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LECTURAS AJENAS

Es largo, pero interesante y bien argumentado:


DESLINDE, nº 28, abril-junio de 2001
La política norteamericana de globalización

Crecen las dificultades

Raúl Fernández* y Gilbert González**

* Ph. D. Profesor de la Universidad de California
** Historiador y profesor de la Universidad de California
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El gobierno de George Bush, hijo, comenzó en Estados Unidos, luego de una acalorada disputa sobre el resultado de las elecciones que llegó hasta los más altos niveles judiciales de ese país. La nueva administración se enfrenta a una crisis económica en ciernes y se ha pronunciado con tono belicoso ante sus enemigos y aún ante sus más recientes aliados, en un esfuerzo por mantener su liderazgo mundial sobre el proceso de "globalización". Todo parece indicar que para Estados Unidos la parte más fácil de la globalización ha quedado atrás y que en el futuro se multiplicarán sus dificultades y escollos, así como también los desafíos de otras potencias a los anhelos gringos de hegemonía perpetua.
Deslinde
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Democracia, "estilo USA"

Las últimas elecciones en Estados Unidos causaron una gran disputa por el conteo de los votos. Durante la campaña electoral no se notó casi ninguna diferencia entre los dos candidatos principales. Ambos propusieron aumentar el gasto militar, reducir la deuda interna, mantener una política fiscal de austeridad, disminuir el tamaño del gobierno y promover el libre comercio en el ámbito internacional. Los desacuerdos había que buscarlos con lupa; por ejemplo, sobre cómo proceder con los programas de medicinas para ancianos: uno de los programas prometía algo más, el otro un poco menos; era casi necesario un Ph. D. para comprender la diferencia. Existía otro pequeño desacuerdo sobre qué hacer con los fondos del seguro social estadounidense, que quizás estén entrando en crisis dentro de algunos años. La similitud entre Gore y Bush fue palpable en muchos debates, en los cuales los dos decían más o menos la misma cosa. Una tercera pequeñísima diferencia tenía que ver con sus visiones sobre la educación; sin embargo, esta diferencia era tan mínima que cuando Bush nombró al Secretario de Educación fue aprobado unánimemente en el Senado, en medio de vítores y abrazos de los demócratas y republicanos.

Una vez confirmada la elección de Bush, el nuevo presidente citó de inmediato una primera reunión en su rancho en Texas, a la que asistieron unos treinta grandes dirigentes de empresas y dueños de capital para discutir qué hacer con la economía. La semana siguiente el nuevo mandatario sostuvo una reunión con los comités del Senado y la Cámara de Representantes y otros personajes, todos expertos en cuestiones militares y de seguridad nacional. O sea, que para Bush, el estado de la economía y el futuro militar de Estados Unidos son los puntos claves. La igualdad de criterios entre Bush y Gore en materia de política externa se demostró durante una campaña en la que las cuestiones internacionales ni siquiera fueron mencionadas. No se discutieron, por ejemplo, los problemas del Medio Oeste, ni el problema de Irak, ni la relación entre Corea del Sur y Corea del Norte. Mucho menos se habló de Colombia; porque para el Plan Colombia ha existido, desde que se aprobó su financiación, unanimidad completa entre ambos partidos.

Además de los candidatos del partido demócrata y republicano hubo otro de una tercera fuerza, Ralph Nader, quien durante mucho tiempo ha sido el abogado de los consumidores. En estas elecciones Nader se unió a un muy pequeño e incipiente partido verde. Muchos de los que apoyaron a Nader habían participado en las batallas de Seattle y en las demostraciones que se realizaron en Washington algunos meses después contra el FMI. Nader aglutinó a un grupo muy diverso, que incluía ecologistas, feministas y otros activistas sociales. En su programa condenó las acciones de las grandes corporaciones, a las cuales considera enemigas del pueblo norteamericano, y defendió una tesis respecto a la política exterior estadounidense, la cual ­según él­ debe apoyar a gobiernos de obreros y campesinos y no de dictadores y oligarcas. Su pensamiento se resume en una frase: "En Estados Unidos tenemos una plutocracia superdesarrollada y una democracia subdesarrollada". Nader obtuvo entre el dos y el tres por ciento de la votación final, lo cual es respetable, y hasta muchos piensan que si no hubiera sido por él quizás Gore hubiera ganado la elección.

