<%@ Language=VBScript %> Manuel Talens - El sitio web del escritor. Lecturas ajenas. Eduardo Úrculo.
El escritorio de Manuel Talens

LECTURAS AJENAS

 Hoy, para cambiar, le echaremos una mirada a las artes plásticas. Mi gran amigo y hermano el pintor palentino Abbé Nozal (cuyo nombre de bautismo es Tomás, pero él no lo utiliza desde que con buen criterio renegó de la fe), mantiene una conversación en Madrid con el pintor y escultor Eduardo Úrculo, conversación que recoge íntegramente Completart.com <http://www.completart.com/entrevistas/Marzo2001.htm>.


Conversación en voz alta:
Eduardo Úrculo y Abbé Nozal


DE LA INMORTALIDAD DE LOS GATOS Y ALGUNOS COLEÓPTEROS
Abbé Nozal: Qué insistencia en la inmortalidad y en la trascendencia. Y aquí estamos: inmortales... sólo hasta la muerte. ¡Sublime paradoja: Úrculo será inmortal hasta que se muera!
Eduardo Úrculo: Sí, claro... esto de la inmortalidad es una cosa absolutamente humana. Hemos progresado para ser inmortales. La historia de la humanidad no ha sido inocente. Sabiendo que somos mortales, sin embargo soñamos con y trabajamos para la inmortalidad. La inmortalidad es aquello que nos transciende y ése es el sentido con el que han funcionado las dos grandes vertientes de la espiritualidad, una es la religión y otra es el arte. Todos llegamos a ese momento en el que somos conscientes de que vamos a morir. Los únicos inmortales son los perros porque ellos no saben que se mueren.
Abbé Nozal: Disculpa, no solamente los perros, los gatos también. Casi todos mis gatos son inmortales.
Eduardo Úrculo: Sí, claro... y algunos coleópteros.
Abbé Nozal: La certeza de la muerte inventa dioses. Mi gata Sor Puchi de Jesús es la única gata mortal porque reza, la única excepción felina de la inmortalidad.
Eduardo Úrculo: Nosotros somos los únicos animales que sabemos que vamos a desaparecer, y ante la angustia que esa certeza nos produce creamos arte, creamos dioses, nos inventamos cielos e infiernos, premios y castigos eternos, etc.
Abbé Nozal: De modo que ni siquiera me dejas la excepción de Sor Puchi. Bien, accedo, pero conste que esa jodida gata se ha inventado el románico y maúlla a los contrafuertes como si fueran dioses. Por cierto, algunos gilipollas esotéricos utilizan al gato como detector de fantasmas: aseguran que los gatos, cuando se quedan absortos ante el vacío, en realidad es que están fijos ante un fantasma.
Eduardo Úrculo: Tú y tus gatos. ¿Sabes que Marruecos está plagado de gatos? Estuve allí en noviembre pasado y me llamó la atención este fenómeno. Allí abundan en mayor cantidad que los perros y eso se debe a una creencia popular según la cual, si en una casa hay perros, es una casa donde no entran los ángeles. El perro impide la entrada al ángel. Podrás suponer que, en consecuencia, el gato campa por sus respetos en calles y plazas.
Abbé Nozal: Era el animal preferido del Profeta. Mahoma tenía una gata llamada Mussa y era tal el aprecio que le dispensaba que, en cierta ocasión, habiendo terminado este sus oraciones y debiendo partir, demoró su viaje porque Mussa se había quedado profundamente dormida sobre la bocamanga de su levita. Y como el plácido dormir de la gata se prolongara, el gran Profeta prefirió cortar suavemente su manga antes que despertarla.
Eduardo Úrculo: De modo que la tradición musulmana favorece al gato...
Abbé Nozal: Yo lo eché en falta en aquellas composiciones tuyas (aunque posteriormente has pintado algún gato), en aquella memorable exposición del ya lejanísimo año 1977. Fué en aquella exposición donde nos conocimos, ¡qué jarro de agua fría constatar que ha pasado tanto tiempo!
Eduardo Úrculo: Sí, hemos superado la fecha de caducidad.

