Otra guerra.
Nuevas visiones y voces recuperadas de la Guerra Civil llegan a la narrativa española.
Santos Sanz Villanueva
Tres días de julio
Luis Romero
Ariel Barcelona, 1994
La novela europea y americana y la guerra civil española
Marcuse Bertrand
Júcar, Madrid y Gijón, 1994
Cultura y ocio en una ciudad de. retaguardia durante la Guerra Civil
M. C. Ruiz Abellán
Real Academia Alfonso X, Murcia, 1994
Venganzas
Manuel Talens
Tusquets, Barcelona, 1994
No parece que la guerra civil haya cerrado su vitalidad ni como estímulo de creadores, ni
como materia sobre la que los historiadores no tengan nuevas cosas que decir. Sin embargo,
ya varias generaciones de españoles sienten el cisma de 1936 como capítulo de un
pretérito distanciado, e incluso personas próximas a él juzgan que ha llegado el
momento de considerarlo como un pasado concluso. Tal debe de ser la opinión de Luis
Romero, que publica la «edición definitiva» de Tres días de julio un cuarto de siglo
después de que viera la primera luz. Cuenta Luis Romero en un nuevo prefacio las
vicisitudes de composición de un libro que leído ahora conserva toda su frescura. Una de
sus grandes virtudes fue convertir un texto testimonial y documental en una narración
vivaz e interesante, novelesca por su propia dramática materia. Tres días de julio fue
una de las aportaciones más significativas al recuento de la guerra desde una perspectiva
que pone la neutralidad del punto de vista del autor por encima de comprensibles pasiones.
El impacto de la guerra en la novela tuvo tanta intensidad que dio lugar a 1.200 obras
narrativas en distintas lenguas. A establecer ese catálogo, acompañado de sucinta
noticia de cada referencia, ha dedicado la profesora M. Bertrand grandes esfuerzos que se
habían plasmado ya en tres gruesos volúmenes a los que acaba de añadir otro más. En
él agrega dos centenares de piezas, interpoladas entre el millar anterior y acompañadas
de varios índices utilísimos. Alguna adenda tendrá que hacer en el futuro, pero dar
aquí noticia de este nuevo volumen supone reconocer el gran mérito de una empresa
catalográfica imprescindible que suma los esfuerzos de toda una vida.
A pesar de la amplitud oceánica de la bibliografía sobre la guerra, aún quedan parcelas
por iluminar. En el campo de la crónica de la vida cotidiana ha habido otra interesante
aportación, la de M. C. Ruiz Abellán, referida a cómo se desarrolló la cultura y
cuáles fueron las formas del ocio en una ciudad, Murcia, no afectada directamente por el
frente pero hasta la que llegaron punzantes las querellas del momento. Utiliza la
estudiosa sobre todo materiales hemerográficos, además de otras fuentes, y documenta los
ires y venires de honras y famas, las noticias y desmentidos sobre los escritores y sus
actitudes y precisa una actividad cultural (teatral y cinematográfica) condicionada por
las circunstancias pero favorecidas por la situación de la ciudad en la retaguardia.
En el dominio de la creación, la guerra no ha dejado de ser materia novelesca. Hace unos
años advertí que, sin desaparecer, se estaba produciendo una inflexión en el
tratamiento del tema, que parecía localizarse en ámbitos más míticos que
político-sociales. Sin embargo, otras obras vienen a demostrar que también tiene
vigencia la perspectiva de un drama intensificado por las pasiones y por la ideología De
ese enfoque parte Venganzas, la segunda obra de Manuel Talens, que puede tenerse por
novela compuesta por episodios independientes o por libro de relatos con un asunto
compartido. Este asunto está definido por el término que se emplea en el título:
múltiples formas de venganza inmediatas o diferidas, viscerales o premeditadas, más en
frío que en caliente o al revés... Esos variados modos de ajustar cuentas dan al volumen
carácter unitario junto a su coincidencia en otro par de aspectos: tienen que ver con la
guerra civil y se relacionan con Granada en lo físico y en lo emocional, pues hay en
todas las páginas como un hondo sentimiento de una ciudad y una tierra en la que los
impulsos y las ideas nobles se ven humilladas y derrotadas por instintos egoístas y por
intransigencias morales, religiosas y políticas.
Venganzas reúne una docena de relatos, configurados casi todos como cuentos y uno de
ellos, el último, «Señorita Custodia», como una novela corta o «nouvelle». Los tres
finales se desarrollan en tomo a una historia amorosa y los otros recrean episodios en que
alguien pone en marcha un particular ajuste de cuentas con una peripecia de su pasado, con
un trauma, una afrenta o un fantasma que pesan en su existir. Siempre, en cualquier caso,
la guerra es punto de partida, trasfondo o estímulo de lo referido.
Estos planteamientos podrían producir alguna mortecina uniformidad, pero sucede todo lo
contrario gracias a los múltiples enfoques utilizados. La imaginería escatológica e
irreverente de «Ucronía» va al lado de la severidad justiciera de «Fascis,
fascis».
Un mismo texto, «El circo de este mundo», puede pasar del expresionismo burlesco a la
ironía que encierra la denuncia pura. Los recovecos del alma humana predominan en
«Deudas de guerra». En fin, el autor se arriesga en el último a una ternura que bordea
el sentimentalismo sin caer en él. La prosa rica y cuidada (aunque con arcaísmos o voces
locales de dudosa eficacia narrativa), adaptada a las necesidades de cada relato, muestra
un escritor bien facultado, capaz de conseguir registros variados y atinados.
Estos méritos de ideación, inventiva y expresividad no terminan en sí mismos, como
ocurre en tantos textos. Talens forma parte de la nómina, no muy amplia, de escritores
que tienen una vigorosa concepción moral de la literatura. No sólo por lo que hay de
denuncia de la injusticia y de defensa de los valores más dignos de la persona en sus
relatos, por lo que éstos tienen de meditación histórica con virtualidad de lección
para el presente, sino también porque formula una reflexión de más amplio alcance,
ceñida a lo español y acaso generalizable a la naturaleza humana.
Seguro que al lector atento no le pasa desapercibida la coincidencia de sentido entre la
cita de Blas de Otero que abre el libro y la línea que cierra el último relato. Del
poeta toma estos dos versos: «¿Tierra tan vieja que no ha lugar a la esperanza?» El
narrador de dicho relato se despide afirmando que «Este país, probablemente, ya no tiene
remedio.» Si cabe la esperanza, si tenemos remedio -el cuento se sitúa en los años 50-,
debe decirlo el lector, a quien Talens impele a un necesario ejercicio de reflexión. Que
hoy en día en medio de tantas cosas hondamente graves, esa cuestión tenga una perentoria
actualidad no quita ni un ápice de trascendencia y de intemporalidad a las preguntas
comprometidas que lanza el autor.
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Diario 16, sábado 28 de enero de 1995 |
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