Es largo, pero interesante y bien argumentado:
DESLINDE, nº 28, abril-junio de 2001
La política norteamericana
de globalización
Crecen las dificultades
Raúl Fernández* y Gilbert González**
* Ph. D. Profesor de la Universidad de California
** Historiador y profesor de la Universidad de California
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El gobierno de George Bush, hijo, comenzó en Estados Unidos, luego de
una acalorada disputa sobre el resultado de las elecciones que llegó
hasta los más altos niveles judiciales de ese país. La nueva
administración se enfrenta a una crisis económica en ciernes y se ha
pronunciado con tono belicoso ante sus enemigos y aún ante sus más
recientes aliados, en un esfuerzo por mantener su liderazgo mundial
sobre el proceso de "globalización". Todo parece indicar
que para Estados Unidos la parte más fácil de la globalización ha
quedado atrás y que en el futuro se multiplicarán sus dificultades y
escollos, así como también los desafíos de otras potencias a los
anhelos gringos de hegemonía perpetua. Deslinde
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Democracia, "estilo USA"
Las últimas elecciones en Estados Unidos causaron una gran
disputa por el conteo de los votos. Durante la campaña electoral no
se notó casi ninguna diferencia entre los dos candidatos principales.
Ambos propusieron aumentar el gasto militar, reducir la deuda interna,
mantener una política fiscal de austeridad, disminuir el tamaño del
gobierno y promover el libre comercio en el ámbito internacional. Los
desacuerdos había que buscarlos con lupa; por ejemplo, sobre cómo
proceder con los programas de medicinas para ancianos: uno de los
programas prometía algo más, el otro un poco menos; era casi
necesario un Ph. D. para comprender la diferencia. Existía otro pequeño
desacuerdo sobre qué hacer con los fondos del seguro social
estadounidense, que quizás estén entrando en crisis dentro de
algunos años. La similitud entre Gore y Bush fue palpable en muchos
debates, en los cuales los dos decían más o menos la misma cosa. Una
tercera pequeñísima diferencia tenía que ver con sus visiones sobre
la educación; sin embargo, esta diferencia era tan mínima que cuando
Bush nombró al Secretario de Educación fue aprobado unánimemente en
el Senado, en medio de vítores y abrazos de los demócratas y
republicanos.
Una vez confirmada la elección de Bush, el nuevo presidente citó de
inmediato una primera reunión en su rancho en Texas, a la que
asistieron unos treinta grandes dirigentes de empresas y dueños de
capital para discutir qué hacer con la economía. La semana siguiente
el nuevo mandatario sostuvo una reunión con los comités del Senado y
la Cámara de Representantes y otros personajes, todos expertos en
cuestiones militares y de seguridad nacional. O sea, que para Bush, el
estado de la economía y el futuro militar de Estados Unidos son los
puntos claves. La igualdad de criterios entre Bush y Gore en materia
de política externa se demostró durante una campaña en la que las
cuestiones internacionales ni siquiera fueron mencionadas. No se
discutieron, por ejemplo, los problemas del Medio Oeste, ni el
problema de Irak, ni la relación entre Corea del Sur y Corea del
Norte. Mucho menos se habló de Colombia; porque para el Plan Colombia
ha existido, desde que se aprobó su financiación, unanimidad
completa entre ambos partidos.
Además de los candidatos del partido demócrata y republicano hubo
otro de una tercera fuerza, Ralph Nader, quien durante mucho tiempo ha
sido el abogado de los consumidores. En estas elecciones Nader se unió
a un muy pequeño e incipiente partido verde. Muchos de los que
apoyaron a Nader habían participado en las batallas de Seattle y en
las demostraciones que se realizaron en Washington algunos meses después
contra el FMI. Nader aglutinó a un grupo muy diverso, que incluía
ecologistas, feministas y otros activistas sociales. En su programa
condenó las acciones de las grandes corporaciones, a las cuales
considera enemigas del pueblo norteamericano, y defendió una tesis
respecto a la política exterior estadounidense, la cual según él
debe apoyar a gobiernos de obreros y campesinos y no de dictadores y
oligarcas. Su pensamiento se resume en una frase: "En Estados
Unidos tenemos una plutocracia superdesarrollada y una democracia
subdesarrollada". Nader obtuvo entre el dos y el tres por ciento
de la votación final, lo cual es respetable, y hasta muchos piensan
que si no hubiera sido por él quizás Gore hubiera ganado la elección.
