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Manuel Talens o la voluntad
anti-trágica

Juan Varo Zafra
La sonrisa de Saskia y otras historias
mínimas, que publica la Editorial
Dauro de Granada, es el tercer libro de relatos de Manuel
Talens, tras Venganzas (1995) y Rueda del tiempo
(2001), libro por et que recibió et Premio Andaluz de la
Crítica, publicados ambos, al igual que sus dos novelas La
parábola de Carmen la Reina (1992) e Hijas de Eva
(1997), en la Editorial Tusquets de Barcelona. A esta faceta de
narrador, hay que añadir su importante trabajo como traductor y
su colaboración como columnista de la edición valenciana de
El País.
En varias ocasiones, Manuel Talens ha confesado
sentir un interés especial por los perdedores con dignidad. Éste
es quizá el aspecto que más me ha interesado de este fantástico
volumen de relatos que ahora se presenta. La dignidad del
perdedor no es precisamente un tema nuevo para la literatura. De
hecho, el tema es tan recurrente que ya no debería llamar la
atención del lector acostumbrado a tropezarse con determinados
tópicos una y otra vez. Sin embargo, lo que resulta atractivo de
los perdedores de los relatos de Manuel Talens es este nuevo
mundo en el que se desenvuelven y el modo en que este horizonte
incide y penetra hasta lo más profundo de su naturaleza de
perdedores. En efecto, muchas son las páginas sobre perdedores
que se han escrito y se siguen escribiendo en la actualidad.
Pero pocas son las que aciertan a describir el problema de la
pérdida y, sobre todo, el porqué de su dignidad.
Por el contrario, ser perdedor en los relatos de Manuel
Talens supone ser perdedor en el mundo real; una realidad que la literatura
deforma para revelar su verdadero rostro: el de un mundo cada vez más
caracterizado por su rechazo de todo conflicto, por fagocitar cualquier
oposición, por eludir incluso la mínima discrepancia; una discrepancia
activa y activada en estas historias mínimas que Manuel Talens nos
ofrece. Ser perdedor en este universo sin posibilidad de disputa implica ser
perdedor para siempre, porque no va a presentarse la oportunidad de dejar de
serlo. Quizá por eso, Manuel Talens hace girar casi todos sus relatos, tanto
en éste como en libros anteriores, alrededor de la Guerra Civil, como
ocasión que revela una pérdida que sigue presentándose una y otra vez desde
un pretérito actual, imperfecto por no haberse superado.
Ahora bien, esta idea de la pérdida irredimible nos conduce
al terreno de la tragedia. Pero si la tragedia surge en un momento
fundacional de la polis como sociedad democrática, el sentimiento
anti-trágico descrito en estos relatos, nos devuelve la visión de una
sociedad en descomposición. La tragedia griega mostraba la necesidad de que
el héroe, al que se le reconocía su grandeza, tuviera que morir para que la
sociedad y el nuevo principio de igualdad ciudadana pudieran sobrevivir;
para que el bien y el interés de la ciudad, en definitiva, quedaran
preservados. Por el contrario, en estos relatos, Manuel Talens nos muestra
cómo estos perdedores con dignidad se ven obligados a salir del coro
ciudadano para decirle, para decirnos, que es la sociedad quien tiene ahora
que reclamar lo que es suyo y le ha sido arrebatado.
Pero no es lo mismo lo contrario de algo que su privación.
De esta manera, las anti-tragedias de Manuel Talens se enfrentan no a lo
trágico, sino a lo no trágico, es decir, a este mecanismo conciliador,
pactista y blando que rechaza la discusión y, por supuesto, la resistencia.
En este sentido, creo que se puede hablar de una primera
serie de relatos, de los que componen este libro, que responde textualmente
a esta salida del antihéroe del coro, para llamar su atención sobre los
engaños y coacciones de este mundo no conflictivo. Son los relatos
protagonizados por los perdedores con dignidad: «El azar», «Ojo por ojo»,
«Dos bodas», «El salvador», «Álbum de fotografías» y «Clandestino».
