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LECTURAS AJENAS

MONEDA ÚNICA, PENSAMIENTO ÚNICO
por Carlos Durá Herrero, de la ONG Valencia Acoge, Valencia (España)


       
Con la implantación del euro han llenado nuestras escuelas, centros oficiales y lugares públicos de enormes carteles informativos para que nosotr@s, l@s modern@s ciudadan@s europe@s, tradicionalmente peseter@s, aprendamos a desenvolvernos con lo último en monedas únicas. Además, la televisión nos dice que es muy fácil, incluso para cieg@s, jubilad@s y pensionistas, que aunque no van a ver aumentados sus ingresos, no van a tener ningún problema en adaptarse a los nuevos tiempos.
      No vamos a entrar ahora en valorar el enorme esfuerzo que hemos hecho para entrar en este club de ric@s, en la cantidad de dinero que se ha recortado de los así llamados "gastos sociales" para converger en un ritmo de crecimiento y unos factores de cohesión y así reducir el déficit. Pero no podemos dejar de recordar que, en la práctica, este empeño uniformizador ha supuesto una privatización de los servicios sociales y una degradación de sus prestaciones.
      El problema que nos ocupa ahora es otro. Consumada la imposición del euro, Europa se lanza a una campaña de imagen que nos muestra la cara amable del símbolo, el alma del viejo continente que se materializa en una moneda única para traer la paz, el progreso y la concordia a todos los seres humanos de buena voluntad. Nada más entrañable para estas fiestas navideñas tan nuestras y tan arraigadas.
      Y es en esta campaña publicitaria donde se nos muestra a las claras cuál es la idea de Europa que sirve de telón de fondo a esta unión monetaria. En estos carteles leemos que las ventanas simbolizan "el espíritu de apertura" y que los puentes, la "unión de todos los europeos". Nada más hermoso, abierto, pacífico y tolerante.
      Pero si comparamos estas bonitas palabras con el panorama de nuestr@s inmigrad@s, el asunto se convierte en una broma macabra o en un cruel sarcasmo. Las leyes europeas en materia de inmigración son cada vez menos abiertas y más restricitivas, orientadas sobre todo hacia el control policial de lo que llaman el "flujo migratorio" y lejos del marco de derechos de ciudadanía que posibilitaría una participación social en pie de igualdad de todos y todas.
      En España la situación es especialmente grave, ya que el estatuto legal y humano del sin-papeles se ha visto degradado con la reforma legal del último año y las condiciones de vida de la población inmigrada están lejos de lo que podríamos llamar dignas. ¿Son "espíritu de apertura" las actuales leyes de inmigración, la LUDECO, la burla de la cooperación al desarrollo, las deportaciones indiscriminadas, las muertes en el Estrecho? ¿Son "unión de todos los europeos", la sospecha permanente de terrorismo o delincuencia, la persecución del diferente y el crecimiento del racismo? Preguntemos a las personas inmigradas por esta retórica publicitaria y descubriremos cómo han vivido ellos y ellas nuestra apertura y unión sin límites.
      Por si esto fuera poco, los nuevos billetes hacen un repaso de la larga tradición de la cultura europea. Puentes, puertas y ventanas de diversos estilos arquitectónicos nos recuerdan el florecimiento artístico de este culto continente. Y es aquí donde se consuma la desaparición de l@s diferentes: no hay ni un sólo símbolo cultural que no sea de la tradición grecolatina y cristiana. La presencia de otras culturas en la construcción europea a lo largo de los siglos queda borrada de un plumazo, como si la Historia hubiera sido una perfecta línea continua trazada firmemente en el destino común de un pueblo elegido. ¿Dónde quedan las valiosísimas e importantes aportaciones de la cultura árabe-andalusí? ¿Dónde las de los millones de musulmanes y musulmanas que vivieron (y viven) por estas tierras?. Y hablar aquí de l@s gitan@s, l@s primer@s europe@s que no creyeron en las fronteras, resulta casi una provocación.
      No cabe duda de que el ser humano es un animal simbólico. Eliminad@s del imaginario de los signos, l@s otr@s, l@s que pertenecen a otras culturas o tradiciones, tan europeas como la que privilegia el papel moneda, tienen que conformarse con ser ciud@dan@s de segunda o de tercera categoría, ya que no son tenidos en cuenta más que para hacer el trabajo sucio de la construcción europea. En este sentido, se han convertido en diferentes, en otr@s, en extr@njer@s. Y a partir de aquí resulta muy fácil cuestionar su presencia entre nosotr@s, sus derechos o su estatus de ciud@dan@s.

 

Enviado el 8 de noviembre de 2001

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