He aquí tres
textos que se ocupan de las elecciones actuales en Nicaragua:
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EL PAÍS, sábado, 3 de
noviembre de 2001
http://www.elpais.es/articulo.html?d_date=20011103&xref=20011103elpepiint_32&type=Tes&anchor=elpepiint
'A
los españoles no les preguntábamos
si eran de ETA'
JUAN JESÚS AZNÁREZ, ENVIADO ESPECIAL |
Managua
La metamorfosis de
Daniel Ortega, de 55 años, candidato del Frente Sandinista de
Liberación Nacional (FSLN) a la presidencia de Nicaragua en las
elecciones de mañana, incluye la sustitución de la hoz y el
martillo por el crucifijo, sus guiños a Estados Unidos, el
viejo enemigo, y las promesas de formar un gobierno de unidad en
el que el sector privado, por ejemplo, elegirá a las
autoridades económicas. 'En Nicaragua no tiene viabilidad el
gobierno de un partido', declara a un grupo de corresponsales
extranjeros.
Ortega niega haber
dado refugio a terroristas de ETA durante los años en que
presidió la Junta de Reconstrucción Nacional y el Gobierno
(1979-1990): 'Aquí vinieron miles de españoles, llegaron con
espíritu solidario y no les íbamos preguntando por su filiación
política'.
Jefe guerrillero de la
revolución que expulsó al tirano Anastasio Somoza, bajo cuya férula
sufrió siete años de prisión, intenta la presidencia por
cuarta vez, compitiendo con el conservador Enrique Bolaños, de
73 años. Los sondeos registran empate técnico. Por primera vez
en 11 años, el sandinismo tiene posibilidades reales de
recuperar el poder.
Daniel Ortega viste
camisa rosa, invoca a Dios en sus discursos, y rechaza el
alistamiento militar obligatorio, ejercido durante su gestión
para combatir, a mediados de los ochenta, a los contras
financiados por Estados Unidos. Aquella leva por decreto fue uno
de los factores detrás de su derrota de 1990 frente a la
coalición encabezada por Violeta Chamorro. El candidato pide un
nuevo tipo de relaciones con EE UU y argumenta que el FSLN sólo
fue enemigo de sus políticas.
'Nunca ha habido
soldados nicaragüenses ocupando territorio norteamericano',
agrega en referencia al denunciado intervencionismo de
Washington, 'ni nunca ha habido políticas de gobierno alguno de
Nicaragua minando los puertos de Estados Unidos, o boicoteando
su economía, o propiciando una guerra en Estados Unidos'.
Pregunta.
Su transformación del izquierdismo radical a la moderación y
la mano tendida, el rosa de la indumentaria y los contenidos, no
convencen a todos.
Respuesta. Lo importante es que nos cree el pueblo
nicaragüense. Estamos buscando formar un Gobierno nacional. Lo
mismo que tratamos en el 79 y que luego se frustró por la
guerra y por todo lo demás. Lo hemos retomado. Lo fundamental
es que ahora no es necesario enfrentar a una dictadura por las
armas como la de Somoza.
P.
Las siglas y los colores rojo y negro del Frente Sandinista
fueron sustituidos por la alianza electoral Convergencia
Nacional.
R. Porque debemos lograr conformar una gran convergencia
nacional. El rosa de mi campaña significa la convergencia, el
unirnos los nicaragüenses sin banderas políticas. No tiene
viabilidad el gobierno de un sólo partido para resolver los
problemas que tiene Nicaragua. Podemos garantizar que en
Nicaragua no volverá la guerra.
P.
Aboga por la normalización con Estados Unidos, pero concedió
la máxima distinción sandinista, la medalla Carlos Fonseca, a
Manuel Marulanda, Tirofijo, jefe de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), que figura como grupo
terrorista en la clasificación diplomática norteamericana.
