A propósito de Afganistán:
UNA BALADA DE THEODOR FONTANE
por Ricardo Bada
Klaus Bednarz, en su emisión Monitor (8.11.2001), de la
primera cadena de la TV alemana, rescató del olvido una balada de
Theodor Fontane. Esta frase necesita tres aclaraciones para los
lectores. La primera: Klaus Bednarz es uno de los pocos periodistas
del medio TV que utiliza su cerebro para pensar. La segunda: Monitor
es un programa de alto contenido crítico, una mirada insobornable
sobre el acontecer político, no sólo -pero sí sobre todo- en
Alemania. Y la tercera: Con el nombre de Theodor Fontane suele
asociarse el recuerdo de su «Effi Briest» miopemente apostrofada
como la «Madame Bovary» alemana, y además con el nombre de
Theodor Fontane se asocia también su presencia casi ubicua en la
por ahora última novela de Günter Grass, «Es largo cuento». Pero
Theodor Fontane (1819-1898) significa mucho más.
Aunque comenzó tardíamente, su obra completa abarca docenas de volúmenes,
destacables en especial sus inigualadas guías por la comarca de
Brandeburgo, una auténtica golosina literaria. Y luego sus novelas,
que le valdrían el reconocimiento de Thomas Mann, quien lo estimaba
sobremanera. Y por si fuera poco, sus poemas, entre ellos las
baladas que dio a la imprenta en 1861, en un libro donde se incluye
la que Klaus Bednarz ha desempolvado estos días, con tanta
oportunidad como acierto, y que se titula «La tragedia de Afganistán».
La balada está fechada en 1859 y con toda seguridad se refiere a la
masacre
perpetrada por los afganos contra la guarnición inglesa de Kabul en
1841.
Aunque también puede tener como trasfondo histórico alguno de los
muchos
intentos llevados a cabo por la Compañía Británica de las Indias
para convertir
Afganistán en una perla más de la corona imperial de S. M.
Victoria. Todos
fracasaron. Como siglo y medio más tarde fracasaría la invasión
soviética.
Nadie, desde Alejandro Magno, ha podido enorgullecerse de haber
conquistado el arisco país.
En cualquier caso, aquí les traduzco la balada, disculpándome de
antemano por no poder verter al castellano el sonsonete de sus rimas
graves y que van creando una atmósfera de opresión y de
impotencia. Me ha parecido más importante trasladar con la menor pérdida
posible lo que podríamos llamar "la historia" que el
poema quiere contar. Y ella es, de por sí, tan alucinante como un
cuento de Edgar Allan Poe.
Silenciosa del cielo cae la nieve
cuando a Jalalabad llega el jinete.
"¿Quién va?" - "Un soldado de Su Majestad,
traigo noticias de Afganistán".
¡Afganistán! Lo dijo con tal voz
que media ciudad pronto lo rodeó.
Sir Robert Sale, el propio comandante,
lo ayudó a desmontar del purasangre.
Lo llevaron al cuarto de banderas,
donde el fuego ardía en la chimenea.
¡Cómo calienta el fuego, y luz por fin!
Suspiró, dió las gracias, dijo así:
"Éramos trece mil la expedición
que en Kabul el camino comenzó.
Mujeres, niños, jefes y soldados,
helados, derrotados, traicionados,
nuestro ejército entero se ha perdido,
ahí afuera vagará quien siga vivo.
Con la ayuda de un dios yo me salvé,
mirad si al resto salvar podéis".
La muralla Sir Robert escaló,
soldados y oficiales de él en pos.
Sir Robert dijo: "Cae la nieve espesa.
Si nos buscan, así no nos encuentran,
a ciegas vagarán aun tan cercanos...
Hagamos pues que puedan escucharnos.
¡Cantad viejas canciones de la patria!
¡Que toquen las cornetas hasta el alba!".
Así lo hicieron y no se cansaron
de pasar esa noche así cantando,
primero alegres canciones inglesas,
tristes después canciones escocesas.
Sonaron las cornetas sin descanso,
como sólo el amor puede lograrlo,
hasta el día siguiente, y todo el día.
Inútil el canto, inútil porfía.
Quienes debían oír, no oían nada,
la expedición estaba aniquilada.
De trece mil que eran al comenzar,
uno solo volvió de Afganistán.
Dicen que la Biblioteca del Congreso, en Washington, lo posee
absolutamente todo en materia de libros publicados en este mundo
cada día más ancho y más CNN. Se me ocurre que sería una buena
idea si alguien enviase desde allí, al Pentágono, la balada de
Fontane. Con copia para la Casa Blanca. Y el 10 de Downing Street.
Y...(suma y sigue).