Relatos de un ucronista
Manuel Talens o la literatura como desquite
María José Obiol
Venganzas
Manuel Talens
Tusquets, Barcelona, 1994
250 páginas
Manuel Talens escribe y con su letra se convierte en ucronista. En su libro de relatos
cuenta hechos que no ocurrieron pero que pudieron suceder. Seguramente ése era el deseo
más ferviente de este escritor granadino nacido en 1948: que las historias imaginadas,
recreadas o ampliadas superaran a la propia Historia (a la verdad sesgada de la Historia).
Seguramente, también, el título de su libro, Venganzas, tiene que ver con su deseo:
remediar por medio de la escritura. Convertir a sus personajes en los auténticos
protagonistas de un periodo de guerra y posguerra civil que fue secuestrado para los
anónimos fusilados, humillados y despreciados vencidos. Dicho esto hay que añadir, de
inmediato, que éste es un libro en el que el lector puede llegar a soltar sonora
carcajada porque Talens ha elaborado la tinta de su escritura con un adobo de sátira y
surrealismo.
"¡Mierda que te quiero mierda!", dice una voz en uno de los relatos, mientras
un general insurrecto se ahoga en porquería. Franco está extrañado porque huele "a
pedo de sargento y los últimos que habían estado con él ocupaban la parte más alta del
escalafón". Talens mata al dictador en agosto de 1936, una semana después del
asesinato del poeta de "Verde que te quiero verde". Venganza.
Así renueva el autor su particular desquite: entrecruzando, en un relato tras otro,
sonrisas, carcajadas, sangre, memoria, amargura y talento literario. Escribir para
reparar. ¿Cómo? Con una precisión lingüística y un despliegue de vocabulario
enjundiosos, aunque a veces, estas virtudes resulten innecesarias. Incluso un tanto
irritantes. Talens no necesita hinchar el párrafo porque maneja con mucha soltura lo
narrado y hay historias circulares, entre texto y texto, cuya clave está en las fechas
coincidentes y en esos nombres reales y en esos hombres ¿inventados?. Un hallazgo en
cuanto a hilvanar, sin que sea necesario darse cuenta, unos relatos con otros.
Artefa era en La parábola de Carmen la Reina, su primera novela, un pueblo imaginario de
las Alpujarras. A ese lugar le hace un guiño el escritor en la segunda parte de
Venganzas. La llama Tres historias de amor. En estos textos hay un Talens más reposado,
con un tono más grave de exaltación lingüística. Pervive su deseo de reparar por medio
de la escritura. Pervive Lorca. El amor es el sujeto de estos relatos: el amor y la
tragedia de su pérdida, el amor y la celebración de su encuentro. Es otro tipo de
venganza.
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EL PAÍS-Babelia, 12 de noviembre de 1994 |
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