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El escritorio de Manuel Talens                                                                                          

  TEXTOS ENSAYÍSTICOS

Texto pronunciado el 16 de marzo de 2002 en Córdoba, horas antes del Barça-Madrid, durante la entrega a Manuel Talens del VII Premio Andalucía de la Crítica, en la modalidad de narrativa

 

 

Rueda del tiempo: revolución bolchevique en Arcos

 

por Francisco Correal

 

Cada vez que Manuel Talens gana en Arcos de la Frontera se produce una revolución bolchevique. Que yo sepa, la primera vez que este escritor entró en la villa serrana donde se fallaron estos premios de la Crítica fue en forma de obsequio de cumpleaños. Su novela La parábola de Carmen la Reina bien envuelta en papel de regalo. La destinataria era Elena Posa, barcelonesa del Ensanche, que cumplía medio siglo de existencia, media rueda del tiempo si la rueda entera es el siglo que ahora celebra Alberti, Cernuda y el Real Madrid. Cumplía años es 27 de septiembre de 1999, igual que los actores José Sacristán y Sancho Gracia, pero lo celebró un par de días antes ejerciendo de anfitriona con su compañero Ferran Grau, barcelonés de Las Ramblas, un genio del diseño periodístico que ahora le pretende cambiar la imagen al Gibraltar Chronicle. No sé en qué lugar de la casa colocaron la novela de Talens. Una casa muy historiada. El número 10 de la calle Maldonado de Arcos es un solar levantado en 1723 por Francisco Javier Núnez de Prado López Maldonado, que parece la delantera del Iliurgi. Núñez de Prado es una escaramuza convertida en abolengo: el rey Nuño yació en un prado con una doncella e inmortalizó su alivio con el apellido de su estirpe. En la misma calle se alojó Pepe Botella y en la misma casa vivió Antonio el bailarín. A ella llegó después de permanecer preso cuarenta días en el calabozo de Arcos, reo tras la denuncia del sacristán por una proclama escatológica a cuenta de los clavos de Cristo un día de mucho frío mientras rodaba El sombrero de tres picos. No sé a dónde fue a parar el libro de Talens. Lo que sí sé es que donde actualmente Elena y Ferran tienen la biblioteca había un magnífico televisor. Me acerqué para ver cómo iba el Celta-Real Sociedad, pero unos fundamentalistas del golf que veían algo llamado la Ryder Cup me arrojaron de la estancia so pena de excomunión. Los recuerdo entre mis pesadillas y se le daban cierto aire a los obreros de Perros de paja que empiezan a soliviantar la paz familiar de Susan George en la película de Peckimpah. Al día siguiente leí en la prensa que ganó el Celta con goles de Alexander Mostovoi, ruso de San Petersburgo, y de Valery Karpin, de Tallin, la capital de Estonia, donde se celebrará la final del festival de Eurovisión, a la que acudirá Rosa López, de Armilla, el otro gran triunfo granadino de la temporada junto al de Manuel Talens en el premio de la Crítica.

A cambio de su novela, Elena nos regaló un libro que sigue siendo líder de ventas. Se titula Cádiz Venta a Venta. John Grisham, Ken Follet y Vázquez Figueroa tendrían que vivir varias veces para igualarla. 303 ventas nada menos con títulos gastronómicos dignos del realismo social: ajo molinero, liebre a la mariné, fideos con langostinos, por no hablar de las sutilezas necesarias para discernir el conejo en amarillo de Algodonales del conejo al colorao de Ubrique. Corre, Conejo, que acabas en la cazuela, dirá alguno parafraseando a John Updike. Seis de los establecimientos tienen el mismo rótulo: Venta El Cruce. Magnífico reclamo para esta rueda del tiempo en la que los destinos se cruzan y se reivindica ese tiempo borrado por el napalm de la posmodernidad.

