El ALCA forma parte
de la estrategia imperial
El
ALCA visto desde los Estados Unidos
James
Petras
Traducido para
Rebelión por Manuel Talens
Las conversaciones y entrevistas de los hombres de negocios y de los
banqueros de Wall Street, las opiniones de los editores financieros y
de los representantes del gobierno en Washington y la lectura de periódicos
económicos y documentos públicos nos indican que el ALCA goza de un
apoyo entusiasta y casi unánime en este país. La confederación
sindical AFL-CIO, que en cualquier caso carece prácticamente de
poder, está tratando de imponer tarifas a las exportaciones de América
Latina para proteger a los trabajadores estadounidenses, pero si
hacemos abstracción de algunos grupos afines a iglesias cristianas y
de las organizaciones latinoamericanas de solidaridad que se oponen al
ALCA, el resto de la opinión pública estadounidense ni siquiera
conoce la existencia de este acuerdo comercial.
Tales premisas nos permiten plantear diversas preguntas: (1) ¿Cómo es
posible que tras el fracaso de las políticas de libre mercado
aplicadas durante las dos últimas décadas en América Latina y la
pobreza cada vez mayor que sufre México bajo el NAFTA exista un
respaldo tan firme por el ALCA?; (2) ¿Por qué sería necesario el
ALCA, si las compañías multinacionales estadounidenses y europeas
han prosperado bajo el actual marco neoliberal? y (3) ¿En qué
aspecto de la estrategia de guerra global de la administración Bush
encaja el ALCA?
La transición, desde los beneficios
exorbitantes al ALCA
Entre los años 1990 y 2002 -la "edad de oro del neoliberalismo"-
los bancos y las compañías multinacionales obtuvieron un trillón de
dólares en beneficios, intereses de la deuda y regalías provenientes
de América Latina. Además, la elite latinoamericana expatrió cerca
de novecientos mil millones de dólares de "dinero sucio"
(fondos de origen ilícito) por mediación de los bancos
estadounidenses y europeos. Éstos, durante el mismo periodo,
adquirieron más de 4000 lucrativos bancos públicos, compañías de
telecomunicaciones, de transportes, petroleras y mineras, y de venta
al por menor en toda Latinoamérica, pero sobre todo en Argentina, México
y Brasil. El superávit del comercio de los Estados Unidos con América
Latina compensó más del 25% de su déficit con Asia o más del 50%
con Europa. Las tasas de beneficios e intereses de las compañías
multinacionales y de los bancos estadounidenses en Latinoamérica
duplicaron y triplicaron su rentabilidad en los Estados Unidos. Dichas
empresas, al relocalizarse en el cono sur, fueron capaces de reducir
sus gastos laborales en un 70 a 80%; la parte del mercado de venta al
por menor en Latinoamérica se incrementó de manera exponencial por
mediación de los bancos y de las compañías filiales, sobre todo en
la comida rápida, en los centros comerciales y en los bienes raíces.
En otras palabras, las políticas de "libre mercado" dieron
lugar a resultados diametralmente opuestos: por un lado, los
beneficios más inmensos y la mayor presencia de multinacionales
estadounidenses en América Latina de todo el siglo XX y principios
del XXI y, por el otro, el crecimiento más bajo durante el mismo período
en la región, especialmente en Argentina, Brasil y México. La
pobreza y el estancamiento de América Latina es un producto de la
concentración y la centralización de la riqueza, así como de la
expansión de los Estados Unidos.
Los banqueros estadounidenses son de la opinión que los regímenes
"neoliberales" fueron un éxito resonante y consideran que
el ALCA profundizará y prolongará los años literalmente dorados de
1990 a 2002. Las transferencias masivas de riqueza hacia el
"norte" han limitado la acumulación y el crecimiento local;
la privatización ha conducido a beneficios cada vez mayores y a un
desempleo creciente; la desregulación bancaria ha permitido que los
bancos estadounidenses se apropien de los ahorros locales y transvasen
de manera ilegal miles de millones de fondos ilícitos desde América
Latina a los Estados Unidos (entre los cuales se encuentran los cien
millones de dólares que el Citibank desvió a nombre de Raúl Salinas
de Gortari), mientras que, al mismo tiempo, los productores locales se
enfrentaban a elevadas tasas de interés y a un crédito exiguo; el
"proteccionismo y el mercado libre" asimétricos han
conducido al control del comercio al por menor, de las
telecomunicaciones y de los bienes raíces por parte de las compañías
estadounidenses, así como a cupos y restricciones a las exportaciones
latinoamericanas de productos agrícolas (cítricos, azúcar, algodón,
langostinos, etc.), del transporte, de los textiles y de otras muchas
mercancías. Si excluimos el petróleo y los productos de las plantas
de montaje -de propiedad extranjera-, que poseen un bajo valor añadido,
el porcentaje de las exportaciones latinoamericanas en comparación
con las exportaciones de los Estados Unidos ha disminuido
considerablemente. Si este inmenso volumen de riqueza que se esfumó
en dirección de los Estados Unidos se hubiese invertido en América
Latina durante la pasada década, el nivel de vida habría aumentado
allí un 40% y los sistemas nacionales de salud y educación habrían
mejorado enormemente.
