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Entrevista-Críitica
aparecida en Cuadernos del Sur/Diario Córdoba, el jueves 21 de
octubre de 1999
EL GRANADINO MANUEL
TALENS QUE ENTRÓ EN EL PANORAMA NARRATIVO CON SU LIBRO 'HIJAS DE EVA',
REEDITA AHORA 'LA PARÁBOLA DE CARMEN LA REINA', QUE PASÓ DESAPERCIBIDA EN
1992
"Manuel
Talens y su parábola"
Pedro M. Domene
La narrativa de Manuel Talens
(Granada, 1948) posee la fuerza verbal y la capacidad de recreación dé un
mundo propio, una característica. que no deja de sorprender en
el panorama narrativo de este final de milenio. En La parábola cíe
Carmen la Reina (1992), que, con gran acierto, reedita Tusquets en estos
días, se cuentan las cosas de numerosos personajes que viven a lo largo
de todo un siglo en un pueblo perdido de las Alpujarras granadinas Venganzas (1994) relataba
con malévola intención los difíciles años de la guerra civil y el
posterior franquismo en el espacio geográfico de Granada, y con la novela
Hijas de Eva (1997), cambiaba de escenario para contarnos la crónica de la
ciudad de Valencia y su comarca, en un relato tan divertido como brillante.
LA PRIMERA EDICIÓN
-Hace
unos años, cuando apareció la primera edición de La parábola de Carmen
la Reina, algún crítico la calificaba de novela total. ¿En qué medida se
ajustaba este calificativo a su novela?
-Es evidente que esa fue mi
intención, escribir una novela total. Se trataba de crear un mundo autónomo,
con su propias leyes independientes del mundo real, si bien conectado con
las circunstancias históricas españolas del siglo XIX y de principios
del XX, que era el período en que se desarrollaba la novela. Pero ya sabe
usted que en esto de narrar una cosa son las intenciones y otra el resultado.
Las bibliotecas están repletas de grandes obras fallidas. Hasta que empezaron
a salir las críticas estuve con el corazón en vilo.
-Cuando
uno comienza a leer esta novela, si recurre a un mapa, ¿localiza rápidamente
el pueblecito alpujarreño de Artefa?
-A estas alturas, una vez que la
crítica ha advertido que Artefa es un pueblo de ficción, creo que ya no
vale la pena seguir con mistificaciones. Cuando escribía la novela
empecé trabajando con órgiva, que es donde nació mi abuela, pero pronto
me di cuenta de que el mero hecho de su existencia me coartaba la libertad
de hacer con el territorio lo que me diera la gana, de manera que me inventé
un pueblo, que se llamó Artefa como podría haberse llamado cualquier
otra cosa. Luego, conforme avanzaba en !a composición, y ante la avalancha
de personajes que incluso a mí se me mezclaban en la cabeza, decidí
crear los cuadros genealógicos para guiar al lector. El paso siguiente
fue construir a ordenador las tablas de la ley con el texto de !a Parábola
escrito en hebreo y, luego, un mapa de las
Alpujarras, de aspecto antiguo y con
apariencias de realidad, que incluyó a Artefa junto a Trevélez. Pue un
puro juego, muy agradable, en el que la textualidad alcanzaba a las imágenes.
Un lector de Salamanca me
contó años después que
anduvo todo un día con su mujer por las Alpujarras en busca de Artefa,
hasta que lo sacaron del error. En esta edición de ‘tusquets, ya puestos
a mentir, he decidido contaminar de ficción también la portada, y la
figura que aparece, Carmen la Reina simbólicamente crucificada, pertenece
a la Casa Museo de Carmen la Reina, en Artefa. ¡Incluso el Ayuntamiento
nos ha dado permiso para reproducirla! Ahora sí que es una novela total.
ESTRUCTURA
DEL RELATO
-La estructura de este relato recuerda a ese tipo de sagas que
provienen de la literatura hispanoamericana y que tan buenos resultados han
dado a sus autores. ¿Con este primer intento quería aproximarse a esa
narrativa de aire mítico?
-Un amigo mío, chileno, dice que
Hispanoamérica empieza en Despeñaperros o bien que Andalucía se termina
en el cabo de Hornos. ¿Qué significa esto? Pues que estamos muy
emparentados en la manera de narrar, somos primos hermanos, lo cual no
significa que las sagas las hayan inventado ellos, ni nosotros tampoco. Conté
la historia de Artefa de esta manera y no de otra porque en aquel tiempo me
pareció que era la mejor técnica para darle forma a lo que deseaba
transmitir. Hoy, quizá, tomaría otro camino, pero es que todos evolucionamos,
lo cual es una bendición, ya que si no, sería muy aburrido. No es que uno .deba
renunciar a su pasado, sino asumirlo y pasar otra cosa. Y en cuanto a la
segunda parte de la pregunta, en la Parábola no me basé-en el mito, sino
en la historia, contándola desde el punto de vista de los eternos
perdedores y Ajustándola a una visión paródica de la religión católica,
lo cual marca una diferencia fundamental con el realismo mágico. A toda
novela se le pueden aplicar diversos tipos de lectura.
