (300 m) y tendría
3,5 Km de lado.
La ausencia
total de planteamientos serios de sustitución energética, o más
bien de cambio de modelo de consumo y crecimiento incesante, ya
indica mucho sobre las verdaderas intenciones de los gobiernos más
consumistas. La escasez de petróleo es la más alarmante, pues es
el combustible considerado de mayor "calidad"; esto es, el de más
fácil extracción, transporte y sobre todo, almacenamiento y
combustión.
2.
CUANTO
MÁS SE QUEME, PEOR
Si lo que los
organismos internacionales llaman “reservas probadas” pudieran,
digamos, hasta duplicarse, como algunos optimistas sugieren cuando
se les enfrenta a este terrorífico cuadro, fuese por arte de magia
o por una sobreexplotación de los yacimientos existentes o por una
desesperada búsqueda y afortunado hallazgo de nuevos yacimientos,
está todavía por ver si debería quemarse todo el combustible fósil
y nuclear que conocemos en las reservas actuales y el que podamos
encontrar y si el planeta, los seres vivos, en definitiva, lo
pueden aguantar, no solo por la contaminación adicional de
partículas, que crecerá de forma exponencial, según se utilicen
las reservas menos puras, sino también porque consumir es calentar
y de lo que se trata es de no calentar más el ambiente.
Las soluciones
desesperadas del tipo de utilización intensiva y exhaustiva de
biomasa, partiendo de materia orgánica que habría que cultivar,
para producir metanol o etanol, llevarían a cultivos que
duplicarían los 11 millones de kilómetros cuadrados actualmente
cultivados para alimentación humana y animal, solo para fermentar
plantas con destino a combustible, si hay que sustituir a todo lo
fósil y nuclear que se quema hoy.
Las búsquedas
frenéticas de franjas bituminosas o de carbones varios para
convertirlos en petróleo son otro ejemplo de huida hacia adelante
que solo prolonga la agonía de las reservas unos años más, para
dejar el planeta mucho más contaminado de lo que ya está y
aumentarán exponencialmente el efecto entrópico; esto es, el
esfuerzo energético extra y los efectos secundarios que costará al
planeta Tierra poner estos combustibles tan impuros en condiciones
de ser usados por motores de combustión interna.
Para los
irreductibles optimistas que siguen pensando que sus gobiernos “ya
sacarán algo a tiempo”, se debe insistir, una y otra vez, en que
cualquier cosa que produzca energía, produce calor y
contaminación y los lanza al ambiente y se trata,
precisamente, de evitar esto, no de perpetuarlo.
La deplorable
actuación de las principales potencias industriales en las últimas
conferencias mundiales sobre medio ambiente y su posterior
absoluto desprecio a las recomendaciones, son un segundo sombrío
indicador de su nula voluntad para resolver este delicado asunto y
de que sus voluntades apuntan más a resolver esto por la vía de
las armas, aunque sepan de antemano que el pan de hoy que se
comerán quitándoselo a los demás, sea el hambre de mañana para
ellos mismos.
Además, los que
creen la falacia de que el uso más intensivo de las nuevas
tecnologías ayudará a aumentar las reservas y por tanto la
producción, o los que creen que cuando aumente el precio se podrá
justificar nuevas técnicas de explotación que ahora no son
rentables para aumentar esas reservas y producciones, confunden la
velocidad de las imperiosas leyes de la física con el tocino de
los postulados economicistas, nada científicos, por otra parte.
Porque, por
poner un ejemplo, en los
EE.UU., en 1950, costaba un barril de
petróleo de energía (exploración, perforación, bombeo, transporte,
refino, distribución, etc.) extraer 50 barriles. Hoy con un barril
de petróleo se extraen solo cinco barriles y ya sabe todo el mundo
que en una década más, extraer un barril de energía costará otro
en la inmensa mayoría de pozos estadounidenses.
En ese momento,
y en esos numerosos sitios, ya no se extraerán más barriles de
petróleo, aunque el barril se pusiese a mil dólares, porque es una
imposibilidad física, no económica. Es el ejemplo de la moto que
tiene un depósito con autonomía para andar 200 Km. y la gasolinera
más cercana está a cien kilómetros. Sucede que la moto no sirve
para nada más que para ir y venir a cargar el depósito,
independientemente del precio del combustible.
3.
CONTRADICCIONES
Y CINISMOS ENERGÉTICOS
Las duraciones
estimadas de los combustibles fósiles y nucleares en el planeta
están calculadas sobre dos hipótesis: una contradictoria y la otra
cínica. La contradictoria es que los datos de la Tabla 1, suponen
que el consumo de 2001 se mantendrá estable hasta agotar las
reservas, mientras que la realidad de los modelos económicos
imperantes, sigue planificando ciegamente crecimientos económicos,
ergo energéticos, de entre el 2 y el 6% acumulativo anual en casi
todos los países.
Otra cosa es
que las leyes físicas, no las económicas ni las políticas, se lo
vayan a permitir. Otra cosa es si es primero el huevo de la
recesión económica y por ello de la caída de la demanda de
combustibles o si se trata de la gallina del límite máximo de
producción mundial de petróleo y eso es lo que provoca el freno
económico, aunque nadie lo quiera confesar.
Por otra parte,
el sacrosanto objetivo de crecer sin límites, un 3% de crecimiento
anual supone, matemáticamente, duplicar el consumo en apenas 25
años y por tanto, acortar las reservas en proporción. Como apunte,
en las tres décadas de los años 60 al 90, la Humanidad ha
consumido, transformado o quemado más energía que en toda su
Historia anterior. Este modelo es inaguantable y explotará sin
remedio antes de un cuarto de siglo.
