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Manuel
Talens: «En literatura, los vencedores no me interesan»
BARCELONA. Sergi Doria
La guerra
civil, el amor que se intenta revisitar y se mantiene joven porque no se consuma, el posmodernismo que debela la memoria, la violencia
ignorante... En «Rueda del tiempo» (Tusquets) Manuel Talens (Granada,
1948) ha reunido dieciséis relatos cuyos protagonistas están unidos
por «el hilo común de la percepción desesperada de la vida como un
camino sin recompensa en el que lo único que importa es la dignidad del
recorrido, pues la meta equivale al silencio». La Granada mítica, que
afloró en «La parábola de Carmen la Reina», saga de Las Alpujarras
trazada desde la Biblia y el anarquismo, es de nuevo marco del movimiento
circular del tiempo.
DERROTAS, SOLEDAD, MEMORIA
Por las historias de Talens entran
y salen perdedores, enamorados y cazadores que acaban cazados por el
mismo odio que alimentan. Una veterana prostituta evoca su vida un día
de julio del 36. Un viejo torero recuerda la macabra faena de Manolete
en la plaza de Badajoz tomada por el general Yagüe. Descubrir el origen,
recobrar la memoria puede ser un lenitivo contra el olvido. «La vida
vence a la muerte cuando se sustenta en el recuerdo», escribe Talens.
En su opinión, la gran tragedia
de los pueblos es perder la memoria. «El posmodernismo nos ha hecho
olvidar la historia. Es muy triste que muchos jóvenes piensen que el
mundo comienza con Elvis Presley y no tengan ni idea de quién fue Franco»,
dice. La guerra civil, que impregnó su anterior libro de cuentos «Venganzas»
es abordada en «Rueda del tiempo» desde el presente. La soledad sirve
de título a uno de los relatos. «En el fondo, siempre estaremos solos»,
subraya Talens. En cuanto a la longevidad del amor idealizado, «sólo
es posible cuando no se consuma; cuando se consuma empieza su muerte».
En
dos cuentos que no alcanzan la página, Talens rinde homenaje al Che
Guevara y confronta el Evangelio de San Marcos con un discurso del
subcomandante Marcos. En «Fin de viaje», un hombre llega a Granada
para ajustar cuentas con el pasado. «Las derrotas son quizá las únicas
victorias que valen la pena», escribe. A partir de la aparente
paradoja, Talens recalca que cuando escribe se interesa por los
perdedores «porque se enfrentan con el Destino y suelen perder». A su
juicio, los vencedores «tienen poca densidad narrativa». Sus
perdedores cubren el tramo con dignidad, «pierden, pero se mantienen en
pie», concluye.
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