LA PINTURA COMO ELEMENTO LÚDICO
Abbé Nozal: Recuerdo perfectamente esa exposición, recuerdo todos y cada uno de los cuadros. Fue tu consagración y a la vez, yo creo, el comienzo de la evolución que llega hasta hoy.
Eduardo Úrculo: Aquello fue la eclosión de un trabajo realizado durante algunos años, el resultado de un modo de hacer y de pensar... ten en cuenta que en España entonces, temáticamente, todos éramos obsesivos... En cierto modo yo lo he sido siempre. Coger un tema y desarrollarlo: el desnudo femenino. Desde la ausencia o desde la escasa presencia en la pintura española, salvando excepciones más que notables, como la "Venus del espejo" de Velázquez. No entro en las cuestiones de tipo moral que motivaron esa ausencia, sólo digo que a mí esa ausencia me servía de acicate, de estímulo. El desnudo lo tomé como bandera, como distintivo iconográfico del Ürculo de entonces. Fue la consecuencia de un período anterior en el que dominaba la pintura negra, un período muy enraigado en la España neocastiza, de toreros, en aquella España dominada por la presencia de la iglesia y de las fuerzas del orden, una España muy aldeana, muy gris y muy aburrida. Cierto que entonces había pinchos de tortilla, pero es que, a cambio, en Europa había Modigliani, Van Gogh, Gauguein, había teatro y cine, en fin, para qué seguir.
Abbé Nozal: Entonces surgió la belleza de aquellas mujeres desnudas, insinuantes, apenas tapadas por el pliegue de una cortina o por un cojín...
Eduardo Úrculo: Sí, aquella exposición mía de finales de los setenta fué una catarsis. Y ayudó publicitariamente algún pacato comentario sobre pornografía y cosas de ese estilo, en fin, las bobadas de aquella época que eran de una ingenuidad asombrosa, propias de unas autoridades políticas que eran más ingenuas que otra cosa. Pero sí, claro, te reprimían, había censura, te ponían un cruz y ya no vendías. Lo cierto es que llegó la primavera democrática y aquella exposición de la galería Multitud, una galería muy importante entonces, recuerdo que estaba en la calle Claudio Coello, fue una exposición alegre, donde había una exaltación del culo, de los desnudos... Era en buena medida la exaltación de las libertades que entonces empezábamos a disfrutar, el salir a la calle y abandonar la clandestinidad en lo político y en lo cultural.
Abbé Nozal: Yo te recuerdo en medio de una gran fiesta, y créeme que eso resultaba sorprendente entonces. No sé si tanto como los culos y las tetas que pintabas en tus lienzos, rodeados de floreadas túnicas y confortables almohadones, las ubres enormes de unas placenteras vacas que ya nunca más estarían tan cuerdas, los bodegones... Recuerdo que sentí la presencia de Epicuro y esa sensación, en lo que a tu nombre se refiere, permanece. Era o podría haber sido la estética de las Mil y Una Noches...
Eduardo Úrculo: Bueno sí, también de aquella época son los bodegones frutales y el período de las vacas, entre los 70, 75, donde tal vez asomaba el rito de la fertilidad, un poco el mito de Afrodita... Aquello fue sin duda un interludio, algo entre un primer período negro, de crítica social y de crítica política, y la obra posterior. Pero cargado de intención, siempre hubo intencionalidad en mi obra, ya fuera el desgarro o la rabia, ya la utilización de la pintura como elemento lúdico.
Abbé Nozal: Y yo creo que eso es precísamente lo que te caracteriza a ti especialmente y lo que caracterizó a toda una generación, en la que me incluyo. La afinidad que siento hacia tu persona es en realidad la que siento por tu obra, es consecuencia de mi propio compromiso con la pintura, igualmente lúdico, pretendidamente festivo, como es tu caso.
Eduardo Úrculo: Sí, claro, yo no soy un pintor del dolor sino al contrario, del placer. Es mi manera de ser y de pensar, lo cual no inhabilita otras actitudes, pero para mí, siempre lo he dicho, enfrentarme a la ejecución de una obra significa evadirme, escaparme de la realidad. Por eso no pinto tragedias y sí, me considero un pintor de lo lúdico, de lo festivo, de lo gozoso. Y esto es consciente, no es una cosa que sencillamente surge así, como los geranios en el campo. Era más difícil en la etapa anterior, más goyesca, más en la llamada tradición española, pero aún así mantuve cierta atipicidad, en tanto que inevitablemente soy español pero, podría decirse, un español atípico por cuanto el empleo del color, la intención, etc. Aunque también es verdad que la interpretación que se hace de la llamada pintura española es una interpretación muy maniquea.
Abbé Nozal: Se dice que es telúrica, lúgubre, tenebrosa...
Eduardo Úrculo: Eso se dice, eso está en las raíces del mito pero yo no creo que sea así. Velazquez es un colorista impresionante, como Goya y los demás grandes pintores. Sin embargo sigue interpretándose que ser pintor español significa pintar en blanco y negro porque eso está en la tragedia de la metafísica española. A tal sentido me refería al afirmar que soy un pintor atípico.

