Lo acabo de recibir de Buenos Aires. Buen fin de
semana.
_______________________________________________
LA CULPA
La culpa de todo la tiene el ministro de Economía, dijo uno.
¡No señor!, dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango
debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.
¡Mentiras!, dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento
en negro y el otro 50 por ciento también en negro. La culpa de todo
la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.
¡Falso!, dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto
al estornudo. La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos
se llevaron toda la guita.
Pero, ¡por favor...!, dijo un empresario de la patria contratista
mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas publicas. La culpa
de todo la tienen los de la patria financiera.
¡Calumnias!, dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete
días. La culpa de todo la tienen los corruptos, que no tienen moral.
¡Se equivoca!, dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un
libro que se llamaba "Haga su propio curro" pero que, en
realidad, sólo contenía páginas en blanco. La culpa de todo la
tiene la burocracia, que hace aumentar el gasto público.
¡No es cierto!, dijo un empleado público mientas con una mano se
rascaba el pupo y con la otra el trasero. La culpa de todo la tienen
los políticos, que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para
ellos.
¡Eso es pura maldad!, dijo un diputado mientras preguntaba dónde
quedaba el edificio del Congreso. La culpa de todo la tienen los dueños
de la tierra, que no nos dejaron nada.
¡Patrañas!, dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas,
vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba
el placer de tirar manteca al techo. La culpa de todo la tienen los
comunistas.
¡Perversos!, dijeron los del politburó local mientras bajaban línea
para elaborar el duelo. La culpa de todo la tiene la guerrilla
trotskista.
¡Verso!, dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para
salvar a la humanidad. La culpa de todo la tienen los fascistas.
¡Malvados!, dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros,
juntamente con el librero. La culpa de todo la tienen los judíos.
¡Racistas!, dijo un sionista mientras miraba torcido a un coreano del
Once. La culpa de todo la tienen los curas, que siempre se meten en lo
que no les importa.
¡Blasfemia!, dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como
para que pasaran diez camellos al trote. La culpa de todo la tienen
los científicos, que creen en el Big Bang y no en Dios.
¡Error!, dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de
matar más gente en menos tiempo, con menos ruido y mucho más barata.
La culpa de todo la tienen los padres, que no educan a sus hijos.
¡Infamia!, dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos
tenía exactamente. La culpa de todo la tienen los ladrones, que no
nos dejan vivir.
¡Me ofenden!, dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una
jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren. La culpa de todo la
tienen los policías, que tienen el gatillo fácil y la pizza
abundante.
¡Minga!, dijo un policía mientras primero tiraba y después
preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia, que permite que los
delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.
¡Desacato!, dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente
de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a
descoser. La culpa de todo la tienen los militares, que siempre se
creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.
¡Negativo!, dijo un coronel mientras ordenaba a su asistente que
fuera preparando buen tiempo para el fin de semana. La culpa de todo
la tienen los jóvenes de pelo largo.
¡Ustedes están del coco!, dijo un joven mientras pedía
explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber
leer y escribir. La culpa de todo la tienen los ancianos, por dejarnos
el país que nos dejaron.
¡Embusteros!, dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver
a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial.
La culpa de todo la tienen los periodistas, porque junto con la
noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.
¡Censura!, dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados,
rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. La culpa
de todo la tiene el imperialismo.
¡Thats not true! (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras
cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio
aéreo y su gente incluida. The ones to blame are the sepoy, that
allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos, que
nos permitieron llevarnos hasta el gato).
¡Infundios!, dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las
provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya.
¡Ridículo!, dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa
de todo la tiene Montoto.
¡Cobardes!, dijo Montoto, que de esto también sabía un montón. La
culpa de todo la tiene la gente como vos, por escribir idioteces.
¡Paren la mano!, dije yo mientras me protegía detrás de un buzón.
Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El
Otro. ¡El Otro siempre tiene la culpa!
¡Eso, eso!, exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa
de todo la tiene El Otro.
Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras
y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión
en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras
casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido
descubierto. Mientras nos íbamos, no podíamos dejar de pensar: ¡Qué
flor de guacho que resultó ser El Otro...!
Así que mis queridos chichipíos, la neurona atenta, vermouth con
papas fritas y ¡¡¡GOOD SHOW!!!...
============================================================
Para quienes no estén familiarizados con Tato Bores, fue un cómico
argentino, desaparecido en 1996, que todos los domingos, y durante
muchos años, hizo un monólogo por televisión caracterizado con una
peluca con flequillo, anteojos y un frac, en el que repasaba los
hechos sobresalientes de la semana en tono de broma. Era la cita
obligada de los domingos por la noche. La última frase cerraba todos
los monólogos.