La hipótesis
cínica es que los datos de duración de reservas de la Tabla 1
están suponiendo que los pobres del planeta, que representando el
75% de la población humana, apenas consumen el 25% de la energía,
renuncian a conseguir el nivel de bienestar de los poderosos; esto
es, renuncian al American way of life o más exactamente, aceptan
quedarse en los niveles de consumo actuales.
De lo
contrario, el consumo mundial debería multiplicarse unas 9 veces y
las reservas mundiales se acortarían en una proporción y con una
rapidez que, además de no poder ser, como decía el torero, resulta
imposible. Esto también dice mucho sobre la actitud de los
poderosos, continuamente anunciando, de forma hipócrita, que
ayudarán a los pobres, cuando la realidad mundial está gritando
que no hay voluntad alguna de hacerlo, mientras se siga con los
modelos económicos y forma de vida actuales.
4.
EL
PROBLEMA NO ARRANCA CON EL FIN DE LA PRODUCCIÓN, SINO CON SU PICO
MÁXIMO.
Aunque quedan apenas cuatro décadas para acabar el petróleo si
se mantiene el ritmo de consumo actual y ya se ha visto que no se
mantiene, sino que en las últimas décadas ha crecido al menos un
2% acumulativo anual, el principal problema de la falta de energía
se planteará no dentro de cuatro décadas, sino que empezará a
manifestar sus síntomas, justo en cuanto la producción llegue a su
pico máximo de producción, que es mucho antes.
King Hubbert, experto mundialmente famoso por predecir que los
pozos de petróleo siguen una curva en forma de campana, desde el
punto de descubrimiento, pasando por el de pico máximo de
producción, para luego declinar inexorablemente, realizó medidas
de multitud de curvas de explotación de pozos y llegó a la
conclusión de que la suma de campanas de cada pozo, produce una
campana de explotación petrolífera de cada país y la suma de las
campanas de todos los países productores, impone una curva de
explotación del petróleo mundial, también en forma de campana.
Hubbert predijo en los años 50, con
asombrosa exactitud, que los
EE.UU. llegarían a su pico máximo de producción en 1970. Los
que entonces le creyeron loco, hoy le veneran como el padre de las
predicciones petrolíferas. EE.UU. empezó su declive, precisamente
ese año y hoy produce menos de la mitad que en 1970 y debe
importar más de la mitad del petróleo que consume.
La curva de producción y reservas de los
EE.UU. es la más
significativa, por ser la más antigua (sus pozos fueron los
primeros en ser explotados al máximo) de cómo los recursos no
renovables, como su propio nombre indica, se agotan sin remedio y
sin que la más impresionante tecnología, ni los recursos
financieros más poderosos puedan evitarlo.

Esto a su vez tiene una evidente implicación en el constante
aumento de la dependencia de los
EE.UU. del oro negro y refleja
perfectamente los nerviosos movimientos de quien se ha dado cuerda
a sí mismo para terminar ahorcado y se empieza a ver bajo el
árbol, con su incesante voracidad y su fe ciega e integrista en
que el sistema del American Way of Life era el mejor de los
posibles y por tanto, no era materia de discusión y solo podía
seguir haciendo lo que sabía: crecer ad infinitum. El
siguiente gráfico ilustra hacia donde va el futuro en los
EE.UU.:

Las curvas inexorables de Hubbert predicen, según quien las
interpreta, que el petróleo de todo el mundo llegará a su pico
máximo de producción entre el 2004 y el 2010 (Colin J. Campbell,
Richard C. Duncan, Walter Youngquist, Jean Laherrère y muchas
otras fuentes que cita con gran respeto incluso el gran gurú
Jeremy Rifkin en su último libro sobre el asunto, titulado La
economía del hidrógeno).

Las diferencias de interpretación sobre cuando se alcanza el
pico para caer de forma inevitable, van, en el caso de los más
optimistas, hasta el 2015 o el 2030 (Agencia Internacional de la
Energía (IEA, en inglés) o el United States Geological Survey,
USGS norteamericano. En el fondo, es lo mismo, porque incluso si
eso fuese cierto, ya tendría que estar toda la sociedad industrial
en estado de alerta máxima, transformándose a otro tipo de consumo
para llegar a tiempo; pero ni hay combustible alternativo al 40%
del consumo energético humano, ni hay tiempo para transformar a
toda la sociedad industrial.
Por otra parte, están los avisos a navegantes de los geólogos
de mayor reputación mundial, en el sentido de que sus propias
predicciones de llegar al pico entre el 2004 y el 2010, podrían
resultar optimistas y podríamos estar ya tocando techo, si como se
temen, los datos de las reservas, hechos por los principales
productores mundiales en los años 80 y 90, siempre al alza, sin
relación con prospecciones reales, se hubiesen dado por motivos
espurios, como que las cuotas de la OPEP se asignaban, en parte,
por el volumen de reservas que se les suponían, o también porque a
mayor número de reservas, mayores créditos en los centros
financieros mundiales.
Incluso el año 2020 es mañana mismo, en términos históricos. Y
ahí radica el gran problema. No en cuando se acabe totalmente
(menos de medio siglo: también mañana en términos históricos),
sino en cuando se empieza a producir menos cada año que el
anterior, sin remedio y para siempre, por imposición de las leyes
físicas. ¿Cómo van a reaccionar los políticos y los economistas,
que solo saben programar crecimientos? ¿Y a qué están esperando?
