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Manuel Talens

 

"CUENTO ESE INSTANTE QUE CAMBIA LA VIDA"

 

Por Ángel Vivas

 

Se dio a conocer relativamente tarde para lo que se estila, pero desde entonces (1992) dos novelas –La parábola de Carmen la Reina e Hijas de Eva– y un libro de relatos –Venganzas– le han ganado el respeto unánime de la crítica. Volcado en su trabajo y alejado de la pasarela, Manuel Talens saca ahora un nuevo libro de relatos –Rueda del tiempo (Tusquets)– en el que plasma una visión del mundo por medio de un concepto en absoluto inocente de la literatura.

Ahora que la juventud es un valor en alza en la narrativa, usted no publicó su primer libro hasta bien pasados los cuarenta años. ¿Vocación tardía, inseguridad?

La vocación me viene de siempre, pero no tenía prisa por publicar; la literatura había vivido muchos siglos sin mí y podía seguir viviendo. Lo importante es hacer algo con lo que uno esté contento, y yo sólo me sentí contento cuando acabé La parábola de Carmen la Reina.

Ha publicado dos libros de relatos y dos novelas. ¿Hay relación entre ambos géneros, cuentos que crezcan hasta convertirse en novelas, personajes que pasen de unos a otras?

Siempre tuve como ideal lo que de manera enfática podemos llamar “mi obra” fuera una especie de hormiguero con habitaciones comunicadas por galerías. Y, efectivamente, hay personajes que pasan de unos libros a otros. Rosilda estaba en Hijas de Eva; Artefa es el pueblo de La parábola de Carmen la Reina, el fascista del último cuento de Rueda del tiempo aparece en otros relatos de Venganzas. Eso es la intratextualidad; a uno le crecen esos personajes. Un personaje, sobre todo tal como yo me lo planteo en los últimos años, es algo inacabable. En el fondo, el realismo del siglo xix, en que el autor lo sabía todo de sus personajes, era poco real, porque uno conoce poco de los demás, conocemos fragmentos de los otros que se nos cruzan en la vida. Yo ahora quiero dar menos explicaciones, quiero dar esos aspectos fragmentarios de los personajes, que es lo que normalmente conocemos de ellos, y así puedo ir añadiendo fragmentos en nuevas ocasiones, y eso permite que reaparezcan en otros relatos y sean inacabados.

En Rueda del tiempo reúne desde un relato de sesenta páginas a otros de una o dos, con una anécdota mínima.

En este libro he tratado de hacer una escritura minimalista, dejar huecos, hacer elipsis. Cada vez me interesa más hacer participar al lector para que llene los huecos que yo dejo. Y los relatos más cortos son los que plantean mayores retos, porque se trata de contar una vida en una página. Hay hechos fortuitos que pueden cambiar un destino. Yo, entonces, no trato de contar una vida, sino ese instante que cambia la vida.

Eso se nota en la importancia que tiene el azar en algunos relatos, como “Destinos cruzados”.

Ese relato, y otros dos emparentados con él, pretenden apuntar a la banalidad del mundo actual, en que damos importancia a lo que no la tiene. Es un modo de mostrar mi desprecio por la vida que llevamos, en que las noticias se olvidan al día siguiente y la guerra, como estamos viendo ahora mismo, la vivimos como un espectáculo.

Pero ese desprecio por ciertos usos sociales actuales, como la obsesión por el triunfo económico, está al menos latente en todo el libro.

Siempre escribo sobre perdedores que, en el fondo, creo que son los ganadores; no creo que el ganador tenga densidad literaria. Los verdaderos personajes son los que mueren de pie, vencidos pero no derrotados; como ese personaje que se despide levantando el puño en un gesto de desafío a pesar de que todo el aparato de su vida se ha desmontado.

El exilio y el retorno es un asunto recurrente en Rueda del tiempo.

He escrito como cincuenta cuentos y, al cabo de un año de estar escribiendo, ves de qué puede ir el libro. Entonces he reunido los que tenían un carácter temporal, cíclico, de viaje odiséico.

¿Busca, entonces, cierta unidad en los libros de relatos?

Sí, sí. Siempre puedes leer un volumen de cuentos muy dispersos, pero a mí eso me parece como una antología de treinta autores. Lo que yo he hecho y seguiré haciendo son libros con coherencia, que se puedan leer como una novela con diferentes capítulos. Creo que este libro es así.

Dentro de esa coherencia elegida, la guerra civil está presente, de un modo u otro, en varios relatos.

La Guerra Civil, para mí, es el acontecimiento más importante del siglo XX en España, un acontecimiento que nos marcó a todos y que en la España actual también está banalizado. Y es algo que no se debe olvidar para no repetir el pasado. Uno de los temas del libro es que uno vuelve al punto de partida para no repetir el pasado. Pero aquí la Guerra Civil está tratada desde la distancia del tiempo, es el pasado al que se remiten los personajes. Al contrario que en Venganzas, donde era una herida abierta, aquí es una herida que no se ha cerrado del todo. 

El caso es que estas características que estamos comentando le dan al libro un cierto aire político, militante.

Creo que el artista tiene la obligación de preocupars e por las cosas que pasan en su tiempo y plasmar los problemas de su tiempo; y eso es una cuestión política, pero no en el sentido partidista. No me interesa el arte por el arte ; el arte tiene siempre una finalidad, aunque no creo que la literatura cambie nada, pero, al menos, expresa los problemas para que la gente sepa que existen. Lo que pasa con la banalidad de hoy es que parece que no hay problemas.

¿Cree, entonces, que la literatura es un arma cargada de futuro, como decía de la poesía Gabriel Celaya, o que “Art is a gun”, como se titula uno de sus relatos?

Creo, como digo, que la literatura debe tener una finalidad política en un sentido general, no partidista. Y, a pesar de lo desolado que es el libro, creo que hay una luz de esperanza en ese cuento que no es mío, porque me he limitado a juntar dos fragmentos ajenos, uno del Evangelio y una alocución del Subcomandante Marcos. Porque creo que la solución no es la lucha armada, como aparece en ese cuento, “Art is a gun”, sino la retórica. La luz es seguir diciendo las cosas, y para eso cedo la palabra a quien creo que está utilizando el arma del futuro, que es Marcos con Internet. Marcos es el primer guerrillero internético.

Los escritores a quienes les dedica los relatos –Giménez Corbatón, Luciano Egido, Antonio Pereira...– dibujan un mapa de preferencias bastante elocuente.

No sólo eso. Los presos preventivos de uno de los relatos están tomados de Antonio Pereira; el pueblo y los personajes de otro, son los de la novela de Alfons Cervera sobre los maquis. Son homenajes que relacionan mi literatura con la de otros autores a los que admiro. Si mi literatura es un hormiguero con las habitaciones comunicadas, como decíamos antes, de mi hormiguero también salen galerías que lo conectan con otros.

 

Muface

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Muface, nº 15/185. Invierno 2001

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