La democracia estadounidense, la cual supuestamente es un ejemplo para el mundo, adolece de un sistema de elección presidencial muy anticuado. En efecto, en Estados Unidos no se vota directamente por el presidente. Es más, hubo un miembro de la Corte Suprema de Justicia que le aclaró a todo el mundo que según la Constitución los ciudadanos no tienen derecho a votar por el presidente. Ese derecho simplemente no existe; sólo se puede votar por electores. Cada Estado de la Unión posee un número de votos electorales resultante de la suma de sus congresistas y senadores. A su vez, el número de congresistas se basa en la cantidad de habitantes y va variando con los censos. Actualmente se elige aproximadamente un congresista por cada cuatrocientos cincuenta mil habitantes. El número de senadores es fijo: dos por Estado, independientemente de su población. Este sistema se remonta a la época de la independencia de Estados Unidos, cuando como una concesión a los bajamente poblados Estados esclavistas se acordó tener un número igual de senadores por Estado. Tal mecanismo tiene como consecuencia que un Estado como Wyoming, con unos quinientos mil habitantes, elige un congresista y dos senadores, para un total de tres votos electorales. Al candidato que gana un Estado por mayoría simple, así sea de un voto, le corresponden todos los votos electorales de dicho Estado. En consecuencia, algunos Estados relativa-mente despoblados, pero dominados por grandes compañías mineras y ganaderas -como Wyoming, Montana, Idaho y las dos Dakotas- controlan un número desproporcionadamente alto de votos electorales.

Esto puede desembocar en una situación como la acaecida en tres ocasiones durante el siglo diecinueve, en la cual un candidato puede obtener la mayoría del voto popular pero menos votos en el colegio electoral, que fue precisamente lo que sucedió en las últimas elecciones. Lo positivo de la pelea por los votos en la Florida es que sacó a relucir este método anticuado y regresivo del colegio electoral, así como otros aspectos atrasados del sistema de votación estadounidense. En la Florida hay hasta cinco formas diferentes de votar, debido al uso de distintas máquinas, cada una con un margen de error diferente. Pareciera como si lo más atrasado de la tecnología norteamericana fueran las máquinas de votación.

En Estados Unidos las clases dominantes no están interesadas en la democracia representativa. Ya lo decía uno de los fundadores de la república: hay que "tener cuidado con la tiranía de la mayoría." La abstención electoral es igualmente notoria en este país. Solamente el cincuenta por ciento de los votantes ejerció su derecho en las últimas elecciones. Gore obtuvo a nivel nacional medio millón de votos más que Bush. Por ello se lanzó a la pelea por el conteo manual de votos en la Florida con la esperanza de superar a Bush en los votos del colegio electoral, quien lo aventajaba en dicho Estado por unos pocos cientos de sufragios. Pero a fin de cuentas no contó con el apoyo de la Corte Suprema de Justicia, cuyos miembros terciaron por un apretado voto de 5-4 en contra del conteo manual, el cual seguramente habría producido la victoria de Gore. La Corte Suprema no hizo otra cosa que continuar lo que se observó durante toda la campaña electoral, donde los medios de comu-nicación ­radio, televisión, y prensa­ manifestaron muy claramente su apoyo a Bush e hicieron críticas constantes al candidato demócrata. Quedó claro así que la Suprema Corte no está por encima de la política y de los partidos. Y que en Estados Unidos los politiqueros se roban las elecciones, igual que en cualquier otro país.