A mediados de enero de 2002 volvía a Arcos de la Frontera para la nueva edición de los premios de la Crítica. La víspera de la decisión final, vi a hurtadillas el partido de fútbol en la televisión del bar del hotel mientras Antonio Hernández hablaba con Juan Ortega, que de jurado consorte pasó en unos días a consejero de Relaciones institucionales de la Junta de Andalucía. Era otra vez un Celta-Real Sociedad. Volvía a ganar el Celta y los goles los marcaba Alexander Mostovoi. Valga la anécdota como antesala de lo que para mí constituye el principal de los méritos del libro de Talens: la circularidad. El primer acierto del libro es el título. Te engancha cuando lo empiezas y más te engancha cuando lo terminas. Ya lo dijo Juan Manuel González en Arcos al conocerse el fallo: en España no somos dados al género corto, somos más del Monteseirín que del Monterroso. Somos cortos en casi todo menos a la hora de escribir. País de escritores sin lectores, donde conviven el realismo sucio y el onanismo limpio. Una literatura de libros largos, poco caudalosos y de régimen irregular, por repetir lo que mi hija Andrea estudia en el capítulo sobre los ríos. Eo, Navia, Nalón, Nervión y Bidasoa. Aquí la literatura se valora al peso, se mide por metros, al tacto y al vuelo. Como un concurso de Miss España, certamen que, por lo visto -lo contó Ansón en televisión-, lo inventó Torcuato Luca de Tena en 1928.

Circular es una palabra magnífica. Rotula los autobuses urbanos que circundan las grandes ciudades. Es verbo y sustantivo, el verbo se hizo carne en la Venta del Cruce o en la Venta El Frenazo. El círculo es una figura geométrica que demuestra que el espacio no es sino una manera que tenemos de llamarle al tiempo para facilitarle la tarea a los geógrafos y a sus más indolentes imitadores, los novelistas. Una curva es una recta en movimiento que no se mueve. Lo que pasa, pasa. Presente y pasado fundidos en ese arco ojival. No es lo de los ciclos de Toynbee. No se repiten las cosas. Nos repetimos nosotros. No ser no duele, dice uno de los personajes de Rueda del tiempo. No escribir tampoco. Hay cierto masoquismo del compromiso según el cual escribir duele muchísimo, un noventayochismo a la mariné. Duele mucho menos de lo que se dice, lo que en realidad duele es leer ese tipo de literatura doliente. Ese círculo está presente en los relatos titulados "El hoyuelo", "Destinos cruzados", "Cazador", retrato de un terrorista etarra, o "Fin de viaje", de Brasil a Cádiz en barco, de Cádiz a Granada en tren. La historia de amor de "El hoyuelo" es un viaje en tren Madrid-Granada, el mismo que hizo Lorca sin saber que le esperaban sus asesinos. "La locomotora está lista", dice Burt Lancaster en la película El tren, que ponían en la tele una de las noches de relectura. (En uno de los primeros viajes a Arcos, donde fui a cubrir un escabroso suceso, conducía el coche el fotógrafo Ángel Moreno mientras que yo, entrando en Jédula, que creo que es pedanía arcense, terminé la lectura de Extraños en un tren, de Patricia Highsmith.)

Junto a la circularidad, los grandes méritos del libro de Talens II (¿Cuál es el plural de Talens?) son a mi entender la temporalidad y la territorialidad, que es volver sobre lo mismo, ya que el círculo es tiempo disfrazado de espacio. Una máscara, por usar la palabra que su hermano Jenaro utilizó hace un cuarto de siglo en el estudio sobre Luis Cernuda. El tiempo lo miden los papas en siglos y los amantes en segundos, dice Proust. El tiempo, "ese maldito coleóptero que hace su insistente pelota de mugre con la carne y la emoción", escribe Ángela Vallvey, esposa de Jenaro, cuñada de Manuel, en su novela Los estados carenciales, Premio Nadal, otro trofeo para las vitrinas familiares, por usar el símil balompédico. El relato "El perdedor" resume en el título la esencia del libro. Talens ha decidido emprender un viaje nada proustiano en busca del tiempo de los perdedores. Los que perdieron su país, su amor, su oficio o su virginidad, con esa variante femenina de Pascual Duarte llamada Virtudes Pestaña, que hace un viaje equinoccial desde Palencia hasta Granada, donde aparece en los días en los que fue asesinado Federico García Lorca. Talens nos cuenta, y cito a Mario Benedetti, "batallas perdidas con ritmo de victoria".

Como Sándor Marái en El último encuentro, Talens también presenta historias de reencuentros castigados por el lastre de los años. Los cincuenta años que han pasado desde que John Ulysses McBain, el brigadista canadiense, no había vuelto al caserío valenciano donde se cobijó cuando peleó con el maquis. Los 47 años que El Sarraceno llevaba sin torear en Artefa, los 32 años transcurridos desde la última vez que Santiago Fadrique besó a Rosilda en el Paseo de los Tristes. Y como en la historia de Marái, también hay secretos, reproches, desde la aversión a la manoletina de El Sarraceno a la revancha que Fadrique trae en el equipaje y que hará efectiva el día que el Generalísimo visita el Generalife.

