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El librero
Lluís Andrés defiende las librerías de calidad frente a las grandes
superficies
El
Grupo 10 de librerías presenta el séptimo número
del libro de relatos «Imaginari»
MARÍA
TOMÁS, Valencia
Hay
escritores best-seller que
publicitan sus libros en una gran superficie comercial. Escritores
como Pérez Reverte que firman ejemplares en una gran cadena de librerías
nacionales. O autores como Gala que acudirían a la Gasa del Libro al
encuentro con sus fans. Pero también hay autores de calidad no tan
conocidos por el gran público que tienen su base de promoción en los
libreros, esos que reivindican su profesión como un oficio, de
calidad, independiente y algo subversivo contra el proceso de
transformación del mundo editorial propiciado por la venta de
libros en las grandes superficies.
A estos
escritores y libreros independientes
iba dedicado el acto que el miércoles tenía lugar en el Club Diario
Levante. El grupo de librerías denominado Grupo 10 acudía a este
foro para presentar el séptimo número del libro de relatos Imaginar¡,
en el que se recopilan cuentos inéditos de escritores «que no son
bestseller pero que son de
calidad y además venden», afirmaba
el librero LLuís Andrés.
Imaginari reúne
los relatos de nueve escritores que, en seis de los casos, han
coincidido en abordar el tema de la muerte, aunque también se
abordan temas como el amor, la vida o el sexo. Entre ellos, Carmen
Amoraga, Fernando Arias, Luis T. Bonmatí, Juan A. Castaño, Rafael Coloma, Luis Mateo Díez, Adolfo Muñoz, Manuel
Talens y Javier Tomeo. Todos ellos comparten página en esta nueva
edición de Imaginar¡ del que el Grupo 10 ha editado 14.000
ejemplares que serán regalados a los lectores. Porque, según
entienden, «la promoción lectora no está reñida con la calidad».
La
presentación de Imaginar¡ sirvió al librero Lluís Andrés,
para hablar prolíficamente sobre el grupo de librerías «tal vez,
las mejores del País Valenciano, cada una en su ciudad». Entre
ellas están 80 Mundos, Llorens Centro, Xúquer, Babel, Ali i Truc,
Ambra, El Puerto, Bastida, La Máscara y Soriano. Un grupo de libreros
que, según Andrés, funciona tan bien «que vamos a proponer, no sólo
convertirnos en la columna vertebral
de este país, sino en un partido político en el que los
consejeros sean los escritores y se lleve la mentira al poder»,
dijo en broma. Y con su habitual ocurrencia, afirmó que si el eslogan
de Rita Barberá es un hombre una
falla; una mujer, una farola y el de Zaplana un hombre, un negocio; una
mujer, un
florero, los libreros proponen algo mejor: un hombre un libro; una mujer, dos. De esta manera, Andrés intentaba presentar al
Grupo 10 como «un grupo de librerías
que van a subvertir esta sociedad
en la que los pasteleros se convierten en
filólogos».
El trato personalizado
Algo más en serio,
Andrés defendió su modelo de librerías, si no como el mejor, sí
como el tipo de librería al que le gusta acudir a ese lector que
busca un trato personalizado y de calidad, en el que el librero
selecciona qué títulos pone a la venta en un proceso de implicación
totalmente personal.
Fue el
escritor Manuel Talens en el que dijo que «sois la última
generación de libreros de este t¡po», ante
los ataques de políticas como la del precio libre del libro «claramente reaccionarias» en una
lucha en la que llevan las de ganar las grandes superficies. Por ello,
Tomeo proponía la necesidad de crear «un
bloque insobornable» de
lectores, buenos editores y buenos libreros contra la lucha del marketing».
¿Quién
será un tal Cortázar? Lluís Andrés no quiso hablar mal de las
grandes librerías «Están
despersonalizadas y las personas que las atiendan venden libros como
podían vender camisas. Cuando
no van a buscar en el ordenador quién es un tal Cortázar», afirmaba.
«Nosotros, en cambio, tenemos
buenas librerías informatizadas, no pequeñas
librerías que intentan subsistir vendiendo
chucherías. Todos juntos, por eso nos
hemos unido, tenemos más metros, más libros, más libreros
y mucha más calidad literaria para
recomendar libros que todas
las grandes cadenas juntas.»
Entre sus actividades -hace poco hicieron una
insignia de plata del lector-, no olvidan las iniciativas que, según
Tomeo, «apoyan la literatura que trata de decir algo».
La publicación de este libro de relatos es una
iniciativa ya consolidada en la que han participado en años
anteriores escritores como Juan José Millas, Isabel Clara-Simó,
Carmen M. Gaite o Almudena Grandes. En esta ocasión, «jamás el nivel de calidad de
los cuentos ha sido tan alto». Y si Juan A. Castaño proponía para próximas ediciones mayor
participación femenina, Fernando Arias destacaba esta selección
precisamente por no buscar la comercialidad y por recuperar la tradición
del relato corto en España.
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