El
martirio de San Sebastián
ACTO
I
ESCENA I. INTERIOR, DORMITORIO. UN
HOMBRE Y UN MUCHACHO. NOCHE.
Un habitación con luz tenue, proveniente de una lamparilla de noche,
nos da la claridad suficiente para ver como dos hombres, desnudos, se
acarician y se entregan al goce. En un tocadiscos suena la sonata número
17, Tempestad, de Beethoven. Sobre un escritorio se encuentran
varios libros sobre el Renacimiento y más discos de Beethoven.
Las manos del hombre, más mayor, ascienden lentamente hacia las
mejillas del muchacho. Toca sus labios con la yema de sus dedos.
HOMBRE: "Te quiero" (con los labios entreabiertos y
susurrante)
Mira asombrado la increíble belleza del joven. HOMBRE: (VOZ INTERIOR)
"Gracias, Señor, por haberme dado ojos."
Mira su cuerpo envejecido e intenta vencer esa decrepitud con el
encuentro del joven. La música del tocadiscos se eleva y queda
extasiado mientras acaricia al muchacho.
ESCENA II. INTERIOR DEL SALÓN DE UNA CASA,
MUY ILUMINADA. UN PADRE Y UN NIÑO. AÑOS ATRÁS.
En
el interior de un salón muy iluminado, un padre regala a su hijo un
prodigioso Gramophone con una caja de discos duros y negros de
fragmentos orquestales grabados por la Filarmónica de Viena.
ESCENA
III. INTERIOR, DORMITORIO.
HOMBRE Y MUCHACHO. NOCHE.
El hombre, volviendo en sí, aparta su mirada del tocadiscos y la posa,
de nuevo, sobre el muchacho. HOMBRE: "Te quiero" (sintiendo
un dulce escalofrío al
ver
una tímida sonrisa del muchacho) El muchacho evita su mirada,
asustado e incómodo. Sus caricias son torpes y bruscas, las manos le
sudan.
ESCENA
IV. EXTERIOR, JARDINES DEL TRIUNFO. TARDE ANTERIOR HOMBRE Y MUCHACHO.
El hombre y el muchacho pasean lentamente, la tarde está cayendo.
MUCHACHO: "Nunca lo he hecho, soy virgen aún" (en tono de
confesión).
HOMBRE: (Tierno), "Mejor así, a mis años, las inexperiencias son
siempre bienvenidas".
ESCENA
V. EXTERIOR, UNA CALLE. NOCHE.
Una
calle desierta, vacía. El cielo está negro, sólo distinguimos el
cartel donde pone el nombre de la calle (Calle Martínez de la Rosa).
ESCENA
VI. INTERIOR, DORMITORIO. NOCHE. HOMBRE Y
MUCHACHO.
En
la mesilla de noche, el reloj marca las dos de la madrugada. El hombre
y el muchacho se encuentran acostados de frente. Siguen las caricias.
HOMBRE:
"Me gusta tu cuerpo" (deslizando con suavidad su mano sobre
el perfil del muchacho)
"No te pongas nervioso" (susurra) "Siempre es así la
primera vez, lo estás haciendo muy bien"
Mientras el hombre lo besa en la boca, su mano aprehende el rígido
miembro del muchacho, con experta movilidad.
De repente el hombre recapacita "es tan joven", aflojando su
mano. Su cara se ensombrece.
MUCHACHO:
"¿Qué te pasa, estás triste?"
Después de una breve pausa, el muchacho toma la iniciativa.
HOMBRE: "Podrías ser mi hijo" (dejándose llevar) En el
reloj han transcurrido cerca de treinta minutos. Ahora en el disco de
vinilo suena la sonata número 23, Appasionata.
HOMBRE: "Es muy fácil" (voz queda y acariciadora). "Las
primicias son así, algún día tenías que aprender".
Lo dirige con la mano hasta que siente un calor que le perfora la
carne.
HOMBRE:
"Aprieta, aprieta más" (gozoso)
Suenan gemidos en el dormitorio, primero en contrapunto y luego cada
vez más fuertes y acompasados. Sus cuerpos sudorosos se agitan en la
noche.
ESCENA
VII. EXTERIOR, CALLE. NOCHE.
La calle continua vacía, silenciosa y apacible. El cielo continúa
negro.
ESCENA
VIII. INTERIOR, DORMITORIO. NOCHE.
HOMBRE Y MUCHACHO.
