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LOS "TALENSTOS"
La Asociación Andaluza
de Críticos Literarios ha premiado sendas obras de los hermanos
Talens en las modalidades de poesía y narrativa.
IGNACIO
F.
GARMENDIA
SURGIDOS como reacción a
la presunta deriva del Premio Nacional de la Crítica hacia posiciones
sectarias o no suficientemente representativas, en el contexto de la
muy virulenta polémica entre partidarios y detractores de la poesía
de la experiencia, a mediados de la última década del siglo pasado
un grupo de escritores, periodistas y críticos andaluces, afines los
más a lo que se llamó, un tanto vagamente, poesía de la diferencia,
instituyó un Premio alternativo, reducido al ámbito regional, que
seguía el ejemplo de otras comunidades más o menos autónomas. La
cosa tiene su historia, que no es momento de referir, más que nada
por cortesía hacia los ganadores de la presente edición, que vienen
a sumarse a una nómina de galardonados con nivel más que digno,
en algunos casos excelente. Y es esto último lo único que debería,
importar, por encima de las legítimas disputas estéticas, de las más
dudosas maniobras partidarias, de las muy condenables
inclinaciones de ciertos espíritus incontinentes a la injuria y el
exabrupto.
Los
jurados de la Asociación Andaluza de Críticos Literarios, que
preside el veterano poeta de Arcos Antonio Hernández -Premio
Nacional de la Crítica de 1995-, reunidos para determinar cuáles
fueron las mejores obras del año 2001 en su género, han premiado a
los hermanos andaluces de origen valenciano Manuel y Jenaro Talens,
por sus obras Rueda del tiempo y Profundidad de campo, elegidas en
las respectivas modalidades de narrativa y poesía. Los hermanos
Talens comparten, además del parentesco, oficios y dedicaciones:
ambos son traductores, ambos se han interesado por la semiótica y
la teoría del cine. El mayor, Jenaro, nació en Tarifa, en 1946;
Manuel, en Granada, en 1948. Uno es, sobre todo, poeta, con una larga
trayectoria a sus espaldas; el otro, narrador, ha publicado hasta la
fecha dos novelas y dos libros de cuentos. Se trata de dos autores
reconocidos y, digámoslo ya, de dos libros valiosos.
Rueda del tiempo es
una colección de dieciséis relatos de extensión desigual y asunto
diverso, aunque la mayoría, como dice Talens en el "Epilogo",
trata de aprehender el "fluir ininterrumpido del tiempo"
-que puede ser circular, como en la pieza que da título al conjunto-,
mostrando la persistencia de la memoria que sobrevive, alcanza e
ilumina nuestro
presente. Están también el "frágil equilibrio que separa la
vida de la muerte", el desamparo, la "paradoja del
amor" y la dignidad de la derrota, temas desarrollados con
austeridad -el autor se remite a Chejov- y economía de recursos.
Las entregas anteriores de Manuel Talens -sus novelas La parábola
de Carmen la Reina (1992) e Hijas de Eva (1997) y los
cuentos incluidos en Venganzas (1994)- fueron justamente
celebradas por la crítica, incluida la andaluza no asociada. Diez años
y tres libros después de su brillante estreno, no hay duda de que
estamos ante un autor con personalidad, mundo y estilo propios,
cultivador de una literatura vigorosa y comprometida, cuyas
evoluciones habrá que seguir de cerca.
En cuanto a Jenaro Talens contemporáneo de los
novísimos y cercano a algunos de los rasgos característicos de
su poética, viejo conocido de quienes frecuentan los libros de la
editorial de Jesús Munárriz, como poeta o como traductor de
autores alemanes y anglosajones, su obra en verso abarca una
quincena de títulos recogidos en Cenizas de sentido. 19621975
(1989) y El largo aprendizaje. 19751991 (1991), a los que
siguieron Orfeo filmado en el campo de batalla (1994) y Viaje
al fin del invierno (1997). Ensayista y editor de las
colecciones "Eutopías" y "Signo e Imagen" de Cátedra,
a su vertiente de estudioso de la cinematografía se debe
precisamente el título de Profundidad de campo, que alude a
"un procedimiento utilizado para conseguir que las cosas situadas
a diferente distancia del objetivo de la cámara aparezcan en el plano
con idéntica nitidez", de donde puede indirectamente.
deducirse su predilección por una poesía concebida como medio -y
objeto- de conocimiento. La lírica talensiana, como la de otros
autores de los setenta, ha ido depurándose con el tiempo hasta
hacerse más sencilla sin dejar de ser honda, evolución ya visible en
sus entregas anteriores y confirmada en esta última. Casi cuarenta
años después de la primera, En el umbral del hombre (1964),
la obra de Jenaro Talens es referencia obligada entre los poetas de
su generación, más allá de tendencias y de militancias.
Enhorabuena, pues.
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