La democracia estadounidense, la cual supuestamente es un ejemplo para
el mundo, adolece de un sistema de elección presidencial muy
anticuado. En efecto, en Estados Unidos no se vota directamente por el
presidente. Es más, hubo un miembro de la Corte Suprema de Justicia
que le aclaró a todo el mundo que según la Constitución los
ciudadanos no tienen derecho a votar por el presidente. Ese derecho
simplemente no existe; sólo se puede votar por electores. Cada Estado
de la Unión posee un número de votos electorales resultante de la
suma de sus congresistas y senadores. A su vez, el número de
congresistas se basa en la cantidad de habitantes y va variando con
los censos. Actualmente se elige aproximadamente un congresista por
cada cuatrocientos cincuenta mil habitantes. El número de senadores
es fijo: dos por Estado, independientemente de su población. Este
sistema se remonta a la época de la independencia de Estados Unidos,
cuando como una concesión a los bajamente poblados Estados
esclavistas se acordó tener un número igual de senadores por Estado.
Tal mecanismo tiene como consecuencia que un Estado como Wyoming, con
unos quinientos mil habitantes, elige un congresista y dos senadores,
para un total de tres votos electorales. Al candidato que gana un
Estado por mayoría simple, así sea de un voto, le corresponden todos
los votos electorales de dicho Estado. En consecuencia, algunos
Estados relativa-mente despoblados, pero dominados por grandes compañías
mineras y ganaderas -como Wyoming, Montana, Idaho y las dos Dakotas-
controlan un número desproporcionadamente alto de votos electorales.
Esto puede desembocar en una situación como la acaecida en tres
ocasiones durante el siglo diecinueve, en la cual un candidato puede
obtener la mayoría del voto popular pero menos votos en el colegio
electoral, que fue precisamente lo que sucedió en las últimas
elecciones. Lo positivo de la pelea por los votos en la Florida es que
sacó a relucir este método anticuado y regresivo del colegio
electoral, así como otros aspectos atrasados del sistema de votación
estadounidense. En la Florida hay hasta cinco formas diferentes de
votar, debido al uso de distintas máquinas, cada una con un margen de
error diferente. Pareciera como si lo más atrasado de la tecnología
norteamericana fueran las máquinas de votación.
En Estados Unidos las clases dominantes no están interesadas en la
democracia representativa. Ya lo decía uno de los fundadores de la
república: hay que "tener cuidado con la tiranía de la mayoría."
La abstención electoral es igualmente notoria en este país.
Solamente el cincuenta por ciento de los votantes ejerció su derecho
en las últimas elecciones. Gore obtuvo a nivel nacional medio millón
de votos más que Bush. Por ello se lanzó a la pelea por el conteo
manual de votos en la Florida con la esperanza de superar a Bush en
los votos del colegio electoral, quien lo aventajaba en dicho Estado
por unos pocos cientos de sufragios. Pero a fin de cuentas no contó
con el apoyo de la Corte Suprema de Justicia, cuyos miembros terciaron
por un apretado voto de 5-4 en contra del conteo manual, el cual
seguramente habría producido la victoria de Gore. La Corte Suprema no
hizo otra cosa que continuar lo que se observó durante toda la campaña
electoral, donde los medios de comu-nicación radio, televisión, y
prensa manifestaron muy claramente su apoyo a Bush e hicieron críticas
constantes al candidato demócrata. Quedó claro así que la Suprema
Corte no está por encima de la política y de los partidos. Y que en
Estados Unidos los politiqueros se roban las elecciones, igual que en
cualquier otro país.