Se podría hablar también de una segunda serie formada por
relatos que describen la suerte de los que aceptan el estado de las cosas
del mundo sin conflictos, los personajes del coro que se niegan a cumplir su
función de ciudadanos, por seguir con la comparación con la tragedia. Su
suerte no es mejor, pese a las apariencias, que la de los que conforman la
serie anterior. Se trata de las historias de los perdedores sin dignidad. A
este grupo pertenecen, a mi juicio, los relatos «La turista inglesa», «El
héroe», en cierto modo «La sonrisa de Saskia», «El detente», «Revuelto de
setas», «Testosterona», «Metástasis», «Las viudas» y «Nunca pasa nada».
Dos relatos más completan el volumen. «En busca de Lacan» es
una aguda muestra de ingenio sobre la traducción y «los falsos amigos». El
otro relato es «Los ojos», un sórdido cuento de terror gótico en pleno
barrio Fígares, esto es, en el lugar menos gótico del mundo. En sus páginas
encontramos todos los ingredientes de las novelas góticas, cocinados al
fuego lento de la comida casera de la protagonista, Milagros Sánchez Devesa:
la decadencia familiar, el incesto, la morbosidad de los personajes, la
claustrofobia de la casa y, para colmo, Aznar continuamente en la
televisión. No es difícil proponer una lectura alegórica del relato en
consonancia con este sentido político que vemos en los relatos anteriores.
Ésta es, a mi juicio la respuesta anti-trágica que Manuel
Talens presenta a los interrogantes de este mundo esencialmente no trágico.
Algo debemos decir, antes de terminar, del modo en el que este universo se
presenta ante el lector. En primer lugar, es necesario, destacar lo que, en
mi opinión, resulta el más difícil de cuantos méritos puedan apuntarse en el
haber de Manuel Talens. Me refiero a la oralidad como estilo de escritura.
En estos relatos, los personajes cuentan historias al lector llevados por la
misma pulsión narrativa que tuvieron los que, a su vez, en el contexto del
relato, se las refirieron. Talens crea, de esta forma, una cadena humana,
una tradición ficticia que se actualiza en el texto y a través de la cual
las historias, los sentimientos y frustraciones se transmiten en un tiempo
propio del que, en última instancia, se hace responsable al lector. En éste
se deposita la responsabilidad de devolver a la vida lo que la literatura ha
tomado de ella.
La transformación de la oralidad en escritura requiere un
esfuerzo retórico titánico. Necesita de la propia observación de la realidad
y del dominio de los recursos lingüísticos, incluyendo aquellos cuya misión
es precisamente borrar el rastro de toda huella retórica. Este último
elemento es de vital importancia y complejidad. Muchos son los intentos de
captar lo cotidiano que fracasan por olvidar los andamios puestos sobre el
texto. Porque son estos andamios los que, por una parte, revelan el
artificio y, por otra, facilitan la codificación de lo hecho y la rápida
aparición del tópico. Esto no ocurre nunca en los relatos de Talens, por eso
el juego de ingenio nunca se convierte en juguete ni el discurso moral en
moraleja.
Pero, tal vez lo que más llame la
atención es el empleo de la ironía La ironía aparece en ocasiones en la
ambigüedad de lo narrado: ¿el desenlace de «Los ojos» es real o fruto de la
fiebre? ¿Cómo entender el personaje de Franco en «El salvador»? ¿Cómo es
posible que dos de los personajes más positivos del volumen, probablemente
vencedores con dignidad, sean religiosos, cuando el autor proclama una y
otra vez su anticlericalismo? ¿Cómo no sonreír ante el humor corrosivo de
expresiones como «La oncología, bien hecha, es como de otra galaxia» o de
situaciones tan reconocibles como la planteada en «Las viudas»? La ironía
inunda la prosa de Manuel Talens, convirtiéndose en el modo anti-trágico de
hablar. De este modo, si en la tragedia, el héroe que salía del coro debía
morir para que la ciudad viviera, en la anti-tragedia de estos relatos el
perdedor con dignidad sale a regañadientes del coro para pedirle, más allá
del cerco de lo literario, que retorne a la vida.
Presentación de La sonrisa de
Saskia y otras historias mínimas,
Editorial Dauro 2003.
Biblioteca Provincial, Granada, 5 de
Diciembre de 2003
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