<%@ Language=VBScript %> Manuel Talens - El sitio web del escritor. Antología de cuentos. Los sueños del pederasta.
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EL RINCÓN DE CHÉJOV   

LOS SUEÑOS DEL PEDERASTA

José María Pérez Zúñiga

José María Pérez Zúñiga, español

                                                                                      

    Aún tienes el sabor dulce en la boca, demasiado ácido, oxidado y sangrante hoy, remordimiento quizá. Puta niña. Ese sabor te gustó siempre, siempre desde que lo imaginaste por vez primera cuando observaste despacio a aquella niña preguntándote cómo podía ser eso por vez primera, cómo su olor y su tacto, cómo una piel tan suave y pequeños gritos por vez primera, cómo el orgasmo prohibido y cómo unir el tiempo, el sexo y la infancia por vez primera, como si para algo existiese una primera vez. Puta niña y puto tiempo, te dices. Qué importa el tiempo, qué un concepto ante el olor y el tacto, aprisionar otro cuerpo menudo con tu propio cuerpo, tu lengua recorriendo esos labios apretados, cosidos por la carne que vas deshaciendo; qué importa penetrar pequeños juegos, descubrimientos vacíos, tú lo sabes, ilusiones que no sirven, descompuestas en colores, en objetos, en miedo a profesores y a padres y a gobiernos y a creencias que no conocen y sólo mandan, para qué; para qué la inocencia en un mundo de sueños y juguetes rotos, para qué comenzar, acabar y empezar de nuevo, convencerte de lo que ya intuías, para qué; mejor el olor y el tacto, mejor el calor de un cuerpo y los labios que se van abriendo dejando el sabor dulce en tu boca, mejor sorber y sorber con fruición, que un alma no es suficiente para tu ansia. Y tampoco tu lengua mentirosa e hipócrita; es fácil, los niños obedecen pronto, no saben, pero tú sí, tú sabes lo que ocurrirá con ellos, tú sabes de los días ausentes y de las ocupaciones periódicas, tú puedes borrar todo de un golpe, no sólo la lengua no, el tiempo puede solidificarse en un pene erecto, puedes ir desgarrando la infancia, pasado y futuro, vidas oídas y vidas dichas, vidas vividas y vidas matadas, para qué; el odio y el desengaño horadan sus entrañas con violencia hasta encontrar el dolor, el tiempo empalando la vida, gritos al fin y el llanto, gritos y llanto agudos con voz de niña, cada vez más alto, eso que buscas y encuentras, la impotencia, la niña no puede hacer nada, llorar más, algo que se quiebra, qué es esto padre, qué juegos son estos, padre, dónde mi cuarto y mi educación y mis muñecas, padre, dónde y adónde, padre, ante tu fuerza y tu poder; ese papel en el mundo que tanto quieres por momentos, tiempo que puede alargarse, atraparse, momentos, en éste puedes proseguir y utilizar las manos para atrapar las suyas, que no tapar su boca, acallar su gritos que tanto te excitan y lamer sus lágrimas, macho inútil; puedes seguir invistiendo, exagerar tus caderas que no caben en las suyas, el movimiento grotesco, continuo, desesperado, asesino, y los gritos que se elevan tan alto como una súplica y se apagan sin aire para que tú te desbordes en un cuerpo ya sin sueños, sin infancia y sin tiempo, todavía las convulsiones del vientre que tú contemplas vacío, los miembros yertos van enfriándose, vencidos, todavía un poco el temblor de los muslos pequeños que recorren hilitos de sangre. Puta niña. Todavía unos ojos abiertos y opacos únicamente preguntan por qué no infancia ni tiempo ni sueños, por qué no luz ni creencias ni objetos, por qué; por qué los mató tu deseo. 

 

De El juego de los espejos (2002)

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© Manuel Talens 2002