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Deudas de guerra

El descubrimiento de un cadáver mutilado lleva a un periodista a desenterrar la memoria de la posguerra malagueña. Es la última novela de Antonio Soler.

VÍCTOR ANDRESCO

Escrita en un suspiro, como una sola y trabajada exhalación, El espiritista melancólico es una intensa indagación en la memoria del dolor, entendido no sólo como elemen­to represor de la conducta indi­vidual, sino cómo, estrategia política conducente a la consolidación del Estado totalita­rio, aunque esta solemne letanía tuviera muchos matices en la soleada y polvorienta Málaga de la posguerra. En cualquier caso ni uno de esos detalles ha quedado fuera de la calculada y complejísima tarea de Antonio Soler (Málaga, 1956) al crear este delica­do ejercicio de restitución moral que está emparentado con los grandes momentos de la literatura de posguerra y que obliga al lector a asu­mir la conmovedora dicción del narrador.

Hijas del estupor y la de­rrota, la voz del niño y la voz del hombre crecidos a la som­bra de la guerra civil y del franquismo hasta los prime­ros años setenta jalonan la investigación que Gustavo Sin­tora, redactor de sucesos del diario Sur, emprende por su cuenta para esclarecer el ase­sinato de una prostituta cuyo cadáver, mutilado, tatuado y envuelto en falsas pistas so­bre magia, aparece en las in­mediaciones de un local de al­terne llamado El Pomelo. En el estilo moroso y deliberada­mente coloquial de este libro hay, sobre todo, un sentimien­to de veneración por la pala­bra como instrumento capaz de rescatar las ilusiones (per­didas o no) y los recuerdos (más o menos endebles) de las tinieblas de la desmemo­ria. Las viejas rivalidades en el amor, en el frente o en los descubrimientos de adoles­cencia equilibran la pugna en­tre la prosaica supervivencia y la intuición, legada y pro­pia, de un destino individual como único y liberador patri­monio. De cada muerto sale una paloma, recuerda y de­muestra Soler.

Abrazado al mago simbóli­co del resistencialismo, Sinto­ra desnuda figuras fascinan­tes como la del heroico y mundano hermano mayor, texturas sentimentales como la huella de los zapatos bara­tos de suela de goma sobre el primer asfalto del Camino de Suárez y verdades como la so­lución del asesinato de la Ma­riona, un secreto a voces entre los miles de secretos a voces que apuntalan el pactado si­lencio dominante.

    Autor de títulos con una excelente acogida como El nombre que ahora digo o Las bailarinas muertas, con pre­mios como el Herralde, el An­dalucía, el Primavera y el de la Crítica, Soler salda con es­ta novela dura y hermosa sus deudas de guerra como lo hi­ciera Manuel Talens, en lo que a la hermana Granada se refiere, en ese otro libro im­prescindible titulado Vengan­zas (Tusquets). Desde la san­gre de las víctimas hasta la tinta de los historiadores, la crónica de la España contem­poránea requiere un mar de explicaciones de las que ya no se puede separar estas pá­ginas llenas de melancolía y de razón.

 

El País (Madrid), 12 de enero de 2002

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