Las vueltas de la historia
Alfons Cervera
Venganzas
Manuel Talens
Ed. Tusquets, Barcelona, 1994
FRANCISCO Franco Bahamonde no se murió en la cama, lleno de tubos por todo el cuerpo y
con una pierna hecha un asco. El caudillo se murió ahogado en una avalancha de
mierda,
aunque el médico del batallón, para evitar el perpetuo ridículo del personaje en los
libros de historia, firmó un papel en el que se decía que la muerte se había producido
por un tifus petequial. Luego, Queipo del Llano heredó el mando de la panda fascista y la
guerra, a pesar de las soflamas del general-locutor radiofónico, se venció del bando de
los republicanos. Por eso, España ya no pudo ser ni una ni grande, sino libre como el
viento. Lo que acabo de escribir, con algunos matices de mi cosecha, lo ha contado, de una
forma delirantemente paródica, Manuel Talens, y es uno de los relatos de su último
libro: Venganzas.
Y ese darle la vuelta a la historia y a los personajes que, para bien o para mal, la
fueron construyendo deja de ser, sólo, la recurrencia irónica a unos hechos y a quienes
los propiciaron para devenir la crónica lúcida y amarga de una época: esa época que
Manuel Talens sitúa en los preludios de la guerra última española, pasando por ella
misma para llegar a los primeros años después de su final. Y ahí, en esa confluencia de
tiempos históricos, confluirán también las referencias literarias que Talens maneja con
una agilidad y destreza que le ponen a cubierto de un mimetismo que, en otras manos,
hubiera resultado deplorable. Pocas veces he leído tan juntas las cercanías cómplices
del poder político y militar con el de la Iglesia. Y aún en menos ocasiones he asistido
a un despedazamiento tan vitriólico de esas cercanías.
Y para no errar en semejante objetivo, el escritor recurre a lo que sabe, a lo que conoce,
a aquello que le fue contado, sobre todo, en el circuito oral, que era el circuito donde,
antes, sucedían las historias. Por eso, el autor de Venganzas recoge la mejor tradición
de esa literatura y la suelta a destajo en los cuentos que completan el libro. Desde la
Biblia a Quevedo, pasando por Cervantes y Lázaro de Tormes, sin olvidar la mejor
narrativa social de la posguerra (perdón por aludir a eso), Venganzas se demuestra un
ejercicio magnífico de sabiduría narrativa. Decía Borges, refiriéndose a los
rifirrafes entre los petrarquistas y los partidarios del octosílabo, que suele ser muy
lento el tiempo que legaliza las innovaciones y «les otorga virtud justificativa». La
innovación de Manuel Talens, que ya empezara en su primera y hasta única novela
titulada, La parábola de Carmen la Reina, no es otra que beber en la mejor tradición
literaria española y verse justificado inmediatamente en su atrevimiento, sin que pueda
hacérsele ningún reproche. Ni siquiera su devoción por Cela rechina en las páginas del
libro: porque Talens llena la jerga escandalosa del de Pascual Duarte con las
tribulaciones morales de unos personajes paródicos que, la mayoría de las veces,
escupirán desde su propia representación la rabia y la impotencia que les marcarán para
toda la vida.
En esa mezcla de esperanza y desesperación se librará la batalla última de los
habitantes de Venganzas: «El miedo es una de las cosas que ya nunca podremos quitarnos de
encima», piensa el protagonista de Señorita Custodia, el último relato y uno de los
más hermosos del libro. Y de esa mezcla, también, se nutre el texto magnífico de Manuel
Talens, un texto que nos acerca la seguridad de que se es escritor no sólo cuando se
escribe, sino cuando se escribe desde el rigor y el sentido del riesgo que demuestra este
escritor en sus dos obras narrativas publicadas hasta la fecha.
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Levante-El Mercantil Valenciano (Posdata), nº
78, año III, 25 de noviembre de 1994 |
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