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Aseguran que no han tratado de traducir del
castellano; sin embargo, la publicación de Venjances, Els ulls blaus i altres contes inquietants y Estimat
Corto Maltés, de Manuel Talens, Pilar Pedraza y Susana
Fortes, respectivamente, ha abierto una nueva línea dentro del
mercado editorial. A estas traducciones, incluidas en la colección La
Moto, de Tándem Edicions, se suma la traducción de El tigre
de Tasmánia, de Vicente Muñoz
Puelles, publicado por Tabarca, y la edición en castellano de Los secretos de Meissen, de Josep Palomero (Plaza & Janés), y Las confidencias del conde de Buffon, de Martí Domínguez (Ediciones Península).
TRASVASE DE
LENGUAS
Un camino hacia la normalidad
Carmen
Amoraga, Valencia
PRIMERO hablaron
castellano; después, algunos personajes comenzaron a expresarse en
francés, portugués e incluso en griego, y desde hace unos días,
todos ellos, sin excepción, han encontrado en el valenciano una vía
inmejorable para comunicarse con un público «que lo único que pretende
es enriquecerse con títulos de calidad», tal
como indica la editora y traductora Rosa Serrano, de Tándem Edicions.
Precisamente esta
editorial es la responsable de la colección La
Moto, que incluye la traducción al valenciano de Venjances, Els ulls blaus i
altres contes inquietants y Estimat Corto Maltés, de Manuel Talens, Pilar Pedraza y Susana
Fortes, respectivamente. A estas traducciones hay que añadir la reciente edición de El tigre de Tasmánia, de Vicente Muñoz Puelles,
publicada por Tabarca Narrativa. «No es muy frecuente que se produzcan este tipo de traducciones -comentan los
autores-. Pero eso hace todavía más encomiable la decisión de estos editores.»
En cualquier caso, según afirma la
editora de Tándem, «no hemos
traducido del
castellano: simplemente
hemos traducido a Pilar Pedraza, a Manuel
Talens y a Susana Fortes,
que es diferente», señala. Para remarcar la diferencia, todos los títulos de la colección
han sido traducidos por autores con obras publicadas en valenciano.
Este matiz, tal como asegura Rosa Serrano,
ha provocado que la edición final «no responda a la fórmula de la traducción, sino de la adopción»,
dice. Para explicar la diferencia que distingue un modelo del otro, la
editora -que compagina su trabajo en la editorial con su labor
como traductora indica que «una cosa es la paternidad biológica
del libro y otra es la adopción de la obra. Los traductores que han participado en esta colección han adoptado cada libro desde su propia manera de
escribir. Ha sido como ceder una voz narrativa en castellano a un escritor
con su voz ya hecha en valenciano».
Como resultado de esta especial cooperación,
se ha producido una empatía creativa entre el autor y el traductor
que con toda seguridad no pasará desapercibida a los lectores de las
obras. Y en este caso, los autores han sido los primeros en reconocer
«el trabajo elegante y cuidadoso»
de los traductores de la colección. Susana Fortes define de esta
manera la labor de Rosa Serrano con su novela; además, la escritora
destaca «la creatividad
del trabajo de traductor, que es mucho más amplio de lo que puede
parecer a simple vista. No se trata sólo de traducir palabra por
palabra».
En efecto, la mayoría de los escritores
asume la veracidad de los paralelismos entre la traducción y la
traición. «Siempre hay pequeñas traiciones, pero se hacen en aras
de la legibilidad del texto», reconoce Vicente Muñoz Puelles. De
la misma opinión, Manuel Talens rechaza que el traductor «sea un
traidor, pero si lo es, es algo aceptable. Hay expresiones, giros,
que funcionan sólo en el propio idioma, y entonces el traductor puede
permitirse ciertas licencias».
Y es que existe una receta capaz de
garantizar el éxito de una traducción: se trata de encontrar la
medida adecuada para combinar la literalidad y el espíritu de la
obra. «El traductor ha de ser minucioso al traducir, pero también
ha de ser libre en su trabajo», argumenta Talens. Por este motivo, el
traductor «ha de sentirse escritor. Sólo así conseguirá no
traicionar el espíritu de la obra». De hecho, ésta ha sido una de
las principales intenciones de la editorial Tándem a la hora de
elegir a los traductores de la colección La Moto «Los traductores
hemos trabajado con mucho respeto por las obras originales. Las
licencias han sido totalmente consensuadas con los autores, y esto no
hubiera sido posible de no ser escritores nosotros mismos», comenta
Rosa Serrano.
Los tres títulos de la
colección La Moto han sido editados con la intención «de acercar
a estos autores a la gente joven, pero también a los adultos. En
general, se trata de dejar que la literatura cumpla su función, que
es simplemente potenciar el placer de leer», explica Rosa Serrano. «Con
esta iniciativa hemos pretendido que unos tiítulos determinados, en
los que ha coincidido nuestro interés con el de los autores, lleguen
cómodamente a los lectores de más de quince años. Es una especie de
literatura madura para jóvenes.»