Porque ese es el momento de la ruptura del sistema económico
cuyo dogma es el crecimiento continuo. Es el momento en el que los
ministros de economía y los primeros ministros tienen que empezar
a reconocer que sus economías no crecerán y no saben inventar otra
cosa que el crecimiento económico en cinta sin fin. Veremos más
adelante cuales de ellos son los países y grupos humanos que
primero empezarán su llanto y crujir sus dientes...
1.
¿SOLAR
Y EÓLICA? SÍ, PERO...
Las energías
alternativas no aparecen en la Tabla 1, porque siguen siendo
insignificantes a nivel mundial en 2002. El problema de sustituir
con energía solar y/o eólica a los consumos tradicionales actuales
y futuros, en el poco tiempo de que se dispone, es que su
producción es básicamente en forma eléctrica y esta forma de
energía es hoy solo el 12,5 % del consumo total mundial (aunque
por los rendimientos mundiales de transformación, tengan que
quemar para ello cerca del 27% de los combustibles fósiles y el
100% de los nucleares).
Así, además de
tener que producir sistemas solares y/o eólicos para reemplazar a
los combustibles fósiles y nucleares en las pocas décadas
disponibles, lo que podría ser técnicamente posible, habría que
reestructurar, como mínimo, las tres cuartas partes de la sociedad
industrial mundial que hoy consume en forma no eléctrica. Y eso ya
es una obra de envergadura ciclópea.
Pensemos que si
tener la infraestructura actual nos ha costado quemar la mitad de
la energía fósil y ciento cincuenta años de trabajo en todo el
mundo, transformar, como mínimo el 70% de la misma en dos décadas
puede llevarse el resto de la energía fósil disponible. ¿Y luego,
qué?
Uno quisiera
creer que esto también es posible, como sugieren las
organizaciones ecologistas y como cree el inefable nuevo apóstol
del hidrógeno, Jeremy Rifkin, pero a juzgar por la orientación
puramente belicista que están tomando los países más industriales
en torno a las fuentes convencionales de energía, parece que ya
han descartado esa opción y se mueven exclusivamente por la senda
de exterminio bélico de todo potencial adversario de los recursos
menguantes del planeta.
Sistemas como
la aviación civil mundial, los ejércitos o la maquinaria agrícola,
como los tractores, son imposibles de imaginar con propulsión
eléctrica. El transporte marítimo, la maquinaria de obras públicas
y minera, de difícil aprovechamiento y el transporte terrestre
también, salvo que cambien drásticamente los modelos sociales,
algo que ni siquiera se ve esbozado, de forma seria.
Por último,
conviene precisar que la sustitución a esta escala planetaria,
representaría, con las células fotovoltáicas de mayor rendimiento,
ocupar entre 250.000 y un millón de kilómetros cuadrados de
superficie de continentes en zonas muy soleadas y supondrían un
complicado traslado de las zonas de producción a las actuales de
consumo y de las zonas diurnas a las nocturnas y por ser también
muy difícil el almacenamiento de las enormes cantidades de energía
demandadas.
Si bien siempre
preferible a lo fósil y a lo nuclear, lo solar deviene en algo no
tan ecológico, si hay que hacerlo a esa escala. Y ello sin
considerar que, desde el punto de vista energético es bastante
dudoso que una célula fotovoltaica no consuma más energía (fósil
generalmente) en su producción, que la que va a generar a lo largo
de toda su vida útil, estimada en unos 30 años. Algo similar
ocurre con la energía eólica.
6.
¿NUCLEAR? NO, GRACIAS.
En cuanto a las
energías nucleares alternativas, se habla de la de fusión, pero
este cuento ni la considera, por varias razones. Una de ellas
son las ingentes pérdidas calóricas que tendría (del orden del 80%
de la energía útil, que multiplicaría exponencialmente los
problemas de calentamiento atmosférico).
Además, parece
poco realizable la instalación de cerca de 8.000 centrales
nucleares que habría que colocar, de potencia similar a las 430
actuales en servicio, que apenas aportan hoy el 7 % de las
necesidades humanas de energía. Ni hay dinero para hacer tantas
centrales en tan poco tiempo, ni hay reservas de uranio para
alimentarlas, si se hicieran.
Porque si hay
ahora uranio para 60 años al 6 ó 7% de contribución energética
mundial, si la energía nuclear tuviese que alcanzar, digamos el
50% del consumo energético mundial, quedaría uranio para apenas
una década, que es, como mínimo el tiempo en que se tardaría en
construir unas 200 centrales nucleares, si hubiese dinero y fe en
que iban a servir para algo. Lo del torero: lo que no puede ser,
no puede ser y además, es imposible.
La energía de
fusión, dicen que podría ser una alternativa, pero es si tuviese
visos de estar comercialmente disponible antes de un siglo, lo que
es muy improbable, por no decir imposible y suponiendo que los
pobres puedan pagarse esta costosísimas y poco duraderas
estructuras y que el combustible, que se dice ilimitado (cuando se
refieren al deuterio), no se agota, como el uranio, porque la
reacción, en el único modelo que se experimenta, requiere también
un isótopo radioactivo de tritio, que sale del litio, que también
es muy escaso en la corteza terrestre.
Además, claro
está, de producir solo electricidad, con el problema que antes se
ha señalado al respecto.
7.
EL HIDRÓGENO Y LAS PILAS DE COMBUSTIBLE: EL NUEVO MITO O EL
BÁLSAMO DE FIERABRÁS
Desde hace algunos años, se están
desarrollando grandes campañas que juzgo intencionadamente
planificadas, para hacer ver que el hidrógeno es nuestra fuente de
salvación y a tratar de presentarlo como el combustible del
futuro, limpio, ecológico, no contaminante e ilimitado. La campaña
ha tenido el apoyo, como broche, del famoso Jeremy Rifkin, autor
de El fin del trabajo, quien ahora ha publicado La economía del
hidrógeno.
