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Hijas de Eva. Tusquets Editores.Los poderes de la fábula y la palabra
Salvador Alonso

Manuel Talens
Hijas de Eva
Tusquets, Barcelona, 1997

Quizás sea la abrumadora publicación de libros en nuestro país, quizás el despiste de la crítica, ya proverbial en determinados casos, quizás la escasa afición del autor a aparecer en los saraos literarios, lo cierto es que tengo para mí que aun está por descubrir para el lector y para buena parte de los críticos la gran talla de narrador que atesora Manuel Talens (Granada, 1948).

La sorpresa inicial causada por la publicación de su primera novela, La parábola de Carmen la Reina, un relato situado en un imaginario pueblo de la Alpujarra, Artefa, en la que Talens mostraba ya unas increíbles dotes para novelar, para construir un mundo mágico, abigarrado, para manejar un gran número de personajes, con un lenguaje riquísimo, una poderosa imaginación, una vasta cultura y un humor originalísimo, aquella primera sorpresa, digo, hizo sospechar ya un talento innato que poco tiempo después confirmarla en Venganzas, un libro de relatos con el fondo de la guerra civil.

Ahora, una segunda novela viene a situar a Manuel Talens, sin ambages, entre los mejores narradores españoles contemporáneos.

Hijas de Eva está situada en tierras de Valencia, en los primeros años del siglo XX. En esta ocasión se trata de escenarios reales y personajes imaginarios en una mezcla de escenarios religiosos y paganos.

La novela cuenta la historia de dos primas hermanas, Fausta Camarasa y Rosilda Ballester, que se reconocen como tales y coinciden como probandas –aspirantes a monjas- en el Asilo de Santa Isabel de Valencia.

Pero si esta historia constituye el núcleo del relato, en torno a ella se desarrollan multitud de historias y anécdotas que se engarzan entre sí, con un sinfín de personajes de todo tipo que el autor conduce a través de la novela con verdadera mano maestra.

Ecos de García Márquez, de Baroja, de la novela picaresca, del mejor Cela, encontramos en este relato en el que Talens vuelve a hacer gala de una extraordinaria riqueza léxica, una portentosa capacidad fabuladora, de su habilidad en la creación de personajes, de su capacidad para el humor y la ironía.

Talens crea un marco histórico para su novela totalmente verosímil trayendo hasta las páginas del relato la España de la época, una España de grandes desigualdades sociales, de señores venidos a menos, de miseria, de nuevos ricos que comienzan a constituir una nueva clase social, la burguesía; ahí coloca Talens sus personajes: el médico descreído y zumbón que, tras recorrer medio mundo, administra su ciencia en un apartado pueblo valenciano, el cura cazurro, tan descreído como el médico, pero atento a su ministerio, aunque de vez en cuando eche una cana al aire, el padre despótico que encontrará el castigo a manos del hijo tonto, la monja portera, descreída también y chismosa echadora de cartas y aventuras sin cuento de las dos hermanas (milagros que no son tales, amores dramáticos,, la aparición del cine en la región llevado por un viejo tratante convertido en empresario, mendigos, pícaros, un circo absolutamente surrealista...).

No hay tiempo para el respiro en este gran fresco de la época, en este retablo de las maravillas -donde conviven los rezos y los juramentos, las pasiones y los romances, lo santo y lo profano, la religión y la superstición, la caridad y la picaresca, lo rural y lo urbano, que el autor plasma, incluso, reproduciendo fotografías de la época o portadas de los libros y periódicos a los que alude, en un guiño lleno de ironía.

 

Ideal, Granada, sábado 26 de julio de 1997

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