OTRO FORO SOCIAL ES POSIBLE
por James Petras
El Foro Social Mundial (FSM) que tuvo
lugar en Porto Alegre entre el 1 y el 5 de febrero de 2002
atrajo casi 70 mil participantes, incluyendo a más de 15 mil
delegados de casi 5 mil organizaciones. Los delegados vinieron
de 150 países para participar en 28 conferencias, 100
seminarios y 700 talleres. Más de 3 mil periodistas de radio,
TV, diarios y revistas cubrieron el evento. Siendo el primer
evento de envergadura desde el 11/10-7/11, el FSM refutó la línea
de propaganda de Bush-Rumsfeld de que los pueblos del mundo habían
escogido entre el imperialismo de los EEUU y el terrorismo islámico.
Porto Alegre demostró que el movimiento mundial "anti-globalización"
está vivo y crece: en el 2002 participó el doble de gente que
el año anterior, hubo una mayor cobertura de los medios de
comunicación (excepto de los EEUU), el espectro de grupos y
participantes fue más amplio de lo que ha sido en cualquiera de
los foros previos. Finalmente, la manifestación de clausura con
50 mil participantes anti-ALCA fue la mayor hasta el momento en
América del Norte o del Sur.
Probablemente, tan importante como la presencia física de
grandes cantidades de gente y movimientos lo fue el espíritu
del foro: la fe y el optimismo ascendentes se reflejaron en la
consigna central, " otro mundo es posible."
Había pocos rastros del derrotismo y la desmoralización
evidentes en los círculos intelectuales de los EEUU y Europa
después del 11 de septiembre. Las esperanzas en un mundo
alternativo fueron atemperadas por el reconocimiento de que la
ofensiva militar de los EEUU y su postura unilateral pondrían más
altos los obstáculos para el cambio socioeconómico y
medioambiental. En gran parte, la cobertura más amplia de los
medios de comunicación y los reportajes más objetivos (excepto
en los EEUU) se debieron a la presencia de celebridades políticas
que sostienen posiciones centristas (miembros de la dirigencia
del Partido Socialista Francés, representantes de las Naciones
Unidas, Banco Mundial, dirigentes del sector moderado /
socialdemócrata del Partido de los Trabajadores del Brasil, etcétera).
Los avances políticos y los logros del FSM-2002 notados por los
medios Europeos Occidentales fueron acompañados por un
particular prejuicio en los reportajes: la mayoría de los
periodistas y redactores citaron y presentaron favorablemente
las "ideas serias" de las personalidades y los líderes
políticos más moderados que se reunieron en la Universidad Católica.
Muy pocas veces se citó o se mostraron fotografías de los
dirigentes de masas y de los activistas de los movimientos
populares. Por ejemplo, el Financial Times (5/02/02, página 28)
caricaturizó las diferencias entre los radicales y los
reformistas de la siguiente manera: "Tras las teatrales
expresiones de protesta, el Foro se caracterizó por un serio
intercambio de ideas y propuestas, tales como reformas de los
acuerdos sobre los derechos de propiedad intelectual de la
Organización Mundial de Comercio. La mayoría (sic) de los
participantes dijeron que no estaban en contra de la globalización,
sino por una forma equitativa de la misma, con una participación
internacional más amplia en la toma de decisiones”.
Los medios de comunicación, en su mayoría, ignoraron los
cientos de reuniones paralelas organizadas en los campamentos
por grupos de activistas y las discusiones formales e informales
de las organizaciones radicales y revolucionarias de mujeres, jóvenes,
campesinos, indígenas. Mientras los medios de comunicación
calificaron la presencia del Banco Mundial, de las Naciones
Unidas y de otros funcionarios como que "agregaban
legitimidad al Foro”, para la mayoría de los activistas del
Tercer Mundo lo fue la presencia de fuertes contingentes de
militantes de Argentina, recién venidos de echar abajo el régimen
neoliberal, quienes le dieron al Foro su legitimidad.
