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ARTÍCULOS DE OPINIÓN

 Reseñas de libros ajenos

The Bay of Angels
Anita Brookner
Viking, Londres, 217 páginas

 

¿Chejov?

MANUEL TALENS

El Daily Mail, un periódico más bien normalito, ha calificado esta novela de masterpiece y ha comparado a Anita Brookner con Chejov. Por su parte, el Observer dice que las heroínas de esta autora son como las de Jane Austen y yo me pregunto si no existirá en el repertorio retórico de ciertos editores otro tipo de ditirambos que cumplan la misma función –vender un producto– sin hacer el ridículo de una manera tan espantosa, pues, una de dos, o bien Chejov y Jane Austen eran escritores de tres al cuarto o bien la comparación es una memez. El hecho de que editoriales como Viking reproduzcan memeces de este calibre en las portadas de sus libros nos da una idea de por dónde van los tiros hoy en día en el mundillo de la literatura.

El argumento de la novela se reduce a una verdadera simpleza: una joven ingenua, que cree en los cuentos de hadas, se entera de pronto de que los cuentos de hadas no existen. Para ese viaje no hacían falta alforjas ni escribir más de doscientas páginas, estirándolas como el chicle con opiniones de la narradora que más bien parecen cotilleos del ¡Hola! o lugares comunes como el descubrimiento de que el universo de las mujeres ha cambiado tanto que ya no quieren dedicarse a esperar la llegada de un príncipe azul ni tampoco aceptan, una vez llegado éste, limpiarle los calzoncillos y fregar la casa.

Podría decirse que se trata de una novela ensimismada, pues a la voz narradora, Zoe, únicamente le interesa su propio mundo, que el dinero y la seguridad le caigan del cielo y, mientras tanto, pasa el tiempo haciéndose anti-pajas mentales contándonos lo triste que es la realidad. Veamos:

   Alone in my bed I too waited, for it seemed as though this sadness must have some violent outcome. Yet by the morning I was subdued again. The most terrible thing about my dilemma was my acceptance of it. (pág. 55)

El estilo es digno de una novela rosa de la colección Harlequin:

The young doctor who had assessed my mother when she arrived to take up residence had been regarded with a kind of contempt by the other ladies, for his eagerness, his boyishness, or rather his girlishness. He was good-looking, had all the components of masculinity, bright eyes, brilliant teeth, a lithe deference, yet he made as little impression as the man who came to polish the floors. (pág. 130)

Pero lo peor es cuando Zoe se pone condescendiente:

I now feel pity for those two people, whose moral education had been so rigid, even absurd. (pág. 62)

   La línea argumental es tan tenue, tan artificial, tan poco interesante, y está narrada con tan poca pericia que uno se sorprende de que un libro así haya sido publicado. La acción tarda en arrancar, pues el lector únicamente llega a enterarse en el capítulo 7 (páginas 66 a 78) de cuál es la “tragedia inesperada” que le han anunciado en la solapa, pero esto sólo sirve de anticlímax, ya que la tragedia es una verdadera chorrada: el fallecimiento accidental de un tal Simon, que sume a la hija y a la madre en la incertidumbre. A partir de aquí –¡quedan aún tres cuartas partes de la novela!–, roto el “encanto” de la espera, la lectura es un verdadero calvario, un dar vueltas sin ir a ningún sitio.

   Los personajes están desdibujados. La madre es, sencillamente, increíble, y más increíbles aún son la “cura de sueño” a que es sometida y su lenta decadencia en una residencia de ancianos. Simon “no existe”, es una sombra; Anthony Spedding y su mujer, que aparecen fugazmente, le recuerdan a uno esos malos tan malos que salen en las telenovelas venezolanas. En cuanto a Zoe, la voz narradora, es desconcertante, pues siendo ella misma quien cuenta su vida, el lector se queda con la duda de elegir entre dos posibilidades, a cual peor: 1) que padezca de empanada mental o 2) que no sepa organizar una historia, lo cual sería un contrasentido, puesto que se dedica profesionalmente al mundo de la edición. ¿Cómo creerse que es una mujer universitaria, si alarga las páginas con conversaciones insignificantes y pseudofilosóficas?

   Se trata de una novelucha para leer en el metro y tirarla luego a la papelera.

 

2001

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