EL GRANO DE ARENA
Correo de información ATTAC n° 93
Miércoles, 21/06/2001
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NUESTRO MUNDO NO ESTÁ EN
VENTA
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OMC: Someterse o desaparecer
Ya va siendo hora de poner término a la globalización de las compañías
multinacionales y de luchar por otro mundo que todos sabemos posible.
En noviembre de 1999, la tercera reunión ministerial de la Organización
Mundial del Comercio (OMC) que tuvo lugar en Seattle, fracasó de
manera espectacular debido a las protestas sin precedentes de
ciudadanos y de gobiernos al través del mundo. Desde entonces, tanto
en países ricos como pobres de todo el globo, millones de personas se
han unido para luchar a favor de un futuro justo y sostenible y contra
la globalización corporativa.
A pesar del compromiso de mejorar el sistema que prometió el
comunicado final de la reunión ministerial de Seattle, compromiso que
buscaba contrarrestar la crisis de legitimidad que sufre la OMC, las
cosas no han mejorado. Muy al contrario, han empeorado. Ya es hora de
abolir el poder y la autoridad de la OMC. Las carencias democráticas,
de transparencia y de responsabilidad de esta institución, que
supuestamente promueve la libertad de mercado, sólo han contribuido a
concentrar la riqueza en manos de las minorías acaudaladas,
aumentando así las desigualdades que ya existían tanto en el
interior de cada nación como entre las diversas naciones, e
incrementando la pobreza de la mayor parte de los pueblos del mundo,
el desplazamiento de los agricultores y de los trabajadores,
especialmente en los países del tercer mundo, y las tendencias
insostenibles de producción y de consumo.
La OMC está tratando de desactivar las manifestaciones de protesta
-organizadas por los trabajadores y los agricultores, por los
activistas medioambientales, por los militantes a favor de los
derechos humanos, por los líderes religiosos e indígenas y por los
gobiernos del tercer mundo- contra los desequilibrios y los problemas
que ha provocado la imposición de los Acuerdos del GATT de la Ronda
de Uruguay (GATT: General Agreement on Trade and Services, Acuerdo
general sobre aranceles aduaneros y comercio). El Secretariado de la
OMC, supuestamente neutral, está compuesto por gobiernos de países
ricos y por grupos de cabildeo corporativo (lobby), cuyo objetivo es
que la OMC siga haciendo lo de siempre: expandir la globalización de
las compañías multinacionales. Las negociaciones para la revisión
de los acuerdos de la OMC sobre agricultura, servicios y derechos de
la propiedad intelectual relacionados con el comercio, han sido
suprimidas del proceso de revisión y mejora, lo cual aumentará los
estragos y la ruina en todo el mundo.
Los gobiernos están siendo engañados y chantajeados para que, en la
cuarta reunión ministerial -que tendrá lugar en Qatar entre los días
9 y 13 de noviembre-, acepten una nueva serie de negociaciones de
ampliación de la OMC. La verdadera agenda de esta nueva ronda,
falazmente denominada "ronda del desarrollo", consiste en
aumentar la capacidad de acceso y los privilegios ya gozados por las
inversiones bajo el régimen de la OMC, en incrementar la cesión de
poderes por parte de los gobiernos, en reforzar las políticas de
competencia, y más aún.
Estos favores adicionales que se pretende conceder a las corporaciones
multinacionales serán un riesgo añadido para las economías
nacionales y locales; para los trabajadores, los agricultores, los
pueblos indígenas, las mujeres y otros grupos sociales; para la salud
y la seguridad, el medio ambiente y el mundo animal. Todo ello está
teniendo lugar en el contexto de una creciente inestabilidad global,
del colapso de las economías nacionales, de la creciente desigualdad
tanto entre las naciones como entre los ciudadanos de cada nación y
de una degradación medioambiental y social cada vez mayor, como
resultado de la aceleración del proceso de globalización
corporativa.
Ya es hora de denunciar las crisis del sistema comercial internacional
y de su principal institución administrativa, la OMC. Ya es hora de
impedir la celebración de la nueva ronda y de lograr que el comercio
esté al servicio de los intereses de toda la humanidad. En el umbral
del siglo XXI, necesitamos reemplazar este viejo, injusto y opresivo
sistema comercial por uno nuevo, que sea socialmente justo y
sostenible.
