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El escritorio de Manuel Talens                                                                                          

  TEXTOS ENSAYÍSTICOS

Adaptación a guión cinematográfico del cuento 'El martirio de San Sebastián', perteneciente al libro Venganzas de Manuel Talens (Tusquets Editores 1994). Curso de Narrativa audiovisual II (Universidad de Valencia)

 

 

El martirio de San Sebastián

 

ACTO I

ESCENA I. INTERIOR, DORMITORIO. UN HOMBRE Y UN MUCHACHO. NOCHE.

Un habitación con luz tenue, proveniente de una lamparilla de noche, nos da la claridad suficiente para ver como dos hombres, desnudos, se acarician y se entregan al goce. En un tocadiscos suena la sonata número 17, Tempestad, de Beethoven. Sobre un escritorio se encuentran varios libros sobre el Renacimiento y más discos de Beethoven.

Las manos del hombre, más mayor, ascienden lentamente hacia las mejillas del muchacho. Toca sus labios con la yema de sus dedos.

HOMBRE: "Te quiero" (con los labios entreabiertos y susurrante)

Mira asombrado la increíble belleza del joven. HOMBRE: (VOZ INTERIOR) "Gracias, Señor, por haberme dado ojos."

Mira su cuerpo envejecido e intenta vencer esa decrepitud con el encuentro del joven. La música del tocadiscos se eleva y queda extasiado mientras acaricia al muchacho.

ESCENA II. INTERIOR DEL SALÓN DE UNA CASA, MUY ILUMINADA. UN PADRE Y UN NIÑO. AÑOS ATRÁS.

En el interior de un salón muy iluminado, un padre regala a su hijo un prodigioso Gramophone con una caja de discos duros y negros de fragmentos orquestales grabados por la Filarmónica de Viena.

ESCENA III. INTERIOR, DORMITORIO. HOMBRE Y MUCHACHO. NOCHE.

El hombre, volviendo en sí, aparta su mirada del tocadiscos y la posa, de nuevo, sobre el muchacho. HOMBRE: "Te quiero" (sintiendo un dulce escalofrío al

ver una tímida sonrisa del muchacho) El muchacho evita su mirada, asustado e incómodo. Sus caricias son torpes y bruscas, las manos le sudan.

ESCENA IV. EXTERIOR, JARDINES DEL TRIUNFO. TARDE ANTERIOR HOMBRE Y MUCHACHO.

El hombre y el muchacho pasean lentamente, la tarde está cayendo.

MUCHACHO: "Nunca lo he hecho, soy virgen aún" (en tono de confesión).

HOMBRE: (Tierno), "Mejor así, a mis años, las inexperiencias son siempre bienvenidas".

ESCENA V. EXTERIOR, UNA CALLE. NOCHE.

Una calle desierta, vacía. El cielo está negro, sólo distinguimos el cartel donde pone el nombre de la calle (Calle Martínez de la Rosa).

ESCENA VI. INTERIOR, DORMITORIO. NOCHE. HOMBRE Y MUCHACHO.

En la mesilla de noche, el reloj marca las dos de la madrugada. El hombre y el muchacho se encuentran acostados de frente. Siguen las caricias.

HOMBRE: "Me gusta tu cuerpo" (deslizando con suavidad su mano sobre el perfil del muchacho)

"No te pongas nervioso" (susurra) "Siempre es así la primera vez, lo estás haciendo muy bien"

Mientras el hombre lo besa en la boca, su mano aprehende el rígido miembro del muchacho, con experta movilidad.

De repente el hombre recapacita "es tan joven", aflojando su mano. Su cara se ensombrece.

MUCHACHO: "¿Qué te pasa, estás triste?"

Después de una breve pausa, el muchacho toma la iniciativa.

HOMBRE: "Podrías ser mi hijo" (dejándose llevar) En el reloj han transcurrido cerca de treinta minutos. Ahora en el disco de vinilo suena la sonata número 23, Appasionata.

HOMBRE: "Es muy fácil" (voz queda y acariciadora). "Las primicias son así, algún día tenías que aprender".

Lo dirige con la mano hasta que siente un calor que le perfora la carne.

HOMBRE: "Aprieta, aprieta más" (gozoso)

Suenan gemidos en el dormitorio, primero en contrapunto y luego cada vez más fuertes y acompasados. Sus cuerpos sudorosos se agitan en la noche.

ESCENA VII. EXTERIOR, CALLE. NOCHE.

