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Presentación
de la novela Últimas noticias del paraíso en la Librería FNAC
de Valencia
el 2000, junto a Clara Sánchez

Últimas noticias del paraíso
Clara Sánchez
Alfaguara, Madrid 2000
LA EXPULSIÓN
DEL PARAÍSO
MANUEL TALENS
Para quien haya seguido la trayectoria de Clara Sánchez a lo
largo de sus anteriores novelas, esta que nos ocupa hoy, Últimas noticias del paraíso, representa una culminación. El
mundo de los extrarradios artificiales, esas urbanizaciones asépticas
que quienes ya no somos tan jóvenes acostumbrábamos a ver de pequeños
en las películas almibaradas de Rock Hudson y Doris Day y que
representaban la culminación del éxito y del sueño americano, Clara
Sánchez lo ha sabido plasmar en su literatura, pero dándole la
vuelta del revés y enseñándonos su lado oscuro, porque sin darnos
cuenta, conforme España se iba desprendiendo definitivamente de la
alpargata y convirtiendo en un país del bienestar, las ciudades
empezaron a parecerse cada vez más a ese mundo uniformizado que nos
viene de los Estados Unidos, con más caos, más tráfico, más ruido,
más subproletarios urbanos y más violencia, dando como resultado la
huida fuera de la ciudad de una clase media venida a más, de una
burguesía deseosa de no confundirse entre la masa.
Pero esa huida no se hizo al campo tradicional, y con ello
entiendo lo que hubiera sido el movimiento inverso al éxodo campesino
que fue nutriendo las ciudades, es decir, desde éstas a los pueblos.
Eso hubiera sido algo lógico, puesto que los pueblos son comunidades
que nacieron con toda naturalidad, en donde las tramas sociales están
perfectamente establecidas y la vida sigue, por así decirlo, el ritmo
de la naturaleza.
El éxodo burgués del que hablo ha sido otro. La huida de la
ciudad, muy en consonancia con el mundo capitalista, se ha hecho de
manera artificial. Con una óptica claramente dirigida al lucro y a la
especulación, el capitalismo occidental, que ya fue capaz de crear de
la nada grandes capitales como Canberra o Brasilia, crea cada día,
sin que aparentemente nos demos cuenta, urbanizaciones que luego
venden a los nuevos ricos.
¿Qué pasa en ellas? Pues que no albergan en su seno a un
grupo compacto de gentes, en el sentido que pueden serlo, por ejemplo,
los sevillanos, sino a la suma individual de todos ellos. Se trata,
por lo tanto, de un mundo disgregado. ¿Alguien ha oído alguna vez
decir a otro que es de La Eliana? No. Se dice, vivo en La Eliana,
porque La Eliana no existe, es sólo un agregado de chalets.
Este mundo esquizofrénico de las urbanizaciones es, por
supuesto, un filón para cualquier novelista. Es, también, el mundo
que fustiga Clara Sánchez.
En su espléndida novela El
palacio varado veíamos este mundo a través de los ojos de una niña.
Aquí, en una nueva vuelta de tuerca, lo vemos a través de un
adolescente, Fran, que narra desde la última frontera de la
adolescencia, desde esa línea de sombra que lo asemeja a Conrad,
desde ese momento de la verdad que significa la entrada en la edad
adulta y la materialización -o el fracaso- de los sueños.
Fran mira hacia atrás, hacia su vida pasada en aquella
urbanización del extrarradio de Madrid en que creció. ¿Qué ve?
Pues que todo está desmantelado, todo es conflicto, todo es devastación:
la amistad, el amor, la camaradería, sencillamente se han evaporado.
Y, sin darse cuenta, volviendo a lo que dije antes sobre el
hecho de que las urbanizaciones no son lugares compactos como lo puede
ser un pueblo o una ciudad, sino la suma de individuos, narra unas
familias que son la imagen especular y microscópica del entorno en
que viven. Lejos estamos aquí de las familias burguesas
tradicionales. Los conflictos familiares no son vistos como algo común,
porque son individuales, puesto que el núcleo familiar ha estallado y
son los individuos, en su soledad y sin el intermediario de la
familia, quienes tienen que enfrentarse al mundo.
Ése es el motivo principal de que la novela esté narrada en
primera persona. El yo es fundamental, porque es lo único que le
queda al individuo. Aquí, el padre es una sombra y la madre se
desentiende de Fran. Los demás personajes también van a lo suyo.
¿Y cuál es la solución que les queda a estos individuos
solitarios para no pegarse un tiro? Pues la imaginación, el mundo de
los sueños, esa frontera que en otros tiempos era la fe en otra vida
y que ahora, en nuestro presente descreído, busca materializarse en
algo o alguien que logren dar sentido a la existencia. En El
palacio varado se trataba de un tío, un personaje mítico para la
niña. Aquí es el denominado Alien.
En estos detalles vemos hasta qué punto el universo de Clara
Sánchez analiza despiadadamente las pautas posmodernas y
globalizadoras en que nos ha tocado vivir. La fe metafísica e
ilusoria de antaño ha sido reemplazada aquí por personajes de carne
y hueso, por unos santones que representan el faro guía de la
existencia.
Los sueños son la única posibilidad de sobrevivir, la
quimera es el antídoto de la muerte. Fran, prisionero en un mundo que
no entiende y que le disgusta, sueña con un paisaje mítico, China,
que podría representar el Eldorado del Renacimiento, y así termina
la novela, con un final abierto en el que el muchacho ha decidido
hacer su sueño realidad y que le permite al lector quedarse al menos
con un sabor agridulce en la boca.
En ese sentido, a pesar de toda la amargura que desprende la
narración de ese mundo hueco y desangelado, Clara Sánchez es una
optimista, porque deja una puerta abierta a la esperanza. Yo,
personalmente, no lo soy tanto, pero ésa es otra cuestión.
En cualquier caso, su mundo narrativo es un ejemplo de
coherencia y ésta es una novela que pone el dedo en la llaga del tipo
de sociedad en que nos hemos metido de manera tan alegre e
inconsciente.
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