LENTA ES LA
LUZ DEL AMANECER EN LOS AEROPUERTOS PROHIBIDOS Antonio
Pereira

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Una vez estaba Pepín Ramos el poeta inspirado en la taberna
que llaman el Senado, sentado a la mesa tosca, haciendo su
papel de poeta inspirado. Todos lo respetamos mucho en sus
esperas de la voz misteriosa, aunque nunca se le haya visto
una página terminada. Vino un parroquiano de la taberna con
la alegría lúcida de los primeros vasos, y fisgó el
renglón que campeaba en la hoja.
Lenta
es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos.
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El
verso hermoso, todavía único, con que iba a arrancar el
poema.
El parroquiano suspiró:
-Es un buen empiece, Pepín. Pero ahora qué.
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