Aquí van dos nuevos puntos de vista sobre los sucesos del 11
de septiembre, ambos de fuera de las fronteras de EE UU. El primero,
procedente de Canadá y con el título de "America: the good
neighboor", inundó los buzones electrónicos de medio mundo al
poco de la tragedia. La traducción castellana es mía. El segundo
viene de Uruguay.
ESTADOS UNIDOS: EL BUEN VECINO
por Gordon Sinclair
Ya va siendo hora de decir que los estadounidenses son el pueblo más
generoso y posiblemente menos apreciado de toda la tierra.
Alemania, Japón y, en menor medida, Inglaterra e Italia fueron
rescatados de las ruinas de la guerra por los estadounidenses, que
inyectaron allí miles de millones y perdonaron otros miles de
millones que les adeudaban. Ninguno de esos países paga hoy intereses
a Estados Unidos sobre el resto de la deuda.
Cuando Francia estaba en peligro de hundirse en 1956, fueron los
estadounidenses quienes la ayudaron y, a cambio, han obtenido insultos
y robos de carteras en las calles de París.
Cuando algún terremoto destruye ciudades distantes, es Estados Unidos
el país que se apresura a ayudar. Esta primavera, 59 comunidades
estadounidenses fueron devastadas por tornados. Nadie les ayudó.
El Plan Marshall y la política de Truman inyectaron miles de millones
de dólares en países empobrecidos. Hoy, los periódicos de esos países
editorializan sobre los decadentes y belicosos estadounidenses.
Me gustaría ver que uno solo de esos países que ahora se alegran de
la erosión del dólar US fuera capaz de construir sus propios
aviones. ¿Acaso algún otro país en el mundo tiene un avión igual
que el Jumbo Jet, el Lockheed Tri-Star o el Douglas DC10? Y si los
tienen, ¿por qué no los hacen volar? ¿Por qué todas las compañías
aéreas internacionales, excepto Rusia, utilizan aviones
estadounidenses?
¿Por qué a ningún otro país sobre la tierra ni siquiera se le
ocurre enviar un hombre o una mujer a la luna?
Hablamos de la tecnocracia japonesa y vemos que hacen radios.
Hablamos de la tecnocracia alemana y vemos que hacen automóviles.
Hablamos de la tecnocracia estadounidense y vemos que envían hombres
a la luna, no una, sino varias veces, y que regresan sanos y salvos.
Hablamos de escándalos y los estadounidenses ponen los suyos en el
escaparate, para que todos los vean.
Cuando los ferrocarriles de Francia, Alemania y la India se caían a
pedazos de puro viejo, fueron los estadounidenses quienes los
reconstruyeron.
Cuando el Pennsylvania Railroad y el New York Central dieron en
quiebra, nadie les prestó ni un viejo vagón. Siguen en quiebra.
Puedo citar 5000 veces en que los estadounidenses corrieron en ayuda
de otros pueblos que tenían problemas. ¿Alguien puede citar una sola
vez en que alguien haya corrido a ayudar a los estadounidenses?
No creo que nadie del exterior los ayudase ni siquiera durante el
terremoto de San Francisco. Los estadounidenses se las arreglaron
solos y también saldrán de ésta con su bandera bien alta. Y, cuando
lo hagan, tendrán todo el derecho de burlarse de los países que se
regocijan de sus problemas actuales.
¡Ánimo, Estados Unidos!
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Gordon Sinclair es un comentarista político de la televisión
canadiense en Toronto.
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¿CÓMO SE SIENTE, YANQUI?
por Gabriela
¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en la
sala del vecino?
¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan
el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se
derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los
pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y
polvo? ¿Cómo se vive, por un día, en tu propia casa, la
incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de
shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los
sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego
que el artillero norteamericano del "Enola Gay" dejara caer
la bomba. En pocos segundos habían muerto 80.000 hombres, mujeres y
niños. Otros 250.000 morirían en los años siguientes a causa de las
radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la
televisión. ¿Cómo se siente hoy el horror, cuando las terribles imágenes
de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de
setiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro
11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente
de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus
gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero
eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta
sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te
preocupaste mucho cuando tus "marines" salían a sangre y
fuego a imponer sus puntos de vista. ¿Sabías que entre 1824 y 1994
tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América latina? Las
víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití,
Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El
Salvador, Guatemala, Granada.
Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el
comienzo del siglo XX casi no hubo una guerra en el mundo en que la
gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas
siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl
Harbor, cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en
1941. Pero siempre el horror estuvo lejos. Cuando las Torres Gemelas
se vinieron abajo, en medio del polvo, cuando viste las imágenes por
televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en
Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los
campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan la gente caía
desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas; en
Vietnam la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la
carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de
quienes caían en un salto desesperado al vacío.
Tu aviación no dejó una fábrica en pie, ni un puente sin destruir
en Yugoslavia. En Irak fueron 500.000 los muertos. Medio millón de
almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto. ¿Cuánta gente
murió quemada, mutilada, acribillada, aplastada, desangrada, en
lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán,
Libia, Angola, Somalía, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya,
Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares
los proyectiles habían sido fabricados en fábricas de tu país y
eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento
de Estado, y sólo para que tú pudieras seguir gozando de "la
forma de vida americana". Hace casi un siglo que tu país está
en guerra con todo el mundo. Curiosamente tus gobernantes lanzan los
jinetes del Apocalipsis en nombre de la "libertad" y de la
"democracia". Pero debes saber que para muchos pueblos del
mundo -en este planeta donde cada día mueren 24.000 pobladores por
hambre o enfermedades curables-, Estados Unidos no representa la
libertad, sino que lo ven como a un enemigo lejano y terrible, que
solo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido
conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es
una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se
desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte
horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles,
mujeres, ancianos, niños. ¿Qué se siente cuando el horror golpea a
tu puerta, aunque sea por un solo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas
en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de
limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una
mosca?
¿Cómo se siente el miedo? ¿Como se siente, yanqui, saber que la
larga guerra, finalmente, el 11 de setiembre llegó a tu casa?
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Gabriela es una ciudadana uruguaya
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