por Francisco Correal
Cada vez que Manuel Talens gana en Arcos de la Frontera
se produce una revolución bolchevique. Que yo sepa, la primera vez que este
escritor entró en la villa serrana donde se fallaron estos premios de la
Crítica fue en forma de obsequio de cumpleaños. Su novela La parábola
de Carmen la Reina bien envuelta en papel de regalo. La destinataria era
Elena Posa, barcelonesa del Ensanche, que cumplía medio siglo de
existencia, media rueda del tiempo si la rueda entera es el siglo que ahora
celebra Alberti, Cernuda y el Real Madrid. Cumplía años es 27 de
septiembre de 1999, igual que los actores José Sacristán y Sancho Gracia,
pero lo celebró un par de días antes ejerciendo de anfitriona con su
compañero Ferran Grau, barcelonés de Las Ramblas, un genio del diseño
periodístico que ahora le pretende cambiar la imagen al Gibraltar
Chronicle. No sé en qué lugar de la casa colocaron la novela de Talens.
Una casa muy historiada. El número 10 de la calle Maldonado de Arcos es un
solar levantado en 1723 por Francisco Javier Núnez de Prado López
Maldonado, que parece la delantera del Iliurgi. Núñez de Prado es una
escaramuza convertida en abolengo: el rey Nuño yació en un prado con una
doncella e inmortalizó su alivio con el apellido de su estirpe. En la misma
calle se alojó Pepe Botella y en la misma casa vivió Antonio el bailarín.
A ella llegó después de permanecer preso cuarenta días en el calabozo de
Arcos, reo tras la denuncia del sacristán por una proclama escatológica a
cuenta de los clavos de Cristo un día de mucho frío mientras rodaba El
sombrero de tres picos. No sé a dónde fue a parar el libro de Talens.
Lo que sí sé es que donde actualmente Elena y Ferran tienen la biblioteca
había un magnífico televisor. Me acerqué para ver cómo iba el Celta-Real
Sociedad, pero unos fundamentalistas del golf que veían algo llamado la
Ryder Cup me arrojaron de la estancia so pena de excomunión. Los recuerdo
entre mis pesadillas y se le daban cierto aire a los obreros de Perros de
paja que empiezan a soliviantar la paz familiar de Susan George en la
película de Peckimpah. Al día siguiente leí en la prensa que ganó el
Celta con goles de Alexander Mostovoi, ruso de San Petersburgo, y de Valery
Karpin, de Tallin, la capital de Estonia, donde se celebrará la final del
festival de Eurovisión, a la que acudirá Rosa López, de Armilla, el otro
gran triunfo granadino de la temporada junto al de Manuel Talens en el
premio de la Crítica.
A cambio de su novela, Elena nos regaló un libro que
sigue siendo líder de ventas. Se titula Cádiz Venta a Venta. John
Grisham, Ken Follet y Vázquez Figueroa tendrían que vivir varias veces
para igualarla. 303 ventas nada menos con títulos gastronómicos dignos del
realismo social: ajo molinero, liebre a la mariné, fideos con langostinos,
por no hablar de las sutilezas necesarias para discernir el conejo en
amarillo de Algodonales del conejo al colorao de Ubrique. Corre, Conejo, que
acabas en la cazuela, dirá alguno parafraseando a John Updike. Seis de los
establecimientos tienen el mismo rótulo: Venta El Cruce. Magnífico reclamo
para esta rueda del tiempo en la que los destinos se cruzan y se reivindica
ese tiempo borrado por el napalm de la posmodernidad.
A mediados de enero de 2002 volvía a Arcos de la
Frontera para la nueva edición de los premios de la Crítica. La víspera
de la decisión final, vi a hurtadillas el partido de fútbol en la
televisión del bar del hotel mientras Antonio Hernández hablaba con Juan
Ortega, que de jurado consorte pasó en unos días a consejero de Relaciones
institucionales de la Junta de Andalucía. Era otra vez un Celta-Real
Sociedad. Volvía a ganar el Celta y los goles los marcaba Alexander
Mostovoi. Valga la anécdota como antesala de lo que para mí constituye el
principal de los méritos del libro de Talens: la circularidad. El primer
acierto del libro es el título. Te engancha cuando lo empiezas y más te
engancha cuando lo terminas. Ya lo dijo Juan Manuel González en Arcos al
conocerse el fallo: en España no somos dados al género corto, somos más
del Monteseirín que del Monterroso. Somos cortos en casi todo menos a la
hora de escribir. País de escritores sin lectores, donde conviven el
realismo sucio y el onanismo limpio. Una literatura de libros largos, poco
caudalosos y de régimen irregular, por repetir lo que mi hija Andrea
estudia en el capítulo sobre los ríos. Eo, Navia, Nalón, Nervión y
Bidasoa. Aquí la literatura se valora al peso, se mide por metros, al tacto
y al vuelo. Como un concurso de Miss España, certamen que, por lo visto -lo
contó Ansón en televisión-, lo inventó Torcuato Luca de Tena en 1928.