La calle continua vacía, silenciosa y apacible. El cielo continúa negro.

ESCENA VIII. INTERIOR, DORMITORIO. NOCHE. HOMBRE Y MUCHACHO.

El muchacho duerme plácidamente. Todo está consumado. El hombre, apoyado sobre la pared, fuma un cigarrillo. En su mente, como una ráfaga de ametralladora, vuelven imágenes que nunca ha logrado olvidar a través de los años.

Seguimos el humo del cigarrillo que se pierde en el ir y venir de las olas de una playa.

 

ACTO II

ESCENA I. EXTERIOR. MADRUGADA. PLAYA. VARIOS NIÑOS.

Las olas golpean con la orilla de la playa, más adentro se levanta un campo de concentración siniestro y grande, rodeado por alambres de púas y soldaditos armados. Unos niños, escondidos tras las dunas de la playa, observan el movimiento de los prisioneros que han salido fuera de los barracones. Antes de que todos los prisioneros se conviertan en una masa apretujada y hormigueante se distingue a uno de ellos (padre del personaje). Tiene la panza gorda y afectuosa. Parece hablar con otro prisionero.

Desde las dunas, un niño no deja de mirarle.

ESCENA II. INTERIOR, DORMITORIO, NOCHE. HOMBRE Y MUCHACHO

El hombre apaga el cigarrillo. El tocadiscos sigue sonando, ahora la música parece más tierna. Se recuesta sobre la cama, al lado del joven. Un montón de imágenes se agolpan en su mente.

ESCENA III. INTERIOR, CASA MUY ILUMINADA. PADRE Y NIÑO.

El niño, muy contento, abraza a su padre que le trae regalos de un viaje: láminas de Ciencias Naturales, novelas de Julio Verne, Atlas, libros de Historia del Arte... un Gramophone. Mientras su padre, incansable, le cuenta las historias y enredos acontecidos en sus viajes.

ESCENA IV. INTERIOR, MAÑANA. UN CUARTO LLENO DE VELAS. EL NIÑO Y SU ABUELA.

En un cuarto lleno de velas, penumbroso, situado en el último piso de la casa, se encuentra un niño con su abuela que le está enseñando el catecismo y el amor a Dios. En el silencio sólo se oye el canturreo de un rosario. Todo está rodeado de cortinajes de terciopelo negro. En un lado un altarcito lleno de cirios, siempre encendidos, alumbran un cuadro renacentista de Palma Vecchio que representa el martirio de San Sebastián.

ABUELA: "Deja de mirar el cuadro y atiende a la oración" (de forma suave)

ESCENA V.  INTERIOR, ESCALERAS QUE CONDUCEN AL CUARTO DE VELAS. NOCHE. NIÑO.

En las escaleras que conducen al cuarto de las velas se encuentra el niño con la necesidad dolorosa de introducirse en aquella instancia tenebrosa, con olor a cera caliente. Las escaleras se encuentran en una completa oscuridad, sólo se percibe la luz que proviene del cuarto del cuadro.

ESCENA VI. INTERIOR CUARTO VELAS, NOCHE. NIÑO.

El niño se introduce en el cuarto, mirando de reojo hacia atrás y cantando salmodias a voz en grito para alejar el terror.

Durante varias horas, de rodillas, ha estado observando, extáticamente, todos los detalles del cuadro. Aparecen todas las partes del cuadro: campesinos diminutos en el fondo dedicados a sus quehaceres y ajenos al dolor del santo; un castillo gris de múltiples torres en el perfil del horizonte; las montañas con ásperos taludes que ocultan a medias los nubarrones del firmamento; los caminos terregosos que dan a un lago lleno de barcas y lavanderas; una exótica vegetación. En el centro un hermoso San Sebastián, atado a un tronco en una postura inverosímil, lleno de múltiples flechazos perforándole la carne de un cuerpo atractivo, desnudo y apetecible. La piel salpicada por la sangre leve.

El niño, ensimismado, mira los ojos ausentes alzados al cielo que presenta el santo.

Aparece la abuela que observa al niño desde la entrada del cuarto.

NIÑO: "Parece una mujer" (incrédulo de ver a un hombre representado)

ABUELA: "No es una mujer, ya te lo dije cuando tenías seis años, es un hombre, un militar, un valeroso jefe de la cohorte pretoriana, martirizado a flechazos en Roma por haberse convertido al cristianismo."

El niño vuelve su mirada al cuadro y observa el pelo largo y ondoso del santo.