Al filo de la crisis económica
El gobierno de Bush se enfrenta desde un principio a lo que parece
ser una seria recesión económica. A finales del verano del año 2000
los índices de producción industrial en Norteamérica comenzaron a
aplanarse. Entre septiembre y diciembre hubo altibajos: por ejemplo,
la producción de máquinas-herramienta bajó en noviembre y volvió a
ascender en diciembre. Pero nadie habló de crisis en Estados Unidos
hasta finales de diciembre porque el empleo se ha mantenido a muy
altos niveles y porque otros índices, que generalmente corresponden
al movimiento general de la economía, como por ejemplo la venta de
casas particulares, se han mantenido altos. A finales de diciembre,
cuando se empezó a hablar de crisis, Bush fue el que más habló de
ello, en medio de las ventas de fin de año, que como se sabe
representan el ochenta por ciento de las ventas al detal en Estados
Unidos, y si esas ventas no son fuertes hay pérdida de utilidades.
Dijo que era probable que hubiera una recesión y lo afirmó tan enfáticamente
que algunos salieron a decir que estaba causándola y que iba a
empeorar las cosas. Se trataba de una movida política de Bush, por
medio de la cual quería crear el sentimiento de que fue bajo la
administración de Clinton que comenzó la crisis.
Desde enero del 2001, las estadísticas muestran que la economía va
de mal en peor. Comenzaron los despidos masivos en empresas
comerciales, industriales y de alta tecnología, como la cadena Sears;
el consorcio industrial Chrysler, el cual a finales de enero anunció
que despedirá al veinte por ciento de sus empleados en Estados
Unidos, Canadá y México; la compañía Goodyear, productora de
llantas; en empresas "punto.com" como Ama-zon.com y AOL;
productoras de com-putadores, "chips", "software"
y fibra óptica como Dell, Motorola, Hewlett Packard y Nortel; en
firmas de transporte y de comercio al detal. Asimismo, se informó que
los pedidos de nuevos productos manufacturados han decaído durante
tres meses consecutivos, lo que se había visto por última vez en
l989. Igualmente se anunció oficialmente que la producción
industrial cayó más del 1% en diciembre del 2000, el sexto mes de
descenso consecutivo de este índice. El sector manufacturas también
ha entrado claramente en una recesión. En enero hubo más de
cincuenta mil despidos en este sector, sumando ya doscientos cincuenta
mil en los últimos seis meses. El crecimiento del producto bruto
nacional, que había sido del 5% en los dos primeros trimestres del año
2000, bajó a 2.2% en el tercer trimestre y al 1.4% en el último del
año. Todos estos eventos se han definido con gran rapidez en los últimos
meses y se concentran en áreas claves de la economía. Finalmente, la
inflación se disparó en enero debido, en parte, al aumento de los
precios del petróleo. El presidente del Banco Federal de la Reserva
rebajó las tasas de interés que el banco central otorga a los bancos
comerciales, en un intento por suavizar el "aterrizaje" de
la economía estadounidense. Dicho presidente, Greenspan, se lanzó
además a tranquilizar a los consumidores, repitiendo por doquier que
no deben asustarse y que su pronóstico para la economía "a
largo plazo" es "positivo".
Sobre esta crisis que parece avecinarse vale apuntar dos cosas:
primero, que desde hace años la economía norteamericana viene
caminando sobre la cuerda floja del enorme endeudamiento interno de la
población. La "clase media" ha invertido en la bolsa de
valores y ha pedido prestado para especular y comprar todo tipo de
bienes de consumo. Es una economía supremamente endeudada y eso la
coloca en una situación precaria. Este endeudamiento privado comenzó
a temblar cuando llegó a su fin el gran movimiento especulativo, que
duró unos tres años, dirigido hacia nuevas empresas de informática
y computación. El descenso de los valores de este tipo de empresas ha
ocasionado una enorme pérdida de riqueza "virtual" por
parte de esa clase media, lo que tiende a sumir al consumidor en una
actitud de desconfianza ante su futuro, causando un declive en su
consumo.
El otro aspecto que está en el fondo de la actual recesión se
explica con un poco de historia. Hace algunos años, cuando estalló
la crisis de México en 1995, se hablaba en todos los medios de
capitales "golondrina", grandes flujos de capitales que
llegaban a México haciendo de las suyas, invirtiendo aquí y allá,
para luego retirarse, dejando la economía en ruinas. Fue lo mismo que
pasó en Rusia e Indonesia. Ahora, por el contrario, no hay capitales
golondrina ni grandes flujos de capital en a ninguna parte del mundo.