El muchacho duerme plácidamente. Todo está consumado. El hombre,
apoyado sobre la pared, fuma un cigarrillo. En su mente, como una ráfaga
de ametralladora, vuelven imágenes que nunca ha logrado olvidar a
través de los años.
Seguimos
el humo del cigarrillo que se pierde en el ir y venir de las olas de
una playa.
ACTO II
ESCENA
I.
EXTERIOR. MADRUGADA. PLAYA. VARIOS NIÑOS.
Las
olas golpean con la orilla de la playa, más adentro se levanta un
campo de concentración siniestro y grande, rodeado por alambres de púas
y soldaditos armados. Unos niños, escondidos tras las dunas de la
playa, observan el movimiento de los prisioneros que han salido fuera
de los barracones. Antes de que todos los prisioneros se
conviertan
en una masa apretujada y hormigueante se distingue a uno de ellos
(padre del personaje). Tiene la panza gorda y afectuosa. Parece hablar
con otro prisionero.
Desde las dunas, un niño no deja de mirarle.
ESCENA
II. INTERIOR, DORMITORIO, NOCHE.
HOMBRE Y MUCHACHO
El hombre apaga el cigarrillo. El tocadiscos sigue sonando, ahora la música
parece más tierna. Se recuesta sobre la cama, al lado del joven. Un
montón de imágenes se agolpan en su mente.
ESCENA III. INTERIOR, CASA MUY
ILUMINADA. PADRE Y NIÑO.
El niño, muy contento, abraza a su padre que le trae regalos de un
viaje: láminas de Ciencias Naturales, novelas de Julio Verne, Atlas,
libros de Historia del Arte... un Gramophone. Mientras su padre,
incansable, le cuenta las historias y enredos acontecidos en sus
viajes.
ESCENA IV. INTERIOR, MAÑANA. UN
CUARTO LLENO DE VELAS. EL NIÑO Y SU ABUELA.
En un cuarto lleno de velas, penumbroso, situado en el último piso de
la casa, se encuentra un niño con su abuela que le está enseñando
el catecismo y el amor a Dios. En el silencio sólo se oye el
canturreo de un rosario. Todo está rodeado de cortinajes de
terciopelo negro. En un lado un altarcito lleno de cirios, siempre
encendidos, alumbran un cuadro renacentista de Palma Vecchio que
representa el martirio de San Sebastián.
ABUELA: "Deja de mirar el cuadro y atiende a la oración" (de
forma suave)
ESCENA V. INTERIOR, ESCALERAS QUE CONDUCEN
AL CUARTO DE VELAS. NOCHE. NIÑO.
En las escaleras que conducen al cuarto de las velas se encuentra el niño
con la necesidad dolorosa de introducirse en aquella instancia
tenebrosa, con olor a cera caliente. Las escaleras se encuentran en
una completa oscuridad, sólo se percibe la luz que proviene del
cuarto del cuadro.
ESCENA
VI. INTERIOR CUARTO VELAS, NOCHE. NIÑO.
El
niño se introduce en el cuarto, mirando de reojo hacia atrás y
cantando salmodias a voz en grito para alejar el terror.
Durante
varias horas, de rodillas, ha estado observando, extáticamente, todos
los detalles del cuadro. Aparecen todas las partes del cuadro:
campesinos diminutos en el fondo dedicados a sus quehaceres y ajenos
al dolor del santo; un castillo gris de múltiples torres en el perfil
del horizonte; las montañas con ásperos taludes que ocultan a medias
los nubarrones del firmamento; los caminos terregosos que dan a un
lago lleno de barcas y lavanderas; una exótica vegetación. En el
centro un hermoso San Sebastián, atado a un tronco en una postura
inverosímil, lleno de múltiples flechazos perforándole la carne de
un cuerpo atractivo, desnudo y apetecible. La piel salpicada por la
sangre leve.
El niño, ensimismado, mira los ojos ausentes alzados al cielo que
presenta el santo.
Aparece la abuela que observa al niño desde la entrada del cuarto.
NIÑO: "Parece una mujer" (incrédulo de ver a un hombre
representado)
ABUELA: "No es una mujer, ya te lo dije cuando tenías seis años,
es un hombre, un militar, un valeroso jefe de la cohorte pretoriana,
martirizado a flechazos en Roma por haberse convertido al
cristianismo."
El
niño vuelve su mirada al cuadro y observa el pelo largo y ondoso del
santo.
ESCENA VII. INTERIOR, DORMITORIO.