Mientras que muchos de los líderes mencionaron la
"diversidad" del FSM, noventa por ciento de los
participantes eran: brasileños (67%), italianos, españoles,
franceses y argentinos (23%). Más significativo que la
diversidad de las nacionalidades (que como lo demuestran los
porcentajes indicados arriba, fue bastante limitada), fueron las
diferencias sociopolíticas entre los participantes brasileños
y europeos.
UNA HISTORIA DE DOS FOROS
Si la declaración final unitaria emitida por numerosos
movimientos sociales expresó un nivel de consenso contra el
pago de la deuda externa, oposición a la guerra de los EEUU en
Afganistán y solidaridad con los palestinos, las demandas
programáticas reflejaron las exigencias de las ONGs más
reformistas y de las personalidades más ilustres, mientras que
el calendario de las movilizaciones para 2002 reflejó la
influencia de los activistas.
En realidad, el FSM-2002 se dividió entre reformistas y
radicales, una división que encontró su expresión al interior
de las diferentes organizaciones e individuos presentes. Esta
división fue evidente hasta en la ubicación física de las
discusiones, así como en el estilo de la presentación y
composición de la audiencia.
La mayor parte de lo que se ha escrito acerca del FSM está
basado en lo que tuvo lugar en la Pontificia Universidad Católica
(PUC). Los eventos de la PUC no fueron representativos del FSM,
al menos a los ojos de muchos activistas del movimiento. Los
organizadores señalaron que aproximadamente una quinta parte
(diez mil) de los participantes del FSM estuvieron en el PUC
-por lo general, aquellos de más de 40 años de edad y en su
mayoría profesionales de clase media. Fuera de la PUC, unas 50
mil personas, aproximadamente, participaron en un
espacio más politizado, que incluyó debates y discusiones
acerca de la lucha por el socialismo.
En la Universidad Católica (PUC) por lo general académicos,
intelectuales y ”oenegeros” discutieron entre ellos mismos.
Sólo hubo un número muy limitado de dirigentes campesinos,
activistas urbanos y sindicalistas. Más aún, los académicos
hicieron muy poco por comunicarse efectivamente con los pocos
activistas de base presentes, y sus presentaciones en su mayoría
no lograron articularse con las preocupaciones actuales de los
militantes. En las reuniones y talleres paralelos en los
campamentos hubo mayor debate entre activistas y oradores, un
intercambio más fluido de ideas y un mayor esfuerzo para
articular experiencias entre los militantes de base.
El Foro estuvo fuertemente politizado. Por un lado estaban los
reformistas -los “oenegeros”, los académicos y la mayoría
de los organizadores del Foro: ATTAC -los partidarios de la Tasa
Tobín de Francia- y dirigentes del ala social-liberal del
Partido de los Trabajadores del Brasil. Por el otro, estaban los
radicales del Movimiento Sin Tierra del Brasil, intelectuales
activistas, piqueteros de Argentina, representantes de partidos
de izquierda, sindicatos, movimientos urbanos y grupos de
solidaridad. Hubo diferencias significativas en la composición
social de las reuniones y de las manifestaciones.
En la marcha inaugural, dirigida por los funcionarios
reformistas, los manifestantes pertenecían a un conjunto
diverso de grupos. La marcha no-oficial de 50 mil participantes
contra el ALCA fue organizada por grupos radicales y concluyó
con un amplio contingente de trabajadores brasileños,
campesinos y gente sin vivienda, así como militantes
internacionalistas de las luchas que están teniendo lugar en
Argentina, Bolivia y otros países.
Lo que resultó más llamativo de ambas manifestaciones fue la
preponderancia de contingentes, pancartas y banderas que
representaban a los movimientos de izquierda y radicales, y la mínima
visibilidad de los contingentes reformistas/ONGs. Hubo pocas
pancartas del Partido de los Trabajadores, de la CUT de Brasil,
de los grupos globales de ATTAC, etcétera. Las diferencias en
cuanto a poder de “convocatoria” eran evidentes. Sin
embargo, los oradores centrales en ambos eventos fueron políticos
del Partido de los Trabajadores del Brasil, que este año se
encuentran de campaña electoral.