-¿La
novela se convierte en un documento generacional’ de claros tintes realistas
o galdosianos?
-A mí Galdós,me parece un.
novelista formidable, y Clarín también, tan grandes como Balzac o
Flaubert. Uno no puede, aunque quisiera, renunciar a la influencia de
sus lecturas. Siempre ha sido mi intención, y me complace que un crítico
lo dijera, que mis personajes tengan carne, sean criaturas casi tangibles,
una manera de crear vida, aunque sea de papel, pero no creó que la Parábola
sea realista, ni tampoco histórica, a pesar de que bordee la historia, a
menos que alguien me demuestre que en la vida real a la gente se le
aparece la Virgen de las Angustias, que Gabriel Porra asesinó al general
Prim o que llueve mierda sobre un pueblo como castigo por sus pecados.
MARAÑA
DE PERSONAJES
-Una vez perdidos en esa maraña de personajes, uno cae en la cuenta de
asistir a, todo un entramado de tensiones ideológicas, que van
desde una especie de semifeudalismo hasta llegar a esos movimientos
anticlericales y libertarios.
-Claro, esta novela está escrita desde unos presupuestos políticos
muy evidentes. Qué le vamos a hacer, yo soy materialista y creo que
muchas cosas tienen que cambiar, a pesar de las mandangas del final de la
historia. El siglo XIX trajo consigo la desaparición definitiva del feudalismo
y el triunfo de la burguesía, pero también el reconocimiento popular de
que era preciso cargarse a esa misma burguesía acaparadora de bienes y tomar
el poder. Es bien conocida la polémica entre comunistas y anarquistas a
propósito de tales cuestiones, y mucho más aún el fracaso posterior de la
Unión Soviética, que supuestamente era la dictadura del proletariado, pero
que en realidad fue la dictadura de una nueva burguesía burocrática, la
del PCUS.
PLANEAR
DE LA MUERTE
-Sobre
Artefa planea siempre la muerte. ¿La ironía de la vida se mide en el grado
de provocación que uno es capaz de llevar a cabo, como le ocurre a los
personajes de su novela?
-La
muerte es una consecuencia natural de la vida o, dicho de otra manera, la
vida es una enfermedad que se cura con la muerte.
No hay más que eso, todo lo demás, el cielo, el infierno, Dios, Satanás,
la fe o la resignación cristiana, son ganas de engañar al prójimo y de
negar a otros el disfrute de los bienes de este mundo. Asumido lo cual, la
provocación y en enfrentamiento son las únicas armas que quedan para
tratar de cambiar la realidad material de la existencia.
-Su siguiente obra, fue un conjunto de relatos, Venganzas (1994), una especie de ajuste de
cuentas. ¿Le había quedado en el tintero por contar algo más de un cierto
tiempo sombrío?
-El trabajo creador, tomado en el
sentido de la praxis, no es otra cosa que un dar salida a las inquietudes,
a los complejos o a los fantasmas que nos agobían. Cumplida la etapa
decimonónica de la Parábola, me apeteció dar salida a mi opinión
particular sobre la guerra civil, una época que no conocí, pero cuya
presencia agobiante, susurrada al calor del brasero por miedo a las
represalias, marcó la infancia de toda mi generación. Como no creo en
la violencia fisica, Venganzas fue mi particular desquite contra el franquismo.
Nunca volveré á escribir sobre ese asunto, ya lo tengo resuelto, porque
para mí, la escritura es una especie de aspirina.
-La segunda novela Hijas de Eva (1997) vuelve a ser un relato-río,
ambientado esta vez en Valencia y sus cercanías a principios de siglo,
aunque la estructura cambia en
cierto modo.
-Sí, a principios de esta década
que se acaba me instalé en Valencia. Hijas
de Eva, que recrea toda una época valenciana de principios de siglo,
fue al mismo tiempo un propósito asumido de integración personal dentro
de esta sociedad v un análisis de la condición de la mujer dentro de un
mundo hostil creado por los hombres y para los hombres. La novela estaba
estructurada en dos partes, una en Valencia y otra en Granada, y abarcaría
prácticamente hasta la actualidad. Pero llegado al final de la etapa
valenciana se me ocurrió parar ahí y escribir el resto en otra ocasión.
Por eso Hijas de Eva tiene un final abierto, con Fausta y Rosilda camino de
Granada.