Al igual que
con El fin del trabajo, su espectacular arranque de vuelo
de perdiz, con multitud de datos bien elaborados, que cuentan
grandes verdades, termina con un final de gallináceo. Si en El
fin del trabajo, su brillante exposición sobre los males que
achacan al mundo moderno, termina con una invitación a que los
puestos que destruye el maquinismo y la brutalidad capitalista
sean suplidos con voluntariados, ONG y demás cuerpos de paz, en “La economía
del hidrógeno, su no menos brillante exposición de los males que
aquejan al mundo industrial y capitalista y el agotamiento
inminente e inexorable del petróleo, terminan con una apología de
hidrógeno digna de mejor causa.
La relevante
posición de Rifkin, como asesor de muchos gobiernos occidentales
en temas variados, cobrador de conferencias y gurú de las
sociedades modernas, ha hecho que su conclusión, no por ser tan
acientífica, como científica es toda su exposición previa, no haya
caído en saco roto: la Unión Europea acaba de dotar más de dos mil
millones de Euros a los desarrollos energéticos alternativos,
especialmente los basados en el hidrógeno. Seguramente, ese era el
propósito: que los jugosos y sustanciales fondos europeos fueran a
caer en las manos de los que son asesorados por Rifkin; terminarán
en manos de grandes multinacionales, como BMW, Volkswagen,
Mercedes y demás multinacionales francesas y alemanas que ya
llevaban tiempo diciendo que están invirtiendo en estos
desarrollos.
Pero el
problema del hidrógeno es que no es una fuente de
energía; es, en el mejor de los casos, un simple
transportador de energía y más acertadamente, un
sumidero de energía. Esto es, el hidrógeno no se encuentra
libre en la naturaleza, como el petróleo, el gas o el carbón y por
tanto, obtener hidrógeno cuesta también energía.
Cuando uno
extrae x unidades de energía de la naturaleza y para ello emplea
menos de x unidades de energía, a la materia base obtenida se la
denomina fuente de energía. Pero si, como en el caso
de hidrógeno, para separar este elemento del compuesto químico en
el que se halle (sea éste el agua, muy abundante, o el gas
natural, del que actualmente se extrae la mitad del hidrógeno que
se produce en el mundo) se gasta más energía para obtenerlo que la
que luego proporciona el hidrógeno cuando se quema, mal asunto:
tenemos un sumidero de energía.
Esto lo dicen
las leyes de la termodinámica y lo dice le propio Rifkin al
principio de su libro, pero luego, como muchos otros, se olvida de
la ley más inquebrantable del universo y pasa a jugar con las
maquinitas de movimiento perpetuo, prohibidas expresamente por la
física y por la razón, por muy bien que las pinten. Son ecuaciones
tan bonitas y deseables imposibles; son como la escalera cerrada
en cuatro tramos que pintan con falsa perspectiva y que siempre
sube o baja indefinidamente.
Si existiesen
esas máquinas de movimiento perpetuo o esas maravillosas
escaleras, todos elegiríamos llegar al punto deseado bajando, que
es más cómodo, nunca subiendo. Así que los inventores del motor de
agua que no contamina, ya pueden ir explicando con qué otra
energía van a sacar el hidrógeno que impulsará su sociedad futura.
Y lo tienen que explicar con más detalle que Rifkin, para que nos
lo creamos, porque si para ello se apoyan en la energía eólica o
en la solar, apaga y vámonos.
UN OBVIO Y
PELIGROSO DESEQUILIBRIO
La evidencia de
la acuciante escasez energética de las próximas décadas o años, se
hace aún más patente para los grandes consumidores, cuando se
analiza la desequilibrada relación entre las producciones, los
consumos y las reservas de los principales países, como se ve en
las Tablas 2 y 3.
Tablas 2 y 3. BALANCE ENERGÉTICO DE PETRÓLEO Y GAS EN LAS
PRINCIPALES ÁREAS


Las
conclusiones son también inmediatas:
A.
PRIMER
MUNDO: VORACIDAD SIN LÍMITES
En el grupo 1,
EE.UU. y los países europeos tienen una producción importante, pero
unas reservas alarmantemente agotadas: apenas cuatro o cinco años,
si tuviesen que vivir con sus propios recursos y solamente un par
de décadas, si mantienen el nivel de importación actual de
petróleo estable (un 60% del total que consumen; ¡parece increíble
que nos se hable de este hecho incontestable!).
Japón, que no
tiene ni producción propia ni reservas, está en una situación
todavía mucho más dramática y frágil y a la vista de la situación
de agotamiento de sus pozos, cada año más a partir de ahora, sin
contar con que sus programados aumentos de producción económica,
obligan a un aumento incesante de la producción energética,
haciendo aún más aguda la dependencia del exterior.
Téngase en
cuenta que Europa alcanza en estos momentos el pico máximo de
producción, que
EE.UU. ya rebasó en 1970, pero al ser sus reservas
totales menores y su consumo casi tan alto como el norteamericano,
su declive será igualmente rápido y doloroso.

Todos ellos
necesitan imperiosamente las producciones de los países
productores y sus volúmenes de demanda de petróleo importado, que
no cesan de aumentar para mantener la maquinaria en
funcionamiento, exigen productores importantes, además de los
secundarios, para saciar momentáneamente tan tremendo apetito.