R. Cuando fui a ver a Tirofijo al Caguan [zona
bajo control guerrillero] era para intervenir en un acto a favor
de la paz. Me encontré con el comandante Marulanda en un acto a
favor de la paz. Fue con ese espíritu de contribuir al proceso
de paz. En esos momentos Tirofijo se reunía con el
presidente de Colombia, y en Costa Rica jefes de las FARC recibían
con congresistas norteamericanos.
P.
Hay inquietudes por su amistad con Castro, Chávez, Tirofijo
y sus visitas a Gadafi. ¿Qué influencia tendrían estas
amistades en su gobierno?
R. En el mundo, si nos preciamos de ser demócratas,
tenemos que respetar la pluralidad, diferentes sistemas,
diferentes gobiernos. Tenemos que ser respetuosos por un
principio elemental. Estamos hablando de gobiernos legítimos
que tienen relaciones con toda la comunidad internacional. ¿Por
qué no van a tenerla con nosotros? Estos gobiernos son parte de
la realidad mundial, son parte legítima de las Naciones Unidas.
P.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha pedido que paren los
bombardeos en Afganistán. ¿Cuál es su posición?
R. Chávez es un gobernante que tiene todo el derecho a
expresas sus opiniones sobre este tema.
P.
¿Y la suya?
R. Estamos en contra del terrorismo y las acciones en
contra del terrorismo deben tomar en cuenta a la población
civil. Es una cuestión elemental.
P.
El embajador norteamericano les acusó de robar propiedades
confiscadas en los ochenta y de no querer devolverlas, si no se
les paga antes.
R. Se han dado una serie de opiniones que no son
constructivas, no son respetuosas. Pero a fin de cuentas no nos
preocupa en cuanto estamos convencidos que no han tenido ni
tendrán la mínima influencia a la hora de votar.
P.
Bolaños ha dicho que en Nicaragua hay 20 terroristas de ETA
desde que los sandinistas estaban en el poder. ¿Es así?
R. Habría que preguntar al señor Bolaños, porque él
ha sido el vicepresidente del actual gobierno hasta hace un año.
El es quién tendría que aclarar todo esto.
P.
También se ha mencionado que su ministro del Interior entonces,
Tomás Borge, les protegía con falsas identidades.
R. Sencillamente me limito a decir lo siguiente: Venían
a hacer labor humanitaria y les dimos la bienvenida. Y siguen
viniendo. Hemos sido claros en condenar el terrorismo.
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EL PAÍS, sábado,
3 de noviembre de 2001
http://www.elpais.es/articulo.html?d_date=20011103&xref=20011103elpepiopi_7&type=Tes&anchor=elpepiopi
Una
isla feliz en un mar de gasolina
SERGIO RAMÍREZ
La campaña
electoral desarrollada en Nicaragua se ha diferenciado en muy
poco de cualquiera otra en América Latina, si nos atenemos a
sus efectos visuales. Una confusión de mantas, banderillas y
carteles que agobian las avenidas y calles principales de
Managua, las fotografías de los candidatos, Daniel Ortega y
Enrique Bolaños, que uno se encuentra en cualquier cruce, uno
mirando hacia la lontananza de la tierra prometida, el otro
retocado para esconder sus arrugas, mientras crece también la
guerra de las encuestas, y la otra guerra aún más singular,
que ha sido bautizada como de 'los travestíes'.
Esta guerra de 'los
travestíes' es la consecuencia de lo activo que se comporta el
mercado electoral en Nicaragua. Cuando todas las bolsas del
mundo se derrumban por el efecto Bin Laden, aquí se
cotizan muy alto toda clase de figuras políticas que si antes
habían pertenecido de manera recalcitrante a un bando
determinado, ahora aparecen en el otro, ya se trate de antiguos
jefes contras o caudillos miskitos que antes juraron odio
eterno al Frente Sandinista y hoy se abrazan frente a las cámaras
con Daniel Ortega; o, por el contrario, líderes a quienes el
Partido Liberal impidió ser candidatos bajo bandera propia,
usando las artimañas del pacto político Alemán-Ortega, y que
ahora aparecen de manera entusiasta a la cabeza de la campaña
de Bolaños, el candidato liberal.
