Ahí va este bellísimo texto del
novelista José María Guelbenzu, aparecido hoy en EL PAÍS.
Si yo fuera colombiano
JOSÉ MARÍA GUELBENZU
Si yo fuera
colombiano dejaría de darle vueltas de una vez por todas a la Madre
Patria. Son dos palabras muy fuertes, madre y patria, y con cada una
por separado ya solemos tener bastante los humanos para, encima,
juntarlas en un solo enunciado. Entre los conflictos con la madre y
los conflictos con la patria a la mayoría de la gente le basta y le
sobra para ocupar una psique durante toda una vida. En cambio, si yo
fuera colombiano y pensara tan sólo en España pensaría en un país
en el que actualmente se habla un idioma que es muy parecido al mío y
quizá no me extrañaría tanto que, al tratarse de otro país, me
pidieran un visado para entrar en él. La burocracia administrativa
tiene bien poco que ver con el coraje, la dignidad y el talante de las
personas. Un grupo de intelectuales y artistas colombianos ha hecho pública
su decisión de no volver a pisar tierra de la Madre Patria como
protesta simbólica por la imposición de un visado de entrada que
tienen ya impuesto, si no me equivoco, otros tres países
latinoamericanos. El visado de marras ha sido impuesto a requerimiento
de la Unión Europea, que es el continente donde se ubica España (no
la Madre Patria, eso a la UE le trae sin cuidado, lógicamente). Yo
creo que la diferencia está ahí: que para un colombiano, al parecer,
España es la Madre Patria y para un europeo España es España.
En América Latina
-denominación despectiva inventada por los vecinos del Norte para
diferenciarse y distanciarse de los del centro y sur de su continente
y asumida por éstos como reivindicación frente a Hispanoamérica o
Iberoamérica- es usual que los intelectuales y artistas tengan un
peso social de relevancia, casi propio de auténticos Padres de la
Patria. En Europa no es así, aunque el prestigio de la cultura siga
teniendo alguna relevancia. Los Padres de la Patria son representantes
y constituyentes y el respeto que reciben los intelectuales americanos
se basa, sobre todo, en que ponen voz a quien no la tiene y eso la
gente lo agradece; por eso es por lo que yo creo que deberían
apresurarse a reconsiderar lo de la Patria, aunque ellos dejaran de
ser Padres. A mí me parece que su apelación a la Madre Patria vela
sentimentalmente lo más doloroso del asunto.
No sé si el lector conoce
Colombia. Es un país en el que la noción de orden público ha
desaparecido, la sociedad está descompuesta, la violencia es ley y
tiene mala fama como nido de narcotraficantes. Pero también es un país
bellísimo lleno de gente valiente y honesta que cada vez que toma un
avión es mirada como si fuera un sospechoso en cada aeropuerto donde
desembarca; o si ni siquiera puede salir, sólo rumia la mala imagen
que le otorgan fuera. No sé si ustedes han viajado bajo sospecha; es
desesperante y humillante. Que Colombia es orgullosa y trata de
defenderse del caos lo demuestra la cantidad de civiles que mueren al
año en defensa de los derechos humanos de la persona. Son miles y
miles los ciudadanos colombianos que aspiran a tener un lugar bajo el
sol para ellos y para sus hijos sin resignarse a vivir al azar de
esquivar una bala o enmudecer sin esperanza. Éste es el nudo trágico
del conflicto: deprimidos dentro y maltratados fuera. Además de lo
que tienen dentro, menosprecio afuera. Ahí es donde se encuentra el
sentimiento más sangrante de una situación desdichada. Además, la
exigencia del visado no pasa de ser una traba absurda, que no impedirá
que deje de entrar en España ni uno de aquellos cuya presencia se
quiere filtrar, bien porque tienen dinero -y al dinero no se le hace
ascos- o bien porque los protege el dinero.
En cambio, con esta decisión,
se contribuye a seguir desmoralizando a una gente noble y valerosa a
cambio de nada. Si yo fuera colombiano me lo tomaría con la distancia
que merece la burocracia y punto. Siendo, como soy, español (no
patriota español, sino ciudadano español) no dejo de sentir tristeza
y vergüenza y una profunda solidaridad con ellos.