He ahí lo que ha cambiado en los primeros diez años de la
globalización: el gran capital financiero endeudó al planeta, lo
arruinó, adquiriendo a precios de remate todo tipo de haberes,
plantas industriales y hasta naciones. El endeudamiento llevó a la
ruina generalizada y en este momento parece que no hay ningún sitio
donde las golondrinas puedan volar. Las grandes utilidades de los
enormes consorcios financieros que expoliaron al mundo en los últimos
diez años fueron la clave del crecimiento en Estados Unidos y
constituyeron el mecanismo con el cual que se dilató la crisis. Ésta
pone de relieve la carencia de nuevas zonas para endeudar, de zonas
donde el exceso de capitales pueda encontrar una forma de explotación.
La crisis es, pues, una crisis de superproducción de capitales, así
como de mercancías de todo tipo, que viene desarrollándose desde
hace tiempo, como anota Jorge Robledo en su
www.
Neoliberalismo.com.co (ver Cáp. 3, Las causas de la crisis
mundial).
La administración Bush ha afirmado que la economía tiene una base sólida
y que el gobierno procurará lo que llaman un aterrizaje suave,
manejando un programa de reducción de impuestos y apoyándose en las
medidas del Banco de la Reserva Federal para aliviar la crisis. Sobre
el programa de reducción de impuestos Gore y Bush tenían programas
parecidos. El de Bush representaba un mayor beneficio para las capas más
acomodadas y para los monopolios. Ahora Bush se ve en un lío y es que
cuando una economía está en auge los ingresos tributarios son altos
y van en incremento. La explicación del candidato "ganador"
en la campaña electoral fue que como había un superávit tan grande,
el mayor en la historia de Estados Unidos, valía la pena devolverle
parte de ese dinero "al pueblo". Ahora lo que ocurre es
diferente: la economía va en descenso; entonces los ingresos fiscales
pueden comenzar a disminuir; lo cual puede provocar un déficit; y
para los dos partidos esto sería un pecado capital contra todos los
dogmas económicos predominantes.
En este momento hay cincuenta senadores republicanos y cincuenta demócratas,
así que un partido no puede avasallar al otro. En la Cámara de
Representantes las dos banderías están muy cercanas, con apenas una
docena de votos de diferencia, por lo cual Bush tiene que gobernar
haciendo alianzas y sin precipitarse. Es muy difícil que en medio de
una recesión pueda rebajar impuestos y, al mismo tiempo, comenzar la
carrera armamentista que ha prometido desde los primeros días de su
posesión, carrera armamentista que sus consejeros consideran el
sine qua non de la continua hegemonía norteamericana sobre el
planeta y la garantía de continuidad del proceso de globalización.
De hecho, a principios de febrero, el Secretario de Defensa anunció
que no habría aumento en el presupuesto de defensa durante un año,
pendiente de un análisis completo de los gastos militares. El coloso
del norte está amenazado por una debilidad significativa en los próximos
meses.
De la economía a la geopolítica
Mientras que a nivel doméstico el nuevo presidente anunció
algunas medidas "conservadoras", como las políticas contra
el aborto y el apoyo financiero federal para las iglesias, en materia
internacional la nueva administración arrancó con cara de pocos
amigos, haciéndose eco de las últimas declaraciones del Secretario
de Defensa saliente, Cohen. El diez de enero, éste afirmó que
"los Estados Unidos son el poder supremo y no debemos andarnos
con cohibicionesŠ". En el mismo discurso pronunciado ante el
Club de Prensa de Washington se manifestó contra el desarrollo por
parte de Francia y Europa de una fuerza militar "de reacción rápida",
la cual catalogó como una burocracia innecesaria que entorpecería
las actividades de la OTAN. Dos días después, el Secretario de
Defensa designado por Bush, Donald Rumsfeld, quien fuera Secretario de
Defensa hace más de veinticinco años bajo la administración Ford,
declaró que "nos toca hacernos tan poderosos que a nadie se le
ocurra fomentar problemas...". Y el Subsecretario de Defensa bajo
Rumsfeld, el veterano estratega Paul Wolfowitz, recientemente dijo que
la orientación política de Estados Unidos debe enfocarse hacia
prevenir el desarrollo de una potencia en Europa, Asia o la antigua
Unión Soviética.