Circular es una palabra magnífica. Rotula los autobuses
urbanos que circundan las grandes ciudades. Es verbo y sustantivo, el verbo
se hizo carne en la Venta del Cruce o en la Venta El Frenazo. El círculo es
una figura geométrica que demuestra que el espacio no es sino una manera
que tenemos de llamarle al tiempo para facilitarle la tarea a los geógrafos
y a sus más indolentes imitadores, los novelistas. Una curva es una recta
en movimiento que no se mueve. Lo que pasa, pasa. Presente y pasado fundidos
en ese arco ojival. No es lo de los ciclos de Toynbee. No se repiten las
cosas. Nos repetimos nosotros. No ser no duele, dice uno de los personajes
de Rueda del tiempo. No escribir tampoco. Hay cierto masoquismo del
compromiso según el cual escribir duele muchísimo, un noventayochismo a la
mariné. Duele mucho menos de lo que se dice, lo que en realidad duele es
leer ese tipo de literatura doliente. Ese círculo está presente en los
relatos titulados "El hoyuelo", "Destinos cruzados",
"Cazador", retrato de un terrorista etarra, o "Fin de
viaje", de Brasil a Cádiz en barco, de Cádiz a Granada en tren. La
historia de amor de "El hoyuelo" es un viaje en tren
Madrid-Granada, el mismo que hizo Lorca sin saber que le esperaban sus
asesinos. "La locomotora está lista", dice Burt Lancaster en la
película El tren, que ponían en la tele una de las noches de
relectura. (En uno de los primeros viajes a Arcos, donde fui a cubrir un
escabroso suceso, conducía el coche el fotógrafo Ángel Moreno mientras
que yo, entrando en Jédula, que creo que es pedanía arcense, terminé la
lectura de Extraños en un tren, de Patricia Highsmith.)
Junto a la circularidad, los grandes méritos del libro
de Talens II (¿Cuál es el plural de Talens?) son a mi entender la
temporalidad y la territorialidad, que es volver sobre lo mismo, ya que el
círculo es tiempo disfrazado de espacio. Una máscara, por usar la palabra
que su hermano Jenaro utilizó hace un cuarto de siglo en el estudio sobre
Luis Cernuda. El tiempo lo miden los papas en siglos y los amantes en
segundos, dice Proust. El tiempo, "ese maldito coleóptero que hace su
insistente pelota de mugre con la carne y la emoción", escribe Ángela
Vallvey, esposa de Jenaro, cuñada de Manuel, en su novela Los estados
carenciales, Premio Nadal, otro trofeo para las vitrinas familiares, por
usar el símil balompédico. El relato "El perdedor" resume en el
título la esencia del libro. Talens ha decidido emprender un viaje nada
proustiano en busca del tiempo de los perdedores. Los que perdieron su
país, su amor, su oficio o su virginidad, con esa variante femenina de
Pascual Duarte llamada Virtudes Pestaña, que hace un viaje equinoccial
desde Palencia hasta Granada, donde aparece en los días en los que fue
asesinado Federico García Lorca. Talens nos cuenta, y cito a Mario
Benedetti, "batallas perdidas con ritmo de victoria".
Como Sándor Marái en El último encuentro,
Talens también presenta historias de reencuentros castigados por el lastre
de los años. Los cincuenta años que han pasado desde que John Ulysses
McBain, el brigadista canadiense, no había vuelto al caserío valenciano
donde se cobijó cuando peleó con el maquis. Los 47 años que El Sarraceno
llevaba sin torear en Artefa, los 32 años transcurridos desde la última
vez que Santiago Fadrique besó a Rosilda en el Paseo de los Tristes. Y como
en la historia de Marái, también hay secretos, reproches, desde la
aversión a la manoletina de El Sarraceno a la revancha que Fadrique trae en
el equipaje y que hará efectiva el día que el Generalísimo visita el
Generalife.