EL ARTE VIVE UN GENERAL ENTONTECIMIENTO Abbé Nozal: Pero, al margen del pasado, que bien pasado está y que cuestiona incluso el aspaviento de cualquier tipismo, ¿no tienes la sensación, como a mi me pasa, de que el futuro ya no amenaza, de que ha perdido una de sus máximas cualidades, cual es la incertidumbre? ¿No crees que el desarrollo de tu propia labor profesional, como artista, es más que nunca una isla?
Eduardo Úrculo: El futuro personal es algo tan misterioso que no me lo planteo. Mi futuro pueden ser cinco minutos, de modo que ni siquiera lo cuestiono. Respecto al futuro del arte, yo creo que estamos en uno de los momentos de la historia del arte de mayor entontecimiento público. Hemos dejado atrás los distintos movimientos y vanguardias del siglo XX, que han sido muchos, magníficos, prósperos, abundantes y variados. Sin embargo llevamos dos décadas como girando alrededor de un tiovivo tonto, en el que abundan los mimetismos. Resulta que un pintor de Burgos no se diferencia en nada de otro que vive en Manhattan, porque ambos digieren y regurgitan la misma información. ¿La cuestión, pues, va a reducirse a estar informado o desinformado?
Abbé Nozal: Además del sueño de la razón, ahora es el exceso de información el que produce monstruos. ¿O será que hace cien años el mundo del arte era geográficamente más pequeño (París)?
Eduardo Úrculo: Y en cierta medida pasaba algo parecido, aunque a otra escala. En el París de 1910, o en la Alemania de la primera guerra, en Italia e incluso en España, a pesar de que vivió tan de espaldas a las vanguardias, tan lejana de aquella modernidad que era París. El ejemplo más claro lo tienes en el cubismo: había una legión de pintores, miles, trabajando el cubismo, de tal forma que era imposible distinguir la obra de ninguno de ellos. Incluso del los tres que pasaron a la historia, Picasso, Gris, Braque, es a veces difícil distinguir la autoría.
Abbé Nozal: Bueno, cierto, son otros factores los que luego destacan una obra sobre otra. En cualquier caso entonces, al margen de la disciplina, la tendencia o el estilo, el artista nunca hizo dejación del contenido. Actualmente sí. Actualmente el contenido es ajeno a la intención, metido muchas veces con calzador, dictado por terceros.
Eduardo Úrculo: Es que en este final/principios de siglo, han aparecido unos nuevos elementos como la decoración, el estilismo, el escaparatismo, en fin, las llamadas desde siempre artes decorativas que, aún siendo muy lícitos, han adquirido en estos diez últimos años una hegemonía tal que, a su lado, quienes aún pintamos cuadros parecemos unos primates que apenas si hubiéramos salido de las cuevas de Altamira. De modo que ahora, por poner un ejemplo, con el dinero de todos los contribuyentes, el Reina Sofía subvenciona a una niña de Bilbao para que vaya al Museo y monte una cafetería, con luces, muy bien, todos con gafas negras por la noche... en fin, muy bonito todo.
Abbé Nozal: No me interesa en absoluto ese tipo de instalaciones. El escaparatismo sale del escaparate para jugar con el concepto. Bueno, bien, que valga la primera vez, pero es que ya van dos mil. Borrón y cuenta nueva.