Al filo de la crisis económica

El gobierno de Bush se enfrenta desde un principio a lo que parece ser una seria recesión económica. A finales del verano del año 2000 los índices de producción industrial en Norteamérica comenzaron a aplanarse. Entre septiembre y diciembre hubo altibajos: por ejemplo, la producción de máquinas-herramienta bajó en noviembre y volvió a ascender en diciembre. Pero nadie habló de crisis en Estados Unidos hasta finales de diciembre porque el empleo se ha mantenido a muy altos niveles y porque otros índices, que generalmente corresponden al movimiento general de la economía, como por ejemplo la venta de casas particulares, se han mantenido altos. A finales de diciembre, cuando se empezó a hablar de crisis, Bush fue el que más habló de ello, en medio de las ventas de fin de año, que como se sabe representan el ochenta por ciento de las ventas al detal en Estados Unidos, y si esas ventas no son fuertes hay pérdida de utilidades. Dijo que era probable que hubiera una recesión y lo afirmó tan enfáticamente que algunos salieron a decir que estaba causándola y que iba a empeorar las cosas. Se trataba de una movida política de Bush, por medio de la cual quería crear el sentimiento de que fue bajo la administración de Clinton que comenzó la crisis.

Desde enero del 2001, las estadísticas muestran que la economía va de mal en peor. Comenzaron los despidos masivos en empresas comerciales, industriales y de alta tecnología, como la cadena Sears; el consorcio industrial Chrysler, el cual a finales de enero anunció que despedirá al veinte por ciento de sus empleados en Estados Unidos, Canadá y México; la compañía Goodyear, productora de llantas; en empresas "punto.com" como Ama-zon.com y AOL; productoras de com-putadores, "chips", "software" y fibra óptica como Dell, Motorola, Hewlett Packard y Nortel; en firmas de transporte y de comercio al detal. Asimismo, se informó que los pedidos de nuevos productos manufacturados han decaído durante tres meses consecutivos, lo que se había visto por última vez en l989. Igualmente se anunció oficialmente que la producción industrial cayó más del 1% en diciembre del 2000, el sexto mes de descenso consecutivo de este índice. El sector manufacturas también ha entrado claramente en una recesión. En enero hubo más de cincuenta mil despidos en este sector, sumando ya doscientos cincuenta mil en los últimos seis meses. El crecimiento del producto bruto nacional, que había sido del 5% en los dos primeros trimestres del año 2000, bajó a 2.2% en el tercer trimestre y al 1.4% en el último del año. Todos estos eventos se han definido con gran rapidez en los últimos meses y se concentran en áreas claves de la economía. Finalmente, la inflación se disparó en enero debido, en parte, al aumento de los precios del petróleo. El presidente del Banco Federal de la Reserva rebajó las tasas de interés que el banco central otorga a los bancos comerciales, en un intento por suavizar el "aterrizaje" de la economía estadounidense. Dicho presidente, Greenspan, se lanzó además a tranquilizar a los consumidores, repitiendo por doquier que no deben asustarse y que su pronóstico para la economía "a largo plazo" es "positivo".

Sobre esta crisis que parece avecinarse vale apuntar dos cosas: primero, que desde hace años la economía norteamericana viene caminando sobre la cuerda floja del enorme endeudamiento interno de la población. La "clase media" ha invertido en la bolsa de valores y ha pedido prestado para especular y comprar todo tipo de bienes de consumo. Es una economía supremamente endeudada y eso la coloca en una situación precaria. Este endeudamiento privado comenzó a temblar cuando llegó a su fin el gran movimiento especulativo, que duró unos tres años, dirigido hacia nuevas empresas de informática y computación. El descenso de los valores de este tipo de empresas ha ocasionado una enorme pérdida de riqueza "virtual" por parte de esa clase media, lo que tiende a sumir al consumidor en una actitud de desconfianza ante su futuro, causando un declive en su consumo.