Necesitamos proteger la diversidad cultural, biológica, económica y
social; introducir políticas progresistas que den prioridad a las
economías y al comercio locales; asegurar los derechos económicos,
culturales, sociales y laborales reconocidos internacionalmente y
reclamar la soberanía de los pueblos y de los procedimientos
decisorios democráticos nacionales y subnacionales. Con vistas a
lograrlo, es preciso instaurar nuevos reglamentos, que estén basados
en el principio del control democrático de los recursos, de la
sostenibilidad ecológica, de la igualdad, de la cooperación y de la
previsión.
A la luz de todo lo anterior, formulamos a nuestros gobiernos las
siguientes exigencias:
Que se opongan a la expansión de la OMC
Reiteramos nuestra oposición a los continuos intentos de organizar
una nueva ronda de negociaciones, de expandir la OMC mediante la
inclusión de nuevas proposiciones -tales como la inversión, la
competencia, las cesiones de poder de los gobiernos, la biotecnología-
o de acelerar la liberalización de las tarifas. La expansión del
control de la OMC en asuntos como la inversión y la política de
competencia o la exigencia de que todos los países se plieguen a sus
reglamentos, obtenidos gracias a la cesión de poder de los gobiernos
(empezando por una fase inicial de reglas de transparencia), amenazaría
la autodeterminación nacional y la supervivencia de empresas y
granjas locales de pequeño y
mediano tamaño, eliminaría los apoyos a las economías locales y
causaría daños sociales y medioambientales incalculables. Rechazamos
también las nuevas tácticas de la Unión Europea, en particular su
actitud solapada en las negociaciones sobre inversiones y
competitividad, que introduce éstas bajo la forma de acuerdos
multilaterales. Es necesario someter a una moratoria las iniciativas
de la OMC que buscan la liberalización del comercio. En vez de tales
iniciativas lo que hay que resolver de manera urgente es la
desigualdad que padecen los países en vías de desarrollo, y eso sin
vincular tales iniciativas al contexto de negociaciones adicionales
sobre la liberalización.
Que se opongan al control de la OMC, protejan los derechos sociales básicos
y defiendan el medio ambiente
Resulta inapropiado e inaceptable que los derechos sociales y las
necesidades básicas estén sometidos al control de los reglamentos de
la OMC. Los acuerdos comerciales no deberían de limitar la protección
institucional de lo que es imprescindible para el bienestar humano en
todo el planeta, a saber, los alimentos y el agua, los servicios
sociales básicos, la educación, la salud y la seguridad, la defensa
del medio ambiente y la salvaguarda de la vida animal. La intromisión
de los reglamentos comerciales en dichas áreas ya ha dado lugar a
campañas ciudadanas relacionadas con asuntos diversos: los organismos
genéticamente modificados, el crecimiento de los bosques, la
prohibición de productos en el territorio nacional o la
comercialización predadora del tabaco.
Que se opongan al AGCS, mantengan los servicios sociales básicos y
las protecciones públicas
Todo lo relativo a la salud, la educación, la distribución de la
energía, el agua y otros servicios humanos básicos no debe estar
sujeto a los reglamentos internacionales de libre comercio. Además,
el acuerdo AGCS de la OMC (AGCS: Acuerdo General sobre el Comercio en
los Servicios) no tiene derecho alguno a limitar la capacidad de los
gobiernos y de los pueblos para establecer reglamentos que protejan el
medio ambiente, la salud, la seguridad y otros intereses públicos. El
principio de la "liberalización progresiva" intrínseco al
AGCS, así como la intromisión de las inversiones extranjeras en
sectores de servicios ha dado lugar a graves problemas, tales como la
desregulación de los servicios esenciales.
Que eliminen el proteccionismo de las patentes corporativas: las
simientes y las medicinas son necesidades humanas, no mercancías
Todas las políticas sobre la propiedad intelectual deben permitir que
los gobiernos puedan limitar la invulnerabilidad de las patentes, y
ello con vistas a la protección de la salud y de la seguridad públicas;
esencialmente nos referimos a las patentes de medicamentos
imprescindibles en el control de algunas enfermedades mortales y a las
patentes de ciertas formas de vida, como es el caso de los
microorganismos, cuya privatización deberá estar terminantemente
prohibida en todos los regímenes nacionales e internacionales. Los
actuales reglamentos sobre la propiedad intelectual que existen en los
pactos comerciales, como por ejemplo el acuerdo ADPIC de la OMC
(ADPIC: Aspectos de los Derechos de la Propiedad Intelectual
relacionados con el Comercio [incluido el comercio de mercancías
falsificadas], uno de los temas de la Ronda de Uruguay), dificultan el
acceso de los consumidores a medicinas esenciales y a otros bienes,
conducen a la apropiación privada de algunas formas de vida y de
conocimientos tradicionales, degradan la biodiversidad e impiden que
los países más pobres puedan aumentar sus niveles de bienestar
social y económico. No existe base moral alguna para incluir tales
reclamaciones sobre la propiedad intelectual en un acuerdo comercial.