La conclusión está bien clara: el apoyo de los Estados Unidos al ALCA se
debe a los beneficios exorbitantes que obtienen con las políticas de
libre mercado y a la creencia de que el acuerdo consolidará el marco
necesario para la continuidad de las ganancias. La desintegración de
las economías de América Latina y la descomposición de sus
sociedades únicamente entrarían en los cálculos de Wall Street y
Washington si llegaran a producirse revueltas populares, en cuyo caso
Washington está preparado para imponer un control militar, pero no
para modificar las condiciones de explotación.
La necesidad del ALCA
El ALCA es una continuación necesaria del "libre mercado" porque
establece una base institucional legal y formal para la absorción
absoluta de los recursos, ahorros, mercados, comercio y empresas de América
Latina. Tal como hemos visto más arriba, el neoliberalismo ha
obtenido un tremendo éxito para Wall Street, pero todavía existen
pequeños espacios de control local, así como unas pocas y
debilitadas leyes restrictivas nacionales y sociales y, en algunos
casos, regímenes endebles incapaces de poner en práctica en su
totalidad las políticas de Washington a causa de la presión popular.
El ALCA permitirá la abolición de dichos impedimentos que limitan el
pillaje imperial. Tal como ha sido concebido, las políticas económicas
del ALCA serán dictadas por una comisión dominada por los Estados
Unidos, de la misma manera que dominó la OEA, el BID y otras
organizaciones regionales. Los reglamentos del ALCA serán impuestos
por un personal administrativo y por alianzas militares bajo el
control de los Estados Unidos. El ALCA nace ya adulto de la matriz
neoliberal, pero es también un intento de que sus políticas y
estructuras se vuelvan "irreversibles". El ALCA, tras
eliminar los organismos legislativos y ejecutivos locales sujetos a la
influencia popular, los sustituirá por comisarios no elegidos bajo la
dirección de los departamentos estadounidense del Tesoro y del
Comercio, que supervisarán y formularán las políticas destinadas a
una mayor penetración de los Estados Unidos, así como a proteger a
las empresas estadounidenses de cualquier competición, a expensas de
sus contrincantes europeas y de los productores latinoamericanos.
Por último, las compañías multinacionales estadounidenses consideran que
el ALCA es un medio para impedir que sus rivales europeas se hagan con
los lucrativos recursos latinos y con partes del mercado. Dado el cada
vez mayor déficit comercial de los Estados Unidos con el resto del
mundo, el ALCA permitirá incrementar los excedentes comerciales y
facilitar las transferencias hacia el norte del "dinero
sucio". El desmoronamiento de los regímenes neoliberales que les
sirven de clientela, así como el auge de los movimientos populares y
la elección en las urnas de regímenes progresistas, hacen que el
ALCA se proponga arrebatar el poder de la toma de decisiones de manos
de su desacreditada clientela para ponerlo en las de funcionarios
imperiales.
El ALCA y la estrategia de la guerra
global de Bush
Mientras que los funcionarios económicos estadounidenses se ocupan del
trabajo preparatorio previo al pacto del ALCA en el año 2005, las
autoridades de alto rango de la administración Bush cumplen un
trabajo diferente, pero paralelo: la conquista militar y el monopolio
de los recursos estratégicos petroleros a través de la guerra y
posterior ocupación de Iraq, así como de probables guerras futuras y
colonizaciones de otros países productores. Los intensos esfuerzos de
Washington por fomentar un golpe militar en Venezuela y promover una
guerra total en Colombia son el punto de convergencia entre la
conquista por la fuerza de los recursos petroleros y América Latina.
El predominio de la ultraderecha militarista en el régimen de Bush (Wolfowitz,
Perle, Cheney, Rice y Rumsfeld) significa que, al menos de manera
temporal, la guerra y las políticas represoras tienen prioridad por
encima de las económicas, incluido el ALCA. Washington asume que su
clientela de regímenes latinoamericanos y el activo de que dispone
entre los serviles ministros de asuntos exteriores se ocuparán de la
promoción del ALCA. Desde el punto de vista estratégico, si fuera
necesario imponerlo, los señores estadounidenses de la guerra confían
en sus lazos cada vez mayores con los militares y la policía secreta
de América Latina (eso que se suele denominar fuerzas de seguridad y
servicios de "inteligencia").
Estudiado con objetividad, el énfasis que pone el régimen de Bush en la
conquista militar se sustenta en el enorme déficit económico actual
y en la esperanza de los futuros beneficios monopolísticos que
obtendrá tras controlar el petróleo del Oriente Próximo y
Venezuela. Mientras tanto, en el período de "transición"
que va del déficit actual a las ganancias futuras, Washington trata
de exprimir América Latina para obtener la diferencia. Sin embargo,
los cálculos de Washington y de Wall Street no tienen en cuenta el
alcance y la profundidad de la emergente ola de movimientos populares
contra el ALCA y su brazo militar; mientras que Washington se ocupa de
sus proyectos de construcción imperial, las masas están cada vez más
inquietas y la clientela de regímenes neoliberales empieza a
convertirse en un accidente de la historia. Queda por dilucidar la
cuestión de qué ocurrirá en primer lugar: ¿Crearán los
movimientos populares regímenes nacionalistas y socialistas antes de
que Washington pueda encerrarlos en la jaula del ALCA? Yo apuesto por
los movimientos populares.
Nota del traductor:
ALCA: Área de Libre Comercio de las Américas.
AFL-CIO: American Federation of Labour merged with
Congress of Industrial Organisations.
NAFTA: North American Free Trade Agreement.
OEA: Organización de Estados Americanos
BID: Banco Interamericano de Desarrollo.
25 de octubre de 2002

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