En su obligada comparecencia ante el Senado estadounidense, el
Secretario de Defensa Rumsfeld se refirió belicosamente contra China,
de la que dijo no era ningún "socio estratégico" sino que
estaba dedicada a armarse hasta los dientes, en particular en la zona
del estrecho de Taiwán. Pero su énfasis recayó sobre la voluntad de
la nueva administración de adelantar un programa de defensa
antimisiles, cosa prohibida por el tratado ABM de l972 suscrito entre
Estados Unidos y la Unión Soviética, lo que anunció de manera
oficial en la conferencia internacional de políticas de seguridad
celebrada en Munich el 3 y 4 de febrero.
Originalmente este tratado buscaba mantener un equilibrio de fuerzas
entre las potencias nucleares. Si una de ellas desarrollaba una
cortina antimisiles obtendría la superioridad bélica, lo que le
permitiría lanzar ataques nucleares impunes sin temor a represalias
efectivas, causando enorme inestabilidad y desasosiego. En los años
ochenta el gobierno de Reagan jugó con la posibilidad de establecer
tal programa, apodado "guerra de las galaxias" por sus
detractores. Aunque no llegó a concretarse, las intenciones
estadounidenses actuales van en serio.
Para librar guerras "convencionales" tipo Bosnia, Irak, etc.
las fuerzas armadas norteamericanas dependen cada vez más de una red
de satélites que provea la logística y las comunicaciones. El
problema reside en que los satélites son cada vez más vulnerables a
nuevas tecnologías, léase misiles antisatélite. Rusia y China, por
ejemplo, están desarrollando una avanzada tecnología antisatélite,
necesaria para contrarrestar armas antisatélite. Ésta es la misma
tecnología que se necesita para establecer una cortina general anti-mísiles.
O sea que el Pentágono ve con nerviosismo como su supuesta
invencibilidad militar a nivel convencional, no nuclear, puede
neutralizarse fácilmente por otras potencias, a menos que desarrolle
un programa de defensa antimisil. La excusa de Rumsfeld ante el Senado
y que repitió en la conferencia de Munich, la misma que voceros de la
administración Clinton propalaron por varios años, es que esta
defensa es necesaria para contrarrestar las posibles acciones de
"Estados forajidos" como Corea del Norte, Irak, Libia, etc.
Y que Estados Unidos no pretende desestabilizar al mundo sino
solamente protegerse de estos pocos países delincuentes.
La demagogia sobre los "Estados forajidos" ha sido
denunciada repetidamente en Europa. Especialmente por Francia, donde
varios líderes políticos han acuñado la expresión "hiperpotencia"
para referirse a Estados Unidos y en la reciente "carta
abierta" dirigida al nuevo presidente norteamericano por el ex
jefe soviético Gorbachov, días antes de la posesión de Bush. En
Europa se sobreentiende que el propósito de Estados Unidos no es
protegerse contra un ataque irracional por parte de algún país del
Tercer Mundo, sino obtener una gran ventaja militar sobre Europa, Japón,
Rusia y otras potencias, continuando de tal forma la hegemonía
mundial norteamericana. Leyendo entre líneas, en su presentación
ante el Senado el Secretario Rumsfeld dio a entender más o menos lo
mismo. Enfatizó que las armas más sofisticadas del actual arsenal
norteamericano como el bombardero B-2, el submarino Trident, etc.
fueron aprobadas durante su primer período como Secretario de
Defensa, allá por el año 1975. Ahora deben aprobarse armas cuyo
apogeo operativo se espera a un plazo de veinte o veinticinco años.
¿Tiene sentido pensar que Estados Unidos busca desarrollar el
programa antimisil para protegerse de "Estados forajidos" en
el año 2020? No, evidentemente se trata de un esfuerzo por mantener
su puesto supremo en la correlación de fuerzas de las próximas décadas.