En el caso de
los
EE.UU.
o Europa, sus
reservas actuales bajo el suelo, sumadas a una política de
almacenamiento masivo en tanques (lo que se denomina en
EE.UU. la “reserva estratégica”, que es de unos seis
meses de consumo nacional y en Europa debe andar por algo más de
tres), les permiten salvar con sus producciones propias, algún
momento puntual de posible desabastecimiento exterior, lo que les
confiere una cierta invulnerabilidad estratégica a corto plazo.
Pero el elevado
consumo y las prácticamente agotadas reservas propias de los
países de este grupo tan voraz, les obligan, cada vez de
forma más acuciante, también a asegurarse la continuidad de
flujo energético de los países productores a más largo plazo.
El aumento de
la dependencia petrolífera de los países ricos occidentales del
grupo 1 de la tabla 2, es la verdadera “madre de todas las
batallas”, que está creando tensiones mundiales cada vez más
evidentes. Sus menguantes reservas nacionales y una economía cada
vez con más apetito energético, les han ido obligando a “someter”
a cada vez más países productores a sus exigencias de consumo.
El grueso de
países que se podrían denominar “amigos” en el golfo Pérsico
(Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos, Qatar y otros), o los de Brunei
en el sudeste asiático y México, en el patio trasero de los
EE.UU.,
les aseguraban hasta ahora y todavía durante quizá algunos años
más, un flujo continuo y barato de petróleo.
Pero la demanda
se dispara según crece la economía y los pozos mundiales empiezan
a tocar techo y muchos ya están en franco declive. No menos de 14
de los 42 principales países están ya en la curva de caída de
Hubbert y cada año se les puede “ordeñar” menos petróleo.
Este doble
efecto pone muy nerviosos, tanto a los principales consumidores
como a los productores. Así, unos países dejan de ser “estables”
(es decir, obedientes a ofertar un suministro continuo y barato,
como se les exige) y a otros, que estaban fuera de su órbita de
obediencia o se fueron de ella, se los va “estabilizando” de buen
grado o por la fuerza.
La bota militar
norteamericana entró en Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos, con
la excusa de la invasión de Kuwait por Irak, en 1990 y todo apunta
a que los 12 años de presencia infiel en los lugares más santos
del Islam, se van a convertir en una eternidad tan grande como la
duración de las reservas que allí les mantienen. Ya nadie se
acuerda de la famosa visita de la embajadora norteamericana en
Bagdad a Sadam Husein el día anterior a la invasión.
B.
SEGUNDO
MUNDO: AUTOSUFICIENCIA BÁSICA A CORTO
Rusia (con la
Comunidad de Estados Independientes, CEI) y China resuelven sus
consumos básicamente con sus actuales producciones, pero ni
siquiera Rusia pasa del medio siglo con su propio consumo y del
cuarto de siglo, si sigue exportando al ritmo actual para obtener
divisas y pagar las deudas que ha contraído con el sistema
financiero capitalista mundial, especialmente agravadas tras la
caída del comunismo.
Rusia, que
tiene la mitad de población de los
EE.UU.,
consume 8 veces menos energía y le queda casi el doble de reservas
que a los
EE.UU.
–considerando Chechenia parte indisoluble de Rusia-.
Es lógico que
su posición estratégica en este particular, sea defender, por
todos los medios, sus propios yacimientos de las ansias de los más
consumistas (la forma en que están aplastando los intentos en
Chechenia y el interés occidental en que Rusia mantenga esa herida
abierta, posiblemente alimentándola, así parece indicarlo) y por
otra parte que adopten actitudes críticas a los intentos de los
países del grupo 1 de quedarse con la exclusiva de las reservas de
los países de los grupos 3 y 4.
Los algo más de
tres lustros de producción y consumo petrolífero que le quedan a
China, de sus recursos propios, dan a este país algo más de cuerda
que a los EE.UU. y a Europa y algo menos que a Rusia. China, que
tiene unas cuatro veces más población que los
EE.UU., consume
cuatro veces menos que el coloso; esto quiere decir que cada
norteamericano equivale a quince chinos, energéticamente hablando.
El gran
problema de China, es que con su sistema híbrido de comunismo para
consumo interno y capitalismo salvaje hacia el exterior, está muy
comprometida en crecimientos económicos, ergo energéticos, del
orden del 5% anual. Si logran mantener ese modelo de crecimiento,
en diez años más, estarán enfrente de EE.UU. y Rusia en lucha por
los recursos del golfo Pérsico.
La invasión de
Afganistán, que al contrario que lo que se ha dado a entender en
los medios occidentales, no tiene recursos energéticos (ni
petróleo ni gas), pero es un país puente entre China y el golfo
Pérsico, tiene así una justificación económica y estratégica
incuestionable.
Otros medios
han apuntado que si Afganistán no tiene recursos, los países
fronterizos, aquellos del grupo 5 de las tablas 2 y 3, si que
tiene inmensos depósitos, como razón oculta de la invasión. Los
datos de British Petroleum lo desmienten claramente: apenas un 2%
de las reservas mundiales de petróleo y gas natural, cuya
producción actual, además, casi la consumen ellos solos.
Eso no sirve ni
de aperitivo a la voracidad estadounidense y europea.
C.
TERCER
Y CUARTO MUNDO: LOS DEPREDADOS
Las reservas de
los grupos 3 y 4 son en realidad el grueso de las reservas
mundiales para el medio siglo que le queda de existencia a la
civilización industrial. Para los países del grupo 1, lo inmediato
es que esas reservas no sean cuestionadas por nadie como suyas,
aunque de momento acepten que pequeñas cantidades vayan a parar a
terceros países.