NOCHE. HOMBRE Y MUCHACHO.
El hombre observa la hermosa figura del joven que duerme plácido en la
cama. Apoya la cabeza en el pecho, desnudo, del joven e intenta
dormir.
ESCENA VIII. EXTERIOR, CALLE. DÍA DE VERANO,
TIEMPO ATRÁS.
Una tropa de soldados entra pausadamente por la calle (Sagasta), adaptándose
al paso cansino de la trulla desgarbilada de prisioneros de guerra que
trae. Voces provenientes de los milicianos se dirigen a los
prisioneros: "Rojos, rojos..." mientras escupen.
Al mando de las tropas un capitán alto y enjuto, con el bicoquín de
borla roja ligeramente inclinado hacia la derecha, su piel cobriza por
el sol, sus botas de caña altas, embetunadas y relucientes hasta lo
imposible. Todo en él brilla.
ESCENA IX. INTERIOR, CASA, DESDE UNA
VENTANA. DÍA. PADRE Y NIÑO.
Desde la ventana el padre y el niño observan la entrada de la tropa.
El padre muestra en su rostro la expresión de impotencia y asco al
ver las tropas nacionales. El niño mira admirado al gallardo y
hermoso capitán, sin comprender el gesto de su padre.
ESCENA X. INTERIOR, CASA (COMEDOR). NOCHE,
HORA DE LA CENA. PADRE, NIÑO, ABUELA Y SIRVIENTA.
Ha transcurrido una semana. La familia, padre, niño y abuela, se
encuentran cenando en el comedor. Llaman a la puerta y la sirvienta
(Dolores) va a abrir. Es el capitán Camacho, impecable en su
uniforme, con las botas negras y resplandecientes. Al quitarse el
bicoquín, su pelo moreno, peinado hacia atrás y con la raya en la
izquierda, le cae alborotado sobre las cejas, formando un tupe de
artista cinematográfico. El niño no le quita ojo.
CAPITÁN CAMACHO: "Buenas noches" (con leve inclinación)
"¿Es usted Don Eusebio Morales" (dirigiéndose al padre)
PADRE:
"Sí..." (intranquilo)
CAPITÁN:
"Tiene que acompañarme para responder algunas preguntas sobre
sus actividades en Sevilla" (pausa) "Cuestión de trámite,
podrá regresar a su casa mañana por la mañana."
Se lo llevan detenido pero antes el niño da un efusivo abrazo a su
padre.
ESCENA XI. EXTERIOR, CALLE, DÍA.
ABUELA Y VECINAS.
La
abuela se entera de que su hijo está retenido con otros presos en los
barracones a medio construir del campo de concentración.
ESCENA
XII. INTERIOR, HABITACIÓN DEL NIÑO, NOCHE.
En medio de la oscuridad de la habitación vemos el rostro del niño
agitado por sus sueños. El niño se imagina acariciando los rasgos
carnosos y perfectos, con odiosa delectación, del capitán. Estampas
de santos martirizados se agolpan. En la plaza del pueblo el capitán
aparece acosado por los rojos. El niño lo sigue con esa fascinación
de horror y deseo. El capitán, como San Sebastián, luminoso de
hermosura, luce un insinuante paño en vez de su uniforme. Con los
ojos penetrantes alzados al cielo, es acosado por los rojos, que le
escupen y hostigan; entre ellos se encuentra el padre del niño.
El niño despierta de golpe y continua pensando en el hombre que le ha
robado a su padre.
NIÑO:
"Padre..." (asustado).
ESCENA XIII. EXTERIOR, PLAYA, MADRUGADA. VARIOS NIÑOS.
Desde las dunas de la playa unos niños vigilan a los prisioneros del
campo de concentración, que poco a poco han reducido su número. El
niño ve a su padre fugazmente. Las olas golpean en la orilla
bruscamente.
ESCENA XIV. EXTERIOR, PLAYA, MADRUGADA. DÍAS DESPUÉS. NIÑA.
Una niña (Alicia),camina por la orilla de la playa. Descubre tres cadáveres
que las olas han devuelto. Uno de ellos es el padre del niño: el
cuerpo abotagado y blanquinoso, con múltiples desgarrones en las
vestiduras. En el pecho siete agujeros de bala. Murmullo de las olas.
ACTO III
ESCENA I. INTERIOR, HABITACIÓN. MAÑANA.
HOMBRE Y MUCHACHO.