Eduardo Úrculo: No se trata de negarlo todo de un plumazo, porque tenemos muy buenos conceptualistas, pero de ahí a que no se vea otra cosa más que instalaciones, tablitas por todos lados, tubos de neón, un poco de alambre y un montón de piedras, ésas que no falten... yo no sé por qué coños siempre hay un montón de piedras en estas instalaciones...
Abbé Nozal: Joder, lo de las piedras es tan cierto... No hay feria que no intente una sesión de adoquines, canto rodado o ladrillo cara vista. Pero es que lo entretenido está en la literatura que adorna al pedrusco, es ahí donde se esconde la verdad revelada. Primero te enteras y luego te llevas la piedra a casa.
Eduardo Úrculo: Pues es verdad, me parece una tontería. Hablamos de dos mundos irreconciliables, y el de estos autores, todos iguales, es el mundo de una generación más joven, pero también más pobre y decadente.  
Abbé Nozal: En el futuro, pues ¿todo lo que no es tradicion es plagio?
Eduardo Úrculo: Lo dijo Eugenio D'ors y va a misa. Claro, la tradición seguirá vigente porque la gente tiene necesidad del arte -el arte se ha convertido en un bien de consumo-, de modo que el pintor seguirá existiendo y el cuadro también, en tanto obra y en tanto producto. Y al fondo, la silueta de los Museos, que reservan para sí esa parcela inalcanzable de los grandes colosos del arte, como Modigliani, Picaso, Van Gogh, etc, cuyos precios de mercado son impensables para el gran público.
Abbé Nozal: El Museo encarna la teoría de la pirámide. Del trinitario bueno-bonito-barato hasta el binomio excelente-caro. ¡Y tantas veces vacío! ¿No crees que el artista ha abandonado su responsabilidad y ese hueco ha venido a cubrirlo el crítico de arte, el llamado experto? Ahora abundan por doquier estos expertos, y no me extrañaría que convirtieran en disciplina colegiada esa función de árbitros, pues de ese modo quedarían capacitados para regular en exclusiva la dirección de Museos, Galerías de Arte, Comisariado de exposiciones, etc., o sea igual que ahora pero con Seguridad Social y exenciones fiscales. Ellos son quienes imponen el criterio estético que luego siguen al tropel una legión de artistas.
Eduardo Úrculo: Totalmente de acuerdo. Antes el mundo del arte distinguía tres estadios: la propia pasión del artista -un pasión chamánica-, luego la acción del marchante, luego la elección del cliente. Esto ahora se ha vuelto muy complejo. Han surgido otras clases, como la del comisario -nombre horroroso de reminiscencias franquistas espeluznantes-, la del curator, en fin, clases emergentes que dictan y descubren los nuevos valores, aunque todo ahora se haga en función de lo efímero, que curiosamente es lo más fácil, lo que no requiere esfuerzo ni capacitación. El hecho de trazar un dibujo en un papel exije esfuerzo, implica evolución -desde el signo de la caverna al arma para la defensa-. Lo contrario es el tubo de neon, la instalación con un neon aquí y otro allá, que ni siquiera tienes que hacerlo tú porque lo encargas a especialistas. No es un fenómeno exclusivamente occidental, de modo que será signo de estos tiempos. Y todo eso convive con la pintura y con la escultura. inexplicablemente. Los ositos de peluche con coñito, ositos de peluche con orejitas, ositos de peluche con esto o aquello, conviven al lado de espectaculares esculturas de Chillida, por ejemplo, o sea que no han conseguido desplazar al Arte con mayúsculas.