Esto les
resuelve los próximos años de consumo. No pueden permitir que este
sagrado principio se cuestione ni por terceros países, ni por
nacionales de estos mismos países. No pueden permitir que ni
siquiera sus propietarios nominales se atrevan a dictarles ni
siquiera una política de precios de los crudos. La cronología de
los hechos en el área desde finales de los setenta es reveladora
en este aspecto:
·
Un imprevisto cambio de gobierno y de control de Irán, que
realmente llega a aterrorizar a los países del grupo 1 (este es el
verdadero sentido del terror en el área: el de que
los países del grupo 1 puedan perder el control de los recursos
energéticos de los países de los grupos 3 y 4).
·
El subsiguiente ataque iraquí a Irán, apenas un año después, muy
promovido y apoyado por los países del grupo 1, que tiene como
consecuencia el destrozo de muchas vidas humanas y graves
desastres sociales, económicos y militares en Irán e Irak, la
pérdida de la capacidad negociadora de ambos con los países del
grupo 1, el hundimiento de los precios del petróleo y el
certificado de defunción operativo de la OPEP.
El precio
del crudo no solo no subió en las dos décadas siguientes, sino que
ha bajado de unos 30 a unos 12 dólares el barril. Con los datos de
producción de la Tabla 1, se podría hacer un grueso cálculo de lo
que han dejado de percibir los países productores y lo que han
dejado de pagar los principales consumidores. Excelentes noticias
para Occidente.
·
La aparición de militares norteamericanos en Arabia Saudita para
desde allí ofrecer un silencioso y efectivo apoyo logístico (AWACS)
a Irak, durante su primera guerra con Irán y los primeros tímidos
rechazos de algunos sauditas, por la cantidad de tradiciones
islámicas que violaban. Esta presencia se ha convertido en
permanente.
·
La extraña invasión de Kuwait por Irak en 1990, un día después de
la visita de la embajadora norteamericana en Bagdad a Sadam Husein,
que justificó la presencia militar masiva, que una década después
queda claro que se ha convertido en presencia permanente, de los
ejércitos de países del grupo 1 en el golfo Pérsico y que estos
países pudiesen poner las reservas de Irak en cuarentena.
Ello, aunque
les costase que, en su caída del caballo, el despechado Sadam
Husein, el dos veces manipulado por los países del grupo 1, les
quemase el 1% de todas las reservas mundiales de petróleo,
dinamitando todos los pozos kuwaitíes, antes de su vergonzosa
retirada de este país, creado también por los mismos delineantes
que Brunei.
De hecho, en lo
único que Sadam Husein ha tenido razón, es en denominar a esto “la
madre de todas las batallas”, aunque la verdadera sea, más bien,
la que se va a estar dando hasta el final por todo el gran resto
de los recursos energéticos del golfo Pérsico. Si no hubiese
existido Sadam Husein, los países del grupo 1 tendrían que haberse
inventado uno: es el tonto útil perfecto.
·
Lo que es más importante, para los países del grupo 1 es que
Occidente ha consagrado convincentemente el papel de terrorista,
radical, fanático, integrista o fundamentalista, para todo el que
se les oponga en el área.
A partir de
ahora, todo aquel que cuestione la presencia de tropas extranjeras
(léase norteamericanas) en el golfo Pérsico, o bien que haya
tenido la desgracia de poseer bajo su suelo importantes reservas
de las pocas que van quedando, sin haberse doblegado su política y
sus recursos a una obediencia ciega a Occidente, será un
terrorista mundial y como tal, declarado enemigo público número 1
de la civilización occidental y de los valores democráticos y
servirá para justificar aún más la presencia militar
estadounidense y los golpes bajos a las infraestructuras de estos
ya castigados países.
El caso de
Bin Laden es de manual: mientras sus objetivos fueron echar a
rusos de Afganistán, fue apoyado y abundantemente armado por la
CIA y por la condescendiente monarquía saudí, tan alabada
entonces, como criticada ahora.
Nadie, que
no fuesen los rusos, cuestionaba en aquellos momentos sus métodos
terroristas. Solo hay que ir a las videotecas y alquilar Rambo
III, si es que no ha sido retirada pudorosamente para ocultar las
miserias de la propaganda de Hollywood.
En ella, un
asilvestrado Silvester Stallone apoyaba descaradamente a los
simpáticos talibanes. Los Bin Laden de entonces eran bien jaleados
por Occidente como “Freedom Fighters” o luchadores por la
libertad, mientras ponían bombas en los mercados de Kabul, que
reventaban a decenas de civiles para pillar a algún oficial
soviético de compras.
Pero cuando,
una vez expulsados los rusos de Afganistán, se atrevió a fijar
como objetivo que también los militares norteamericanos saliesen
de su tierra, el que tuvo que salir fue él y ahora todos los
atentados terroristas del planeta, los haya cometido o no, serán
cargados a su cuenta y se le perseguirá sin cuartel hasta su
eliminación, para ejemplarizar.
·
Con esta estrategia, los países del grupo 1 se dedican a “ordeñar”
intensa y científicamente las reservas de los países controlados
de los grupos 3 y 4. A algunos países como Irak, Libia o Irán,
parecía habérseles asignado el papel de reserva final de crudo
mundial.
Desde luego,
están siendo concienzudamente mantenidos por los EE.UU. y el resto
de los países del grupo 1, en estado de “animación suspendida”, a
golpes de bloqueo y aislamiento económico y militar, como se
deduce de la Tabla 2 por sus actuales producciones, hasta que las
reservas de los demás de los grupos 3 y 4 se vayan agotando.