El propósito disfrazado de Washington de mantener su supremacía
militar no es visto con buenos ojos en el resto del mundo. Durante una
visita oficial a Alemania el verano pasado, el líder soviético
Vladimir Putin propuso una defensa antimisil europea, o sea de
Alemania y Rusia, independiente de la americana. Es muy importante
seguir de cerca las relaciones entre Rusia y Alemania porque, además
de haber entrado en conversaciones militares el pasado año,
comenzaron a hablar de la posibilidad de que sus economías se
integren sustancialmente. Específicamente, se están realizando
conversaciones sobre un canje de la deuda de Rusia con Alemania, a
cambio de la participación alemana en acciones de empresas rusas y el
control de bancos germanos sobre aspectos vitales de la economía
rusa. Es decir, que más que una integración, se trata del dominio
alemán sobre Rusia, la cual posee lo que Alemania no tiene y
viceversa.
La alianza de Alemania con Rusia es quizás el mayor temor de Estados
Unidos, por lo que tratará de impedirla a toda costa. Tanto el
entrante como el saliente Secretario de Defensa han acusado en las últimas
semanas a Rusia de auspiciar la proliferación de armas atómicas
entre los llamados "Estados forajidos." Acto seguido, un
supuesto espía ruso fue detenido en Washington, en medio de gran
alharaca. La vehemente retórica militarista de la nueva administración
busca mantener las relaciones con Rusia a un nivel de máxima
suspicacia y hostilidad, con el fin de justificar la continua
presencia gringa en Europa y de dificultar el acercamiento de Alemania
y Rusia. De ahí la famosa frase de Kissinger de que el propósito de
la OTAN era mantener a Estados Unidos "in", a Rusia
"out" y a Alemania "under". Es por ello que
Estados Unidos procurará no retirar su presencia militar de ninguna
parte del mundo y en particular de Europa, ya que teme, con razón,
que ese vacío sea prontamente ocupado por uno o más de sus
contrincantes en potencia. Ni corto ni perezoso, el nuevo presidente
Bush no había cumplido aún un mes de posesionado cuando ordenó un
descomunal ataque aéreo sobre Irak. Entretanto, el líder ruso, Putin,
respondiendo a la retórica belicista gringa, ordenó maniobras
navales rusas en todos los océanos y a finales de febrero anunció su
propio programa de defensa antimisiles.
Generalmente se habla del enfrentamiento de Europa contra Estados
Unidos. Hasta cierto punto esto es impreciso. En Europa existe un
mercado común y, en forma incipiente, una moneda única, pero en
realidad no hay un sistema europeo; no hay una economía europea ni
transnacionales que pertenezcan a la Comunidad Europea como un todo.
Cuando hablamos de Europa tenemos que centrarnos en Alemania, que es
el poder fundamental en población, capital financiero, producción
general y de bienes de capital en particular. Es la fuerza que domina
Europa.
En la globalización viene lo difícil
En este momento Estados Unidos enfrenta un panorama distinto al de
hace diez años, cuando había ganado la Guerra Fría y tenía a su
disposición amplias zonas del mundo, inermes ante el embate del
capital financiero. Ésta fue la situación que permitió el largo
periodo de crecimiento estadounidense. Pero la situación actual ya no
es la misma: se han agotado las fuentes de explotación fácil y aún
si logran penetrar más profundamente en el mercado chino, la "última
frontera" de la globalización, ya no quedaría nada más.
Asimismo, en Rusia se soñaba a comienzos de la década pasada con las
ventajas de la globalización; igualmente en Europa y en todo el
mundo. Ese punto de vista se ha trastocado. En la carta pública que
Gorbachov le dirigió a Bush afirma que una "globalización
americana" puede ser peligrosa. No hay que ser adivino para darse
cuenta que se está refiriendo a la competencia que viene desarrollándose
entre Estados Unidos, Europa, Rusia y Japón. Gorbachov afirma además
que la situación presente, de un gran estándar de vida para una
parte de la población norteamericana y una grave pobreza para la gran
mayoría del mundo, es insostenible. El ex mandatario ruso simplemente
se ha convertido en el vocero del punto de vista de los europeos, y de
Alemania y Rusia en particular.