-La
ironía y la frase larga coa di stintos registros se convierte, de nuevo,
en la característica esencial del relato. ¿Ambos artificios son
consustanciales a su peculiar manera de narrar?
-Me gustan las frases sinuosas, ricas en adjetivos, con oraciones
subordinadas que marcan las matices. Para mí, que soy andaluz y por lo
tanto muy. oriental por cultura y por tradición, las palabras
tienen olores y sabores, incluso tacto. Leo siempre lo que escribo en voz
alta y, si no me suena como una vals, lo cambio. Esto hoy está cambiando
por la influencia de la televisión y del mundo audiovisual en general, que
empobrece el lenguaje y lo convierte en algo chato y telegráfico. Una buena
parte de la actual narrativa escribe de esa manera esquemática, muy
eficaz por otra parte.
APÓLOGO DE LA VIDA
Pocas veces un libro nos depara tanta sorpresa coma este voluminoso
ejemplar que ahora nos entrega Manuel Talens (Granada, 1948) y qué, en
realidad, se trata de su primera novela publicada en 1992 en una
desaparecida editorial, Versal, y que ahora Tusquets pone de nuevo en los
escaparates de las librerías para aquellos que, hace algunos años, se
perdieran el disfrute de una obra calificada entonces por la crítica de
"novela total". Así La parábola de Carmen la Reina (1999)
vuelve al panorama literario con la misma frescura y acierto de su bautismo literario y con la garantía del buen quehacer de
un autor que, desde entonces, con una acertada dosis y no menos pulso narrativo,
nos ha entregado el libro de relatos Venganzas
(1994), cuyo hilo conductor se concreta en los diferentes desquites
que protagonizan las criaturas de estos doce relatos y en torno a los
sucesos de nuestra guerra civil, sus desastres y los años que siguieron a
ésta. La novela Hijas de Eva (1997),
cuyo espacio es, ahora, la ciudad de Valencia y algunos pueblos de su
comarca, en un ambiente rural y una burguesía naciente que se opone a la
decadencia aristocrática de una España caciquil y analfabeta.
La parábola de Carmen la Reina es una
narración tan caudalosa como amplia, lo Primero por la abundancia de personajes
que se suceden en sus páginas, lo segundo porque abarca más de un siglo de
la vida de un pueblo perdido en la sierra alpujarreña. Pero en realidad, se
concreta en la crónica de la vida de unos seres a quienes no les faltan
ciertos aires míticos, hasta concretarse en la genealogía de unas
cuantas familias y de unos personajes que, de alguna manera, habían
adquirido cierta relevancia entre sus vecinos a lo largo de los años. A
medida que vamos leyendo, esta especie de retrato de época se va tornando
en las mil y una historias que muchos de sus personajes van protagonizando
y que revelan, en un espacio geográfico come en el que se desarrolla la
acción, Artefa, fundamentalmente, y también Busquistar, Cáñar, Trevélez
o el resto de pueblos que conforman la comarca, además de someras descripciones
de la vida de Granada, para contar todo un entramado de
pasiones que desembocan, como era de esperar, en el relato de tensiones
ideológicas muy de la época descrita Basta llegar a reconstruir aquellos
movimientos liberales que, frente a un feudalismo conservador,
caracterizaron al siglo pasado.
LOS EPISODIOS
Talens ha sido
capaz de trascender todos los episodios que componen su novela, hacerlos creíbles
e interesantes para al final ofrecer una visión muy pormenorizada de la
vida de estas gentes. Como en toda historia real, eL drama de la muerte
aparece repetidamente, no sólo por el inequívoco paso del tiempo sino por
el que desatan las pasiones incontroladas y conducen al crimen.
Esta es la elegía de un tiempo
pasado que no produjo nada óptimo, más bien un cierto aire de nostalgia se
deja sentir porque en estas páginas, definitivamente, se muestra esa
intrahistoria de una cotidianidad.
El relato de La parábola de Carmen la Reina está
salpicado de un estilo lingüístico propio, elegido con ese cuidado que
sugiere un autor cuya pretensión se concreta en narrar y esto de forma exclusiva,
además de demostrar una exquisita capacidad verbal que le permite al
andaluz jugar con los registros dialectales del idioma, tanto en los niveles
culto como en el coloquial, porque su prosa es rica y abunda en juegos, parábolas,
ironías, hipérboles, sarcasmos y jerigonzas que derivan hasta una forma
de irreverencia idiomática y a la provocación, algo muy típico de los
lugareños. Dichos, refranes y frases hechas se suceden a lo largo del
relato que en boca de sus personajes provoca situaciones de verdadera
hilaridad que nos llevan a zambullirnos en el ensayo de un lenguaje con
una expresión de contenidos que resulta lo mejor de la novela.
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