En los
próximos años, asistiremos a progresivos endurecimientos de estas
condiciones, en los países estigmatizados por las listas negras
del omnipotente Departamento de Estado norteamericano, o a muy
severos castigos, siempre abanderando el antiterrorismo, de todo
el que intente moverse y cuando les llegue el momento, de su
maravillosa conversión al juego democrático, con cambio de líder
terrorista no homologado a líder democrático homologado, que abra
sin condiciones los últimos grifos a sus también democráticos
colegas del Grupo 1.
·
Las recientes actitudes enormemente agresivas de los
EE.UU. hacia Irak en particular y las intolerables actitudes
racistas y de discriminación de los mil millones de musulmanes, a
los que el secretario de Defensa ha decidido fichar si cruzan
cualquier frontera de los EE UU, no son sino una confirmación de
que hasta las reservas que estaban en “animación suspendida”
empiezan a tener que ser utilizadas. Es el principio de fin. El
dictador y genocida Sadam solo tiene razón en una sola cosa: se
nos viene encima la madre de todas las batallas.
D.
EL
QUINTO MUNDO: LOS NO-PERSONAS. LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS YA
ESTÁ AQUÍ
El aviso final
que este cuento pretende dar a los ciudadanos que viven
confortablemente en los países del hoy privilegiado grupo 1, es
que no deben pensar que los males que aquejan a los países del
grupo 3 y especialmente a los proscritos o semiproscritos del
grupo 4, así como la mortandad sin precedentes y sin preocupación
del resto de los países de la Tierra son buenas noticias para
ellos y su tren de vida consumista y occidental.
Y menos aún
para sus hijos o nietos. Incluso aunque tuviesen éxito en su
empeño estratégico, es decir, aunque consigan una paz de
cementerio en los países productores mientras ellos siguen
consumiendo a granel, cuando el quinto mundo esté prácticamente
desaparecido y el tercero y el cuarto estén muy esquilmados,
tendrán que terminar luchando entre ellos.
Algunas
reacciones de distanciamiento o disentimiento de Francia y
Alemania, respecto a las acciones de los EE.UU. en el Golfo y
sobre todo el Magreb, al que Europa no puede renunciar, por los
flujos de gas que la alimentan, o las disputas en bolsas
petrolíferas residuales, como las de la R.D. del Congo o Angola
así empiezan a indicarlo. La oposición de Rusia y China, con tanto
miedo y prevención como insistencia, a las maniobras de invasión
permanente del golfo Pérsico, también sustentan esta opinión.
El resto de los
países del mundo, cuyos magros consumos actuales serán los
primeros, previsiblemente, en dejar de ser abastecidos por los
países productores, cuando la producción mundial de crudo alcance
el tope, en muy pocos años, quizá ya mismo, y empiece a caer por
la pendiente de la curva de Hubbert.
En muy pocas
décadas, todos estaremos luchando por los últimos barriles de los
yacimientos; de hecho, la lucha ya ha empezado aunque los
ciudadanos de los países del grupo 1 no se han dado cuenta
todavía, porque no lo han sufrido en sus carnes (guerra Irán-Irak;
bloqueo y aislamiento de Irán; entrada militar occidental en el
golfo Pérsico; invasión de Kuwait y primer ataque “aliado” a Irak;
bloqueo y aislamiento de Irak; segundo ataque “aliado” a Irak;
guerra permanente en Angola; guerra abierta en Chechenia; ataque
aéreo a Libia; bloqueo y aislamiento de Libia; apoyo mal
disimulado al gobierno prooccidental argelino, para reventar unas
elecciones que se salían del tiesto y perpetuación de la situación
de guerra civil por omisión activa; preparación de “fuerzas de
pacificación” del norte de África en la OTAN, por si acaso, entre
otros indicios) y sobre todo, la cuña artificial de Israel,
impuesta a sangre y fuego sobre el genocidio palestino y contra
las tan numerosas como inútiles disposiciones de una manipulada e
impotente ONU a la que los EE.UU. castigan con el veto una y otra
vez, para disponer de un portaaviones pro-occidental en la zona,
desde el que descargar los golpes contra todo lo islámico que se
mueva.
Demasiado saben
todos los servicios de inteligencia del mundo occidental (si está
hasta en las estadísticas públicas ¿no lo van a saber?), que los
países de la OPEP tienen hoy más del 78 % de las reservas
mundiales de petróleo y que en el año 2008 la OPEP producirá más
que el resto de los países productores del mundo. En el año 2020,
los cinco principales países de la OPEP (Arabia Saudita, Irak,
Irán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos) producirán más petróleo que
el resto de los países del mundo y sus reservas serán más del 90%
de las reservas mundiales de petróleo.
Los servicios
de inteligencia y militares de la mayoría de los países lo saben y
tienen que estar trabajando con las curvas publicadas y conocidas
de las producciones actuales y previstas, con el estado de las
reservas probadas de petróleo y sobre todo, con su previsible
evolución hacía abajo, en prácticamente todos los casos, a partir
de la próxima década.
Esas curvas, ya
mostradas para los EE.UU., Europa y el mundo en general, son así de
dramáticas, para el resto de las grandes regiones del planeta:





La experiencia
con la propia situación de la producción, consumo y reservas de
los EE.UU., es muy significativa; es esa trágica historia que ni la
más sofisticada tecnología, ni los gigantescos recursos
financieros han podido evitar; que deslice, sin remedio, cuesta
abajo por la curva de Hubbert (expresión del propio Rifkin, que
seguramente la ha tomado de los conceptos, ya conocidos por los
geólogos de “slope”, “slide” y “cliff” (declive, deslizamiento y
precipicio) para calificar las tres fases, cada una más
pronunciada que la anterior, de la caída por la curva de Hubbert.