El otro aspecto que está en el fondo de la actual recesión se explica con un poco de historia. Hace algunos años, cuando estalló la crisis de México en 1995, se hablaba en todos los medios de capitales "golondrina", grandes flujos de capitales que llegaban a México haciendo de las suyas, invirtiendo aquí y allá, para luego retirarse, dejando la economía en ruinas. Fue lo mismo que pasó en Rusia e Indonesia. Ahora, por el contrario, no hay capitales golondrina ni grandes flujos de capital en a ninguna parte del mundo. He ahí lo que ha cambiado en los primeros diez años de la globalización: el gran capital financiero endeudó al planeta, lo arruinó, adquiriendo a precios de remate todo tipo de haberes, plantas industriales y hasta naciones. El endeudamiento llevó a la ruina generalizada y en este momento parece que no hay ningún sitio donde las golondrinas puedan volar. Las grandes utilidades de los enormes consorcios financieros que expoliaron al mundo en los últimos diez años fueron la clave del crecimiento en Estados Unidos y constituyeron el mecanismo con el cual que se dilató la crisis. Ésta pone de relieve la carencia de nuevas zonas para endeudar, de zonas donde el exceso de capitales pueda encontrar una forma de explotación. La crisis es, pues, una crisis de superproducción de capitales, así como de mercancías de todo tipo, que viene desarrollándose desde hace tiempo, como anota Jorge Robledo en su www. Neoliberalismo.com.co (ver Cáp. 3, Las causas de la crisis mundial).

La administración Bush ha afirmado que la economía tiene una base sólida y que el gobierno procurará lo que llaman un aterrizaje suave, manejando un programa de reducción de impuestos y apoyándose en las medidas del Banco de la Reserva Federal para aliviar la crisis. Sobre el programa de reducción de impuestos Gore y Bush tenían programas parecidos. El de Bush representaba un mayor beneficio para las capas más acomodadas y para los monopolios. Ahora Bush se ve en un lío y es que cuando una economía está en auge los ingresos tributarios son altos y van en incremento. La explicación del candidato "ganador" en la campaña electoral fue que como había un superávit tan grande, el mayor en la historia de Estados Unidos, valía la pena devolverle parte de ese dinero "al pueblo". Ahora lo que ocurre es diferente: la economía va en descenso; entonces los ingresos fiscales pueden comenzar a disminuir; lo cual puede provocar un déficit; y para los dos partidos esto sería un pecado capital contra todos los dogmas económicos predominantes.

En este momento hay cincuenta senadores republicanos y cincuenta demócratas, así que un partido no puede avasallar al otro. En la Cámara de Representantes las dos banderías están muy cercanas, con apenas una docena de votos de diferencia, por lo cual Bush tiene que gobernar haciendo alianzas y sin precipitarse. Es muy difícil que en medio de una recesión pueda rebajar impuestos y, al mismo tiempo, comenzar la carrera armamentista que ha prometido desde los primeros días de su posesión, carrera armamentista que sus consejeros consideran el sine qua non de la continua hegemonía norteamericana sobre el planeta y la garantía de continuidad del proceso de globalización. De hecho, a principios de febrero, el Secretario de Defensa anunció que no habría aumento en el presupuesto de defensa durante un año, pendiente de un análisis completo de los gastos militares. El coloso del norte está amenazado por una debilidad significativa en los próximos meses.


De la economía a la geopolítica

Mientras que a nivel doméstico el nuevo presidente anunció algunas medidas "conservadoras", como las políticas contra el aborto y el apoyo financiero federal para las iglesias, en materia internacional la nueva administración arrancó con cara de pocos amigos, haciéndose eco de las últimas declaraciones del Secretario de Defensa saliente, Cohen. El diez de enero, éste afirmó que "los Estados Unidos son el poder supremo y no debemos andarnos con cohibicionesŠ". En el mismo discurso pronunciado ante el Club de Prensa de Washington se manifestó contra el desarrollo por parte de Francia y Europa de una fuerza militar "de reacción rápida", la cual catalogó como una burocracia innecesaria que entorpecería las actividades de la OTAN. Dos días después, el Secretario de Defensa designado por Bush, Donald Rumsfeld, quien fuera Secretario de Defensa hace más de veinticinco años bajo la administración Ford, declaró que "nos toca hacernos tan poderosos que a nadie se le ocurra fomentar problemas...". Y el Subsecretario de Defensa bajo Rumsfeld, el veterano estratega Paul Wolfowitz, recientemente dijo que la orientación política de Estados Unidos debe enfocarse hacia prevenir el desarrollo de una potencia en Europa, Asia o la antigua Unión Soviética.

