Venganzas
Darío Villanueva
Manuel Talens, Venganzas
Tusquets. Barcelona, 1994. 250 pág¡nas, 1.900 pesetas
HACE no más de dos años, en estas mismas páginas, Ricardo Senabre saludaba con alborozo
la aparición de la primera obra de un escritor novel, el granadino Manuel
Talens, médico
de profesión, quien ahora confirma aquel acierto narrativo de «La parábola de Carmen la
Reina» con una colección de relatos titulada «Venganzas», a la que acompaña el
anuncio de una segunda novela ya en el telar. A la espera de ésta, las páginas que ahora
leemos no defraudan la expectación suscitada en 1992, pues, sin poseer la entidad de
aquella «opera prima», siguen revelándonos la pluma de un escritor sumamente original,
desligado de cualquier falsilla al uso, fiel tan sólo a su propio criterio literario que
manifiesta, no obstante, como fruto de un considerable caudal de lecturas previas. Tanto
es así que, al margen de la reiterada presencia de lemas librescos al frente de sus
narraciones, las dos primeras obedecen a un decidido registro de recreación posmoderna
del «Lazarillo de Tormes» la una, titulada «Fascis, fascis», y de «La verdadera
muerte de Francisco Franco» de Max Aub, la otra: «Ucronía».
Ambas narraciones iniciales, junto a siete más, configuran el primer bloque del presente
volumen, bajo el título general de «Tiempos nubosos». Ocupan tanto espacio como las
«Tres historias de amor» que le siguen, en realidad tres novelas cortas, sobre todo la
última de ellas, que muy acertadamente viene a poner un broche de oro a toda la
colección. Pese a su carácter idílico, participan también del significado general que
el título consagra de modo rotundo e inconfundible. A partir de él, el libro de Talens
presenta una unidad temática suficientemente perceptible para los lectores, pese a lo
variado y aun sutil de sus manifestaciones. Una de las narraciones cortas, «Venganzas en
forma circulan», borgiana por su lema y por su desarrollo, refleja este clima vengativo
que impregna todas estas páginas no sólo en su propia anécdota sino también,
explícitamente, en esta frase del narrador: «lo curioso (...) es que todos hemos logrado
vengarnos "los unos de los otros" sin llegar a pronunciar (ni siquiera a intuir)
la palabra venganza» (pág.100). Pero además de todos los motivos relacionables con la
venganza que los personajes de Talens nos ofrecen, figura como una constante otra
modalidad de ese mismo sentimiento o pasión: la actitud de los diferentes narradores,
generalmente en primera persona salvo en la novelita «Hasta que la vida nos separe»
donde tan sólo en la última línea el tú narrativo se torna yo. Este juego de la
sorpresa tiene en «El martirio de San Sebastián» otra manifestación muy lograda, en
este caso referida al sexo del protagonista, que rompe con las expectativas del lector
luego de 15 páginas aparentemente unívocas. Y lo hace con un desenfado y una desfachatez
exuberantes, como también se puede comprobar en el cuento «La resurrección de la
carne».
No sólo en ellos se percibe esa venganza verbal e imaginativa que alienta todo el volumen
y se ceba «en el mundo sin esperanzas de la España militar» (pág. 214). Semejante
reiteración en la actitud de los distintos narradores, masculinos y femeninos, revela el
perfil de un «autor implícito común a todos ellos que vive de un resentimiento incubado
con anterioridad al momento en que el escritor real, nacido en 1948, pudo percibirlos
directamente. El arranque de la mayoría de estas historias se retrotrae a los años
veinte, para poder insertar fehacientemente el estallido de la guerra civil y, sobre todo,
la violencia fratricida de los vencedores en ella. Como emblema de este drama y de su
terrible encarnación granadina, Talens recuerda por dos veces el asesinato de Lorca en el
barranco de Viznar la madrugada del 19 de agosto de 1939 en compañía del maestro
nacional Dióscoro Galindo González y los banderilleros Joaquín Arcollas Cabezas y
Francisco Galadi Melgar. En su recreación, los compañeros de fusilamiento del poeta son
el empresario circense Jesús Salvador, que aparece en «El Circo de este Mundo», y «un
catedrático de griego» mencionado así en la misma narración y que en la novelita que
cierra «Venganzas» resulta ser don Valeriano Amorós, el padre de la «Señorita
Custodia». En este mismo texto el protagonista revela lo que podría ser la clave de la
amalgama entre las dos secciones del volumen cuyas características ya fueron apuntadas:
«Hoy sé que el odio tiene la misma medida del amor».
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ABC Cultural, Madrid, número 156, 28 de
octubre de 1994 |
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