El disco gira sin cesar bajo el diamante, produciendo un sonido
rasposo, al igual que el murmullo de las olas. El hombre se despierta.
El reloj de la mesilla marca las ocho menos diez de la mañana. Vuelve
la cabeza y ve al muchacho que duerme como un ángel celestial, los
bucles de su pelo castaño se encuentran alborotados por la frente.
HOMBRE (VOZ INTERIOR): "Parece sacado de un cuadro
renacentista"(lo acaricia)
"Ni el mismo Dios puede ser más hermoso"
Va hacia la ventana y mira a la calle extrañado.
ESCENA II.
EXTERIOR, CALLE. CARTELES ELECTORALES.
La calle llena de carteles electorales
proclamando las bondades de la libertad.
La voz del personaje fuera de campo:"Lo
de siempre". Continúa meditando: "¿Por qué los hombres se
empeñan vanamente en ocultar que las cosas sólo cambian en
apariencia, que la vida es tan horrorosa como la muerte?"
ESCENA IV.
INTERIOR, BAÑO. MISMA MAÑANA. HOMBRE.
Frente al espejo ve su rostro de cansancio. Se enjabona bajo la ducha,
pensando en el muchacho. Se seca
con parsimonia y se maquilla para disimular sus arrugas. Con
acetona se disuelve el pintaúñas de sus dedos. Se depila el vello
del entrecejo y cepilla seguidamente los rizos de su pelo.
ESCENA V. INTERIOR, DORMITORIO. MAÑANA.
HOMBRE Y MUCHACHO.
El muchacho, desnudo boca arriba, yace plácido sobre las sábanas de
raso de color marfil. En el suelo, esparcidas en desorden, las prendas
de su uniforme militar, las botas, el calzoncillo y la gorra de
soldado sin graduación.
El hombre se viste mientras observa al muchacho.
HOMBRE (VOZ INTERIOR): "Qué bello es su cuerpo"
Del armario saca una camisa gris perla y unos pantalones negros de
algodón. Se coloca unos zapatos nuevos. Se mira en el espejo de
cuerpo entero.
HOMBRE (VOZ INTERIOR): "¡Cómo cambia una imagen en tan pocos
minutos!"
Va hacia la cama donde el muchacho duerme profundamente, con las manos
ocultas bajo la espalda.
ESCENA VI. INTERIOR, CUARTO DEL
CUADRO.
Una imagen fugaz del niño mirando el cuadro de San Sebastián en el
cuarto de las velas.
ESCENA VII. INTERIOR, DORMITORIO. MAÑANA.
HOMBRE Y MUCHACHO.
El hombre besa los labios del muchacho dormido y le cubre el pubis con
el pico de la sábana. Busca bajo el lecho y saca una ballesta de
metal con la aljaba repleta de flechas.
HOMBRE: "Necesito quince" (sin el más leve asomo de duda)
Se coloca a cierta distancia de la cama mientras coloca la primera
saeta. Tensa la cuerda y casi sin apuntar clava bajo la tetilla
izquierda, en pleno corazón. El muchacho se estremece durante breves
instantes, del sueño pasa a la muerte.
Lanza
las restantes flechas: en la frente, en la yugular, en el pecho, en el
abdomen, en los muslos y en las piernas.
Esconde el arma bajo la cama y alcanza un grueso libro del escritorio
donde vemos el cuadro de Isola di Carturo que ha reproducido fielmente
con el joven.
HOMBRE:
(dirigiéndose al muchacho muerto) "No está mal. Hace ocho meses
logré una réplica exacta del de Antonello da Messina y dos años
antes un magnífico Perugio".
En la página del libro que
reproduce el Mantegna coloca
un número seis con rotulador.
HOMBRE: "Sólo falta uno, luego no importa que me coja la policía.
Los siete balazos que acabaron con la vida de mi padre serán
vengados."
Desde la puerta del dormitorio observa el cuerpo sin vida del muchacho.
El reloj de la mesilla marca
las nueve menos cuarto.
HOMBRE: "No importa, más tarde haré desaparecer el cadáver"
(como mecánicamente)
En el tocadiscos suena la sonata número 17, Tempestad. Se
marcha apresurado.
ESCENA VIII. INTERIOR, MISA DEL CUARTEL,
NUEVE DE LA MAÑANA.
Las campanas marcan las nueve en punto. La capilla está llena de
soldaditos, jóvenes y apuestos, en el altar el hombre (protagonista),
con sotana, comienza la ceremonia de las nueve.
FIN