¿TODO VALE? Abbé Nozal: Quizá se trate del momento que vive el mercado del arte, donde parece imponerse el slogan "todo vale", en su doble sentido, claro. El experto se ha arrogado la capacidad de discernir sobre el contenido de la obra de arte y marcar la tendencia, como ocurre en el mundo de la moda. El público asiste al espectáculo convencido de que le hablan en otro idioma, no entiende nada. El amante del arte ha pasado de coleccionista a inversor, un inversor ciego que pone su dinero en manos del galerista de confianza y se sienta a la espera de resultados. Así las cosas, el artista parece haber entendido que la mercadotecnia se encargará de hacer valer cualquier obra y que, en consecuencia, todo da lo mismo, mejor cuanto más vacío de contenido porque así queda más espacio para el crítico especialista. Sí, ese parece ser el mensaje, que todo da igual.
Eduardo Úrculo: ¿Todo da igual? ¡A mi no me da todo igual! Y he de decirlo aunque estas manifestaciones supongan que algún cretino venga a considerarme pasado de rosca o anticuado.
Abbé Nozal: ¿Quién puede dictaminar tal cosa? Porque ésa es la cuestión: ¿Quién dictamina?
Eduardo Úrculo: Sí, efectivamente, esa es la cuestión. Son los grupos de poder quienes dictaminan. Pasa como con los premios. El Cervantes, El Nobel...
Abbé Nozal: Pero detrás de un premio como los que citas hay unos hombres con nombre y apellidos...
Eduardo Úrculo: El mundo del arte lo mueven las galerías. La diferencia entre estar y no estar en una galería viene a ser como la de existir o no existir. En tal sentido, yo le debo la existencia a la Galería Metta, que dirige Carmen Gamarra.
Abbé Nozal: Gracias por despreciar mi libertad.
Eduardo Úrculo: Yo he estado por libre hasta hace apenas dos años y eso tiene un precio, un precio muy caro. Por ejemplo: mi obra no está en las colecciones públicas de los ochenta. Sí es verdad que hay alguna obra suelta, e importante, por ejemplo la escultura de la Estación de Atocha, que me encargan a finales de los ochenta cuando Moneo reestructura la estación, pero es algo aislado. Las grandes colecciones que se formaron en los ochenta, como la del ICO, la de Telefónica, etc, no tienen obra mía porque estas instituciones compran directamente a Galerías. Esto es, tu obra tiene que moverla una Galería, y según la importancia de ésta, tu obra llegará más o menos lejos. Es evidente que si tu obra la mueve la Marlborough, pues llegará donde quieras.
Abbé Nozal: Bien, hablaré con Marías, Isabeles y Alexandras. Cualquier sitio a excepción del Vaticano.
Eduardo Úrculo: Yo creo que hoy el poder del mundo del arte lo ostentan claramente las grandes galerías. Ni siquiera tienen la contestación que en anteriores décadas les daban las revistas, hoy prácticamente desaparecidas o cambiando de formato, adaptándose a Internet. Sin embargo las galerías ya están en Internet y hoy la información circula directamente entre galerías y la obra se comercializa a través de Internet.
Abbé Nozal: Ése es el espacio y el concepto por donde me muevo desde hace un lustro, qué me vas a contar. Ya hace tiempo que pedí la baja del lugar donde nací y me apunté a una existencia virtual en este Nuevo Mundo, con mayúsculas. Efectivamente, también a Internet llegan los grupos de poder, no solamente las galerías de arte.