Que prohiban las patentes de cualquier forma de vida
Las patentes de formas de vida y otros derechos de propiedad
intelectual sobre los recursos biológicos deben ser prohibidos en
todos los regímenes nacionales e internacionales. La diversidad genética
no pertenece a la esfera de la propiedad privada y es preciso acabar
con la biopiratería o el robo de los conocimientos tradicionales.
Que acaben con el fraude y las calamidades provocados por el acuerdo
sobre la agricultura, pues la alimentación es un derecho básico del
género humano
El acuerdo de la OMC sobre agricultura es fraudulento, porque no ha
reducido los subsidios dedicados a la agricultura industrial orientada
a la exportación (en realidad los subsidios han aumentado), mientras
que, al mismo tiempo, la liberalización de las importaciones ha hecho
que los pequeños agricultores vean disminuir sus ganancias y
degradarse sus medios de subsistencia. Para evitar más calamidades a
millones de pequeños agricultores, es necesario reducir drásticamente
o eliminar de inmediato el apoyo institucional a la agricultura que
esté orientada a la exportación, así como abolir la liberalización
de las importaciones.
Es preciso tomar medidas que promuevan y protejan la soberanía
nacional sobre los alimentos naturales y la seguridad de éstos, así
como fomentar que los pequeños campesinos, que practican una
agricultura sostenible, estén exentos de los reglamentos comerciales
internacionales. El sistema comercial no tiene derecho alguno a
degradar los medios de subsistencia de los campesinos, de los pequeños
agricultores, de los pescadores artesanales y de los pueblos indígenas.
Sólo un sistema que garantice la soberanía nacional sobre los
alimentos podrá ejercer el derecho básico humano a la alimentación,
lo cual significa el derecho de los pueblos a definir sus propios
alimentos y sus propias políticas de agricultura, así como el
derecho a producir sus alimentos básicos de una manera que respete la
diversidad cultural y productiva.
Que se opongan a la liberalización de las inversiones
Es preciso anular el acuerdo MIC de la OMC (MIC: Medidas en materia de
Inversiones relacionadas con el Comercio de mercancías; en dicho
acuerdo se reconoce que ciertas medidas en materia de inversiones
[obligaciones impuestas a los inversores] pueden causar efectos de
restricción y distorsión del comercio). Todos los países, y
especialmente los del tercer mundo, deben de tener el derecho a
utilizar opciones políticas (tales como una política de contención
local) para aumentar la capacidad de sus propios sectores productivos,
especialmente las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Es obvio que
la revisión del MIC no ha de ser utilizada para incluir el tema de
las inversiones en la agenda de la OMC. Por lo tanto, reiteramos
nuestra absoluta oposición a los intentos de establecer negociaciones
en la OMC sobre reglamentos de inversión, sobre un sistema de inversión
o sobre un acuerdo de inversión de cualquier clase que sea. Las
proposiciones de una orientación de tipo del acuerdo AGCS, o un
acuerdo de transparencia inicial sobre la inversión, o un acuerdo
plurilateral, son únicamente cambios tácticos que buscan embaucar a
los países o grupos que se han negado a apoyar un acuerdo de inversión
más extremo. El objetivo sigue siendo el mismo: conceder derechos sin
precedentes a los inversores extranjeros, por lo cual rechazamos todas
estas orientaciones supuestamente diluidas que buscan objetivo
similares a los del desacreditado AMI (AMI: Acuerdo Multilateral sobre
las Inversiones).
Que favorezcan un comercio equitativo mediante un tratamiento especial
y diferencial
Teniendo en cuenta la débil posición que ocupan los países del
tercer mundo en el sistema comercial mundial, es imprescindible que se
les reconozcan y se les incrementen unos derechos especiales y
diferenciales que los ayuden a integrarse en dicho sistema. Sin el
refuerzo de derechos especiales y diferenciales, los países del
tercer mundo no tendrán posibilidad alguna de obtener beneficios en
el comercio mundial.