Éste es, pues, un
espectáculo en vivo y a todo color, lo que en términos de la
retórica electoral podríamos llamar 'una fiesta cívica', no
importan 'los travestíes' que adornan el paisaje cambiando de
uniforme, o de ropaje, frente al público que se divierte como
ante un escenario de bataclán. Pero debajo tenemos un oscuro
mar de fondo. La campaña electoral, para empezar, va a costarle
a cada uno de los dos partidos contendientes, el FSLN en la
oposición, y el Liberal en el poder, no menos de diez millones
de dólares a cada uno, suma de la cual sólo una modesta parte
será asumida por el Estado, de acuerdo a la Ley Electoral.
Estos veinte millones
de dólares representan casi el diez por ciento del pago anual
de los intereses de la deuda externa del país, y es lo que en
un mes los emigrantes que han huido de la pobreza y de la falta
de oportunidades en territorio de Nicaragua envían en remesas a
sus familias desde el extranjero. Otro cálculo comparativo nos
diría que esos veinte millones significan el cinco por ciento
de las exportaciones previstas para este año. Es una campaña
cara en un país más que pobre. Quebrado. Pero claro, el
producto tiene que venderse.
Una de las ideas de
los spots que han saturado las estaciones de televisión
parece haber salido de la misma cabeza, con lo cual quien lo
inventó ha ganado doble, vendiéndosela a ambos candidatos; o
es que a veces las genialidades crecen al mismo tiempo en
diferentes maceteras: para darse un baño de juventud, el
candidato aparece sentado en una mecedora patriarcal, en un
ambiente nocturno, no sé por qué, rodeado de muchachos de
ambos sexos que escuchan ávidamente como si el abuelo les
contara un cuento; pero lo que Ortega y Bolaños explican a su
auditorio juvenil, cada uno en su propio spot, son sus
promesas de campaña, folleto en mano, como en los mejores
cuadros del realismo didáctico.
Si entre tanta
vocinglería los electores tuvieran tiempo de calcular lo que
cuestan todas esas promesas, se darían fácil cuenta de que
pertenecen más bien al mundo desaforado de la fantasía.
Novecientos cincuenta mil empleos nuevos promete el candidato
Daniel Ortega, y yo me pregunto por qué no un millón de una
vez, si no es por aquella vieja técnica de ventas que indica
que es más creíble ofrecer algo que vale 9,99 que algo que
vale 10 dólares cerrados, como está escrito en todos los
manuales del buen vendedor al detalle. Pero crear en cinco años
esa cantidad de empleos significaría la ocupación plena, y
resolver de una vez por todas el problema del desarrollo de
Nicaragua, estancado durante décadas. Algo que no se lograría
ni aunque Nicaragua siguiera convirtiéndose, como hasta ahora,
en una inmensa maquiladora de Taiwan.
Así ofrece el
candidato Enrique Bolaños miles de kilómetros de carreteras
nuevas pavimentadas, cuando muchas de las que existen son
intransitables, miles de viviendas para los maestros, y aumentos
anuales de salarios también para los maestros, y créditos
baratos para los agricultores, cuando los bancos estatales han
sido clausurados todos, y miles de escuelas nuevas, y centros de
salud. La suma de estas promesas, como en el caso anterior,
significa también el desarrollo instantáneo de Nicaragua en
cinco años. Asuntos de prestidigitadores actuando bajo una
carpa rota.