El penúltimo día de enero terminé de leer el Ulises de Joyce en la traducción de Francisco García Tortosa. Me veía atrapad entre el Ulises canadiense de Talens y el Ulises pintor que protagoniza la novela de su cuñada. El brigadista canadiense también vivió su particular Bloom’s Day, el día que en el refugio valenciano conoció a María. La vida se resume en un día. "A partir de ahí no me ha ocurrido nada que valga la pena", confiesa en el crepúsculo de su vida. Una posible definición del Canadá, que por esos días le ganaba a los Estados Unidos en la final de hockey sobre hielo de los Juegos de Invierno de Salt Lake City. Una medalla de oro que no conquistaba desde los Juegos de Oslo de 1952, medio siglo atrás, otra vez la media rueda del tiempo del cumpleaños de Elena Posa, líder de ventas.

En el capítlo decimoquinto del Ulises, la guardia de corps de Leopold Bloom empieza a repartir preservativos, helados de caramelo, botellas de Zotal, pases para el teatro, abonos para todas las líneas de tranvía, cupones de la lotería y vales para comidas de a penique. También reparten reimpresiones baratas de los Doce Peores Libros del Mundo. Este hit-parade del 16 de junio de 1904 se podría ver perfectamente 98 años después con títulos en cualquiera de las listas de libros más vendidos de los grandes almacenes. He aquí la docena infernal: Froggy y Fritz, El cuidado de su bebé, Cincuenta menús por 7 chelines con 6, ¿Fue Jesús un mito solar?, Deshágase del dolor, Compendio del universo para niños, Riámonos un poco, Vademécum del agente de publicidad, Cartas de amor de la madre inferiora (erótico), ¿Quién es quién en el espacio?, Canciones que nos llegaron al corazón y Cómo hacerse rico penique a penique. Los remozamos un poco, le ponemos en la solapa fotos de J. J. Benítez, José Luis Uribarri, Arguiñano, Antonio Gala o Jorge Valdano y ya tenemos los doce libros más vendidos a la fecha de 16 de marzo de 2002.

No sé si es casual, pero son 16 los relatos que conforman el libro de Talens. El guarismo más literario. El 16 de junio lo eligió Joyce para recordar una cita no consumada con Nora Barnacle. El 16 de diciembre de este año se cumplirá un siglo del nacimiento de Rafael Alberti. El 16 de julio es la Virgen del Carmen, el santo de mi hija pequeña. Cervantes y Shakespeare murieron en 1616. Yo trabajé durante catorce años en Diario 16, ya arqueología consumida por la rueda del tiempo. Y el área del círculo, el neumático de los geómetras, se calcula con pi erre al cuadrado y el número pi es 3'1416.

"Las derrotas son quizá las únicas victorias que valen la pena", escribe Manuel Talens en su epílogo. Él salió derrotado en las apuestas de este envite literario. 27 de enero de 2002. Edición andaluza de El Mundo. -ágina 14. Título: El fallo del premio de Andalucía de la Crítica se conocerá hoy. Antetítulo: Antonio Soler, Rafael Escuredo y Garriga Vela entre los aspirantes. Todos ellos colaboradores de dicho periódico. Edición andaluza de El País. 27 de enero de 2002. Título: Caballero Bonald y Muñoz Molina optan al premio de la Crítica Andaluza. Ambos colaboradores del diario (que salió a la calle el mismo 4 de mayo de 1976 en que nació Iván de la Peña). La literatura como moneda arrojadiza en las batallitas mediáticas. En plena diatriba entre experiencia y diferencia (que yo no sé qué cosas son) Antonio Rodríguez Jiménez hizo gala de independencia: los dos únicos libros que me envió, pues los demás los conseguí por mis medios, fueron Encuentro en Marbella, de Villar Raso, y Rueda del tiempo, de Manuel Talens. Encuentro en las Alpujarras. Los tapados.