El penúltimo día de enero terminé de leer el Ulises
de Joyce en la traducción de Francisco García Tortosa. Me veía atrapad
entre el Ulises canadiense de Talens y el Ulises pintor que protagoniza la
novela de su cuñada. El brigadista canadiense también vivió su particular
Bloom’s Day, el día que en el refugio valenciano conoció a María. La
vida se resume en un día. "A partir de ahí no me ha ocurrido nada que
valga la pena", confiesa en el crepúsculo de su vida. Una posible
definición del Canadá, que por esos días le ganaba a los Estados Unidos
en la final de hockey sobre hielo de los Juegos de Invierno de Salt Lake
City. Una medalla de oro que no conquistaba desde los Juegos de Oslo de
1952, medio siglo atrás, otra vez la media rueda del tiempo del cumpleaños
de Elena Posa, líder de ventas.
En el capítlo decimoquinto del Ulises, la guardia
de corps de Leopold Bloom empieza a repartir preservativos, helados de
caramelo, botellas de Zotal, pases para el teatro, abonos para todas las
líneas de tranvía, cupones de la lotería y vales para comidas de a
penique. También reparten reimpresiones baratas de los Doce Peores Libros
del Mundo. Este hit-parade del 16 de junio de 1904 se podría ver
perfectamente 98 años después con títulos en cualquiera de las listas de
libros más vendidos de los grandes almacenes. He aquí la docena infernal: Froggy
y Fritz, El cuidado de su bebé, Cincuenta menús por 7
chelines con 6, ¿Fue Jesús un mito solar?, Deshágase del
dolor, Compendio del universo para niños, Riámonos un poco,
Vademécum del agente de publicidad, Cartas de amor de la madre
inferiora (erótico), ¿Quién es quién en el espacio?, Canciones
que nos llegaron al corazón y Cómo hacerse rico penique a penique.
Los remozamos un poco, le ponemos en la solapa fotos de J. J. Benítez,
José Luis Uribarri, Arguiñano, Antonio Gala o Jorge Valdano y ya tenemos
los doce libros más vendidos a la fecha de 16 de marzo de 2002.
No sé si es casual, pero son 16 los relatos que
conforman el libro de Talens. El guarismo más literario. El 16 de junio lo
eligió Joyce para recordar una cita no consumada con Nora Barnacle. El 16
de diciembre de este año se cumplirá un siglo del nacimiento de Rafael
Alberti. El 16 de julio es la Virgen del Carmen, el santo de mi hija
pequeña. Cervantes y Shakespeare murieron en 1616. Yo trabajé durante
catorce años en Diario 16, ya arqueología consumida por la rueda del
tiempo. Y el área del círculo, el neumático de los geómetras, se calcula
con pi erre al cuadrado y el número pi es 3'1416.
"Las derrotas son quizá las únicas victorias que
valen la pena", escribe Manuel Talens en su epílogo. Él salió
derrotado en las apuestas de este envite literario. 27 de enero de 2002.
Edición andaluza de El Mundo. -ágina 14. Título: El fallo del
premio de Andalucía de la Crítica se conocerá hoy. Antetítulo: Antonio
Soler, Rafael Escuredo y Garriga Vela entre los aspirantes. Todos ellos
colaboradores de dicho periódico. Edición andaluza de El País. 27
de enero de 2002. Título: Caballero Bonald y Muñoz Molina optan al premio
de la Crítica Andaluza. Ambos colaboradores del diario (que salió a la
calle el mismo 4 de mayo de 1976 en que nació Iván de la Peña). La
literatura como moneda arrojadiza en las batallitas mediáticas. En plena
diatriba entre experiencia y diferencia (que yo no sé qué cosas son)
Antonio Rodríguez Jiménez hizo gala de independencia: los dos únicos
libros que me envió, pues los demás los conseguí por mis medios, fueron Encuentro
en Marbella, de Villar Raso, y Rueda del tiempo, de Manuel Talens.
Encuentro en las Alpujarras. Los tapados.
Hablemos de la territorialidad. Artefa, cerca de Órgiva,
en la Alpujarra granadina, es el Macondo, el Yoknapatawha faulkneriano de
Manuel Talens. En dicho pueblo se desarrollan los relatos titulados "El
perdedor", "Ruda del tiempo" y "El mapa de Peters".
