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Nosferatu
de Jim
Shepard
Alfred A. Knopf, New York 1998,215 págs.
REFRITO
MANUEL TALENS
Decepcionante
novela biográfica, que promete más de lo que ofrece en realidad. Al
final del texto, Jim Shepard declara que se trata de una obra de «imaginación»
y da una interminable lista de libros en los que se ha inspirado para
componerla. Ahí está, a mi entender, el mayor problema de Nosferatu,
ya que el lector no deja en ningún momento de tener la impresión de
que se trata de un refrito, con toda una serie de ideas, tesis y
cotilleos de Murnau y sobre Murnau —archiconocidas para cualquier cinéfilo—,
convenientemente digeridas y «reconvertidas» en ficción.
La
verdad es que no sé como clasificarla. Como biografía me parece muy
pobre y esquemática y como novela psicológica (que es, supongo yo, lo
que buscaba Shepard) no logra levantar el vuelo. El narrador
omnisciente, que ocupa gran parte del texto, sorprende desde el
principio por su lenguaje excesivamente plano, monótono, repetitivo,
con descripciones mecánicas y exasperantes como letanías, con minucias
estúpidas sobre detalles insustanciales en momentos en que el lector se
espera otro tipo de tensión. Un ejemplo: en una ocasión Murnau viajaba
con un amigo de juventud,
Hans, ambos embargados por un sentimiento indescriptible. He aquí cómo
lo resuelve el autor:
They barely spoke, and were unable to
read. In their room the night they arrived, they
ate smoked ham, cheese, black bread with mustard, grapes, and chocolate
cake. (pág. 44, la cursiva es mía)
¿Y a
mí qué me importa lo que comieron?, diría el paciente lector que
hubiese tenido el aguante de llegar tan lejos en la lectura sin que se
le caiga el libro de las manos. Pero lo que más molesta es la absoluta
omnisciencia de este narrador, que opina de todos los personajes con una
seguridad pasmosa, como si fuera Dios, inhabilitando en el lector
cualquier posibilidad de análisis por sí mismo. ¿Es de recibo que a
finales del milenio se escriba sin la menor distancia, como lo hacía
Balzac, olvidándose de que desde Le Père Goriot han pasado ciento cincuenta años, Proust, Joyce,
Beckett y el nouveau roman?
Se
supone que el sentimiento de culpa en Murnau por su traición hacia Hans
y por la muerte de éste es el hilo narrativo de la novela, pero no
llega nunca a ser lo suficientemente obsesivo, literariamente hablando,
para que el lector se lo crea. Se diría que está siempre expresado
desde una frialdad inaceptable, como en las marionetas:
Art’s many paths lay before him,
unrestricted. He had to make up his mind, had to focus his ambition, in
order to achive peace and quiet in his sleep.... He had to hoard his
sorrow. (pág. 67)
Por
otra parte, cuando se le da la voz al propio Murnau a través de un
supuesto diario íntimo, el autor aprovecha para pasar de rondón toda
una serie de comentarios insulsos sobre los rodajes:
I begged Warner to bring more contrast
into the shot, so we set about dramatizing the light, hanging screens to
define the space and throw shadows on the far walls. (pág. 114)
O
ideas del cineasta sobre el arte cinematográfico que, con toda
seguridad, se encuentran ya en los cientos de libros que le sirven de
referencia, sin que la introspección de la primera persona sirva, ni
por un momento, para ponerle un poco de carne a ese aséptico
sentimiento de culpa. ¿Quién no ha leído mil veces las siguientes
verdades de Perogrullo?:
Grau claims our new art has an advantage
over literature because the image can be clear and concrete even as it
remains inconceivable. (pág. 101)
At the moment, we found our stories on
novels, stage plays, etc. In the future, we’ll think film and dream
film. (pág. 115)
...they see the camera as an artistic
element in and on itself, and understand that it cannot, in its present
immobility, express the potencial of cinematography. (pág. 130)
For him the camera is not just a helpful
optical device but an extension of his senses. (pág. 132)
¿Qué
lector inteligente aceptaría sin rechistar que un personaje le dijera,
porque sí, que está triste, en vez de mostrárselo con hechos narrados
para que fuera él, el lector, quien llegara a tal conclusión? Entiendo
que alguien pueda vivir obsesionado por una falta cometida con
anterioridad, pero eso hay que demostrarlo, no decirlo, y Shepard no lo
hace.
Por
fin, la supuesta deserción de Murnau cuando era piloto en la guerra
sorprende por lo repentina e inexplicada, y las razones aducidas para
hacer luego que Murnau vaya a los mares del Sur (encontrar al personaje
Spiess y «liberarse» de la culpa de un posible suicidio de Hans),
poniendo como pretexto la película Tabú,
suenan tan rebuscadas que resultan increíbles.
El lenguaje carece de belleza expresiva,
suele ser telegráfico, con muchas frases cortas, sin subordinadas, con
frecuencia sin verbo. Los personajes, acartonados: Hans, Murnau, Spiess,
etc., ninguno llega a ser una «criatura» con entidad propia que
conmueva al lector.
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