Hablemos de la territorialidad. Artefa, cerca de Órgiva, en la Alpujarra granadina, es el Macondo, el Yoknapatawha faulkneriano de Manuel Talens. En dicho pueblo se desarrollan los relatos titulados "El perdedor", "Ruda del tiempo" y "El mapa de Peters". El mapa de Manuel Talens, que sucede a José María Vélez de Soto (Triángulo de los Gurumelos), ahora atareado en los fastos cernudianos, en la obtención de este galardón sin pecunio. Más suerte tendrán los estudiantes de las once escuelas españolas de Bellas Artes que se beneficiarán de las 33 becas concedidas por Talens España, una empresa dedicada a la fabricación de materiales para la pintura ("materiales con fines artísticos", dicen en un folleto, como si una papelera vendiera papeles con fines literarios) con sede en la muy poética calle Salvador Espriu de Hospitaletlo de Llobregat. La central está en Holanda, en la ciudad de Apeldoorn, donde se fundó en 1899, justo un siglo antes de que Elena Posa cumpliera medio y lo celebrara iniciando la lectura de La parábola de Carmen la Reina. No sé si alguna vez los hermanos Talens habrán padecido algún equívoco con el correo electrónico de Talens España S.A., que reza info & talensespana.es. "Fabricamos óleos, acrílicos, acuarelas, pastel, pinceles, soportes, bastidores, caballetes", me dice una amable secretaria de la empresa Talens, que tiene entre sus marcas de fábrica a Rembrandt y Van Gogh.

Como en la relectura de Rueda del tiempo se cruzó el regalo que mi mujer me hizo de Los estados carenciales,la novela de la cuñada de Talens, es inevitable hacer una referencia a la familia que hizo pleno en las letras andaluzas. Los hermanos dan mucho juego: un desencanto, un coto vedado y hasta un camarote con plomero y dos huevos duros. En su estudio sobre Cernuda titulado El espacio y las máscaras, Jenaro Talens evocaba una antigua rivalidad entre machadianos y cernudianos. Cernuda no tuvo hermanos ni viuda. Ahora le salen algunas, claro que metafóricamente hablando. Los Machado, como los Talens, también salieron de Andalucía. Pese a los intentos disuasorios de María José, mi mujer, no me resisto a plantear una especie de Tómbola cultural basada en el más estricto empirismo. Yo cubrí como periodista la boda del torero Francisco Rivera Ordóñez con María Eugenia Martínez de Irujo, hija de la duquesa de Alba. Vi salir a la novia camino de la Catedral desde el palacio donde nació Antonio Machado. Vi después cómo avanzaban las obras de la que sería su casa sevillana en la calle San Pedro Mártir, donde nació Manuel Machado (también allí nació Rafael de León). La familia del novio quería que la boda se celebrara en Triana, en la iglesia de Santa Ana que limita con la calle Pureza, en la que murió Antonio Machado Álvarez, Demófilo, el padre de los poetas. Quizá sea más intelectual volver a Karpin y a Mostovoi, los goleadores bolcheviques.

La periodista Silvia Sánchez, que hoy cumple años, otra rueda del tiempo, fue la primera en hablarme maravillas del libro de Manuel Talens. Aquí quiero hacer referencia a un auténtico pitoniso de las letras. La primera persona que me recomendó La parábola de Carmen la Reina fue Alfredo Valenzuela, periodista de Lopera, el pueblo de Jaén, no el presidente del Betis. Fue Alfredo el primer valedor de Juan Bonilla, entrevistó a Javier Cercas mucho antes de que Soldados de Salamina se convirtiera en uno de los libros del año aunque al final se ha estrellado a Pombo y platillo. Fue  Alfredo quien me sugirió que leyera la novela Perder es cuestión de método, del colombiano Santiago Gamboa, un verdadero hallazgo. Alfredo está casado con Lola Domínguez, periodista de Televisión Española en Sevilla, la única que pudo pasar el cordón de vigilancia del Palacio de Dueñas el día que aquella chica rubia salía de la estancia machadiana camino del altar para proclamar un sí quiero que la rueda del tiempo convertiría e un no puedo. O los Estados carenciales, vaya usted a saber.

Si sumamos los títulos de los dos hermanos ganadores, Talens Andalucía S.A., Rueda del tiempo y Profundidad de campo, nos sale el marco perfecto para ilustrar el centenario del Real Madrid. Tiempo y Campo. Las coordenadas temporal y espacial de un partido de fútbol. El aperitivo de los centenarios de Cernuda y Alberti. C & A en la mercadotecnia literaria. Habrá que leerlos cuando pasen los fastos en una de las seis ventas El Cruce de la provincia de Cádiz, situadas, a saber, en Prado del Rey, San Fernando, Chiclana, Conil, La Barca de la Florida y La Zarzuela. Para comer como reyes, sí señor.

Circularidad, temporalidad, territorialidad. Una historia de viajes que se inicia con el canadiense que vino a España y se acaba con el granadino que vuelve de Brasil. Y como telón de fondo, las Alpujarras, la serranía de Brenan. Y un lector atrapado en el círculo, redondo como el balón que mandaron a gol Karpin y Mostovoi. Mostovengo por el camino yo me entretengo.

Francisco Correal

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