Que den prioridad a los derechos sociales y del medio ambiente
El "libre mercado" sitúa los beneficios corporativos por
delante de
las personas y del medio ambiente. Necesitamos un comercio justo. Es
necesario respetar, promover y practicar los derechos fundamentales
humanos y de los trabajadores y, a mismo título, los derechos
relativos al medio ambiente, a la salud, a la educación de los
pueblos indígenas, a la seguridad, a la pureza de los alimentos y al
respeto de la vida animal.
Por ejemplo, la Declaración de la Organización Internacional del
Trabajo sobre los principios fundamentales y los derechos en el
trabajo, la Convención sobre la biodiversidad y su Protocolo sobre la
bioseguridad, así como la Declaración de las Naciones Unidas sobre
los derechos humanos han de ser implementadas de manera activa. La OMC
no tiene derecho alguno a debilitar estos genuinos acuerdos
internacionales, sociales y medioambientales.
La importancia de promover, respetar y practicar los derechos
fundamentales de los trabajadores y otros derechos humanos por todos
los medios posibles incluye la acción ante las instituciones
internacionales apropiadas.
Que democraticen la toma de decisiones
Los pueblos han de tener el derecho a la autodeterminación y el
derecho a conocer y decidir sus obligaciones comerciales
internacionales. Entre otras cosas, esto requiere que las decisiones
que se adopten en las negociaciones, así como su imposición por
medio de los organismos comerciales internacionales se lleven a cabo
de forma democrática, transparente e inclusiva. La OMC funciona de
una manera secreta y exclusiva, ya que aísla a sus miembros del
control popular, pues está dominada por unos pocos gobiernos
poderosos que actúan en nombre de su elite corporativa.
Que se opongan a este sistema
El sistema que utiliza la OMC para dirimir las disputas es
inaceptable, puesto que impone un sistema ilegítimo de reglamentos
injustos, funciona mediante procedimientos no democráticos y usurpa
las funciones legislativa y ejecutiva de las naciones y de los
gobiernos locales.
Asimismo, un sistema de comercio internacional justo requerirá
cambios fuera de la OMC. Dicho sistema deberá considerar de manera
prioritaria los derechos y el bienestar de los trabajadores y de los
agricultores, quienes son los que producen y suministran las mercancías
y los servicios. Los ataques de las corporaciones multinacionales y de
algunos gobiernos a los derechos de los trabajadores habrán de ser
desautorizados por todos los gobiernos y por las agencias
internacionales, que asimismo se ocuparán de impedir el actual
proceso de eliminación de los logros sociales que las luchas obreras
habían obtenido para la clase trabajadora; al mismo tiempo, este
nuevo sistema impedirá la pérdida de la seguridad en el trabajo y la
constante disminución de los salarios. Es preciso reforzar los
derechos de los trabajadores en todo el mundo.
Exigimos también que el Fondo Monetario Internacional, el Banco
Mundial y los bancos de desarrollo regional cancelen la totalidad de
los préstamos que les adeudan los países pobres, con vistas a que éstos
puedan dedicar tales fondos, entre otras cosas, a la erradicación de
la pobreza y al desarrollo. Habrá que abolir la utilización del carácter
condicional de los ajustes estructurales, que busca forzar la
liberalización del comercio en los países del tercer mundo y en
otras partes. A través del sistema de las Naciones Unidas o de otros
organismos apropiados, con una total participación democrática, los
gobiernos deberán negociar un acuerdo vinculante que asegure el
respeto de las condiciones sociales y medioambientales por parte de
las corporaciones, así como que éstas sean jurídicamente
responsables ante las autoridades democráticas.
Conclusiones y consecuencias
Nuestro objetivo es la implantación de un sistema comercial
sostenible, democráticamente responsable y socialmente justo. Por lo
tanto, como primer paso para que el comercio mundial cambie de
orientación, exigimos que nuestros gobiernos implementen las medidas
enumeradas en este documento con vistas a eliminar el poder y la
autoridad de la OMC.
Estamos dispuestos a movilizar a la población dentro de nuestros países
para luchar por estas exigencias y para desafiar las políticas
injustas de la OMC. Asimismo, apoyamos a otros pueblos y países que
persiguen el mismo objetivo con campañas de solidaridad
internacional.
Nos comprometemos a difundir el "Espíritu de Seattle" por
todo el mundo para lograr que la ronda de negociaciones de Qatar no
tenga lugar.
Organizations may want to sign this statement.
http://www.canadians.org/campaigns/campaigns-trade-notforsale.html
This is an organizational sign-on letter only. For general inquiries
about the statement or for more information on how to sign, please
contact Steve Staples at the Council of Canadians
sstaples@canadians.org