El año 2000 fue importante porque hubo protestas mundiales contra la
globalización en Seattle, Praga, Melbourne, La Haya, Hamburgo. Estas
manifestaciones apuntaron hacia un incipiente proceso de resistencia y
tuvieron otro efecto: que la retórica glorificadora de la globalización
también pasó a la historia. Ahora es claro que no ha funcionado.
En resumidas cuentas,
Estados Unidos no goza de la posición en
que se encontraba hace diez años: primero, la liberalización fácil
se acabó y se avecina un ciclo de crisis económica; segundo, sus
socios -sus viejos socios de la alianza de la Guerra Fría- se
muestran descontentos con los resultados de la última década; y
tercero, la opinión pública mundial ha perdido en general la fe en
la panacea de la globalización. En este sentido, Estados Unidos se
esfuerza por maquillar su política como la de una globalización con
"rostro humano", expresando una hipócrita preocupación por
las condiciones laborales en otros países (ver Gilbert González,
Fracaso de la globalización aumenta las divisiones mundiales,
DESLINDE,
mayo-julio 2000, No. 26). En cierta forma estamos entrando en una
segunda etapa, un segundo período de globalización que va a ser muy
diferente al primero y en el cual el dominio estadounidense va a verse
desafiado.
En el período inmediato Estados Unidos buscará sacar avante su
programa de supremacía militar, al tiempo que brega con la recesión
económica interna. Con las conversaciones de la Organización Mundial
del Comercio estancadas desde antes de Seattle y con la enconada
resistencia de Europa, India y otros países a extender al sector agrícola
la liberalización del comercio, Washington buscará, a corto y
mediano plazo, afianzar su bloque económico con México y otros países
del continente. Bajo el slogan de establecer una zona continental de
libre comercio, Estados Unidos intenta utilizar a México, con su
vasta estructura de maquiladoras, como plataforma de exportación de
todo tipo de productos a bajísimos precios para destruir por completo
lo poco que queda de la producción nacional en el resto de los países
latinoamericanos. Al mismo tiempo, y con la excusa de la guerra contra
las drogas, por primera vez construye una base militar en el
continente suramericano. La dolarización del continente se extenderá.
Ello contribuirá a intensificar el proceso de recolonización y pérdida
de soberanía de las naciones del hemisferio, con la consecuente
desaparición de políticas fiscales y monetarias independientes.
Concomitantemente, Washington no escatimará esfuerzos en el ámbito
mundial por entrar a saco en la República Popular China.
En la medida en que los países del Tercer Mundo no puedan satisfacer
la sed inversora y de endeudamiento del capital financiero gringo, éste
dirigirá su acometida contra sus socios más desarrollados, buscando
un respiro para su capital de inversión, mercados para sus mercancías
y el control sobre las fuentes energéticas del orbe. Las
contradicciones económicas mundiales se agudizarán. La agresiva
actitud militar de la nueva administración de la Casa Blanca hacia
sus ex aliados y amigos constituye un presagio de lo que se avecina.
En contrapartida, sus ex aliados y amigos desafiaran palmo a palmo las
ambiciones gringas de dominio eterno. Europa, dirigida por Alemania,
impulsará su propio bloque del euro y Rusia continuará tratando de
restaurar el antiguo imperio soviético, al tiempo que intenta
modernizar su poderío bélico. China difícilmente permitirá una
embestida económica que haga de la potencia asiática un México
cualquiera. Japón buscará establecer una zona económica regida por
el yen. Mientras tanto, los movimientos de protesta mundial iniciados
en Seattle en 1999 y que se regaron por el mundo en 2000, crecerán y
se multiplicarán, en lucha contra la OMC, el FMI, el Banco Mundial y
los demás instrumentos del proceso de globalización ´estilo USA´.
En resumidas cuentas, la globalización ha entrado en una etapa más
escabrosa, de agudización de las contradicciones y lucha de clases a
todo nivel.
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Deslinde es una publicación colombiana que realiza y
divulga estudios que defienden la soberanía nacional, y el bienestar
de la población. También promueve el avance científico, el
desarrollo de la producción nacional y la civilización de la lucha
política y se opone a las políticas imperialistas de las potencias,
particularmente de los Estados Unidos.
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