El Foro también estuvo dividido en cuanto a la dirección a
seguir. Los reformistas, citando cláusulas de la constitución
de Foro Social, justificaron la exclusión de los zapatistas, de
las FARC y de otros movimientos populares insurgentes calificándolos
de "movimientos políticos", mientras que por otro
lado presentaban figuras dirigentes del Partido de los
Trabajadores del Brasil, el Partido Socialista francés, etcétera.
Más aún, la exclusión por parte de los funcionarios del
FSM-2002 de las Madres de Plaza de Mayo, un movimiento social
argentino muy prominente, fue protestada por el Movimiento Sin
Tierra del Brasil, que envió una invitación a las Madres y un
pasaje de avión a Hebe Bonafini. La división entre reformistas
y radicales fue más evidente aún en sus definiciones de lo
central de la lucha y en las propuestas. Los reformistas todavía
hablaban el lenguaje de oponerse a la globalización, sumando a
esto la oposición al militarismo yanqui. Los radicales,
vinculaban cada vez más la expansión de las corporaciones
multinacionales a los estados imperiales y hablaban cada vez más
el lenguaje del antiimperialismo. Esta no es una distinción retórica,
está profundamente enraizada en la orientación y las
perspectivas estratégicas de los alineamientos en pugna.
Mientras que los reformistas hablaban el lenguaje de continuar
con las movilizaciones, su impulso principal es el del cabildeo
y las negociaciones entre elites con el Banco Mundial y otros
Organismos Financieros Internacionales para asegurarse promesas
de "globalización humanitaria". Muchos de los
reformistas hablan y escriben de "otra globalización",
una globalización que implica agregar cláusulas de derechos
humanos, y un lugar en la mesa junto a los poderes imperiales y
sus banqueros y directores ejecutivos. Los radicales ven la
movilización como tendiente a la creación de nuevas
organizaciones de poder popular, basadas en la organización de
masas de movimientos de pobladores urbanos, trabajadores, indios
y negros. Su orientación es la de crear nuevos movimientos
internacionales basados en la clase, como la Vía Campesina, que
busca implementar transformaciones radicales de los derechos de
propiedad y las relaciones sociales de producción. Los
reformistas, al referirse a la "sociedad civil," no
muestran interés en el "poder estatal”; se contentan con
presionar a los poderes imperialistas existentes para asegurarse
mayor regulación, limitaciones sobre los capitales
especulativos (la Tasa Tobín) y una mayor liberalización del
comercio para ayudar a las elites agro-exportadoras en el Tercer
Mundo a asegurarse nichos de mercado en el Norte. Los radicales
se refieren concretamente a organizaciones de clase que combinan
género, raza y ecología, y reconocen que, aunque las reformas
son esenciales, éstas no han sido duraderas y ni siquiera han
sido implementadas por los estados imperialistas o por sus
lacayos locales. Señalan la necesidad de un nuevo poder
estatal, basado en asambleas de base y movimientos sociales
capaces de socializar los medios de producción y democratizar
las relaciones sociales, desplazando totalmente a las actuales
elites corporativas y sus benefactores de las Instituciones
Financieras Internacionales. Rechazan las políticas de
compartir espacios en la mesa del Banco Mundial como estrategia
de cooptación, en la que el control de los lazos financieros y
estructurales a los estados imperiales y a las Corporaciones
Multinacionales, hacen de la coparticipación una estrategia sin
salida que sólo enriquece a los ”oenegeros” a expensas del
pueblo.
En su búsqueda del máximo (en realidad, mínimo) común
denominador para la "unidad anti-globalización," los
reformistas incluyen personalidades y representantes políticos
cuyos partidos apoyan la masacre de Afganistán y que dan apoyo
("con reservas") a la ofensiva militar de Bush a
escala mundial. Los radicales describieron la presencia de éstos
como incompatible con los principios básicos del Foro y algunos
anarquistas estuvieron involucrados en un incidente de
tarta-en-la-cara para dar a conocer su opinión en ese sentido.