El agotamiento
inmediato (en términos históricos) del petróleo es tan imparable,
como la llegada al pico de producción máxima de producción
petrolera en los EE.UU. Peor hay otros datos igualmente
alarmantes: desde 1979, el consumo mundial per capita de energía
ha ido disminuyendo también imparablemente, porque los
crecimientos de última hora solo han podido ser, en la parte
achatada superior de la curva de consumo mundial, inferiores al
crecimiento global de la población.
Alguien, y ese
alguien se contabiliza en silenciosos cientos de millones de seres
humanos, está perdiendo poder energético, ergo económico y
adquisitivo; esto es, vital, desde 1979 y nosotros, sin
enterarnos.
Pero hay otro
dato igualmente preocupante: desde 1969, los descubrimientos de
nuevos pozos petrolíferos, no ha hecho más que disminuir. Hoy se
descubre un nuevo barril de petróleo por cada cuatro que se
consumen y como las reservas existentes están tasadas, adivina
quien viene a reducir drásticamente éstas. La falta
descubrimientos no se debe a que se haya perdido el interés por el
petróleo; muy al contrario, se han hecho inversiones gigantescas y
nada. Hoy se descubre menos del 15% de lo que se descubrió en
1969.
La caída de los
descubrimientos, también sigue una curva como la de Hubbert y ya
está muy abajo. Si las matemáticas no fallan, nadie puede
descubrir más petróleo del que se descubre, luego el pico de
descubrimientos de 1969 es el relámpago que nos avisa que el
inevitable trueno del pico máximo de producción está al caer.
Estas son,
seguramente, las primeras partes de un todo en la “madre de todas
las batallas” y aumentarán cuando los países del grupo 4 consigan
las armas de destrucción masiva, que los de los grupos 1 y 2
insisten en tener en exclusividad. Desde lo de Pakistán y la
India, están más cerca.
El gas natural,
en el que muchos cifran sus expectativas para a) sustituir
gradualmente al petróleo o b) para producir otros combustibles,
como el que más de moda se ha puesto, el hidrógeno, está claro que
no van a poder soportar esa presión.
Si ahora el
mundo industrial consume el 40% de toda su energía en forma de
petróleo y el gas apenas consume poco más de la mitad de su
equivalente energético (incluyendo multitud de variantes
nitrogenadas para fertilizantes) y a pesar de ese menor consumo,
le quedan reservas probadas similares a las del exhausto petróleo,
si tiene que sustituir a éste, duraría lo que un caramelo a la
puerta de un colegio, por no hablar de las dificultades materiales
en toda la industria para su sustitución.
Además, el gas
natural tiene una peor capacidad de almacenamiento y transporte.
Ver la tabla 3 con los movimientos mundiales, es concluir que la
mayor parte de gas que se consume en el mundo, se hace a muy poca
distancia de los pozos de origen. El gas que se envía licuado en
buques tanque o por gasoducto entre países que no sean
estrictamente fronterizos, es anecdótico, salvo el caso del norte
de África con el sur de Europa y de Rusia con el norte de Europa.
En la película
2001, una odisea en el espacio de la obra de Arthur C. Clarke,
hay una escena, al principio, en la que dos grupos de primates se
disputan un charco de agua durante una sequía. Los primates
representan un estadio muy primitivo de la Humanidad.
Cuando la lucha
comienza, un monolito, que simboliza una suerte de inteligencia
superior muy avanzada o una materialización de la divinidad,
insufla la suficiente inteligencia a uno de los primates de un
grupo, de forma que aprende a usar un hueso largo de animal como
herramienta o arma de guerra. Con él, destrozan al grupo
antagónico que solo sabía usar las manos y los dientes y se hacen
con la escasa fuente de agua.
Este
descubrimiento, el paso a la condición de “homo habilis”, se
presenta como un salto hacia adelante de la Humanidad. En cuestión
de reservas fósiles, los seres humanos no parecen haber progresado
nada desde entonces y todos los indicios muestran que los
gobiernos más poderosos, los que tienen el garrote tecnológico,
químico, bacteriológico o nuclear van a dedicarse a defender, a
toda costa, las últimas bolsas de petróleo de aquellos que solo
pueden usar sus armas convencionales y a no permitir que los
grupos antagónicos utilicen ningún tipo de estaca similar a la que
ellos poseen en su disputa por la escasez.
No hay indicios
serios de que los norteamericanos ni los europeos o japoneses,
estén pensando o planificando cómo reducir su dieta de los cerca
de 9.000 vatios de consumo permanente y continuo per capita (¡como
si cada ciudadano viviese permanentemente con unas 90 bombillas de
100 vatios conectadas a su cabeza!) a los 1.100 vatios permanentes
de cada habitante chino, o mejor aún, a los menos de 400 vatios
permanentes de cada ciudadano hindú, típicos de una sociedad
agrícola preindustrial, ni se ve voluntad de cambiar el modelo
social y de consumo, en el escaso tiempo disponible.
A lo peor lo
han pensado y han concluido que no es posible. Solo esta dramática
conclusión final, justificaría la actitud tan primitiva y salvaje,
tan militarista, en suma, de dominio y control de los grupos 3, 4
y del resto de países del mundo, por parte de los privilegiados
países del grupo 1, incluyendo el férreo control ideológico que
estamos viendo estos días, disfrazado de lucha contra el
terrorismo islámico mundial.
Octubre de 2002
Referencias: