La Jornada, México,
martes 2 de abril de 2002
Los nuevos esclavos
Carlos Montemayor
El pasado 27 de marzo la Suprema Corte de
Estados Unidos emitió un fallo particularmente significativo en
este momento de modernidad global: legalizó una nueva forma de
esclavitud. El fallo se aplica a todos los trabajadores
"ilegales".
Los trabajadores "ilegales"
o indocumentados son millares de personas que no gozan de cabal
protección de sus derechos laborales, pero que son solicitadas y
recibidas por numerosas fuentes fabriles, agrícolas, turísticas o
domésticas de Estados Unidos. Son trabajadores a quienes se les
rechaza la legalidad de su trabajo, pero no su trabajo. Son
trabajadores, no delincuentes ni terroristas ni un cáncer, como el
gobierno mexicano afirmó recientemente. Con el fallo emitido por la
Suprema Corte de Estados Unidos seguirán trabajando como
indocumentados, pero ahora sin garantías laborales y humanas; serán
los nuevos esclavos del siglo XXI y del tercer milenio. Lo
significativo es que esto ocurra en la cumbre judicial del país que
se autodesigna el defensor de la democracia en el mundo.
La Suprema Corte de Estados Unidos
dictaminó que los trabajadores indocumentados no tienen derecho a
demandar a empresas que hayan violado la ley por despedirlos
o castigarlos al ejercer sus derechos básicos. Lo resolvió así en
el caso del trabajador mexicano José Castro, cesado junto con otros
tres obreros por la empresa Hoffman Plastic Compound en Paramount,
California, en 1989.
Jim Cason y David Brooks,
corresponsales de La Jornada, informaron que la Junta
Nacional de Relaciones Laborales había dictaminado que los derechos
de Castro fueron violados y ordenó que se le pagaran salarios caídos
y que fuese recontratado. Los tribunales apoyaron la orden de la
Junta, pero la Suprema Corte no compartió estas decisiones.
Con este motivo, los corresponsales
entrevistaron a Arturo Rodríguez, presidente del United Farmworkers
of America, el sindicato de jornaleros fundado por el líder chicano
César Chávez, quien declaró que los patrones ahora buscarán
contratar a más indocumentados sabiendo que no gozan de protección
legal: "Esto elimina para los trabajadores el derecho de
enfrentar a sus patrones... los sitúa casi en condiciones de
esclavitud, ya que no tienen recursos para defenderse".
La política económica impuesta en
el mundo a partir de la década de 1980 ha producido un desmesurado
avance de la pobreza, un proceso acelerado de concentración de la
riqueza en ciertas regiones del planeta y en ciertos estratos
sociales de cada una de las economías nacionales. Esta nueva
pobreza supone otra idea de humanidad: la libre circulación de
capitales y mercancías, pero no la libre circulación del trabajo.
Se abren las fronteras a las inversiones, pero se cierran a la
inmigración. Sin embargo, es imposible cerrar fronteras. Llegan asiáticos
y mexicanos a Estados Unidos, llegan asiáticos a Europa, llegan
magrebíes y saharianos a España, llegan nigerianos y argelinos a
Francia, llegan kurdos a Alemania. Este flujo permanente va abriendo
de manera lenta las fronteras a contracorriente de lo que el modelo
actual globalizador establece o supone. Por ello, en los países del
llamado primer mundo hay una creciente violencia cultural, laboral,
racial, económica y jurídica contra las minorías: sean turcos,
población negra, minorías asiáticas o hispanas. La discriminación
racial forma parte de una más profunda gama de exclusiones sociales
que invaden áreas políticas, económicas y jurídicas. Otra idea
de ser humano surge ahora cuando regiones enteras se tornan
prescindibles en la economía del mundo.
Con la esclavitud de regreso en
Estados Unidos, se está enviando un mensaje importante al mundo
empobrecido. O mejor, a países como el nuestro. El mensaje explica
en qué consiste la modernización de las legislaciones mundiales en
materia laboral. En apariencia, el modelo globalizador sólo se
proponía abaratar la contratación y sobre todo el despido de
trabajadores. Ahora vemos que se trata de abaratar el trabajo en
todos los órdenes, en el trabajador "legal" y en el
trabajador "ilegal". La mayor modernización tenía que
ser, por tanto, la esclavitud. ¿Tenemos que aplaudir este modelo de
modernización laboral? ¿Por qué el gobierno mexicano actual está
empeñado en encontrar violaciones a los derechos humanos solamente
en Cuba? ¿Por qué seguir creyendo que la nueva diplomacia mexicana
debe dar la espalda a la invasión en Palestina y a los trabajadores
mexicanos indocumentados transformados ahora en esclavos? ¿Esta es
la modernización que le espera a México?