En su obligada comparecencia ante el Senado estadounidense, el Secretario de Defensa Rumsfeld se refirió belicosamente contra China, de la que dijo no era ningún "socio estratégico" sino que estaba dedicada a armarse hasta los dientes, en particular en la zona del estrecho de Taiwán. Pero su énfasis recayó sobre la voluntad de la nueva administración de adelantar un programa de defensa antimisiles, cosa prohibida por el tratado ABM de l972 suscrito entre Estados Unidos y la Unión Soviética, lo que anunció de manera oficial en la conferencia internacional de políticas de seguridad celebrada en Munich el 3 y 4 de febrero.

Originalmente este tratado buscaba mantener un equilibrio de fuerzas entre las potencias nucleares. Si una de ellas desarrollaba una cortina antimisiles obtendría la superioridad bélica, lo que le permitiría lanzar ataques nucleares impunes sin temor a represalias efectivas, causando enorme inestabilidad y desasosiego. En los años ochenta el gobierno de Reagan jugó con la posibilidad de establecer tal programa, apodado "guerra de las galaxias" por sus detractores. Aunque no llegó a concretarse, las intenciones estadounidenses actuales van en serio.

Para librar guerras "convencionales" tipo Bosnia, Irak, etc. las fuerzas armadas norteamericanas dependen cada vez más de una red de satélites que provea la logística y las comunicaciones. El problema reside en que los satélites son cada vez más vulnerables a nuevas tecnologías, léase misiles antisatélite. Rusia y China, por ejemplo, están desarrollando una avanzada tecnología antisatélite, necesaria para contrarrestar armas antisatélite. Ésta es la misma tecnología que se necesita para establecer una cortina general anti-mísiles. O sea que el Pentágono ve con nerviosismo como su supuesta invencibilidad militar a nivel convencional, no nuclear, puede neutralizarse fácilmente por otras potencias, a menos que desarrolle un programa de defensa antimisil. La excusa de Rumsfeld ante el Senado y que repitió en la conferencia de Munich, la misma que voceros de la administración Clinton propalaron por varios años, es que esta defensa es necesaria para contrarrestar las posibles acciones de "Estados forajidos" como Corea del Norte, Irak, Libia, etc. Y que Estados Unidos no pretende desestabilizar al mundo sino solamente protegerse de estos pocos países delincuentes.

La demagogia sobre los "Estados forajidos" ha sido denunciada repetidamente en Europa. Especialmente por Francia, donde varios líderes políticos han acuñado la expresión "hiperpotencia" para referirse a Estados Unidos y en la reciente "carta abierta" dirigida al nuevo presidente norteamericano por el ex jefe soviético Gorbachov, días antes de la posesión de Bush. En Europa se sobreentiende que el propósito de Estados Unidos no es protegerse contra un ataque irracional por parte de algún país del Tercer Mundo, sino obtener una gran ventaja militar sobre Europa, Japón, Rusia y otras potencias, continuando de tal forma la hegemonía mundial norteamericana. Leyendo entre líneas, en su presentación ante el Senado el Secretario Rumsfeld dio a entender más o menos lo mismo. Enfatizó que las armas más sofisticadas del actual arsenal norteamericano ­como el bombardero B-2, el submarino Trident, etc.­ fueron aprobadas durante su primer período como Secretario de Defensa, allá por el año 1975. Ahora deben aprobarse armas cuyo apogeo operativo se espera a un plazo de veinte o veinticinco años. ¿Tiene sentido pensar que Estados Unidos busca desarrollar el programa antimisil para protegerse de "Estados forajidos" en el año 2020? No, evidentemente se trata de un esfuerzo por mantener su puesto supremo en la correlación de fuerzas de las próximas décadas.