ESCENA VII. INTERIOR, DORMITORIO. NOCHE. HOMBRE Y MUCHACHO.

El hombre observa la hermosa figura del joven que duerme plácido en la cama. Apoya la cabeza en el pecho, desnudo, del joven e intenta dormir.

ESCENA VIII. EXTERIOR, CALLE. DÍA DE VERANO, TIEMPO ATRÁS.

Una tropa de soldados entra pausadamente por la calle (Sagasta), adaptándose al paso cansino de la trulla desgarbilada de prisioneros de guerra que trae. Voces provenientes de los milicianos se dirigen a los prisioneros: "Rojos, rojos..." mientras escupen.

Al mando de las tropas un capitán alto y enjuto, con el bicoquín de borla roja ligeramente inclinado hacia la derecha, su piel cobriza por el sol, sus botas de caña altas, embetunadas y relucientes hasta lo imposible. Todo en él brilla.

ESCENA IX. INTERIOR, CASA, DESDE UNA VENTANA. DÍA. PADRE Y NIÑO.

Desde la ventana el padre y el niño observan la entrada de la tropa. El padre muestra en su rostro la expresión de impotencia y asco al ver las tropas nacionales. El niño mira admirado al gallardo y hermoso capitán, sin comprender el gesto de su padre.

ESCENA X. INTERIOR, CASA (COMEDOR). NOCHE, HORA DE LA CENA. PADRE, NIÑO, ABUELA Y SIRVIENTA.

Ha transcurrido una semana. La familia, padre, niño y abuela, se encuentran cenando en el comedor. Llaman a la puerta y la sirvienta (Dolores) va a abrir. Es el capitán Camacho, impecable en su uniforme, con las botas negras y resplandecientes. Al quitarse el bicoquín, su pelo moreno, peinado hacia atrás y con la raya en la izquierda, le cae alborotado sobre las cejas, formando un tupe de artista cinematográfico. El niño no le quita ojo.

CAPITÁN CAMACHO: "Buenas noches" (con leve inclinación) "¿Es usted Don Eusebio Morales" (dirigiéndose al padre)

PADRE: "Sí..." (intranquilo)

CAPITÁN: "Tiene que acompañarme para responder algunas preguntas sobre sus actividades en Sevilla" (pausa) "Cuestión de trámite, podrá regresar a su casa mañana por la mañana."

Se lo llevan detenido pero antes el niño da un efusivo abrazo a su padre.

ESCENA XI. EXTERIOR, CALLE, DÍA. ABUELA Y VECINAS.

La abuela se entera de que su hijo está retenido con otros presos en los barracones a medio construir del campo de concentración.

ESCENA XII. INTERIOR, HABITACIÓN DEL NIÑO, NOCHE.

En medio de la oscuridad de la habitación vemos el rostro del niño agitado por sus sueños. El niño se imagina acariciando los rasgos carnosos y perfectos, con odiosa delectación, del capitán. Estampas de santos martirizados se agolpan. En la plaza del pueblo el capitán aparece acosado por los rojos. El niño lo sigue con esa fascinación de horror y deseo. El capitán, como San Sebastián, luminoso de hermosura, luce un insinuante paño en vez de su uniforme. Con los ojos penetrantes alzados al cielo, es acosado por los rojos, que le escupen y hostigan; entre ellos se encuentra el padre del niño.

El niño despierta de golpe y continua pensando en el hombre que le ha robado a su padre.

NIÑO: "Padre..." (asustado).

ESCENA XIII. EXTERIOR, PLAYA, MADRUGADA. VARIOS NIÑOS.

Desde las dunas de la playa unos niños vigilan a los prisioneros del campo de concentración, que poco a poco han reducido su número. El niño ve a su padre fugazmente. Las olas golpean en la orilla bruscamente.

ESCENA XIV. EXTERIOR, PLAYA, MADRUGADA. DÍAS DESPUÉS. NIÑA.

Una niña (Alicia),camina por la orilla de la playa. Descubre tres cadáveres que las olas han devuelto. Uno de ellos es el padre del niño: el cuerpo abotagado y blanquinoso, con múltiples desgarrones en las vestiduras. En el pecho siete agujeros de bala. Murmullo de las olas.

 

ACTO III

ESCENA I. INTERIOR, HABITACIÓN. MAÑANA. HOMBRE Y MUCHACHO.

