<%@ Language=VBScript %> Manuel Talens - El sitio web del escritor. Noticias y entrevistas. Aurelio Martínez Estévez.
El escritorio de Manuel Talens

NOTICIAS Y ENTREVISTAS

Aurelio Martínez Estévez *

El ritmo del silencio

El pasado domingo, mientras escuchaba un disco antiguo de Simón & Garfunkel y leía la prensa diaria, me impre­sionó más que nunca una de sus canciones por lo actual de su conte­nido, The sound of si­lence. Como resulta bien conocido, la canción nos lleva a un lugar atempo­ral en el que los habitan­tes adoran una luz de neón, hablan sin pronun­ciar una palabra, oyen sin escuchar, escriben canciones que ninguna voz cantará. Nadie osa perturbar el sonido del silencio. A pesar de los frenéticos gritos del viajero ofreciendo su ayu­da, sus brazos, sus palabras, su voz, nadie le escucha, sus palabras caen como gotas de llu­via silenciosas y rebotan en los muros del silen­cio, mientras la gente se inclina y adora el dios de neón que ellos mismos se han construido.

Tal vez sea también producto de una pesa­dilla, pero por desgracia algo de eso parece detectarse en nuestra sociedad en el momento presente. Cuando los medios de comunicación son intimidados directamente (con llamadas) o indirectamente (dígase publicidad o reparto en los colegios o aviones, lo mismo da). Cuando algunos empresarios te reconocen que han comprado aparatos para saber si tienen sus te­léfonos intervenidos, pero no se atreven a de­cir nada. Cuando sospechan abiertamente que sus conversaciones son interceptadas. Cuan­do se calumnia a un rector que ha recibido un doctorado honoris causa por una universidad inglesa como premio a su gestión universitaria y aquí se le acusa impunemente de lo contra­río. Cuando ciertos medios manipulan constan­temente la información. Cuando se prohíben determinadas manifestaciones culturales por capricho o doble moral.

Cuando se dilapidan los recursos públicos o se destroza un medio de comunicación público y se transfiere sus producción a una empresa privada en la que median relaciones persona­les. Cuando se tachan nombres de personas y técnicos para estrictos trabajos de investiga­ción simplemente porque pertenecen a otra ideología con independencia de su valía profe­sional y su capacidad. Cuando se vetan deter­minadas personas para impartir conferencias. Cuando se separan altos cargos de la adminis­tración por estar contaminados al haber coope­rado, como era su obligación profesional, con los gestores anteriores. Cuando se contratan empresas de marketing agresivo especializa­das en destrozar al enemigo, con independen­cia de que sus argumentos sean o no válidos. Cuando la sociedad tiene miedo de hablar y al­gunas personas prefieren no intervenir en charlas y coloquios por las consecuencias que le pueda reportar en su trabajo. Cuando suce­de todo esto y la sociedad se mantiene en si­lencio, algo realmente grave está pasando.

Cuando denuncias las cosas y observas que todo sigue igual. Cuando intentas razonar, aportar tus argumentos desde un plano positi­vo y constructivo, y eres consciente de que no va a servir para nada. Como decía el otro día Manuel Talens en un desgarrado artículo «cuando pienso en la poca o nula eficacia que tiene este ingenuo papel de Pepito Grillo al estrellarse blandamente contra la armadura de quienes utilizan el mando según sus intere­ses privados, me hago la pregunta de todos los días: ¿para qué sirve escribir? Y como quiero encontrar la respuesta, aprieto los dientes y sigo escribiendo». Difícilmente se puede expresar mejor mi propio sentir y puedo asegurar que el de otras muchas personas con las que intercambio opiniones y debato la si­tuación actual.

Todo queda recogido y estructurado como un mero recurso propagandístico, sin el menor recato a la veracidad de lo que se presenta. Da igual, todo vale. No podemos estar más cerca de la idiotización de la razón y de la anulación completa del conocimiento. Hoy se premia al corrupto, se intenta clonizar la socie­dad en la necedad y vaciedad sin necesidad de expertos escoceses, se mercantiliza la polí­tica, todo es susceptible de ser comprado o vendido, se calumnia al que mantiene opinio­nes independientes, se ataca hasta el extermi­nio político al que osa defenderlas, se articula un estado judicial, se sitúa al fútbol en el cen­tro del debate público y del interés general, marginando la cultura y la educación. Cuando hemos conseguido que la principal preocupación de nuestros jóvenes sea conocer lo que va a suceder en el programa Esta noche cru­zamos el Mississipi. Cuando todo esto suce­de y sólo claman en el desierto unos pocos, la sociedad en su conjunto no reacciona, algo muy grave está pasando en nuestro país. Mientras tanto las voces de Simón & Garfun­kel siguen sonando en mis oídos. Espero que, cuando, en palabras de Ramón Ferrando «el estilete popular se haya adueñado de todos los escenarios posibles», nos queden por lo menos, al igual que en la canción, los muros del metro y los vestíbulos de las viviendas para poder leer las palabras de los profetas.

 

* Portavoz del grupo socialista del Ayuntamiento de Valencia.

 

Levante (Valencia), 6 de marzo de 1997

Pulse para volver a la página anterior

 

© Manuel Talens 2002