El propósito disfrazado de Washington de mantener su supremacía militar no es visto con buenos ojos en el resto del mundo. Durante una visita oficial a Alemania el verano pasado, el líder soviético Vladimir Putin propuso una defensa antimisil europea, o sea de Alemania y Rusia, independiente de la americana. Es muy importante seguir de cerca las relaciones entre Rusia y Alemania porque, además de haber entrado en conversaciones militares el pasado año, comenzaron a hablar de la posibilidad de que sus economías se integren sustancialmente. Específicamente, se están realizando conversaciones sobre un canje de la deuda de Rusia con Alemania, a cambio de la participación alemana en acciones de empresas rusas y el control de bancos germanos sobre aspectos vitales de la economía rusa. Es decir, que más que una integración, se trata del dominio alemán sobre Rusia, la cual posee lo que Alemania no tiene y viceversa.

La alianza de Alemania con Rusia es quizás el mayor temor de Estados Unidos, por lo que tratará de impedirla a toda costa. Tanto el entrante como el saliente Secretario de Defensa han acusado en las últimas semanas a Rusia de auspiciar la proliferación de armas atómicas entre los llamados "Estados forajidos." Acto seguido, un supuesto espía ruso fue detenido en Washington, en medio de gran alharaca. La vehemente retórica militarista de la nueva administración busca mantener las relaciones con Rusia a un nivel de máxima suspicacia y hostilidad, con el fin de justificar la continua presencia gringa en Europa y de dificultar el acercamiento de Alemania y Rusia. De ahí la famosa frase de Kissinger de que el propósito de la OTAN era mantener a Estados Unidos "in", a Rusia "out" y a Alemania "under". Es por ello que Estados Unidos procurará no retirar su presencia militar de ninguna parte del mundo y en particular de Europa, ya que teme, con razón, que ese vacío sea prontamente ocupado por uno o más de sus contrincantes en potencia. Ni corto ni perezoso, el nuevo presidente Bush no había cumplido aún un mes de posesionado cuando ordenó un descomunal ataque aéreo sobre Irak. Entretanto, el líder ruso, Putin, respondiendo a la retórica belicista gringa, ordenó maniobras navales rusas en todos los océanos y a finales de febrero anunció su propio programa de defensa antimisiles.

Generalmente se habla del enfrentamiento de Europa contra Estados Unidos. Hasta cierto punto esto es impreciso. En Europa existe un mercado común y, en forma incipiente, una moneda única, pero en realidad no hay un sistema europeo; no hay una economía europea ni transnacionales que pertenezcan a la Comunidad Europea como un todo. Cuando hablamos de Europa tenemos que centrarnos en Alemania, que es el poder fundamental en población, capital financiero, producción general y de bienes de capital en particular. Es la fuerza que domina Europa.


En la globalización viene lo difícil

En este momento Estados Unidos enfrenta un panorama distinto al de hace diez años, cuando había ganado la Guerra Fría y tenía a su disposición amplias zonas del mundo, inermes ante el embate del capital financiero. Ésta fue la situación que permitió el largo periodo de crecimiento estadounidense. Pero la situación actual ya no es la misma: se han agotado las fuentes de explotación fácil y aún si logran penetrar más profundamente en el mercado chino, la "última frontera" de la globalización, ya no quedaría nada más.

Asimismo, en Rusia se soñaba a comienzos de la década pasada con las ventajas de la globalización; igualmente en Europa y en todo el mundo. Ese punto de vista se ha trastocado. En la carta pública que Gorbachov le dirigió a Bush afirma que una "globalización americana" puede ser peligrosa. No hay que ser adivino para darse cuenta que se está refiriendo a la competencia que viene desarrollándose entre Estados Unidos, Europa, Rusia y Japón. Gorbachov afirma además que la situación presente, de un gran estándar de vida para una parte de la población norteamericana y una grave pobreza para la gran mayoría del mundo, es insostenible. El ex mandatario ruso simplemente se ha convertido en el vocero del punto de vista de los europeos, y de Alemania y Rusia en particular.

