|
Manuel Talens
por
A. V.
Ya
desde su primera novela, La parábola
de Carmen la Reina, publicada por Cátedra-Versal en 1992, Manuel
Talens llamó la atención de los críticos de este país. En 1994,
fichado por Tusquets Editores, publicó Venganzas,
un rabioso libro de relatos asimismo saludado con entusiasmo. Y, por
fin, el pasado año, reincidió de nuevo con Hijas
de Eva, un cruce entre novela picaresca y bildungsroman que narra los avatares de dos primas en la Valencia de
principios de siglo.
MÁS
LIBROS: ¿Te sorprendió la
acogida dispensada a La parábola
de Carmen la Reina?
MANUEL
TALENS: Claro, yo acababa
de aterrizar en España después de una serie de años viviendo en el
extranjero y, de pronto, empezaron a salir críticas en todo el país
poniéndola por la nubes. Me sentí abrumado.
MS:
Pero, aparte de las buenas reseñas, no pasó nada.
MT:
Lo cual, con la perspectiva que da el tiempo, es perfectamente normal,
porque en medio de la avalancha de libros que se publican cada día lo
difícil y destacable es que uno de ellos se convierta en superventas.
Además, Versal estaba desapareciendo cuando salió mi novela y por
ese motivo no gozó de la promoción que hubiera necesitado.
ML:
¿Fue por eso por lo que te fuiste a Tusquets?
MT:
Cuando terminé Venganzas me
encontraba en una situación paradójica: tenía crédito editorial a
causa de la Parábola, pero
no tenía editor, así que le hice caso a Luis Landero y llamé a la
puerta de Tusquets. Nunca lo he lamentado.
ML:
¿Qué papel ha jugado La parábola de Carmen la Reina en tu posterior trayectoria de
escritor?
MT:
Pues el de llave que abre, o entreabre, la puerta de este mundo tan
difícil que se llama literatura. De hecho, una vez agotada la edición
y difunta Versal, yo temí que el libro se perdiese en el baúl de los
recuerdos, pero por fortuna pude recuperar los derechos y, en
principio, Tusquets lo va a reeditar el año que viene. Es, además,
un libro que me creó todo un núcleo de lectores fieles que me han
seguido después en bloque. Reconforta saber que todavía, cuando ya
no existen ejemplares en el mercado, hay gente que sigue preguntando
por la Parábola en las
librerías. Su modo de difusión fue desde el principio el boca a
boca.
ML:
Venganzas fue una ruptura
con el mundo de La parábola de
Carmen la Reina.
MT:
Fue más bien una ruptura de escenario y de manera de contar -el
relato en vez de la novela río-, pero no un abandono de los
planteamientos narrativos que impregnan mi escritura: la libertad, la
crítica del poder establecido, el anarquismo, el desdén por lo
religioso, la escatología, la negativa a olvidar el pasado como
germen del presente... Todo eso también está en Venganzas,
así como en cada línea de mi escritura posterior. Creo que en estos
cuentos de la guerra civil y de la postguerra sigue latiendo el estilo
de la Parábola y, de hecho,
hay personajes y objetos de ésta que salen o son citados en ellos, de
la misma manera que aparecen, de manera fugaz, Fausta y Rosilda, las
dos protagonistas de Hijas de
Eva, ya que intento que el conjunto de mi obra sea como una
especie de enorme novela cuyos capítulos serían cada libro, con
personajes que viven y hormiguean a través de sus páginas.
ML:
Hablemos de Hijas de Eva.
MT:
Como te digo, es la historia de Fausta y Rosilda, dos primas hermanas
que se crían separadas y se conocen en un asilo de monjas, adonde han
ido a profesar por razones distintas, la una huyendo de la realidad de
su familia y la otra para salvar su alma. Se trata de la contraposición
entre la resabiada y la mojigata. El mundo y su realidad las golpeará
muy fuerte en dicha aventura y juntas inician un camino de trotamundos
del que saldrán cambiadas. Es una novela de final abierto, que al
principio iba a ser el doble de larga, pero que decidí separar en dos
libros independientes. En la actualidad estoy escribiendo la segunda
parte, que cerrará sus vidas y que se podrá leer por separado o en
conjunto.
ML:
Hijas de Eva fue también,
como el resto de tu obra, muy bien acogida por la crítica nacional.
Unos periódicos la calificaron de brillante, en algún otro se dijo
que estaba por encima de lo que se publica hoy en España, incluso
hubo una reseña titulada «El arte de narrar». ¿No resulta
frustrante seguir siendo un novelista minoritario en tales
condiciones?
MT:
Es cierto que a todos los que escribimos nos gustaría vender cientos
de miles de ejemplares y que nuestros libros fueran leídos hasta en
el metro. A nadie le amarga un dulce, pero la realidad de este país
es la que es, y está claro que en el oficio de novelista -como en
cualquier otro, por otra parte- lo importante es resistir y no tirar
nunca la toalla. Si el éxito multitudinario llega un día, bien, y si
no, pues tampoco pasa nada.
|