El mapa de Manuel Talens, que sucede a José María Vélez de Soto (Triángulo
de los Gurumelos), ahora atareado en los fastos cernudianos, en la
obtención de este galardón sin pecunio. Más suerte tendrán los
estudiantes de las once escuelas españolas de Bellas Artes que se
beneficiarán de las 33 becas concedidas por Talens España, una empresa
dedicada a la fabricación de materiales para la pintura ("materiales
con fines artísticos", dicen en un folleto, como si una papelera
vendiera papeles con fines literarios) con sede en la muy poética calle
Salvador Espriu de Hospitaletlo de Llobregat. La central está en Holanda,
en la ciudad de Apeldoorn, donde se fundó en 1899, justo un siglo antes de
que Elena Posa cumpliera medio y lo celebrara iniciando la lectura de La
parábola de Carmen la Reina. No sé si alguna vez los hermanos Talens
habrán padecido algún equívoco con el correo electrónico de Talens
España S.A., que reza info & talensespana.es. "Fabricamos óleos,
acrílicos, acuarelas, pastel, pinceles, soportes, bastidores,
caballetes", me dice una amable secretaria de la empresa Talens, que
tiene entre sus marcas de fábrica a Rembrandt y Van Gogh.
Como en la relectura de Rueda del tiempo se cruzó
el regalo que mi mujer me hizo de Los estados carenciales,la novela
de la cuñada de Talens, es inevitable hacer una referencia a la familia que
hizo pleno en las letras andaluzas. Los hermanos dan mucho juego: un
desencanto, un coto vedado y hasta un camarote con plomero y dos huevos
duros. En su estudio sobre Cernuda titulado El espacio y las máscaras,
Jenaro Talens evocaba una antigua rivalidad entre machadianos y cernudianos.
Cernuda no tuvo hermanos ni viuda. Ahora le salen algunas, claro que
metafóricamente hablando. Los Machado, como los Talens, también salieron
de Andalucía. Pese a los intentos disuasorios de María José, mi mujer, no
me resisto a plantear una especie de Tómbola cultural basada en el
más estricto empirismo. Yo cubrí como periodista la boda del torero
Francisco Rivera Ordóñez con María Eugenia Martínez de Irujo, hija de la
duquesa de Alba. Vi salir a la novia camino de la Catedral desde el palacio
donde nació Antonio Machado. Vi después cómo avanzaban las obras de la
que sería su casa sevillana en la calle San Pedro Mártir, donde nació
Manuel Machado (también allí nació Rafael de León). La familia del novio
quería que la boda se celebrara en Triana, en la iglesia de Santa Ana que
limita con la calle Pureza, en la que murió Antonio Machado Álvarez,
Demófilo, el padre de los poetas. Quizá sea más intelectual volver a
Karpin y a Mostovoi, los goleadores bolcheviques.
La periodista Silvia Sánchez, que hoy cumple años, otra
rueda del tiempo, fue la primera en hablarme maravillas del libro de Manuel
Talens. Aquí quiero hacer referencia a un auténtico pitoniso de las
letras. La primera persona que me recomendó La parábola de Carmen la
Reina fue Alfredo Valenzuela, periodista de Lopera, el pueblo de Jaén,
no el presidente del Betis. Fue Alfredo el primer valedor de Juan Bonilla,
entrevistó a Javier Cercas mucho antes de que Soldados de Salamina
se convirtiera en uno de los libros del año aunque al final se ha
estrellado a Pombo y platillo. Fue Alfredo quien me sugirió que
leyera la novela Perder es cuestión de método, del colombiano
Santiago Gamboa, un verdadero hallazgo. Alfredo está casado con Lola
Domínguez, periodista de Televisión Española en Sevilla, la única que
pudo pasar el cordón de vigilancia del Palacio de Dueñas el día que
aquella chica rubia salía de la estancia machadiana camino del altar para
proclamar un sí quiero que la rueda del tiempo convertiría e un no puedo.
O los Estados carenciales, vaya usted a saber.
Si sumamos los títulos de los dos hermanos ganadores,
Talens Andalucía S.A., Rueda del tiempo y Profundidad de campo,
nos sale el marco perfecto para ilustrar el centenario del Real Madrid.
Tiempo y Campo. Las coordenadas temporal y espacial de un partido de
fútbol. El aperitivo de los centenarios de Cernuda y Alberti. C & A en
la mercadotecnia literaria. Habrá que leerlos cuando pasen los fastos en
una de las seis ventas El Cruce de la provincia de Cádiz, situadas, a
saber, en Prado del Rey, San Fernando, Chiclana, Conil, La Barca de la
Florida y La Zarzuela. Para comer como reyes, sí señor.
Circularidad, temporalidad, territorialidad. Una historia
de viajes que se inicia con el canadiense que vino a España y se acaba con
el granadino que vuelve de Brasil. Y como telón de fondo, las Alpujarras,
la serranía de Brenan. Y un lector atrapado en el círculo, redondo como el
balón que mandaron a gol Karpin y Mostovoi. Mostovengo por el camino yo me
entretengo.