El disco gira sin cesar bajo el diamante, produciendo un sonido rasposo, al igual que el murmullo de las olas. El hombre se despierta. El reloj de la mesilla marca las ocho menos diez de la mañana. Vuelve la cabeza y ve al muchacho que duerme como un ángel celestial, los bucles de su pelo castaño se encuentran alborotados por la frente.

HOMBRE (VOZ INTERIOR): "Parece sacado de un cuadro renacentista"(lo acaricia)

"Ni el mismo Dios puede ser más hermoso"

Va hacia la ventana y mira a la calle extrañado.

ESCENA II. EXTERIOR, CALLE. CARTELES ELECTORALES.

La calle llena de carteles electorales proclamando las bondades de la libertad.

La voz del personaje fuera de campo:"Lo de siempre". Continúa meditando: "¿Por qué los hombres se empeñan vanamente en ocultar que las cosas sólo cambian en apariencia, que la vida es tan horrorosa como la muerte?"

ESCENA IV. INTERIOR, BAÑO. MISMA MAÑANA. HOMBRE.

Frente al espejo ve su rostro de cansancio. Se enjabona bajo la ducha, pensando en el muchacho. Se seca con parsimonia y se maquilla para disimular sus arrugas. Con acetona se disuelve el pintaúñas de sus dedos. Se depila el vello del entrecejo y cepilla seguidamente los rizos de su pelo.

ESCENA V. INTERIOR, DORMITORIO. MAÑANA. HOMBRE Y MUCHACHO.

El muchacho, desnudo boca arriba, yace plácido sobre las sábanas de raso de color marfil. En el suelo, esparcidas en desorden, las prendas de su uniforme militar, las botas, el calzoncillo y la gorra de soldado sin graduación.

El hombre se viste mientras observa al muchacho.

HOMBRE (VOZ INTERIOR): "Qué bello es su cuerpo"

Del armario saca una camisa gris perla y unos pantalones negros de algodón. Se coloca unos zapatos nuevos. Se mira en el espejo de cuerpo entero.

HOMBRE (VOZ INTERIOR): "¡Cómo cambia una imagen en tan pocos minutos!"

Va hacia la cama donde el muchacho duerme profundamente, con las manos ocultas bajo la espalda.

ESCENA VI. INTERIOR, CUARTO DEL CUADRO.

Una imagen fugaz del niño mirando el cuadro de San Sebastián en el cuarto de las velas.

ESCENA VII. INTERIOR, DORMITORIO. MAÑANA. HOMBRE Y MUCHACHO.

El hombre besa los labios del muchacho dormido y le cubre el pubis con el pico de la sábana. Busca bajo el lecho y saca una ballesta de metal con la aljaba repleta de flechas.

HOMBRE: "Necesito quince" (sin el más leve asomo de duda)

Se coloca a cierta distancia de la cama mientras coloca la primera saeta. Tensa la cuerda y casi sin apuntar clava bajo la tetilla izquierda, en pleno corazón. El muchacho se estremece durante breves instantes, del sueño pasa a la muerte.

Lanza las restantes flechas: en la frente, en la yugular, en el pecho, en el abdomen, en los muslos y en las piernas.

Esconde el arma bajo la cama y alcanza un grueso libro del escritorio donde vemos el cuadro de Isola di Carturo que ha reproducido fielmente con el joven.

HOMBRE: (dirigiéndose al muchacho muerto) "No está mal. Hace ocho meses logré una réplica exacta del de Antonello da Messina y dos años antes un magnífico Perugio".

En la página del libro que reproduce el Mantegna coloca un número seis con rotulador.

HOMBRE: "Sólo falta uno, luego no importa que me coja la policía. Los siete balazos que acabaron con la vida de mi padre serán vengados."

Desde la puerta del dormitorio observa el cuerpo sin vida del muchacho. El reloj de la mesilla marca las nueve menos cuarto.

HOMBRE: "No importa, más tarde haré desaparecer el cadáver" (como mecánicamente)

En el tocadiscos suena la sonata número 17, Tempestad. Se marcha apresurado.

ESCENA VIII. INTERIOR, MISA DEL CUARTEL, NUEVE DE LA MAÑANA.

Las campanas marcan las nueve en punto. La capilla está llena de soldaditos, jóvenes y apuestos, en el altar el hombre (protagonista), con sotana, comienza la ceremonia de las nueve.

 

FIN  

Autora de la adaptación: Sagrario Perpiñán Ortuño (Valencia 1999)

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© Manuel Talens 2002