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La cinta de
Moebius

por Pedro M. Domene
La
cinta de Moebius
Alcalá Grupo Editorial (2007)
190 págs.
Ángeles, arcángeles, profetas e
incluso Dios campean por el cielo cristiano en la nueva novela de
Manuel Talens (Granada, 1948), La cinta de
Moebius, en realidad, una satírica e irónica visión de
cuantos males y vicios, actitudes y aspectos variados han pesado sobre
la Humanidad; hecho que, lamentablemente, ha lastrado a nuestra sociedad
desde los tiempos inmemoriales hasta este tercer milenio —más
concretamente 2009— en que comienza la historia. Visto desde una
perspectiva amable, el libro es un juego en su sentido más estricto,
porque el autor propone un invento para que la ciencia, de alguna
manera, otorgue destreza a los humanos para salvar una realidad
insalvable.
Alejado de una estética narrativa anterior tan lírica como exquisita,
contundente en ocasiones, Talens mantiene —no obstante—
una visión cómica de las situaciones más extremas, como ya ocurría en
sus novelas Hijas de Eva (1997),
La parábola de Carmen la Reina (1999) o los cuentos
Rueda del tiempo (2001). Aunque tampoco deja
pasar su oportunidad para ejercer de juez severo de su tiempo, y empuja
al lector a conocer a una corte celestial donde —como en la tierra— no
todo es maravilloso, porque Dios está cansado y malvive en un estado de
coma permanente. Será el arcángel Gabriel quien tome las riendas para
realizar, volviendo al pasado y a través del presente, un auténtico
repaso del origen del mundo, la historia bíblica, la justificación del
Antiguo y Nuevo Testamento, incluida la Literatura y su corte de
maestros: Homero, Ovidio,
Virgilio, Dante, Shakespeare,
Cervantes o el maestro Gutenberg,
inventor de la máquina que cambiaría la escritura.
Muchos de los personajes que desfilan por estas páginas pertenecen a la
corte Celestial y a las almas terrenales que han llegado hasta allí. Sin
embargo, para justificar toda la trama, el narrador incorporará los
nombres de la doctora Verónica Isenring —una bióloga molecular que ha
introducido la era científica en la religión— para que otorgue su
diagnóstico de Dios, y John Carmichael Barlow, informático que abrazó la
ética hacker, dedicó su vida al hacktivismo —es decir, la modalidad
social que consiste en descifrar claves secretas de los ordenadores— y
que, aunque desaparecido prematuramente, se encargará del Servidor
Divino. Finalmente, Ernesto Cardenal, poeta y apóstata, permite
reconocer un mundo terrenal basado en los diferentes aspectos de la
cibernética.
Lo más curioso de la novela, de la historia
narrada por un Talens hiriente, son los informes
sobre el estado de la nación terrenal de los arcángeles Rafael,
sobre la Iglesia católica; Baraquiel, sobre el continente africano;
el ángel de la guarda Nicomedes, sobre el conflicto israelo-palestino;
el arcángel Seatiel, sobre la globalización; Jehudiel sobre los
medios de comunicación; Miguel, con el asesoramiento del profeta
Ezequiel, sobre la energía terrenal; y las conclusiones, con gran
pesadumbre, del protagonista Gabriel. No es de extrañar que al
final, después de una concienzuda lectura, se hable de una «Regénesis»
—nada más utópico— en la que Dios vuelve a crear, nuevamente, los
cielos y la tierra.
Fuente:
Blog "La tormenta en un vaso"
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