Para la editora, «los
autores de los libros han demostrado un gran respeto por la lengua y
la cultura, de la cual ahora ya forman parte. Y por nuestra parte, se
trata de todo un gesto de integración». Rosa Serrano, en
cualquier caso, reconoce la «osadía» de una iniciativa «novedosa
dentro de nuestro panorama editorial -dice-. Pero hay que arriesgar.
Es –preciso demostrar que la traducción funciona en las
dos direcciones. Aquí tenemos la suerte de ser bilingües, y debemos
aprovechar la situación». Por su parte, los autores de la colección
coinciden al señalar «la valentía de una apuesta como ésta, que
muestra que aquí estamos frente a un público abierto y cosmopolita.
La nueva tendencia de las traducciones demuestra que se ha abierto un
camino a la normalidad», confirman.
Vicente Muñoz Puelles es
claro a la hora de explicar el motivo de esta nueva línea editorial.
«Ahora se produce una mayor aceptación de los autores valencianos,
o afincados en Valencia, que escriben en castellano -afirma-. Pero
también es verdad que ha descendido el número de escritores que
publican directamente en valenciano. En cualquier caso, el hecho de
que se publique este tipo de traducciones es un síntoma claro de
que la literatura se ha permeabilizado mucho. »
Sin embargo, esta situación no se evidencia
a través de un único camino; al contrario, la reciente edición
de Los secretos de
Meissen
-originalmente, Els secrets de Meissen-, del escritor castellonense Joseph Palomero,
demuestra la creciente presencia de autores de la Comunidad
Valenciana en el panorama literario nacional.
La novela de Palomero, publicada por Plaza
& Janés, será presentada en Valencia el próximo día 16 de
junio después de varios años de éxito en su lengua materna. Para su
autor, se trata de un «salto muy significativo, puesto que el número
potencial de lectores que se van a acercar a tu novela es mucho más
amplio en castellano», indica. Ésta es la primera ocasión en la
que Josep Palomero traduce su creación, y asegura que «cuando
escribes, siempre lo haces pensando en tus propias referencias
culturales y lingüísticas, y esto siempre hace que la traducción
sea algo imprevisible», comenta.
Con todo, la de Palomero ha sido una
traducción más que especial, ya que el propio autor ha sido el encargado
de traducir el original al castellano, con la supervisión de
Vicente Muñoz Puelles. «Incluso en este caso -dice-, no he tratado
de ser literal, sino de mantenerme fiel al espíritu de la obra»,
cuenta el escritor.
Martí Domínguez Romero
comparte con Palomero la experiencia de ver traducida su obra al
castellano. En el caso de Martí Domínguez y Las confidencias del conde de Buffon -publicada por Península-,
la traducción puede significar un cambio mucho más drástico.
Así, según reconoce el propio Domínguez, se trata de «un paso
previo para que la novela sea traducida a otro idioma europeo».
El argumento de la obra -la reconstrucción de la vida del conde
francés a partir del hallazgo de sus memorias inéditas en los
subterráneos del Museo de Historia Natural de París- ha
convertido a Las confidencias del conde de Buffon en una novela
especialmente interesante para el mercado internacional. «Pero
para traducir a otros idiomas, es más sencillo si no se hace directamente
desde el valenciano. El interés es mayor», dice Domínguez.
En todos los casos, los autores reconocen
que la traducción «puede cambiar mucho una obra. Es como entrar en
otro mundo», coinciden. En primer lugar, es una puerta «que se
abre a un sector de público que de otro modo no te leería»,
revelan. «Puede que existan lectores que no nos hayan leído en
castellano, y ahora podrán hacerlo también en su propia lengua», señala
Muñoz Puelles. «Lo importante -añade Rosa Serrano- es que ahora
todo el mundo puede leer en cualquier idioma.»
Pero las coincidencias no se reducen al
aumento de lectores que implica la traducción. Además, los escritores
tienen en común el sentimiento de pérdida con la traducción
de la obra. «Para contar una historia que ya está escrita hay que
reinventarla en otra lengua. Y esto corresponde al traductor», dice
Susana Fortes.
Y es precisamente esta posibilidad la que
convierte al traductor en parte de la obra, tal como reconoce Manuel
Talens: «el traductor se apropia del libro por completo. No es una
creación, pero las palabras nuevas le pertenecen. Se produce una
especie de coautoría». Este fenómeno puede provocar que los
autores no se reconozcan en la traducción, explica Talens, quien
asegura que «al traducir, la obra deja de ser tuya del todo. Se
convierte en una posesión del traductor, y del lector. Queda la idea,
pero la voz es distinta». En cualquier caso, la obra «siempre será
del autor; siempre es algo tuyo, íntimo. Y eso no cambia en ningún
idioma», concluye Pilar Pedraza.
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