El año 2000 fue importante porque hubo protestas mundiales contra la globalización en Seattle, Praga, Melbourne, La Haya, Hamburgo. Estas manifestaciones apuntaron hacia un incipiente proceso de resistencia y tuvieron otro efecto: que la retórica glorificadora de la globalización también pasó a la historia. Ahora es claro que no ha funcionado.

En resumidas cuentas, Estados Unidos no goza de la posición en que se encontraba hace diez años: primero, la liberalización fácil se acabó y se avecina un ciclo de crisis económica; segundo, sus socios -sus viejos socios de la alianza de la Guerra Fría- se muestran descontentos con los resultados de la última década; y tercero, la opinión pública mundial ha perdido en general la fe en la panacea de la globalización. En este sentido, Estados Unidos se esfuerza por maquillar su política como la de una globalización con "rostro humano", expresando una hipócrita preocupación por las condiciones laborales en otros países (ver Gilbert González, Fracaso de la globalización aumenta las divisiones mundiales, DESLINDE, mayo-julio 2000, No. 26). En cierta forma estamos entrando en una segunda etapa, un segundo período de globalización que va a ser muy diferente al primero y en el cual el dominio estadounidense va a verse desafiado.

En el período inmediato Estados Unidos buscará sacar avante su programa de supremacía militar, al tiempo que brega con la recesión económica interna. Con las conversaciones de la Organización Mundial del Comercio estancadas desde antes de Seattle y con la enconada resistencia de Europa, India y otros países a extender al sector agrícola la liberalización del comercio, Washington buscará, a corto y mediano plazo, afianzar su bloque económico con México y otros países del continente. Bajo el slogan de establecer una zona continental de libre comercio, Estados Unidos intenta utilizar a México, con su vasta estructura de maquiladoras, como plataforma de exportación de todo tipo de productos a bajísimos precios para destruir por completo lo poco que queda de la producción nacional en el resto de los países latinoamericanos. Al mismo tiempo, y con la excusa de la guerra contra las drogas, por primera vez construye una base militar en el continente suramericano. La dolarización del continente se extenderá. Ello contribuirá a intensificar el proceso de recolonización y pérdida de soberanía de las naciones del hemisferio, con la consecuente desaparición de políticas fiscales y monetarias independientes. Concomitantemente, Washington no escatimará esfuerzos en el ámbito mundial por entrar a saco en la República Popular China.

En la medida en que los países del Tercer Mundo no puedan satisfacer la sed inversora y de endeudamiento del capital financiero gringo, éste dirigirá su acometida contra sus socios más desarrollados, buscando un respiro para su capital de inversión, mercados para sus mercancías y el control sobre las fuentes energéticas del orbe. Las contradicciones económicas mundiales se agudizarán. La agresiva actitud militar de la nueva administración de la Casa Blanca hacia sus ex aliados y amigos constituye un presagio de lo que se avecina. En contrapartida, sus ex aliados y amigos desafiaran palmo a palmo las ambiciones gringas de dominio eterno. Europa, dirigida por Alemania, impulsará su propio bloque del euro y Rusia continuará tratando de restaurar el antiguo imperio soviético, al tiempo que intenta modernizar su poderío bélico. China difícilmente permitirá una embestida económica que haga de la potencia asiática un México cualquiera. Japón buscará establecer una zona económica regida por el yen. Mientras tanto, los movimientos de protesta mundial iniciados en Seattle en 1999 y que se regaron por el mundo en 2000, crecerán y se multiplicarán, en lucha contra la OMC, el FMI, el Banco Mundial y los demás instrumentos del proceso de globalización ´estilo USA´. En resumidas cuentas, la globalización ha entrado en una etapa más escabrosa, de agudización de las contradicciones y lucha de clases a todo nivel.

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Deslinde es una publicación colombiana que realiza y divulga estudios que defienden la soberanía nacional, y el bienestar de la población. También promueve el avance científico, el desarrollo de la producción nacional y la civilización de la lucha política y se opone a las políticas imperialistas de las potencias, particularmente de los Estados Unidos.

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Enviado el 14 de julio de 2001 

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