Dentro del bando radical, los disciplinados movimientos
sociales, particularmente el MST, fueron la fuerza predominante
para prevenir que provocadores y anarquistas se lanzasen al
vandalismo y para movilizar a miles de militantes en una masiva
pero pacífica demostración de fuerza política.
Mientras muchos comentaristas notaron la diversidad de los
grupos y sus demandas, pocos cuestionaron la representatividad
de los presentes. Muchas de las ONGs de Europa y los EE.UU. que
estuvieron presentes son organizaciones en el papel, y la mayoría
de las ONGs del Tercer Mundo son miembros de pequeños grupos de
profesionales con pocos (si acaso) simpatizantes organizados y
poseen poco poder de convocatoria. Por otro lado, hubo un pequeño
número de representantes de movimientos de masas africanos,
particularmente de Sudáfrica y Asia, que representaron a
cientos de miles de activistas de base. Sin embargo, fueron las
conocidísimas personalidades intelectuales de las ONGs las que
llenaron las tarimas e informaron al público acerca de los
movimientos en sus regiones. La sobre-representación de
grupitos de personalidades a expensas de los militantes
ciertamente que atrajo a los medios, pero no aumentó el
intercambio de ideas y la transmisión de experiencias a
aquellos que se encuentran en la primera línea de la lucha. Las
sesiones plenarias oficiales y los "testimonios"
estuvieron fuertemente sesgados a favor de los “oenegeros” y
los intelectuales, mientras que los talleres paralelos y los
seminarios fueron el lugar de ocasionales intercambios fructíferos
entre activistas de movimientos sustantivos trenzados en
batallas significativas contra el imperialismo
("globalización").
En la discusión de "alternativas", los organizadores
oficiales enfatizaron el imperialismo "reformado" y el
capitalismo "regulado", mientras que los movimientos
sociales radicales abrieron un debate y pusieron sobre la mesa
la discusión acerca del socialismo. La declaración final de
los movimientos sociales reflejó un compromiso entre los
reformistas y los radicales. Por un lado, hubo un diagnóstico
radical de los problemas del mundo y un calendario repleto de
movilizaciones para todo el 2002, y por otro lado, las demandas
finales reflejaron en su mayoría la inclinación de los
reformistas por los intercambios de migajas, dejando de lado
cualquier demanda estratégica por un socialismo participativo y
la derrota del imperialismo.
CONCLUSIÓN
Con nubarrones de guerra imperialista sobre el horizonte,
una recesión mundial que se profundiza y Washington activamente
dedicado a construir su imperio neo-mercantilista desde América
Latina hasta los campos petrolíferos del Asia del Sur y
Central, hay poco espacio y lugar para la política reformista.
Como lo ha declarado el Presidente Bush, se trata de adaptarse
al imperio o perecer. El giro a la derecha de los organizadores
del Foro Social Mundial 2002, su programa minimalista y su énfasis
en presentar personalidades moderadas, no son probable que logre
construir una resistencia contra la ofensiva imperial de los
EEUU. El nuevo imperialismo está polarizando el mundo de una
manera que se ajusta a los análisis de los radicales. La
amplitud y la profundidad de la militarización de los EEUU no
pueden ser confrontadas con protestas esporádicas de redes de
ONGs sin un apoyo popular organizado. Los movimientos sociales
radicales que construyen poderosos movimientos anticapitalistas
locales, regionales e internacionales son mucho más efectivos
que las ONGs internacionales trotamundos.
El FSM-2003 tendrá un año para reflexionar acerca de las
nuevas realidades, y esperemos que pueda capitalizar el vasto
apoyo presente en el FSM-2002 para profundizar y radicalizar su
agenda, en línea con las realidades históricas emergentes.
Hacer otra cosa llevará a una nueva consigna, "Otro Foro
Social es Posible."