El paisaje con el que
el presidente electo va a encontrarse desde los ventanales a
prueba de balas del palacio presidencial, donado, de paso, por
Taiwan, será el de una isla feliz, donde viven unos pocos,
rodeada por un mar de gasolina. La miseria humillante seguirá
allí, terca ante tantas promesas y halagos. Y en la antesala
estarán, vestidos de negro riguroso, los emisarios del Fondo
Monetario Internacional con las cuentas en rojo de un país
quebrado en sus portafolios, mientras los pobres y olvidados ya
habrán ido a desgajar de los postes las mantas de la campaña
electoral para que les sirvan de cobija.
Sergio Ramírez es escritor y fue vicepresidente de
Nicaragua.
<www.sergioramirez.org.ni>
(3)________________________________________________
NO VOTAREMOS
DOCUMENTO SUSCRITO POR ERNESTO CARDENAL,
GIOCONDA BELLI Y SERGIO RAMÍREZ
La posibilidad del que
el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) gane las
elecciones de este año, ha vuelto a generar interés entre
quienes vieron en la revolución triunfante de 1979 una
esperanza cuyas promesas frustró la guerra y la intervención
extranjera, así como muchos errores manifiestos de sus
dirigentes, que se alejaron los de los ideales éticos de
Sandino. Esos ideales siguen representando la dignidad nacional,
la democracia plena y la justa distribución de la riqueza.
A partir de entonces
la miseria se ha agravado, la riqueza se concentra cada
vez en menos manos, y los escándalos de corrupción se suceden
uno tras otro. La responsabilidad moral que debe obligar a los
gobernantes en una sociedad democrática ha sido sustituida por
el engaño y el cinismo, y la sociedad se ve presa del
desencanto y de la desesperanza.
Del FSLN no quedan más
que las apariencias, los colores y la retórica, aunque no hay
duda que cuenta con numerosos seguidores fieles a las viejas
banderas revolucionarias. Pero su dirigencia ha abandonado los
presupuestos éticos que un día inspiraron nuevas esperanzas
para Nicaragua. Ha recurrido a pactos y maniobras amañadas,
y no ha vacilado en descabezar otras alternativas políticas, o
volverlas sus rehenes, con el solo el objetivo de que Daniel
Ortega retorne a la presidencia del país en su tercer intento.
La democracia se
encuentra secuestrada hoy en día en Nicaragua por la voluntad
arbitraria de dos caudillos, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega,
que a través de un pacto en la sombra han cercenado la
pluralidad de opciones
políticas, obligando a muchos a escoger lo que consideran un
mal menor, o a abstenerse de ejercer el voto.
No podemos votar por
los responsables de este golpe de mano contra el futuro de la
democracia y de las opciones cívicas en nuestro país. No
podemos votar, ni por Enrique Bolaños, que como vicepresidente
ha sido corresponsable de todos los abusos cometidos por el
gobierno actual, ni por Daniel Ortega quien, en su ambición de
recuperar el poder, ha irrespetado los principios democráticos.
Ambos representan el pasado.
Nicaragua necesita una
renovación moral, que pasa por enterrar la corrupción, y
necesita gobernantes que tengan compasión por los más pobres y
necesitados, convertidos hoy en carne de cañón electoral, y
engañados con promesas que nunca podrán ser cumplidas. Nuestra
esperanza es que una nueva generación de nicaragüenses asumirá
ese reto.
La perspectiva democrática
de Nicaragua no se cierra con las elecciones de este año. El
pueblo nicaragüense no aceptará seguir de desilusión en
desilusión. Más temprano que tarde el proceso electoral tendrá
que recobrar su verdadero sentido, y las instituciones, hoy
malversadas, llegarán a estar por encima de las ambiciones
personales.
Mientras tanto, no
podemos renunciar a nuestra conciencia crítica. Y por respeto a
la democracia, no votaremos mientras no recuperemos la plena
libertad de elegir.
Octubre del 2001
Ernesto Cardenal
es sacerdote, poeta y fue ministro de Cultura de Nicaragua.
Gioconda Belli es poetisa nicaragüense.
Sergio Ramírez es novelista y fue vicepresidente de
Nicaragua.