LA BIENAL DE VALENCIA: UN TIMO DE 900 MILLONES Eduardo Úrculo: Sí, claro, los grupos de poder no empiezan y terminan en las galerías de arte, hay otros estamentos del ámbito de la empresa y del mundo político que también influyen de manera decisiva. Mira, un ejemplo desternillante de estos mismo días: La Bienal de Valencia. ¡Vaya un tinglado tan increíble que están montando!
Abbé Nozal: Algo he oído al respecto. Un presupuesto de muchos millones repartidos por Consuelo Ciscar, y el nombramiento como comisario de Achille Bonito Oliva, que se encargará de todo... En fin, no tengo nada en contra de los italianos, pero me parece que en esta bienal todo es italiano, desde el director, Luigi Settembrini, hasta la comisaria del espectaculo inicial, Lida Castelli. Incluso el portal de arte en Internet que ha sido contratado para reflejar de alguna manera el fenómeno web-art es italiano, Kwart, un portal que vuelca su información en italiano y en inglés exclusivamente, sin traducción a español o valenciano... al menos hasta la fecha, a lo mejor a partir de ahora...
Eduardo Úrculo: Y en lo pensado por Achille Oliva no hay ni un cuadro, ¡manda cojones!, porque dice que quiere algo vivo, olores, que nos va a enseñar a oler a mierda, a oler a lejía, etc. ¡Pero, oiga, que ya está muy visto y muy olido, por favor! En fin, si nadie lo remedia, el gran hechicero, después del derribo de la trasvanguardia, viene aquí otra vez a sacar la pela, a trincar y, ¡hala!, de vuelta a Italia. Y todo se va a montar con dinero del erario público, una bienal donde no va a haber ni un cuadro de un pintor, ni siquiera de un pintor valenciano, ni de Juan Genovés ni de Manolo Valdés. No sé, que ponga las instalaciones que quiera, los sacos de cemento reglamentarios, las piedras, etc, pero, joder, estamos en Valencia, pon a Valdés, en fin, a algún pintor valenciano. No, ya digo que vivimos un momento de entontecimiento público. Entontecimiento público pagado con dinero público, lo cual es el colmo. Y esto a mí me indigna.
Abbé Nozal: Quien paga, manda. Ése es el problema. Hoy -y acaso siempre- el dinero tiene color político... y yo no podré entender nunca cómo puede un político hablar de arte y luego pagar al artista... con ese dinero.
Eduardo Úrculo: Es que me parece absurdo que esta señora, Consuelo Ciscar, haya tenido que traer a estos carcamales que ya no venden una escoba en ninguna parte, ni en Nueva York ni en ninguna ciudad italiana. Y trae a Achille Bonito Oliva y a Luigi Settembrini para que monten un tinglado donde desembarquen los modistos italianos, Armani a la cabeza, y los del olor y el perfume después. ¡Bueno, pues que lo llamen Pasarela Valenciana pero no Bienal de Arte! Y oficialmente parece ser que el presupuesto es de 900 millones, o sea el botín, porque estos son como Bonnie & Clyde, llegan, cogen la pasta y trincan. ¡Y nadie dice nada!
Abbé Nozal: Bueno, ya lo estamos diciendo. Tengo entendido que también Eduardo Arroyo se despachó a gusto recientemente, mostrando su oposición a la Bienal.
Eduardo Úrculo: Cierto, Eduardo Arroyo, este buen amigo al que admiro mucho. Es que estas cosas hay que decirlas. Nos hemos pasado la vida protestando por todo y ahora sin embargo ¿nos callamos? Pues no, yo no me callo. Y si a esta señora hay que decírselo, a Consuelo Ciscar, que maneja los dineros del arte y la cultura en Valencia, se lo digo: mire usted, señora, la han estafado, la han timado, le han dado el tocomocho.

 

Enviado el 23 de marzo de 2001

Pulse para volver a la página anterior

 

© Manuel Talens 2002